Y Dios le dijo a Abraham: Vete para ti mismo de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y te convertiré en una gran nación. Te bendeciré y haré que tu nombre sea grandioso, y serás bendición” (1).

El primer mandamiento que se le dio a Abraham, el padre del pueblo judío, fue dejar su entorno y comenzar una nueva nación que se convertiría en el ‘pueblo elegido’. El Rambán escribe que todo lo que ocurrió en la vida de los patriarcas es una señal para el futuro del pueblo judío y que su comportamiento nos enseña cómo deberíamos vivir nuestra vida.

Esta idea presenta una dificultad: ¿Cómo aplica el mandamiento de lej lejá (vete para ti mismo) a cada uno de nosotros? Abraham estaba solo en su creencia en Dios, por lo que era necesario que dejara todo atrás y formara una nueva nación. En la actualidad el pueblo judío está vivo y bien, no hay necesidad de dejar nuestro entorno para vivir como judío.

Pero en un nivel más profundo, es claro que el mandamiento de lej lejá es muy relevante para todos.

El mandamiento de Dios a Abraham fue mucho más profundo que una simple orden de dejar su entorno. Rashi insinúa esta idea, explicando que Dios le prometió a Abraham fama, dinero y descendientes como consecuencia de dejar Harán, porque “viajar causa tres cosas: menos [probabilidad de tener] hijos, menos [probabilidad de adquirir] dinero y menos [probabilidad de tener] fama”. Consecuentemente, necesitaba tres bendiciones: hijos, dinero y fama (2).

El entendimiento simple es que Dios estaba compensando a Abraham por un comportamiento que normalmente dañaría a una persona. Sin embargo, pareciera que esta orden contiene un mensaje más profundo. Dios le estaba insinuando que, si asumía el desafío de lej lejá, ya no estaría sujeto a las leyes normales de la naturaleza (dérej hateva), sino que viviría de acuerdo a un modo de existencia completamente nuevo: más allá de las leyes normales de la naturaleza. Consecuentemente, a pesar de que viajar normalmente causaría la pérdida de riqueza, fama e hijos, Abraham no estaría sujeto a este sistema de causa y efecto, sino que viviría en un nivel de existencia completamente distinto y se beneficiaría en todas estas áreas

El Midrash Tanjumá citado por Rashi en el primer versículo de la parashá —donde Dios le promete a Abraham que hará que su naturaleza sea conocida en el mundo (3)—, también alude a esta idea. ¿Por qué no dijo el Midrash que Dios lo hará conocido en el mundo? ¿Qué significado tiene aquí la palabra naturaleza?

Podemos responder con el siguiente principio: Dios le estaba prometiendo a Abraham que viviría en un nivel de existencia completamente nuevo, un nivel que el mundo jamás había conocido. Abraham tendría el mérito de compartir esta nueva forma de existencia con el mundo, enseñándole una perspectiva de vida absolutamente diferente.

También es posible que se aluda a ese mensaje en las palabras lej lejá. El valor numérico de lejá es 50. 49 es múltiplo de 7; 7 representa este mundo, mientras que ocho representa más allá de este mundo. 49 también representa este mundo, como vemos en los 49 niveles de pureza e impureza, mientras que 50 representa aquello que va más allá de eso, como ejemplifica el hecho de que la Torá haya sido entregada en el día 50 después del Éxodo de Egipto, momento en que el mundo llegó a un nivel completamente nuevo, a una existencia sobrenatural. Dios le estaba diciendo a Abraham: ve al nivel 50, a un nuevo nivel de existencia, más allá de las leyes ordinarias de la naturaleza.

Dios le prometió a Abraham que, si vivía de acuerdo a una realidad metafísica, ya no estaría atado a la realidad física de causa y efecto que dirige la naturaleza. De hecho, después de pasar exitosamente esta prueba, Dios le reveló a Abraham que viviría de acuerdo a un marco diferente de reglas: el versículo dice que Dios “sacó a Abraham afuera”, y Rashi explica que Dios le estaba diciendo que abandonara los confines de las estrellas y que viviera en un nuevo nivel de existencia; que así podría tener hijos con Sará a pesar de que su mazal (zodiaco) decía que jamás procrearían (4). El Zóhar dice que esta promesa sólo sería cumplida con la condición de que Abraham y sus descendientes estudiaran Torá y observaran los mandamientos. Respetar la Torá es la expresión suprema de vivir más allá de las leyes regulares de la naturaleza.

Quien vive de acuerdo a la Torá está automáticamente viviendo de acuerdo a reglas de existencia diferentes al resto del mundo. Por ejemplo, en muchas áreas de los negocios, el día más activo es Shabat; quien vive de acuerdo a las leyes normales de causa y efecto jamás renunciaría a ese día de negocios para observar Shabat. Sólo quien reconoce que la Torá prescribe un modo diferente de causa y efecto puede cerrar su negocio en Shabat con la seguridad de que su sustento no se verá afectado como consecuencia.

Preguntamos anteriormente cómo el mandamiento de lej lejá es relevante para nosotros en la actualidad. La respuesta es que lej lejá no fue simplemente un mandamiento para que Abraham dejara su malvado entorno; fue un llamado para que viviera de acuerdo a un grupo diferente de reglas, definidas por el mundo espiritual. Su recompensa sería que Dios lo trataría a cambio con un grupo de leyes diferentes a las del mundo físico.

Esta enseñanza es muy relevante para todos nosotros. El gran maestro jasídico conocido como Sfat Emet pregunta por qué Dios sólo le dijo lej lejá a Abraham y no a todo el mundo, y responde citando al Zóhar, que dice que todo el mundo escuchó el llamado de lej lejá, pero que sólo Abraham respondió a él. Nuestra tarea es esforzarnos para emular a Abraham y oír ese llamado personal.


Notas:

1. Lej Lejá 12:1-2.

2. Rashi, ibíd., 12:2.

3. Tanjumá 3.

4. Rashi 15:5.