"Ellos subieron de Mitzráim y llegaron a la tierra de Canaán, ante su padre Yaakov. Y le anunciaron, diciendo: “Iosef vive aún”, y le dijeron que él gobernaba en toda la tierra de Mitzráim. Pero su corazón dio un vuelco, pues no les creía. Entonces le dijeron todas las palabras que Iosef había hablado a ellos, y al ver las carretas que Iosef había enviado para transportarlo, revivió el espíritu de su padre Yaakov" (1).

Cuando los hermanos volvieron de su trascendental reunión con Iosef, le dijeron a Yaakov la sorprendente noticia de que su amado hijo continuaba con vida. Sin embargo, Yaakov no se convenció ni siquiera después de todos los esfuerzos que hicieron para persuadirlo, sino que sólo aceptó la noticia cuando le mostraron las carretas que había enviado Iosef. ¿Qué tenían de especial las carretas?

Rashi cita el Midrash Tanjumá, el cual explica que las carretas eran un simán (señal) de la mitzvá de Eglá Arufá (2), que era lo último que Yaakov le había enseñado a Iosef. Esta señal convenció finalmente a Yaakov de que su hijo estaba realmente vivo (3).

El autor de Darkei Musar dice que Iosef seguramente hubiera podido probar de muchas formas que no era un impostor. ¿Por qué eligió dar esta señal en particular? (4). Más aún, ¿por qué esta evidencia fue mejor que todo lo que los hermanos dijeron para probar que realmente era Iosef?

El Darkei Musar responde con una fascinante historia sobre el Gaón de Vilna. Había una mujer cuyo marido había estado desaparecido por muchos años, por lo que ella tenía el estatus de aguná (5). De repente, un hombre volvió afirmando que él era el marido desaparecido. Dio muchas pruebas que parecían demostrar, más allá de toda duda razonable, que era el marido, pero la mujer continuaba sin estar segura sobre su verdadera identidad.

Sin saber qué hacer, las personas involucradas fueron ante el Gaón de Vilna para aconsejarse sobre el camino a seguir. El Gaón les aconsejó llevar al hombre al shul al que acostumbraba asistir y ponerlo a prueba pidiéndole que se sentara en su lugar usual para las plegarias (en su makom kavúa). El hombre no supo cuál era el makom kavúa y admitió que no era el marido de esa mujer.

Evidentemente, este hombre había conocido al marido en algún momento y había averiguado muchos detalles privados sobre él como parte de este plan. El Gaón de Vilna explicó que era posible que este hombre hubiera conocido al marido verdadero y le hubiera hecho preguntas sobre su vida que le permitieran postularse convincentemente como si él fuera el marido. Sin embargo, si este hombre era realmente un impostor que había planeado cometer un malvado acto de engaño, entonces era imposible que se le hubiera ocurrido preguntarle al marido verdadero algo referente a santidad, como el lugar en donde el hombre se sentaba cuando rezaba; era inconcebible que una persona tan malvada tuviera pensamientos de santidad, ya que estos estaban muy lejos de su mente.

Con esta historia, el Darkei Musar explica por qué Iosef le envió a su padre una señal de la última lección de Torá que habían estudiado juntos. Si el virrey egipcio era efectivamente un impostor, nunca se le hubiera ocurrido preguntarle a Iosef un asunto sobre espiritualidad. Entonces, Iosef sabía que sólo algo de índole espiritual convencería a su padre de que era el mismo Iosef que se había ido hacia tantos años. El Darkei Musar dice además que esta señal también sirvió como una excelente prueba de que Iosef había mantenido su nivel espiritual, porque si hubiera sido influenciado negativamente en Egipto nunca se le hubiera ocurrido enviar una señal relacionada a la Torá.

Aprendemos de esta explicación que las cosas que ocupan los pensamientos de una persona y que conforman sus palabras dan una muy clara indicación de su posición espiritual. Un ejemplo de una persona cuyo nivel se reflejaba en los temas sobre los que conversaba fue el grandioso Jafetz Jaim (6). Se dice que era una persona muy locuaz. ¿De qué hablaba? De Torá y de temas concernientes al bienestar del pueblo judío. Aprendemos de la señal de Iosef que aquello que ocupa la mente de una persona es un gran indicador de su nivel.

Espero que todos ameritemos pensar y hablar cosas de verdadera profundidad espiritual.


(1) Vaigash 45:25-27.

(2) Traducido literalmente como la "becerra decapitada". Para ver detalles de esta mitzvá, ver Shoftim 32:1-9.

(3) Rashi, Vaigash 45:27.

(4) Darkei Musar, Parashat Vaigash, p.92. (El autor de Darkei Musar es Rav Yaakov Neimann zt”l).

(5) Esta es una mujer casada que no se puede volver a casar hasta conseguir un documento de divorcio (guet) de su marido o hasta que haya una prueba concreta de que su marido ya no está con vida.

(6) Su nombre real era Rav Israel Meir Kagan, pero llegó a ser universalmente conocido como el Jafetz Jaim gracias a su famoso trabajo sobre el cuidado del habla que lleva ese nombre.