Gran parte de la parashá de esta semana describe los devastadores castigos que recibirá el pueblo judío si no sigue la Torá. En medio de la crítica, la Torá nos da un entendimiento más profundo de la causa de todos los terribles castigos que son enunciados allí:

“…porque no serviste a Dios con alegría y buen corazón me-rov kol (cuando todo era abundante)" (1).

El entendimiento simple de este versículo es que el pueblo judío no cumplió las mitzvot con alegría a pesar de haber sido bendecido con abundancia (2).

El Arizal explica el versículo de acuerdo a la cábala de una forma un poco diferente. Dice que la Torá nos está diciendo que puede que hayamos cumplido las mitzvot con un cierto grado de felicidad, pero que nuestra alegría no derivó del cumplimiento de la Torá sino que provino de la alegría del rov kol, que se refiere a todas las otras fuentes de felicidad (3). Por lo tanto, la Torá le estaría diciendo al pueblo judío que la alegría de la avodat Hashem (servicio Divino) debe ser muy superior al placer derivado de los otros emprendimientos.

Esta lección es muy relevante para Rosh HaShaná: el trabajo principal de Rosh HaShaná es coronar a Dios, y un aspecto muy importante de ello es reconocer que Dios es la única fuente de significado y que todas las otras fuentes de placer son insignificantes.

Esta lección es muy importante también para Iom Kipur, siendo un prerrequisito para el proceso de teshuvá (arrepentimiento): si los deseos de la persona no son orientados exclusivamente hacia el servicio Divino, es casi imposible que evite el pecado. Siempre habrá ocasiones en que sus deseos se enfrentarán a la voluntad de Dios y su servicio Divino inevitablemente sufrirá. Por lo tanto, cualquier teshuvá que haga en Iom Kipur estará manchada por su perspectiva de la vida: que Dios no es la única fuente de significado y alegría.

Es importante notar que incluso si una persona evita el pecado mientras persigue sus deseos ulteriores enfrentará consecuencias no placenteras. Rav Isajar Frand (4) cuenta una atemorizante historia que ilustra este punto.

En una ocasión, el Jidushei Ha-Rim viajó con un hombre en su carruaje tirado por dos caballos. Después de unos pocos kilómetros, uno de los caballos murió, causándole gran angustia a su dueño. Unos pocos kilómetros más adelante, el otro caballo también murió. El dueño estaba tan angustiado por la pérdida de sus caballos, los cuales eran sumamente importantes para él, que se quedó sentado llorando durante mucho tiempo hasta que murió. Esa noche, el Jidushei Ha-Rim tuvo un sueño: vio al hombre que había muerto, y este había recibido Olam Habá (mundo venidero). ¿Cuál era su mundo venidero? Un hermoso carruaje con dos hermosos caballos.

Esta historia nos enseña que nuestro Olam Habá es producto de lo que valoramos en el Olam Hazé (este mundo). Para este hombre, lo más importante en su vida eran sus caballos y el carruaje, por ende, eso fue lo que obtuvo para toda la eternidad.

Ahora bien, uno podría preguntar que no parece tan malo recibir en el Olam Habá lo que uno tanto desea en el Olam Hazé. Rav Frand responde a esta pregunta diciendo que cuando era niño, él siempre quiso tener una honda para jugar, pero que sus padres siempre se la negaron. Imagina lo que hubiera pasado si al momento de su boda sus padres hubieran llegado y le hubieran dicho: "¡Aquí tienes la honda que siempre deseaste!". De niño la honda parecía valiosa, pero ahora que había crecido ya no le interesaba. De la misma forma, puede que nos esforcemos para alcanzar muchos placeres en este mundo, como dinero u honor, creyendo que nos brindarán satisfacción. Pero cuando lleguemos al Olam Habá, entenderemos la verdad de las palabras de Rav Moshé Jaim Luzatto en La senda de los rectos:

Todo lo demás [más allá de la cercanía a Dios] que la gente cree que es bueno es sólo vacío" (5).

En el mundo venidero veremos con absoluta claridad lo insignificantes que son las cosas en las que invertimos tanta energía en este mundo.

La reprimenda de Ki Tavó es un fuerte recordatorio de que cumplir con las mitzvot no es suficiente, sino que debemos hacerlo de forma tal que sea la única fuerza motivadora en nuestra vida. El honor, el poder, el dinero, los alimentos y todos los demás placeres son sólo fuentes imaginarias de significado para nuestras vidas; coronar a Dios significa entender que Él es la única fuente verdadera de felicidad.


Notas:

(1) Ki Tavó 28:47.

(2) Ver Rashi y Gur Arié.

(3) Este comentario de Arizal fue citado por Rav Isajar Frand shlita.

(4) Shiur: Cuatro preguntas para Iom Kipur.

(5) La senda de los rectos, cap. 1.