La parashá Kedoshim está repleta de mitzvot que nos enseñan sobre las relaciones interpersonales. Hacia el final de la parashá, la Torá nos instruye: “No odiarás (1) a tu hermano en tu corazón, con certeza reprenderás a tu pueblo y no portarás pecado a causa de él” (2). Hay muchas preguntas que uno puede hacerse sobre este versículo. Primero, ¿por qué la Torá señala que uno no debería odiar a su prójimo en su corazón, implicando que sólo está prohibido hacerlo en el corazón, pero no de otra forma? Segundo, las tres partes del versículo parecerían no estar conectadas, pero al estar en el mismo versículo sugieren que tienen algún grado de conexión. ¿Cuál? Finalmente, el significado de la última parte del versículo, “no portarás pecado a causa de él”, no es claro.

Respecto a la especificación de la Torá sobre el odio en el corazón, muchos comentaristas escriben que efectivamente la Torá se enfoca particularmente en el odio que uno guarda en el corazón, excluyendo el odio que es expresado (3). Explican que obviamente está prohibido expresar la disconformidad que tengamos con otra persona de manera hostil, y que hacerlo puede involucrar muchas prohibiciones, como vengarse o guardar rencor. Sin embargo, quien actúa de esta forma no transgrede la mitzvá de no odiar a su hermano en su corazón, porque no lo guarda en su interior, sino que se lo expresa a la persona que le genera incomodidad. En esta mitzvá, la Torá se enfoca en situaciones donde la persona se siente herida u ofendida por otra persona, y elige conservar el odio en su interior, sin hablarlo con quien la hirió. El problema de esta inacción es que inevitablemente causará que el odio cause consecuencias sumamente negativas.

El Rambam ofrece el ejemplo de la Biblia en el incidente con Amnón y Tamar (4). Después de que Amnón realizó una acción terrible, el profeta nos dice que Avshalom, hermano de Tamar, sintió un gran odio hacia Amnón, su medio hermano, y que no habló con él sobre lo ocurrido (5). El Ralbag escribe que si hubiera hablado con Amnón sobre lo ocurrido, el odio se hubiera disipado. En cambio, el odio sólo creció hasta el punto en que Avshalom mandó matar a Amnón dos años después (6). Si bien Amnón hizo un grave pecado y Avshalom tenía razón en estar furioso con él, se le recrimina por no hablar con Amnón y dejar que el odio haga ebullición con consecuencias terribles.

Hemos respondido la primera pregunta sobre por qué la Torá se enfoca particularmente en el odio en el corazón. Esta forma de odio tiene un problema único, que no se encuentra en el odio del mismo nivel pero que es expresado: que resulta en un aumento innecesario del odio, que podría haber sido evitado por medio del diálogo.

En esta línea, el Séfer HaJinuj escribe que el odio interior es peor que el revelado, y que por eso la Torá señaló esa forma de odio en particular. Continúa con el mismo lenguaje fuerte, escribiendo: “la raíz de esta mitzvá es que el odio en el corazón les hace un gran daño a las personas, causando un conflicto permanente entre hermanos y amigos… y es el rasgo más bajo y desagradable, el cual es el más reprobable de todos ante los ojos de las personas con sentido común”.

Ahora podemos entender también la continuación del versículo, “reprende a tu pueblo”. Los comentaristas explican que, además de referirse a la crítica estándar al ver a otra persona pecar, esta mitzvá también incluye situaciones donde uno es herido por su prójimo. La Torá nos instruye: no odies a tu prójimo en tu corazón manteniendo el odio en tu interior; en lugar de eso, habla con tu prójimo sobre tus sentimientos. Esa es la reprimenda a la que se refiere la Torá.

El Or HaJaim explica que hablar con la otra persona de manera razonable sobre el dolor que causó tiene dos posibles consecuencias. O explicará sus acciones mostrando que en realidad no cometió un pecado y que hubo en cambio alguna clase de malentendido, o admitirá que cometió un error y, ahora que advierte el daño que causó, se disculpará y prometerá no volver a hacerlo. Luego el Or HaJaim explica el significado de la parte final del versículo: “no portarás pecado a causa de él”. Significa que, cuando una persona te hiere, no debes asumir inmediatamente que pecó, sino que deberías juzgarla para bien y asumir que quizás no pecó, o incluso si lo hizo, que se arrepentiría felizmente si se diera cuenta del daño que causó (7).

Vimos la naturaleza reprensible del odio interno, y la necesidad de hablarle a la persona hacia quien uno guarda alguna clase de odio por algo que hizo. La experiencia demuestra que cuando uno sigue las instrucciones de la Torá en esas áreas, el resultado es casi siempre que la persona explica su accionar y se disculpa por un daño involuntario que causó. La gran mayoría de la gente no es cruel y no desea lastimar a los demás. Entonces, cuando la víctima de palabras duras o de otra forma de comportamiento le explica a la persona lo que siente, el resultado es casi siempre positivo, evitando un ascenso innecesario del odio, así como una gran cantidad de dolor. No es fácil acercarse a alguien de esta forma, pero el temor sentido no exenta a nadie de la obligación de la Torá de intentar clarificar la situación. Que todos ameritemos tener relaciones abiertas y honestas, donde las disputas puedan ser resueltas con rapidez.


Notas:

(1) Debería señalarse que el uso de la Torá de la palabra odio no se limita al odio violento, sino que incluye también un nivel mucho menor de disgusto con otra persona (ver Parashat Vayetzé 29:31 con el comentario de Rambán al versículo, que implica que Yaakov odiaba a Leá).

(2) Vaikrá 19:17.

(3) Rambán, Rashbam y Or> HaJaim, 19:17, Rambam, Séfer> HaMitzvot, Lo Taasé, 302, Rambam, Hiljot Deot, 6:5-6, Séfer HaJinuj, Mitzvá 238.

(4) Shmuel 2, Cap. 13 para los detalles de esta triste historia.

(5) Samuel> 2, 13:22.

(6) Rambam, Hiljot Deot, 6:6.

(7) Or HaJaim, Vaikrá, 19:17.