Hacia el final de la parashá, encontramos el relato del pedido que hizo Moshé a Dios para que designe un sucesor idóneo que lidere al pueblo judío durante su entrada a la tierra de Israel. Dios le respondió que Yehoshúa, su fiel estudiante, era la elección adecuada. El Midrash se explaya sobre el diálogo entre Moshé y Dios, explicando que Moshé pidió que sus hijos lo sucedieran como líder, pero que Dios se negó porque “tus hijos se sentaron y no fueron osek beTorá (absorbidos en estudio de Torá) (1), mientras que Yehoshúa era el legítimo sucesor porque “llegaba temprano y se iba tarde de tu beit midrash (casa de estudio) y acomodaba las sillas y cubría las mesas” (2).

Este Midrash presenta dos dificultades.

Primero, que si los hijos de Moshé no eran osek beTorá, ¿cómo pudo Moshé esperar que lideraran al pueblo judío? (3). Y segundo, que parecería que Dios comparó a los hijos de Moshé con Yehoshúa en la misma área de conducta: ser osek beTorá. Sin embargo, Dios alabó a Yehoshúa destacando que acomodaba el beit midrash, algo que no aparenta tener relación con ser osek beTorá. ¿Cómo se explica la comparación de los hijos de Moshé con Yehoshúa?

Rav Yosef Shalom Eliashiv ztz”l explica que los hijos de Moshé eran efectivamente eruditos de Torá y que habían aprendido lo suficiente para liderar al pueblo judío. Por esa razón Moshé creyó que eran candidatos adecuados para sucederlo. Sin embargo, Dios contestó que eso no era suficiente: cuando dijo que se sentaban y no eran osek beTorá, implicó que se sentaban y estudiaban para sí, sin ser osek (ocuparse) en Torá con los demás. En contraste, Yehoshúa organizaba la sala de estudio y facilitaba el estudio de los demás, por lo que se le consideró osek beTorá (4).

De la explicación de Rav Eliashiv pueden derivarse muchas enseñanzas importantes (5). Sin embargo, su explicación pareciera tener una dificultad particular: la lógica nos hubiera dictado que ser osek beTorá implica sólo estudiar Torá para uno mismo; ¿dónde encontramos la alusión a ayudar a estudiar a los demás?

Para responder a esta pregunta necesitamos primero entender la definición básica de la mitzvá de talmud Torá (estudiar Torá). El Rambam escribe que la mitzvá tiene dos fuentes: “Se las enseñarás a tus hijos” y “se las enseñarás detalladamente a tus hijos”. De estos mandamientos, el Rambam aprende que una persona debe estudiar Torá, y que la razón principal del estudio es enseñarles Torá a sus hijos. Vemos de aquí que la mitzvá de Talmud Torá involucra tanto enseñar como aprender. Más aún, el Rambam cita una fuente rabínica que dice que “hijos” incluye también estudiantes, y que parte fundamental de la mitzvá es enseñarles a personas incluso si no son su progenie (6). De esta forma, es bien entendible que Rav Eliashiv traduzca osek beTorá como causar que los demás estudien Torá.

Otra fuente para el concepto de que estudiar Torá incluye intrínsecamente hacer que otros también estudien se encuentra en la Guemará de Avodá Zará (7). La Guemará dice que la historia mundial está dividida en tres períodos de dos mil años: El primer período es llamado “los dos mil años de vacío”, y el segundo “los dos mil años de Torá”. Los comentaristas explican que los años de vacío reciben su nombre debido a la ausencia de Torá en el mundo durante ese tiempo, mientras que los años de Torá marcan el comienzo de la presencia de Torá en el mundo. La Guemará dice que los años de Torá comenzaron cuando Abraham comenzó a enseñar Torá, y que su comienzo está marcado por las “almas que hicieron en Jarán”. Sin embargo, decir que los años de Torá comenzaron en ese momento presenta una dificultad: se sabe que hubo gente grandiosa que vivió antes que Abraham que estudiaba Torá (8), y a pesar de eso, la época en la que vivieron es descrita como “vacía de Torá”; y más aún, Abraham mismo estudió Torá mucho antes de comenzar a enseñarla, y la era de Torá comenzó recién con las “almas que hicieron (9) en Jarán” (10). ¿Por qué? Rav Zev Leff explica que Abraham hizo algo que sus ilustres predecesores no hicieron: enseñó Torá. La era de Torá comienza recién cuando la Torá se estudia y también se enseña, porque sólo así tiene la oportunidad de esparcirse (11).

Hemos visto varias fuentes que muestran que estudiar y enseñar Torá pertenecen a la misma categoría. Pero todavía debemos explicar por qué estudiar Torá es tan fundamental para el pensamiento judío. El Ben Ish Jai brinda un entendimiento más profundo a este tema, trayendo una Guemará en Sanedrin (12) que cita el versículo en Shelaj que dice que una persona que le sirve a otros dioses ha “degradado la palabra de Dios” (13). A continuación, la Guemará describe otras formas de comportamiento que merecen la misma devastadora acusación (14). Sorprendentemente, la Guemará agrega que el versículo incluye a “quien estudia y no enseña”. El Ben Ish Jai pregunta por qué la Guemará habla con tal dureza sobre quien estudia pero no enseña, y explica que la Torá es eterna y que su eternidad es preservada al transmitir sus enseñanzas a la generación siguiente. Sin embargo, escribe que “una persona que estudia, pero no asume la carga de enseñarles a sus prójimos, daña la naturaleza eterna de la Torá, porque la Torá que estudia no puede pasarse a la generación siguiente… entendiéndose así por qué los rabinos describen a este hombre de manera tan severa, ya que interrumpe la cadena de transmisión de la Torá de generación en generación y anula la cualidad eterna de la Torá” (15).

Esto también ayuda a entender la razón de por qué era importante que el líder del pueblo judío hiciera que los demás estudien Torá: su rol era preservar y continuar la transmisión, preservando de esta forma la naturaleza eterna de la Torá.

Vimos cómo enseñar Torá es una parte intrínseca de la mitzvá de estudiar Torá. Más aún, a pesar de que enseñar Torá es una gran bondad con los demás, también queda claro que es un elemento muy importante del desarrollo de la persona misma, ya que ayuda a desarrollar la valoración de la naturaleza eterna de la Torá y a formar parte de su transmisión a la generación siguiente.


Notas:

(1) Esto se traduce literalmente como estar ocupado en Torá. Trataremos las ramificaciones de este término más adelante en este ensayo.

(2) Bamidbar Rabá, 21:14.

(3) Esta pregunta la hace Rav Yosef Shalom Eliashiv ztz” l en Dibrei Agadá, p. 319.

(4) Ibíd.

(5) Ver su continuación en Dibrei Agadá, pp. 319-320, donde amplía sobre la necesidad de compartir la Torá con quienes están distantes del camino de la verdad. También aprendemos de esta explicación que la capacidad y la voluntad para compartir Torá con los demás es un rasgo clave para determinar a un líder efectivo.

(6) La Mishná en Pirkei Avot 1:1 nos dice que debemos “erigir muchos alumnos”. El Tiféret Israel escribe que no es suficiente con enseñarles a los hijos propios, sino que también se debe enseñarles a otros judíos.

(7) Avodá Zará, 9a.

(8) Los rabinos dice que Adam HaRishón, Nóaj, Shem y Éver estudiaron Torá.

(9) “Ellos” se refiere a Abraham y Sará.

(10) Abraham tenía 52 años cuando comenzó la era de Torá. Ver Rashi, Avodá Zará 9a.

(11) Podría decirse que Abraham no fue el primero en enseñar Torá; Shem y Éver tuvieron yeshivot donde les enseñaban a sus estudiantes. La diferencia es que Abraham les enseñó Torá a quienes, de no haber sido por él, no hubiesen deseado estudiarla, mientras que Shem y Éver esperaban que personas deseosas de estudiar Torá llegaran a ellos. Ver Rambam, Hiljot Avodá Zará 1:3 con los comentaristas Raavad y Késef Mishne, quienes amplían sobre la diferencia cualitativa entre las enseñanzas de Abraham y las de Shem y Éver. También Shut Jatán Sofer, introducción a Yoré Deá, y Jomat Hadat del Jafetz Jaim, quien amplía sobre las diferencias entre Abraham y los hombres grandiosos que lo precedieron. Otra posible diferencia entre Abraham y Shem y Éver es que ellos les enseñaban a personas que ya eran rectas, mientras que Abraham cambiaba drásticamente la dirección de la vida de los demás, algo apoyado por cita en la Guemará del versículo que se refiere a las almas que hizo Abraham, sugiriendo que enseñarle Torá a una persona no es el objetivo final, sino un medio para hacer que la persona cambie su vida utilizando para ello la Torá que se le enseñó. Rav Yaakov Emden escribe que cuando la Mishná en Pirkei Avot (4:6) dice que el nivel más elevado es “lilmod al menat laasot”, significa estudiar para hacer que los demás cumplan, y que esto es considerado un nivel superior a “lilmod al menat lelamed (aprender para enseñar)”, porque el objetivo de enseñar es causar una mayor observancia de mitzvot.

(12) Sanedrín, 99a.

(13) Shelaj, 15:31.

(14) Incluido en esta lista está quien afirma que la Torá no tiene origen Divino.

(15) Benyahu, Sanedrín, 99a, citado en Peninei Ben Ish Jai, Shelaj, p. 212.