El incidente de los espías es una de las historias más conocidas y polémicas de la Torá; hay mucha discusión sobre cómo es posible que hombres tan grandiosos como aquellos hayan cometido un pecado tan terrible. Otro aspecto sumamente importante sobre este episodio son las acciones que llevaron a cabo los hombres justos para no verse involucrados en el pecado.

La Torá nos cuenta que después de enviar a los espías a la tierra de Israel, Moshé le cambió el nombre a su estudiante más cercano (1). Hasta ese momento él era conocido como Hoshea, pero entonces Moshé le agregó una iud para formar el nombre Iehoshúa. Rashi explica que Moshé rezó para que Iehoshúa se salvara de la prueba de los espías, y esta plegaria se manifestó en la adición de una iud a su nombre. Unos pocos versículos después, la Torá alude al hecho de que mientras estaban en Israel, Kalev, otro de los espías, se separó del grupo y fue a Hebrón para rezar por protección para salvarse del plan de los espías (2).

El Ben Ish Jai (3) y el Maskil le David (4) dicen que estas plegarias parecen contradecir un axioma muy conocido: “Todo está en manos del cielo a excepción del temor al cielo”. Este axioma expresa que lo único que está completamente en control del hombre es la capacidad para elegir entre el bien y el mal. Puede ser muy beneficioso rezar por cosas que están más allá de nuestro control, como salud y sustento, ya que esas cosas dependen por completo de la Providencia Divina. Sin embargo, rezar para no pecar pareciera no tener ninguna utilidad ya que no es Dios el que decide si pecamos o no, sino que eso está en nuestras propias manos. Consecuentemente, es muy difícil entender por qué Moshé rezó por Iehoshúa y por qué Kalev rezó por sí mismo para evitar pecar; no dependía de Dios si ellos iban a pecar o no, sino que dependía exclusivamente del libre albedrío de ellos.

El Ben Ish Jai explica que hay dos formas diferentes mediante las cuales una persona puede llegar a pecar. Una es cuando tiene completa claridad de que determinado acto está prohibido pero de todas formas lo hace, a sabiendas de que está pecando. La segunda es cuando su iétzer hará (inclinación negativa) nubla su juicio y la convence de que el acto en cuestión no está prohibido, permitiéndole de esta manera racionalizar su pecado.

El principio de que el temor al cielo está completamente en nuestras manos sólo aplica a la primera forma de pecar, cuando la persona tiene absoluta claridad respecto a la perversidad de la acción. En esta área no sirve de nada que una persona le rece a Dios para que lo frene; eso está exclusivamente en sus manos y Dios no puede, por decir así, manipular su libre albedrío.

Sin embargo, esto no es cierto con respecto a la segunda forma, en la cual una persona puede realmente creer que no está pecando. El principal factor que causa que la persona peque en ese caso es la falta de claridad sobre cuál es la forma correcta de actuar. Esta situación no está completamente dentro de nuestro libre albedrío; cuando una persona quiere hacer lo correcto pero está en riesgo de ser seducida por su iétzer hará, entonces sí puede pedirle ayuda a Dios para que su razonamiento no se nuble. Entonces, en una situación como esta sí es beneficioso rezarle a Dios.

El Ben Ish Jai continúa explicando que Iehoshúa y Kalev enfrentaron la segunda forma de desafío, en la cual la tefilá sí puede ayudar. Los espías eran personas grandiosas y no hablaron mal de la tierra intencionalmente sin justificar antes su comportamiento. El Ben Ish Jai ofrece una explicación original de cuáles habrían sido sus motivaciones: sintieron que si le decían al pueblo judío sobre la gran prosperidad que había en la tierra de Israel, entonces entrarían con la motivación ulterior de obtener ganancia material en lugar de querer exclusivamente respetar la orden de Dios. En consecuencia, los espías decidieron hablar mal sobre la tierra con la esperanza de que el pueblo judío igualmente quisiera entrar pero con motivos completamente puros, y de esta forma obtendrían una recompensa mucho mayor.

Sin embargo, este razonamiento era en realidad obra del iétzer hará para evitar que el pueblo judío entrara a la tierra, como efectivamente ocurrió al final. Moshé rezó para que Iehoshúa estuviera protegido de las racionalizaciones que le harían creer que hablar mal de la tierra era una mitzvá (5). De la misma forma, Kalev rezó para poder mantener la claridad necesaria y no caer así en las garras del iétzer hará.

Hemos visto que hay dos formas en las que una persona puede llegar al pecado: de manera consciente o al ser engañada por el iétzer hará. Pareciera ser que es mucho más prevalente esta segunda forma.

El Néfesh Hajaim escribe que esta falta de claridad se originó con el primer pecado: el pecado de Adam. Antes de pecar, Adam tenía absoluta claridad para distinguir entre el bien y el mal; para él, cometer un pecado era tan obviamente nocivo como poner la mano sobre el fuego. Pero cuando comió del árbol del conocimiento del bien y el mal, él perdió la claridad que tenía a tal punto que ahora el iétzer hará podía hacerlo confundir lo bueno con lo malo.

Ésta es la razón por la cual la Guemará declara que cuando una persona comete el mismo pecado dos veces, el pecado se vuelve permisible ante sus ojos. Se dice que Rav Israel Salanter comentó que cuando se comete un pecado por tercera vez, ¡este se vuelve una mitzvá ante sus ojos! Esta es la manera mediante la cual el iétzer hará mantiene a la persona en el mal camino, haciendo que justifique su comportamiento pensando que es permisible e incluso deseable.

El autor del Tania hace una fascinante observación sobre este punto: escribe que si uno le ofreciera dinero a un judío observante de Torá para que realice un pecado, éste no lo haría ya que entiende intelectualmente que el daño espiritual que le causaría el pecado es mucho peor que cualquier ganancia monetaria. Sin embargo, la persona de todas formas peca sin obtener ninguna ganancia monetaria ya que se convence a sí misma de que no está pecando en realidad.

Aprendemos de la explicación del Ben Ish Jai que, respecto al desafío de ser engañados por el iétzer hará, la plegaria es un arma muy beneficiosa y necesaria. El iétzer hará está constantemente buscando engañarnos para que pequemos, por lo tanto, debemos mantenernos siempre vigilantes para no ser atrapados por sus racionalizaciones. Al igual que un método consistente de autoanálisis, la clave para obtener claridad es rezarle a Hashem para que abra nuestros ojos y nos permita seguir el camino verdadero del Servicio Divino.


Notas:

(1) Shelaj 13:16.

(2) Rashi 13:22.

(3) Ben Yehoyada, Sotá 34b.

(4) Shelaj, ibíd. Es uno de los comentaristas de Rashi.

(5) Hay muchas otras explicaciones sobre el razonamiento de los espías para hablar mal sobre la tierra (ver Rambán y Sfat Emet), pero pareciera claro que cualquiera que haya sido su razonamiento, de alguna manera justificaron sus acciones y creyeron que no estaban cometiendo una averá.