Al volver a la tierra de Israel, Yaakov le envía un mensaje de paz a su hostil hermano, Esav. Comienza el mensaje diciendo: “Viví con Labán y me he demorado hasta ahora”1. Los sabios profundizan en las palabras de Yaakov: “Viví con Labán y, de todos modos, respeté las 613 mitzvot y no aprendí de sus caminos malvados”2. Los comentaristas preguntan: todo lo demás, que le dijo Yaakov a Esav, es muy conciliador, pero este mensaje pareciera muy antagónico, ¿cómo encaja en todo lo demás que dijo Yaakov?

El Jafetz Jaim responde, interpretando las palabras de los sabios de una nueva manera: cuando Yaakov dijo que había respetado las mitzvot, pero no aprendido de los caminos malvados de Labán, se estaba criticando a sí mismo. Argumentó que Esav no tenía por qué temerle, dado que, si bien Yaakov había respetado las mitzvot, no lo había hecho con el mismo entusiasmo que tenía Labán para realizar sus actos de maldad. Cuando dijo que “no aprendió de las costumbres de Labán”, la implicación es que no se había exigido, en sus buenas acciones, al grado en que Labán realizaba sus malas acciones.

Aprendemos de esto que nuestra forma de hacer buenas acciones es juzgada en comparación a la forma en que los malvados cometen sus pecados. Esta idea ayuda a explicar otra declaración difícil de los sabios. Cuando Bilam3 parte para maldecir al pueblo judío, la Torá nos dice que se “levantó (vayakam) temprano en la mañana”. El Midrash Tanjumá dice que, al ver esto, Dios exclamó: “¡Eres un hombre malvado! El padre de ellos, Abraham, ya te precedió”, como está escrito [en la historia de la Akedá] “vayashkem ba-bóker4. Las palabras vayakam y vayashkem significan ‘despertar del sueño’, pero vayashkem implica levantarse aún más temprano que vayakam, por lo que Dios le estaba diciendo a Bilam que Abraham se levantó —cuando estaba camino a la Akedá (la atadura de Itzjak)— aún más temprano que él cuando estaba camino a maldecir al pueblo judío.

¿Cuál es el significado de este Midrash? Rav Jánoj Harris explica que Bilam trató de poner al pueblo judío bajo una luz negativa, mostrando que él podía actuar con mayor voluntad en su maldad que ellos en su avodat Hashem ‘servicio Divino’. Sin embargo, Dios le dijo que el padre del pueblo judío, Abraham, ya había demostrado una voluntad mayor para realizar la voluntad de Dios, que la de Bilam contradiciéndola. En consecuencia, los descendientes de Abraham heredaron su entusiasmo característico y poseyeron mérito suficiente para soportar la arremetida de Bilam.

En el Shemá, decimos que debemos amar a Hashem con todo nuestro corazón6. La Guemará aprende de este versículo que debemos amar a Dios con nuestras dos inclinaciones, el iétzer hatov y el iétzer hará7. Una manera de utilizar el poder del iétzer hará es observar nuestro entusiasmo para seguir sus tentaciones y tratar de aplicarlo a nuestro iétzer hatov.

Esta enseñanza se puede aplicar en muchas situaciones. Un ejemplo son las personas que dedican incontables horas tratando de satisfacer sus deseos de dinero y honor. A menudo pasan noches sin dormir para ganar más dinero. ¿Y si hicieran lo mismo con los temas espirituales? ¿Y si invirtieran la misma cantidad de energía en sus relaciones con la pareja y los niños? Nosotros también podemos observar nuestra vida y encontrar áreas en las que sentimos más excitación y entusiasmo que en nuestra avodat Hashem, ya sea en la comida, el trabajo, los deportes u otra cosa. Debemos internalizar lo que ya sabemos: que seguir la Torá brinda mucha más satisfacción que cualquier otra cosa. Luego podemos comenzar a “aprender de los caminos malvados de Labán y su gente”.


Notas:

1. Vaishlaj, 32:5.

2. Rashi, ibíd.

3. Quien, interesantemente, está intrínsecamente conectado con Labán: ¡el Targum Yonatán (Bamidbar 22:5) dice que eran la misma persona!

4. Balak, 22:21 con Rashi.

5. Rav de Aish HaTorah New York.

6. Vaetjanán, 6:5.

7. Brajot, 54a.