Nuestros sabios nos cuentan que Bilam tenía increíbles poderes de profecía, los cuales en cierto aspecto eran incluso más grandes que los de Moshé. Sin embargo, él también tenía muchas malas características de personalidad. ¿Cómo pueden estos dos factores opuestos coincidir en una misma persona?

La respuesta es que Bilam nunca se esforzó para llegar a este nivel. A diferencia de los profetas judíos —quienes debían ascender a los niveles más altos de rectitud para alcanzar la profecía—, Bilam recibió sus capacidades proféticas sin habérselas ganado. Bilam conocía la verdad —que el Dios de los judíos era el único Dios verdadero y que respetar la Torá otorgaba la máxima recompensa—, pero nunca internalizó esas verdades y por lo tanto fue incapaz de hacer que su comportamiento fuese acorde a su entendimiento intelectual.

Sin embargo vemos de sus bendiciones a la nación judía que él ansiaba obtener la recompensa espiritual que le espera a los justos. En su primera tanda de bendiciones él expresó este deseo: “Que mi alma muera la muerte del recto y que mi fin sea como el de él” (1). El Or HaJaim escribe que Bilam no sólo ansiaba obtener la recompensa sin haber hecho ningún acto de rectitud, sino que deseaba “que cuando llegara el día de la muerte, él pudiese rectificar sus malos caminos… él deseaba que en el momento de su muerte, el pudiese hacer teshuvá (arrepentimiento) y ser como los rectos de las naciones”. Bilam se dio cuenta que estaba viviendo una vida de falsedad y que sufriría en el mundo venidero, por lo que quería hacer teshuvá, pero sólo al final de su vida.

El Or HaJaim continúa con una asombrosa observación. “De la misma forma, yo he visto malvados que me han dicho que si estuvieran seguros de que si hicieran teshuvá morirían inmediatamente, entonces lo harían, pero ellos saben que no podrían mantener su teshuvá por un período de tiempo prolongado porque la tontería y el viejo rey (el iétzer hará) dominan sobre ellos” (2).

Esta gente, al igual que Bilam, sabía la verdad pero no estaban preparados para vivir de acuerdo a ella, sino que sólo estaban dispuestos a morir por ella. Una actitud como esta pareciera ser muy tonta, pero sin embargo, en cierto sentido, puede afectarnos a todos.

Rav Jaim Shmulevitz zt”l demuestra este punto (3) citando un Midrash que describe los momentos previos a la partición del Iam Suf (el Mar de Juncos). El Midrash relata que cuando el pueblo judío estaba en el mar, las tribus estaban discutiendo entre sí para decidir cuál sería la primera en entrar al mar; ninguna quería dar el primer paso, hasta que se metió Najshon ben Aminadav (4).

Rav Shmulevitz pregunta cómo puede ser que nadie haya querido meterse en el mar. Durante toda la historia los judíos siempre han estado dispuestos a dar sus vidas y las de sus hijos por Kidush Hashem (santificación del nombre de Dios). Entonces, ¿cómo es posible que la generación que vio los grandes milagros del Éxodo no haya sido capaz de hacer el mismo sacrificio?

Responde que si Dios les hubiera ordenado que entraran al mar y que entregaran sus vidas, entonces lo hubiesen hecho con alegría, pero esa no era la prueba verdadera. La prueba era que “se les ordenó entrar para ser salvados, saltar para vivir”. La tarea en el Mar no era morir por Hashem, sino vivir por Él. Es mucho más fácil dar la vida por Dios y estar por tanto exento de las mitzvot, que continuar con vida y enfrentar los desafíos que presenta la vida.

¿Cómo es relevante este principio para nosotros hoy en día? Rav Nóaj Weinberg zt”l solía decir que hay una pregunta básica que toda persona debería hacerse a sí misma: ¿Para qué estoy viviendo, cuál es el objetivo de mi vida? No es fácil responder esta pregunta con sinceridad; una persona puede saber que el objetivo de la vida es acercarse a Hashem, pero este puede ser un concepto muy vago… Hay muchas formas para acercarse a Hashem y no es fácil encontrar una respuesta específica que se adecúe a la situación y a la fortaleza de cada persona. Rav Weinberg da una sugerencia que puede ayudar a hacer que este concepto sea un poco menos abstracto: una persona debería pensar por qué está dispuesta a morir y luego debería decirse a sí mismo: “quiero vivir por eso”.

Podemos ver un buen ejemplo de esta idea en nuestra relación con nuestros hijos: estaríamos dispuestos a dar nuestra vida por ellos, pero, ¿dedicamos suficiente tiempo y energía para vivir por ellos? Hubo una vez un hombre que trabajaba muchas horas para sustentar a su familia, e incluso trabajaba los domingos. Todas las semanas el hijo le preguntaba al padre si tendrían tiempo para jugar el domingo, pero el padre siempre le respondía que tenía que trabajar. Una semana, el desesperado hijo le preguntó a su padre: “Papi, ¿cuánto dinero ganas un domingo?”. El desconcertado padre le contestó su pregunta y entonces el hijo le ofreció pagarle esa cantidad ¡para que estuviera libre para pasar tiempo con él! Esta historia tiene una ironía muy triste: el padre sólo trabajaba tan duro para darle a sus hijos una buena vida pero, eventualmente, fue atrapado por su trabajo y olvidó el objetivo: no estaba siendo un padre para su hijo.

Otro ejemplo de esto es nuestra actitud hacia el pueblo de Israel. Hay muchos judíos que estarían dispuestos a dar la vida por el pueblo judío si hubiera una amenaza de destrucción física o espiritual. Sin embargo, ¿estamos dispuestos a vivir por el pueblo judío? ¿Pasamos algo de tiempo ayudando a los judíos necesitados? Hay miles de judíos que no tienen suficiente comida y millones que no tienen idea de qué se trata el judaísmo. ¿Tomamos un poco de tiempo de nuestra ocupada agenda para ayudarlos? Rav Pam zt”l resalta este punto en su prefacio a la biografía de Irving Bunim zt”l.

“Actualmente se habla mucho sobre amar al prójimo, pero si quieres saber cuál es el verdadero significado de esas palabras traducidas a la acción, entonces lee los capítulos de este libro que tratan sobre los esfuerzos de rescate del Váad Hatzalá, liderados por Rav Aharón, Rav Kalmanowitz e Irving Bunim. Estos hombres, junto a los Sternbuch en Suiza y a Rav Mijael Ber Weissmandel en Eslovaquia, no conocieron límites en su persistente determinación para mover tierra y mar para salvar vidas, para aliviar el sufrimiento. ¡Léelo! Te conmoverá. Te inspirará. Te dará un entendimiento más profundo sobre qué significa tomar responsabilidad por Klal Israel… pero puede que también te moleste, porque puede que induzca un poco de dolorosa reflexión. ¿Realmente hicimos todo lo que pudimos para salvar vidas en ese entonces? ¿Estamos haciendo ahora lo suficiente para responder al llanto, a las necesidades desesperadas de Klal Israel en esta generación (5)?”.

Estamos viviendo en una época en la que el pueblo judío nos necesita; pero no necesita que muramos por Kidush Hashem (santificación del nombre de Dios), sino que necesita que vivamos por ello. Bilam es descrito como un malvado a pesar de su profecía. Él sabía qué quería Dios de él, pero no estaba dispuesto a vivir por ello, sino sólo a morir por ello. Pero nosotros somos mejores que Bilam, estamos preparados a vivir por Hashem; sin embargo, hay veces que podemos perder de vista el bosque por causa de los árboles y olvidar cuál es realmente el objetivo. Si analizamos por qué estamos dispuestos a morir entonces podremos descubrir por qué deberíamos estar viviendo. ¿Y cuál es la recompensa de vivir por Hashem?

En el Iam Suf nadie quiso entrar al agua hasta que Najshon ben Aminadav se metió; él estuvo dispuesto a vivir por Hashem. El Midrash nos dice que fue gracias a este acto que la tribu de Yehudá ameritó el maljut (Reinado) (6). Rav Shmulevitz describe la importancia de este momento: “En ese momento la tribu de Yehudá se sintió responsable por todo Israel, de hacer lo que debían hacer y, a partir de este sentimiento, se tornaron más grandes y elevados que todo Israel y se llenaron de fortaleza para cruzar el mar como si hubiese estado completamente seco. Gracias a esto, Yehudá ameritó maljut (7). Y nosotros también podemos ameritar la grandeza de aprender de la lección de Najshon y vivir por Hashem.


Notas:

(1) Balak 23:10.

(2) Or HaJáim HaKadosh, ibíd.

(3) Sijot Musar, Parashat Beshalaj, Maamar 33.

(4) Bamidvar Rabá 13:7

(5) A Fire in His Soul (Un fuego en su alma), p. 8.

(6) Tosefta, Brajot 4:16

(7) Sijot Musar, Parashat Vaiéshev, Maamar 20.