Cuando una lesión permanecía en una prenda después de haber seguido todas las instrucciones del cohen, él la examinaba una última vez. Si la lesión "no había cambiado su apariencia", la prenda se quemaba. La expresión exacta en hebreo es "lo hafaj hanega et einó", lo que se traduce literalmente como "la lesión no cambió su ojo". Aunque el significado es claro, no podemos dejar de preguntarnos por qué la Torá escogió una forma de expresión tan inusual.

La afección de tzaraat tiene una naturaleza espiritual y no médica. El Talmud (Arajín 16a) discierne siete causas diferentes para la tzaraat. La más famosa de ellas es lashón hará, el habla indebida. Las otras seis no son tan conocidas. Una de ellas es tzarut ain, lo que se traduce literalmente como "la estrechez del ojo". Esto se refiere a la mezquindad, a una tendencia a ver lo negativo y pasar por alto lo positivo en todas las cosas. Se trata de una singular falta de generosidad general, una visión reducida del mundo y de todo lo que hay en él.

Si esta aflicción espiritual causaba una lesión en la prenda, entonces la terapia era transformar la cualidad de tzar ain en tov ain, literalmente "una persona con un buen ojo". En vez de ser un cascarrabias con un rostro amargado y mezquino, debía convertirse en una persona sonriente, generosa, optimista, cálida y amigable. Entonces la lesión desaparecería. Si la persona no cambiaba, la lesión permanecía en la prenda y se la debía incinerar.

El Jidushei Harim explica que a esto se refiere la Torá con las palabras "lo hafaj hanega et einó", "la lesión no cambió su ojo". El dueño de la prenda no cambió su ojo estrecho por un ojo bueno, no se transformó de una persona cascarrabias y amargada en una persona bondadosa y generosa. Por lo tanto, la prenda debe quemarse.

El Jidushei Harim concluye con una clásico vort jasídico, una interpretación al estilo jasídico. La palabra hebrea para lesión o aflicción es nega. Lo opuesto de una aflicción es el placer, en hebreo oneg. Ambas palabras están compuestas por las mismas tres letras. Nega es nun, guimel, ain. Oneg es ain, nun, guimel. La única diferencia es el lugar donde se encuentra la ain. Si la pasamos del final al frente, la aflicción se transforma en placer. La Torá nos dice que "la lesión no cambió su ojo (ain)". Sigue siendo la misma persona de visión estrecha que era antes. En consecuencia, la nega no se transformó en oneg.