Rav Saadia Gaón vivía en Egipto y lo invitaron a dirigir la ieshivá en Sura, lo que ahora es Irak (y por eso asumió el honorable título de Gaón). Su primera responsabilidad como el nuevo rosh ieshivá, algo demasiado conocido por los roshei ieshivá de la actualidad, fue recaudar dinero para su ieshivá.

Rav Saadia no perdió tiempo. Fue a uno de los más adinerados comerciantes judíos de la comunidad de Egipto y consiguió un donativo muy grande. El hombre tenía un pedido: quería que colocaran una placa con su nombre en el arón kodesh, el arca sagrada de la famosa ieshivá de Sura. Rav Saadia aceptó y el hombre le dio el dinero.

Cuando llegó a Sura, Rav Saadia descubrió que ya habían fijado en el arón kodesh una placa con el nombre de otra persona. ¡Otra persona ya había dedicado el arón kodesh!

Rav Saadia le escribió una carta al donante de Egipto y le explicó que el Arón Kodesh tiene un doble significado, porque simboliza tanto la Torá Escrita como la Torá Oral. En el Arón estaban las Lujot, las Tablas de los Diez Mandamientos. Pero él también simbolizaba al erudito de la Torá. Nuestros Sabios dicen que la persona que desea progresar en el estudio de la Torá debe inclinar su cabeza hacia el sur cuando reza, porque el Arón Kodesh estaba en la parte sur del Hejal, del Santuario.

"El arón kodesh en la ieshivá es el lugar de la Torá Escrita", le escribió Rav Saadia al donante de Egipto. "Allí están los rollos de la Torá. ¿Pero dónde está la Torá Oral en la ieshivá? Obviamente no en el arón kodesh. Está en los corazones y las mentes de los rabinos y de los estudiantes. Se encuentra donde alguien se sienta a estudiar Torá. Al dar una contribución que permite que la gente se siente a estudiar, de hecho está dedicando el arón kodesh de la Ley Oral".

Si el Arca simbolizaba al erudito de Torá, ¿cuál era el significado de la doble cobertura de oro (interna y externa)? El Talmud (Ioma 72b) nos dice: "Cualquier erudito de Torá que no es tojó kebaró, idéntico por dentro y por fuera, no es un sabio de la Torá". Tal como el Arca estaba cubierta de oro por dentro y por fuera, así también el erudito de Torá debe ser una persona íntegra, con buenas cualidades personales.

En otra parte (Berajot 27b), el Talmud relata la famosa historia de la disputa entre Rabán Gamliel y Rabí Iehoshúa. Mientras Rabí Gamliel dirigió la ieshivá, él siguió una política de admisión exclusiva: sólo aceptaba a aquellos estudiantes que eran tojam kebaram, que eran idénticos por dentro y por fuera. Como resultado de esta disputa con Rabí Iehoshúa, fue removido de su cargo y lo reemplazó Rabí Elazar ben Azariá. Rabí Elazar cambió la política de admisión. Él abrió las puertas a todos los que llegaban y agregó varios cientos de sillas. Cuando Rabán Gamliel oyó eso, se entristeció y temió haber retenido injustamente la Torá del pueblo judío.

El Jidushei Harim pregunta por qué Rabán Gamliel se sintió molesto. Él sabía perfectamente que todas esas personas deseaban unirse a la ieshivá. Él había visto sus aplicaciones, los había examinado y los había rechazado. Y con buenas razones. Él buscaba estudiantes que fueran tojam kebaram, genuinos y no personas superficiales. Verdaderos. Él hubiera podido invitarlos a todos, pero eligió no hacerlo. ¿Por qué de repente se arrepintió cuando Rabí Elazar los dejó entrar?

El Jidushei Harim explica que no se arrepintió de inmediato. Pero después de un tiempo, notó algo asombroso. Todos esos estudiantes que habían parecido superficiales cuando se encontró con ellos por primera vez, estaban cambiando. La Torá que estudiaban los estaba transformando, penetraba a sus corazones y a sus mentes y los convertía en algo real, en verdaderos eruditos de Torá, recubiertos de oro por dentro y por fuera. Esa fue la causa de su gran arrepentimiento. Él no les había dado a esos jóvenes la oportunidad de verse expuestos a la Torá. Los había visto tal como eran y los rechazó, cuando debería haber entendido que el mismo estudio de la Torá los transformaría en los auténticos eruditos de Torá que él deseaba desde el comienzo.

SER ENTERRADOS EN UNA MESA DE COMEDOR

La mesa, así como el arca y el altar, estaba hecha de madera de acacia. Sin duda esta era una madera muy fina, adecuada para un propósito tan elevado como parte de los muebles sagrados del Mishkán. Rabenu Bejaia encuentra otro significado en el uso de esta madera, que en hebreo se llama shitim. La palabra shitim es una sigla formada por las primeras letras de las palabras shalom, tová, ieshuá y mejilá, que significan paz, bondad, salvación y perdón. En otras palabras, todos los regalos que disfrutó el pueblo judío, comprendidos en estas cuatro bendiciones, les llegaron a través de los muebles y los utensilios sagrados del Mishkán y del Beit HaMikdash.

¿Qué ocurre en nuestra época, cuando ya no tenemos estos utensilios? ¿Cómo podemos seguir recibiendo estos regalos?

Rabenu Bejaia responde a esta pregunta citando un famoso pasaje del Talmud (Jaguigá 27a): "Ahora que no tenemos el Beit HaMikdash, la persona recibe expiación a través de su propia mesa".

¿Cuál es la mesa que expía por nosotros y nos trae bendiciones ahora que no tenemos el Beit HaMikdash? ¡La mesa de nuestro salón! Si alimentamos al pobre, recibimos a los que están de paso y recibimos invitados en nuestra mesa, la mesa del salón (o la mesa de la cocina) se convierte en nuestro altar personal para nuestra expiación.

Rabenu Bejaia concluye diciendo: "Entre las personas piadosas de Francia, existe la costumbre de construir su ataúd con la madera de la mesa de su salón"

Imagina esto. Las personas que conocieron al difunto, quienes se sentaron en su mesa, van al funeral y ven que lo entierran en un ataúd que se ve exactamente como la mesa de su salón.

El mensaje es claro, dice Rabenu Bejaia. La persona no se lleva nada con ella al Mundo de la Verdad, excepto la Torá que estudió, las mitzvot que cumplió, la caridad que dio y la bondad que compartió con otras personas alrededor de su mesa.