Kóraj era considerado uno de los hombres más grandiosos de su generación, pero cuando eligió enfrentarse a Moshé sufrió una vergonzosa caída. No sólo él, sino que arrastró a toda su familia, incluso a los niños pequeños.

El Jafetz Jaim en su Shaar Hazejirá, una obra que identifica los pecados más perniciosos, dedica varios capítulos a discutir el pecado de majloket, la discordia. El Jafetz Jaim escribe que este pecado es uno de los más destructivos, tanto por los estragos que causa en la vida de las personas como por el daño espiritual que provoca al alma.

El Jafetz Jaim también señala que la majloket es particularmente dañina para los niños. Como señala el Midrash, la corte castiga a la persona cuando llega a lo que la ley considera como "mayor de edad". La Corte Celestial castiga cuando la persona pasa su adolescencia, cuando tiene por lo menos 20 años. Pero en la rebelión de Kóraj, la tierra tragó incluso a los bebés.

Hay varios pecados asociados con la majloket (calumnia, envidia, odio, provocar humillación pública), pero el peor mal de la majloket es la obsesiva necesidad de salir victorioso. La discusión puede comenzar por algún asunto genuino, pero rápidamente se pierde el control y toma vida propia. El tema original ya no es demasiado importante. Lo importante es ganar.

Los hermanos pueden empezar una discusión por una herencia de unos pocos miles de dólares. La pelea comienza con el dinero, que es moderadamente significativo. Pero una vez que comenzó, desemboca en toda clase de direcciones. Los hermanos dejan de asistir a las smajot de los otros. Se dejan de hablar. Arden con odio y resentimiento. ¿Y todo por qué? ¿Cinco mil dólares? No, es mucho más que eso. Es un conflicto personal. Es un asunto del ego. "No voy a dejar que me gane. Le voy a mostrar quién tiene la razón. No es el dinero, es una cuestión de principios". ¡Ajá! Una vez que escuchas que "es una cuestión de principios" sabes que las cosas pasaron de estar mal a ser espantosas.

El Jafetz Jaim comenta que esta cosa llamada majloket es una locura. Pregúntale a cualquier padre si permitiría que alguien dañe a su hijo. Por supuesto que no. Pregúntale a cualquier padre si él mismo dañaría a su hijo. ¡Absurdo! Pero está corroborado que la majloket daña a los niños. Entonces, ¿cómo es posible que la gente juegue a este juego peligroso? Pero lo hacen. Su necesidad de vindicación, validación y victoria es tan grande que cierran los ojos al peligro. Es increíble.

En el pueblo del Jafetz Jaim había dos personas que tuvieron una majloket. Como era de esperar, con el tiempo la situación deterioró y se volvió cada vez más fea y complicada. Entonces los hijos de los dos antagonistas misteriosamente comenzaron a morir.

El Jafetz Jaim decidió que ya era suficiente. Fue a una de las partes y le dijo: "¿No te parece que ya es hora de terminar con esto? ¡Está matando a tus hijos! ¡Piensa en los niños!".

Un brillo maligno apareció en los ojos del hombre. Se inclinó y dijo: "Rebe, los enterraré a todos, ¡pero voy a ganar!".

Como dijo un famoso deportista norteamericano: "Ganar no es todo. Es lo único". Este no es el camino de la Torá. Es un concepto pagano.

La historia de Kóraj nos enseña cuán bajo uno puede caer cuando se embarca en el camino de la majloket. Debemos evitar dar incluso el primer paso.

La Mishná (Avot 5:17) dice que cualquier discusión leshem Shamaim, por amor al Cielo, tendrá resultados duraderos, y cualquier discusión que no es por amor al Cielo sino por intereses personales, no tendrá resultados duraderos. La Mishná continúa dando ejemplos de las dos clases de disputas. Una discusión por amor al Cielo es la que mantenía "la escuela de Hilel y la escuela de Shamai", que siempre tenían desacuerdos. Una discusión que no fue por amor al cielo fue la de "Kóraj y sus seguidores".

Muchos comentaristas se sorprenden ante la frase "Kóraj y sus seguidores". La Mishná menciona sólo a una parte de la disputa. ¿No debería haber dicho "la discusión de Kóraj y Moshé", tal como menciona a "la escuela de Hilel y la escuela de Shamai", que representan a ambas partes de la disputa?

Rav Shimon Schwab explica que en una discusión por amor al Cielo, ambas partes están interesadas en escuchar la opinión del otro. Su objetivo es llegar a la verdad, y para hacerlo tienen que escuchar ambas partes del argumento. Posteriormente decidirán qué es lo que creen, y si difieren de la otra escuela, habrá una disputa.

Pero en una discusión que no es por amor al Cielo, como en el caso de Kóraj y sus seguidores, no había ningún interés en descubrir la verdad. Sólo se trataba de ganar prestigio y poder. ¿Por qué iban a querer escuchar lo que la otra parte podía decir? Ellos cerraron sus oídos a todos los argumentos contrarios a su postura. Por lo tanto, su disputa en verdad no tenía dos partes. Había sólo una parte: Kóraj y sus seguidores.

El Talmud (Brajot 58a) nos dice que "Tal como los rostros de las personas no son iguales, tampoco sus opiniones son exactamente iguales". Rav Shlomo Eiger aprende de este comentario una importante lección. A nadie le molestan las diferencias en la apariencia de las personas. Nadie necesita que todos se vean idénticos a él. De la misma manera, nadie debería sentir que todos deben compartir exactamente sus opiniones.

Si fuéramos más tolerantes, si aceptáramos que los demás tienen diferentes opiniones y perspectivas, y que así es como debe ser, avanzaríamos mucho en el camino para evitar la majloket.