"Soñó, y he aquí que una escalera estaba apoyada en la tierra y su punta llegaba hasta los cielos" (Génesis 28:12)

Entre los símbolos proféticos, es probable que la escalera de Iaakov sea una de los más famosos. En su sueño, Iaakov vio una escalera sumamente alta que "estaba apoyada en la tierra y su punta llegaba hasta los cielos". ¿Cuál es el significado de esta escalera? El Midrash y los Rishonim brindan muchas respuestas.

Una de las interpretaciones del Midrash es especialmente curiosa. Esta interpretación dice que Hashem le mostró a Iaakov dos de sus descendientes. Uno de ellos fue Moshé, quien ascendió al Cielo, simbolizado por la parte superior de la escalera que "llegaba a los cielos". El otro fue Kóraj, a quien lo tragó la tierra, simbolizado por la escalera "apoyada en la tierra". ¿Qué sentido tenía mostrarle estos dos individuos a Iaakov?

El Baal HaTurim señala que la guematria, el valor numérico, de la palabra sulam (escalera) es igual al valor numérico de la palabra mamón (dinero) y al de la palabra oni (pobreza). El valor numérico de todas estas palabras es 136.

De acuerdo con el Baal HaTurim, una escalera es una metáfora tanto del dinero como de la pobreza. Una escalera puede llevar a la persona a lo más elevado. Y también puede hacerla caer a lo más bajo. El dinero tiene la misma capacidad de elevar o degradar a la persona. Cuando Hashem le confía dinero a una persona, ella puede utilizarlo para promover su propio crecimiento y el de su familia. También puede apoyar a las instituciones comunitarias. Si estos son los caminos que elige, entonces el dinero lo eleva a los más altos niveles de logros espirituales. Pero si decide usar el dinero para ser indulgente con sus deseos y apetitos, para presionar la mayor cantidad de botones de placer que sea posible, eso lo llevará a los más bajos niveles de humillación.

Esta idea puede explicar por qué le mostraron a Iaakov a Moshé y a Kóraj. Nuestros Sabios nos dicen que ambos eran muy ricos, Kóraj era tan adinerado que no le faltaba nada en el mundo. Su riqueza lo corrompió, y desarrolló tal ansia de poder que se atrevió a desafiar la autoridad de Moshé. Su escalera de dinero lo llevó al abismo, literalmente. La tierra abrió su boca y Kóraj descendió a una profundidad que ninguna otra persona experimentó antes ni después. También Moshé era una persona muy rica, pero él se convirtió en el padre de todos los profetas, el maestro de todo el pueblo judío. Su escalera de dinero sólo lo llevó hacia arriba.

También la pobreza tiene esta fuerza ambivalente. Por un lado, es una prueba terrible. De acuerdo con el Talmud (Eruvin 41b), la persona afligida por la pobreza es vulnerable al pecado. Por otro lado, la persona que supera la "prueba de la pobreza" queda liberada de las restricciones del dinero. Su felicidad surge de su interior y no depende del tamaño de su cuenta bancaria. La gente que se adapta a una vida más simple, que puede reducir sus necesidades y bajar sus expectativas, que sólo tiene un poco pero precisa todavía menos, estas personas son verdaderamente libres, ricas y afortunadas. Ellas pueden usar su aceptación de la pobreza para enfocarse en la Torá y en su desarrollo personal y espiritual.

Oí una historia que ocurrió en Baltimore. Una mujer fue a comprar una peluca y la acompañó su hija de doce años. Después de un rato considerando diferentes estilos y tonos, fInalmente la mujer encontró una peluca que le gustó.

—Quiero esta —le dijo a la vendedora.

La vendedora se sintió incómoda. Ella sabía que esa mujer estaba lejos de ser rica. La peluca que había elegido estaba fuera de sus posibilidades.

—No me parece que esa peluca sea adecuada para usted.

—Pero es perfecta. Me gusta. ¿Cuánto cuesta?

—Déjeme mostrarle otros estilos que sean más adecuados.

—¿Qué sentido tiene? Me gusta esta. ¿Para qué tomarnos el trabajo de seguir buscando?

La vendedora se aclaró la garganta.

—Bueno, la verdad es que la peluca que eligió es bastante cara. No me parece que esté dentro de sus posibilidades.

La mujer sonrió.

—En realidad ninguna está dentro de mis posibilidades. Así que por lo menos déjeme llevarme la que me gusta.

La vendedora encogió los hombros y se alejó.

En ese momento, la hija de la mujer que durante toda la conversación había estado callada, le preguntó:

—Mami, ¿por qué ninguna peluca está dentro de nuestras posibilidades? ¿Acaso somos pobres? ¡Yo nunca supe que éramos pobres!

Supongo que podemos culpar a la mujer por su falta de discreción al tener esa conversación frente a su hija. Pero tenemos que admirar su capacidad de educar a sus hijos en medio de la pobreza con felicidad y satisfacción, sin que nunca se sintieran privados de nada. Una cosa es segura. El foco en ese hogar, la fuente de felicidad, no está en cosas materiales sino en la riqueza de la mente, el corazón y el alma. La pobreza de esa familia es una escalera para llegar a los cielos.

El Talmud dice (Meguilá 16a): "Esta nación se compara con el polvo y las estrellas. Cuando bajan, descienden al nivel del polvo; pero cuando se elevan, ascienden hasta las estrellas".

Por lo tanto, una escalera es la metáfora perfecta para el pueblo judío. Nadie permanece en el mismo lugar en una escalera. O sube o baja. Las sillas, los sofás, las camas pueden simbolizar una existencia estática, pero una escalera claramente simboliza el cambio. La escalera judía abarca todo el espectro de las personas, desde Moshé en la cima hasta Kóraj en lo más bajo. El pueblo judío siempre está en un estado de cambio, ya sea en progreso o en retroceso. No es posible quedarse quiero. Los judíos bajan al polvo o se elevan a las estrellas.