Moshé se sintió molesto y le dijo a Hashem (Shemot 5:22): "Mi Señor, ¿por qué has hecho mal a este pueblo? ¿Por qué me enviaste en esta misión?".

Dios reprendió a Moshé. "Yo soy Hashem. Me presenté ante Abraham, Itzjak y Iaakov y ellos nunca me cuestionaron. Yo le prometí a Abraham toda la tierra de Israel y sin embargo él no pudo enterrar a su esposa Sará hasta que pagó un alto precio por un terreno para enterrarla. ¿Acaso él se quejó o Me cuestionó? Le dije a Itzjak que viviría en esta tierra que Yo le daría a él y a su descendencia, sin embargo para encontrar agua tuvo que pelear con los pastores filisteos. ¿Acaso él se quejó o Me cuestionó? Le prometí a Iaakov toda la tierra, pero no pudo encontrar dónde asentar su tienda hasta que le compró un lugar a Jamor ben Shejem por cien kesitas. ¿Acaso él se quejó o Me cuestionó? Sólo tú tienes quejas, Moshé. Sólo tú me has cuestionado. ¡Qué pérdida irreemplazable son para Mí los patriarcas!".

Los patriarcas también experimentaron condiciones adversas. Ellos enfrentaron momentos en los que las cosas no marcharon tan bien como hubieran podido esperar. Pero nunca se quejaron. Nunca cuestionaron a Hashem. Moshé lo hizo y Hashem lo reprendió.

Sin embargo, si lo pensamos en un nivel más profundo, hay una diferencia importante entre Moshé y los patriarcas. Ellos eran ciudadanos privados, por así decirlo, individuos que enfrentaron un mal momento. Es cierto, las promesas que recibieron de Hashem involucraban a una futura nación, pero en el momento en que experimentaron sus dificultades, todavía no había una nación. Sólo se vieron afectados ellos mismos. Por eso los patriarcas pudieron sufrir en silencio y no quejarse sin tener ningún problema de consciencia.

Pero Moshé era el líder de toda una nación, era responsable por el bienestar de millones de personas. Su obligación era abogar por ellos, luchar por su bienestar, quejarse cuando las cosas no marchaban bien para ellos. Entonces, ¿por qué Hashem lo reprendió? ¿Qué fue lo que no hizo bien?

Cuando el pueblo judío pecó con el Becerro de Oro, Moshé luchó por su supervivencia y le dijo a Dios que de lo contrario debía borrarlo de Su libro. Aquí Hashem no tuvo ninguna objeción. Cuando Moshé volvió a salir una y otra vez en defensa del pueblo en el desierto, Hashem no objetó. ¿Por qué aquí sí reprendió a Moshé?

La respuesta se encuentra en la elección de las palabras de Moshé. Él dijo: "Mi Señor, ¿por qué has hecho mal a este pueblo?". Él caracterizó la acción de Dios como algo "malo". Este fue su error. Es cierto, su responsabilidad era defender al pueblo judío. Es verdad que su responsabilidad era quejarse ante Hashem cuando las cosas no marchaban bien para el pueblo. Pero al mismo tiempo, él tenía que reconocer que todo lo que Hashem hace es para bien. Todo lo que podía hacer era pedir que la situación mejorara. En su posición, Moshé debía tener un profundo entendimiento de la bondad de los actos de Dios como para pronunciar las palabras "has hecho mal a este pueblo".

Cuando el faraón le preguntó a Iaakov cuántos años tenía, él le respondió (Bereshit 47:9): "Los años de mi vida fueron pocos y malos". De acuerdo con el Midrash, de inmediato Dios le dijo a Iaakov: "Yo te salvé de Esav y de Laván, te devolví a Diná y a Iosef, ¿y ahora te quejas de que tus años fueron pocos y malos? Tu vida se verá reducida en el número de palabras que tuvo tu queja".

Iaakov nunca expresó su queja ante Hashem, pero aparentemente, en lo más profundo no percibía el bien absoluto en todo lo que Hashem había enviado a su camino. Aunque su vida pudo haber sido amarga, él debería haber comprendido que no era algo malo. El enfrentamiento con Esav desarrolló la capacidad del pueblo judío de enfrentarse con los descendientes de Esav en las generaciones futuras. Que Iosef llegara a Egipto pavimentó el camino para la salvación de la nación. Estos fueron eventos difíciles, agotadores e incluso incomprensibles, pero en definitiva no eran malos. Como señaló el Jafetz Jaim, un medicamento fuerte puede ser amargo, pero si es efectivo no se lo puede considerar malo.

Aquí es donde se equivocó Moshé. En su gran amor y devoción por el pueblo judío, se distrajo por su aflicción momentánea y perdió de vista el bien último. Por ese breve momento cuando se le escaparon esas fatídicas palabras, él no logró ver que en el esquema general de las cosas, Hashem estaba tratando al pueblo judío extremadamente bien.