Para la inauguración del Mishkán, el pueblo judío tuvo que llevar muchos korbanot, sacrificios: un macho cabrío como ofrenda de pecado, un becerro y un cordero como ofrenda de ascensión, un toro y un carnero como ofrenda de paz.

¿Por qué tantos sacrificios? Torat Cohanim explica que el pueblo judío tenía una cuenta pendiente con Hashem, con "pecados al comienzo y pecados al final". Los "pecados al comienzo" se refieren a la venta de Iosef, cuando los hermanos sumergieron su túnica en sangre de cabra. El macho cabrío expía por ese pecado. "Los pecados al final" se refieren al Becerro de Oro, por el cual llevaron como expiación el becerro.

Podemos entender por qué el pueblo judío tuvo que enmendar el pecado del Becerro de Oro durante la ceremonia de inauguración del Mishkán. Erigir el Becerro de Oro como un intermediario con Hashem era equivalente a avodá zará, una afrenta directa a Dios. En consecuencia, cuando se inauguró el Mishkán y la Shejiná estabas por descender a él, era adecuado rectificar el pecado cometido.

¿Pero qué conexión hay entre la venta de Iosef y la inauguración del Mishkán? No se trataba de un hecho reciente. ¿Por qué debían volver a recordarlo en este contexto?

El Ialkut Iehudá señala que lo que llevó a la venta de Iosef fue un elemento subyacente de envidia. Los hermanos no pudieron soportar que Iaakov le diera Iosef un rol especial, un trato especial, que le proveyera prendas especiales. Si Iosef era tan especial, eso implicaba que ellos eran menos especiales. Incapaces de soportar ese pensamiento, planearon contra Iosef y eventualmente lo vendieron como esclavo.

¿Qué fue lo que ocurrió mientras construían el Mishkán? Una familia fue elegida como la casta sacerdotal para cumplir el servicio sagrado, vestir las prendas especiales y recibir los regalos sacerdotales, para ser tratados en todos los sentidos de manera especial. Los cohanim eran un blanco fácil para la envidia, lo que de hecho sucedió durante la rebelión de Kóraj, cuando declararon: "La asamblea entera es sagrada y Dios está entre ellos. ¿Por qué ustedes se exaltan por encima de la congregación de Dios?" (Bamidbar 16:3).

Por lo tanto, la dedicación del Mishkán fue un momento para recordar que en el judaísmo hay roles. Hay roles para los cohanim, roles para los levitas, roles para los hombres y roles para las mujeres. No son todos iguales. No todos tienen las mismas fuerzas. No todos tienen los mismos deberes y responsabilidades. No todos obtienen los mismos beneficios y privilegios. Cada uno debe estar satisfecho con el rol que Hashem le ha asignado.

Por lo tanto, era un momento sumamente adecuado para llevar sacrificios para expiar por la venta de Iosef. Esto dejaría en el pueblo la impresión del extremo peligro de rendirse a la envidia. Eso había llevado a un desastre en el pasado y podía llevar a un desastre en el futuro, a menos que se lo extirpara de raíz.

Calificaciones especiales

Después de que Moshé le diera a Aharón todas las instrucciones detalladas respecto a sus obligaciones en la inauguración del Mishkán, le dijo: "Acércate al Altar". ¿Qué ocurrió? ¿Por qué necesitaba que lo alentara a hacerlo? ¿Por qué Moshé tuvo que obligarlo para que se acercara?

Torat Cohanim explica que Aharón de repente vio el Altar en la forma de un buey y retrocedió. El Rambán explica que la forma del buey le recordó a Aharón el pecado del Becerro de Oro, en el cual jugó un papel involuntario.

En su rectitud, Aharón no se consideró digno de acercarse al Altar. Él pensó: "¿Cómo puedo acercarme al Altar? Yo también participé en el pecado del Becerro de Oro".

Moshé le dijo: "Hermano mío, ¿de eso temes? De todas las personas, tú no tienes que temer lo que representa el buey". Torat Cohanim concluye que por eso Moshé le dijo a Aharón: "Acércate al Altar".

Pero Torat Cohanim nos deja en cierta medida en la oscuridad. ¿Por qué Aharón no tenía nada que temer de la imagen del buey? ¿Cuál fue el error de su razonamiento? Incluso si no era completamente culpable, por cierto había motivos para preocuparse. ¿A qué se refirió Moshé al decirle: de todas las personas tú no tienes que temer" el recuerdo del Becerro de Oro?

El Ialkut Iehudá ofrece una explicación basada en el Midrash. ¿Por qué Aharón participó en la construcción del Becerro de Oro? Incluso después de ver que asesinaban a Jur, ¿por qué no se mantuvo firme? ¿Por qué no les dijo: "No lo voy a permitir. Sólo si me matan podrán hacer un ídolo"?

De acuerdo con el Midrash, Aharon tuvo en mente lo que era mejor para el pueblo judío. Aharón razonó: "Si los dejo construir el Becerro, el pecado estará para siempre sobre sus cabezas. Es mejor que lo construya yo. Es mejor que sea culpado yo y no el pueblo judío. Mejor que yo cargue con el pecado".

Hashem le dijo a Aharón: "Tu amor por el pueblo judío fue tal que estuviste dispuesto a sacrificar tu rectitud para salvarlos. Por eso serás ungido Gran Sacerdote".

Debido a su sacrificio personal, porque estuvo dispuesto a ceder a su Olam Habá por el pueblo judío, porque colocó el beneficio del pueblo por encima de su propio bien, precisamente por eso fue considerado digno de ser el Cohen Gadol.

"Hermano mío, ¿de eso temes?", le dijo Moshé a Aharón. "Esa es precisamente la razón por la que fuiste elegido. ¡Acércate al Altar!"

Fe perfecta

"Y Aharón se quedó callado" (10:3)

Los dos hijos mayores de Aharón, Nadav y Avihu, eran personas sumamente elevadas, líderes rectos que un día serían dignos de ocupar los zapatos de Moshé y de Aharón. Pero entonces, durante la alegre inauguración del Mishkán, cometieron un pequeño error y un fuego salió del Kódesh HaKodashim y puso fin a sus vidas.

Ni siquiera podemos comenzar a imaginarnos el shock de Aharón, un padre que vio a sus dos gloriosos hijos morir frente a sus ojos. ¿Qué pasó por su mente en esa décima de segundo? Su propia pérdida, la pérdida sufrida por todo el pueblo judío, la pérdida sufrida por sus dos hijos muertos. Tanta pérdida. Un vacío tan enorme.

¿Cuál fue la reacción de Aharón? La Torá nos dice que "Aharón se quedó callado". Silencio. Completa aceptación. Una fe inquebrantable. Una de las exhibiciones de fe más elocuente y poderosa registradas en la Torá.

La Torá prohíbe el duelo excesivo por un pariente muerto (Devarim 14:1): "No se mutilarán y no se arrancarán los vellos entre los ojos por un muerto". El Rambán escribe que el duelo autodestructivo demuestra una falta de fe en Hashem. Si creemos en la inmortalidad del alma y que Hashem hace lo que en definitiva es bueno, no guardamos demasiado duelo, incluso ante la trágica muerte de una persona joven.

Hace algunos años, la comunidad de Baltimore sufrió una pérdida trágica en Erev Pésaj. El hijo de la familia Einstein y su esposa murieron en un accidente automovilístico al viajar desde Lakewood hacia Baltimore para pasar Pésaj.

Yo no fui testigo presencial, pero escuché de otras personas que la fe y la aceptación del Sr. Israel Weinstein fueron increíbles. Es difícil entender cómo un hombre a quien le acaban de decir que sus dos amados hijos partieron de este mundo puede llegar al Séder de Pésaj y decir la bendición Shehejeianu, agradeciéndole a Hashem por mantenernos con vida y llevarnos a esa dichosa ocasión. Es difícil concebir cómo esa persona puede entrar al día siguiente a la sinagoga y decirle a todo el mundo "Gut Iom Tov", sin ningún rastro de dolor en su rostro para no perturbar el espíritu de la festividad. Es difícil concebir cómo esa persona, al estar sentada en la sinagoga, puede darse vuelta y acariciar con cariño la mejilla de un niño pequeño que pasa a su lado. Esto sólo lo puede lograr una persona cuyo corazón está repleto de una fe especial e inquebrantable.

Durante la Shivá, el padre del niño a quien el Sr. Weinstein le acarició la mejilla, le preguntó: "¿Cómo pudiste, en el momento de mayor dolor, inclinarte para acariciar a un niño?"

El Sr. Weinstein le respondió: "En ese momento exacto, cuando tu hijo pasó a mi lado, con todo lo que sentía en mi corazón, comprendí cuán especiales cada uno de nuestros niños. A veces damos a nuestros hijos por sentado. Estos momentos nos ayudan a aclarar la perspectiva".

Una persona sólo puede tener esa fuerza si tiene una visión clara de la luz eterna que brilla al final de cada túnel oscuro; si tiene una fe fuerte y duradera en el Amo del universo. Esa persona, al igual que Aharón, puede quedarse callada.