Los problemas comenzaron cuando Abraham presentó ante el pueblo de Guerar a su esposa Sará como su hermana. Una cosa llevó a otra, y terminaron llevándola al palacio de Avimélej, el rey de Guerar, con el objetivo de convertirla en otra de sus esposas. Avimélej estuvo muy cerca de pecar con Sará, pero Hashem le reveló su verdadera identidad.

Avimélej se enojó y le dijo a Abraham: "¿Qué nos has hecho? ¿En qué pequé contra ti para que hayas traído sobre mí y sobre mi reino pecado tan grande? Me dijiste que ella era tu hermana cuando en verdad es tu esposa. ¿Por qué no me dijiste la verdad? ¿Por qué me hiciste esto?"

Abraham le respondió: Porque pensé "sólo en este lugar no hay temor a Dios" (Génesis 20:11).

En este versículo, la palabra "sólo" parece estar fuera de lugar. ¿Cuál es su significado?

Rav Eljanán Wasserman presentó esta pregunta cuando se dirigió a un grupo de Rabinos en Alemania en la década de 1930. Rav Wasserman los sorprendió con la explicación del Malbim.

De acuerdo con la explicación del Malbim, Abraham le estaba diciendo al pueblo de Guerar: "Su ciudad es maravillosa. Es un lugar de cultura y refinamiento, de ciudadanos ejemplares. Hay sólo una cosa que no está bien. En su ciudad no temen a Dios. Y si no hay temor a Dios, entonces todos sus refinamientos y todos sus logros no tienen ningún sentido. Si no los gobierna el temor a Dios sino sus propios estándares humanos, no tienen ninguna esperanza. No se puede confiar que no vayan a matar a un hombre que tenga una esposa deseable. Sus costumbres civilizadas no tienen ningún significado, porque no permitirán que se interpongan en el camino de sus pasiones y de sus ambiciones, porque no tienen temor a Dios".

Las implicancias de las palabras de Rav Eljanán eran claras. Alemania era un país civilizado., pero allí no había temor a Dios. Por lo tanto, era un lugar peligroso. Allí podía ocurrir cualquier cosa.

Algunos rabinos alemanes se opusieron. "No es cierto, Alemania es una tierra de ley, cultura, civilización, altos niveles morales, ciencia, tecnología. No somos un pueblito de la Edad Media. Aquí los judíos no corren peligro. La ley nos protege".

Es cierto, Alemania era un país de leyes. ¿Pero cuáles eran esas leyes? Rav Reubén Bulka de Ottawa, Canadá, recuerda que estudiaba en un jéder en Alemania cuando fue la Noche de los Cristales. Uno de los niños corrió a la clase y le informó al rebe que su casa estaba en llamas. El rebe de inmediato llamó por teléfono al departamento de bomberos, pero sus súplicas de ayuda cayeron en oídos sordos. Llegó a hablar con el jefe de bomberos, pero no sirvió de nada.

"Lo lamentamos. No podemos apagar el juego. Se opone a la ley", le dijo el jefe de bomberos.

En ese momento se oponía a la ley apagar incendios en casas judías. Alemania seguía siendo una tierra de leyes. Eso no había cambiado. Sólo las leyes habían cambiado. Toda la cultura y la civilización no significaban nada. Cuando en un lugar no hay temor a Dios, las leyes no tienen ningún significado.

Cuando Rav Itzjak Hutner estudiaba en Slobodka, Rav Abraham Elia Kaplan regresó a la ieshivá después de haber pasado un tiempo en Alemania. El Alter de Slobodka invitó a Rav Abraham Elia a compartir con la ieshivá sus impresiones sobre el pueblo alemán. ¿Cómo eran los alemanes?

"Me parece que los alemanes son un pueblo bondadoso y refinado. Cuando le preguntas a alguien cómo llegar a un lugar, te dan instrucciones muy precisas para llegar, y luego te dicen: '¿Nijt wahr? - ¿No es así?'. Él sabe que no tienes la menor idea de cómo llegar a ese lugar. De hecho, por eso le pediste indicaciones. Él sabe perfectamente que no necesita ni puede esperar ninguna confirmación de tu parte, pero de todas formas te dice con un tono muy deferente: '¿Nijt wahr?'. Yo considero que esto es una señal de refinamiento. El pueblo alemán es muy refinado".

En ese momento, estalló una discusión entre los estudiantes de la ieshivá Slobodka. Algunos (entre ellos Rav Hutner) argumentaban que sólo debemos buscar aprender buenas cualidades de la sagrada Torá, el repositorio de todos los valores y éticas deseables, y no aprender de los alemanes ni de ninguna otra comunidad gentil. Además, si el comportamiento no tiene sus raíces en la Torá, es sumamente posible que sus modales refinadas no sean más que una cubierta superficial de un interior oscuro.

Uno de los estudiantes declaró: "Yo no estoy de acuerdo. Una persona sabia aprende de todo el mundo. Si vemos algo admirable entre los gentiles, debemos dar el crédito a donde se debe dar crédito y también adoptar esa conducta. Pienso que la costumbre de decir '¿Nijt wahr?' es una señal de cortesía, refinamiento y modestia adecuada. Deberíamos aprender de las virtudes de los alemanes".

Casi cincuenta años más tarde, Rav Hutner estaba dando un shiur (una clase de Torá) en la Ieshivá Rabeinu Jaim Berlin, cuando entró a la sala un hombre anciano. Él se sentó al fondo de la clase y esperó que terminara el shiur. Entonces se acercó al Rav Hutner y le dijo:

—¿No me recuerda, verdad? Yo soy el estudiante de Slobodka que discutió con usted respecto a admirar las costumbres refinadas de los alemanes.

—¡Por supuesto que lo recuerdo! ¿Qué bueno volver a verlo después de todos estos años!

Rav Hutner extendió la mano para estrechar la mano del anciano, pero en vez de una mano allí había sólo un gancho. La mano de Rav Hutner quedó suspendida en el aire.

—Perdí la mano en un campo de concentración. Mientras el nazi me cortaba la mano derecha, todo el tiempo me decía: "Esto duele, ¿Nijt wahr?'. Incluso cuando yo gritaba como si me estallaran los pulmones, él sonreía todo el tiempo. Una sonrisa muy suave y refinada. Rav Itzjak, usted tenía razón y yo estaba equivocado".

Cuando "no hay temor a Dios en este lugar", cuando la gente vive por sus propias reglas, toda la cultura y los modales refinados no tienen ningún significado. Eso fue cierto en Guerar. También en Alemania. Es cierto en todas partes.