¿Por qué debemos honrar a nuestros padres? La Torá nos da una razón en la Parashat Shemot (20:12): "para que se prolonguen tus días". Sin embargo, en la parashat Vaetjanán la Torá trae una razón adicional: "como Hashem tu Dios te ha ordenado". ¿Qué significa esta frase adicional?

El Meshej Jojmá menciona al Talmud Ierushalmi, que considera que honrar a los padres es un "mandamiento fácil". Cualquier persona entiende que las deudas deben pagarse. Si alguien te presta $100.000 cuando lo necesitas, estarás feliz de devolver el dinero una vez que lo hayas recuperado. Eso no es algo difícil de hacer.

De la misma manera, todo el mundo entiende que tiene una obligación moral de pagar su deuda de gratitud hacia sus padres. A fin de cuentas, el costo de criar a un hijo debe estar entre $100.000 y $200.000. Sin mencionar el tiempo, el esfuerzo y la energía que los padres invierten en sus hijos. Por lo tanto, lo menos que uno puede hacer es honrar a sus padres. No es difícil dar un pago tan pequeño ante una deuda gigante.

Aquí la Torá nos dice que esta no es la motivación adecuada para honrar a los padres. No se trata de una obligación obvia de devolver por lo menos un poquito de todo lo que les debemos a nuestros padres. Es una obligación que tenemos sólo porque "Hashem tu Dios te lo ha ordenado".

La Torá esperó hasta la parashat Vaetjanán para remarcar esto, porque se trata de algo que quedó más claro después de estar cuarenta años en el desierto. Durante esos años, criar hijos fue más fácil que nunca antes y nunca después. No tenían que alimentarlos. Caía maná del cielo. No necesitaban darles de beber. Tenían el agua de la fuente de Miriam. No necesitaban todo el tiempo zapatos y ropa. Nada se gastaba. Probablemente tampoco necesitaban ortodoncia, porque la vida en el desierto era un paraíso. Claramente, la obligación era obedecer el mandamiento de Hashem más que pagar una deuda de gratitud. Tras haber vivido en la era del desierto, el pueblo judío podía relacionarse con la mitzvá de honrar a los padres como una obligación independiente.

¿A qué grado llega esta obligación? ¿Cuánto debemos hacer por nuestros padres? El Talmud (Kidushín 31a) responde a esta pregunta con la famosa historia sobre una persona no judía de Ashkelon, llamada Dama bar Netina.

En una oportunidad, los Sabios necesitaban una piedra preciosa para los Urim veTumim, y escucharon que Dama tenía exactamente la piedra que ellos precisaban. Una delegación fue a visitarlo y le ofrecieron pagar una gran suma por la piedra. La piedra estaba guardada en una caja fuerte, y la llave estaba debajo de la almohada de su padre. Dama no estuvo dispuesto a molestar a su padre para sacar la llave.

Dama bar Netina les dijo a los Sabios: "No puedo ayudarlos. Mi padre está durmiendo y no voy a interrumpir su sueño".

Los Sabios partieron.

Un año más tarde, en el ganado de Dama nació una vaca bermeja perfecta, adecuada para ser una pará adumá. Los Sabios llegaron a comprarla.

—¿Cuánto quieres por ella? —le preguntaron.

—Sé que estarán dispuestos a pagar cualquier precio que pida. Pero sólo quiero la cantidad de dinero que perdí el año pasado por no despertar a mi padre —respondió Dama bar Netina.

Esta historia establece los parámetros de la mitzvá de honrar a los padres.

A primera vista, parecería que el Talmud deriva las halajot, las leyes, a partir de la conducta de un gentil. Pero esto no puede ser. En verdad, el Talmud utiliza esta historia para establecer los parámetros de la naturaleza humana.

A medida que los padres envejecen, pueden volverse quejones y demandantes. Ellos ponen a prueba la paciencia de sus hijos. A veces, honrar a los padres bajo tales circunstancias puede requerir mucha paciencia y tolerancia por parte de los hijos. ¿Acaso hay un límite a esa paciencia? ¿Cuánta paciencia puede esperarse de una persona? ¿Hay un punto en el cual a una persona se le permite perder la paciencia y quedar exceptuada de esta mitzvá?

Esto es lo que nos enseña la historia de Dama bar Netina. Los Sabios le habían ofrecido una enorme suma de dinero por una piedra que necesitaban para los Urim veTumim. Él sabía que si lograba sacar la llave, el dinero pasaría a sus manos. ¿Qué pensamientos cruzaron por su cabeza? Quizás si hago un poco de ruido mi padre se va a despertar. Tal vez puedo colocar suavemente mi mano debajo de la almohada para sacar la llave sin despertarlo. ¡La tentación debe haber sido enorme! Pero él no cedió, sino que fue capaz de honrar a su padre incluso bajo esas circunstancias. Ese era el grado al cual puede llegar la naturaleza humana.

Por lo tanto, se entiende que si un gentil pudo soportar perder semejante suma de dinero para permitir que su padre durmiera, por cierto una persona judía, un descendiente de Abraham, Itzjak y Iaakov, puede encontrar en su interior la fuerza necesaria para honrar a sus padres bajo cualquier circunstancia.