La tradición judía nos enseña que cuando una persona muere, es llamada a presentarse ante el trono celestial, donde debe rendir cuentas por todos sus malos actos. Rav Eljanan Wasserman, uno de los grandes sabios de Torá de la generación pasada que fue asesinado por los Nazis, formuló una interesante pregunta: ¿Acaso esta demanda de enfrentar a la justicia no es en sí misma una violación a la justicia?

¿Por qué no puede defenderse cada malhechor con el argumento de que no creía en Dios cuando estaba vivo? ¿Por qué no puede decirle a la corte celestial que "Si pueden demostrar que cometí actos que yo mismo consideraba malvados entonces aceptaré su jurisdicción para juzgarme, pero ¿por qué habría de ser juzgado por actos que cometí y que yo no consideraba malvados, a pesar de que quizás eran malvados ante los ojos de Dios? ¿Por qué me debería haber interesado la opinión de Dios con respecto al bien y al mal siendo que yo ni siquiera creía en Su existencia?".

Después de todo, Dios no se revela ante todos ni anda por ahí demostrando que existe. De hecho, el consenso entre los intelectuales del mundo occidental es que la pregunta sobre la existencia de Dios es, en el mejor de los casos, discutible. No puede ser probada ni negada científicamente. Y siendo ese el caso, es imposible catalogar una falta de creencia en la existencia de Dios como algo irracional. ¿Bajo qué principio de justicia puede Dios castigar al no creyente?

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El verdadero asunto

En otras palabras, el asunto no es tanto la creencia en Dios, sino las consecuencias de dicha creencia. Si no tenemos que creer —si podemos afirmar racionalmente que Dios no existe— entonces no tenemos la obligación de buscar y de apegarnos al estándar de moralidad de Dios.

Y si toda la moralidad es relativa, es decir definida por el individuo, entonces ¿cómo podría ser castigada la persona por sus elecciones?

El sistema moral secular se sostiene en la teoría de la utilidad, como establece John Stuart Mill y otros filósofos sociales, y la utilidad ofrece bases sumamente débiles para el castigo incluso por actos de maldad hacia otros. La utilidad se reduce a eficiencia. ¿Acaso hace sentido castigar a la gente por ser ineficientes? Y cuando se trata de castigar gente por la violación de otros mandamientos de la Torá —como la observancia de Shabat, por ejemplo—, que son transgresiones que no dañan a nadie, entonces, argumentar falta de creencia parecería ser suficiente.

Rav Eljanan explica que la respuesta a esta pregunta es comenzar con la premisa opuesta. Si asumimos por un momento que todos los pecadores pueden ser justamente declarados culpables de sus fechorías, entonces sería natural y lógico para todos los seres humanos concluir que Dios efectivamente existe. De hecho, la convicción de que Dios existe estaría tan arraigada en la psiquis humana que inevitablemente debería llevar a los seres humanos a considerar la siguiente pregunta: "Dios claramente existe, por lo que me pregunto si Él quiere o espera algo de mí".

Pero si asumimos que esto efectivamente es así, entonces, ¿cómo podemos explicar la existencia de una cantidad tan grande de gente inteligente y bien intencionada que declaran con total honestidad que son escépticos respecto a la existencia de Dios?

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Un misterioso pasaje

La respuesta a esta pregunta se encuentra en la parashá de esta semana:

"Cuando el Arca era trasladada, Moshé decía: 'Levántate Hashem, y deja que Tus enemigos se dispersen, que aquellos que Te odian huyan de Ti'. Y cuando se posaba, decía: 'Retorna tranquilamente, oh Hashem, a las miríadas de Israel''" (Números 10:35-36).

Estos versículos están marcados en el texto por una letra hebrea nun invertida a cada lado del pasaje. Rashi (ibid.) explica en nombre del Midrash que este pasaje fue destacado de esta manera para indicar que éste no es el lugar al que pertenecen realmente estos versículos. De hecho son una parte integral de la descripción del orden de la marcha del campamento judío que aparece antes en la parashá.

Fueron insertados en el texto justo después de la descripción de la salida del monte Sinaí para formar una pausa en la peligrosa continuidad entre tres desastres históricos. Si esta continuidad hubiese permanecido intacta, entonces Israel habría sido destrozada por su peso combinado; pero dado que fueron interrumpidos por el pasaje que fue insertado, entonces Israel fue capaz de recuperarse.

1. El pueblo judío dejó el monte Sinaí como niños excitados que salen de la escuela. Dado que todos los mandamientos de la Torá se originan en el monte Sinaí, entonces la posibilidad de que Dios incrementara la cantidad de mandamientos era real sólo mientras estuvieran acampando en torno al monte Sinaí. Ellos estaban felices de irse ya que esto le ponía un tope a la cantidad de mandamientos. Esta alegría de irse fue el primer desastre.

2. Luego de la salida, Dios los mantuvo en movimiento por tres días seguidos. El motivo era Su afán por llevarlos a su destino, la tierra de Israel, tan rápido como fuera posible. Pero ellos se quejaron por tener que desarmar y armar el campamento tres días seguidos —Dios los estaba guiando con mucha dureza— y expresaron dicha queja de forma beligerante. El deseo de quejarse fue el segundo desastre.

3. El pueblo judío se permitió caer presa de los deseos de quienes los habían acompañado desde Egipto, quienes protestaron por estar sometidos a la dieta del maná; extrañaban los vegetales de Egipto y no podían satisfacer sus deseos de carne fresca. La amargura por la dieta eventualmente se esparció hasta abarcar las restricciones sexuales que les habían sido impuestas en Sinaí. El deseo por carne y por los lujos de Egipto fueron el tercer desastre.

La desastrosa magnitud de estas fallas no es para nada evidente. Después de todo, ¡todos los niños están felices de salir de la escuela! ¿Qué es tan terrible en este impulso humano que causa que sucumbir ante él se considere una gran tragedia?

En lo que refiere a la segunda "tragedia", ¿quién no se queja? Incluso quienes están completamente satisfechos con su porción se quejan. El afortunado postulante que está infinitamente emocionado por haber obtenido un trabajo en una gran corporación y que nunca pensaría siquiera en dejarlo por amor o dinero, invariablemente se quejaría de todas formas de la gran cantidad de horas que debe trabajar y de la necesidad de quedarse hasta tarde en el trabajo. Sin embargo, estas quejas provocaron una ira divina tan grande que:

"Un fuego de Dios ardió entre ellos y consumió el borde del campamento [donde acampaban los sabios]" (Números 11:1).

La tercera tragedia hace sentido al menos de forma superficial. Podemos entender la ira de Dios ante el rechazo de la comida milagrosa que Él les estaba proveyendo. Pero a juzgar por la reacción que provocó, incluso esta tragedia parece haberse salido de proporción. Incitó a Moshé a dar el que probablemente constituye el discurso más sorprendente de toda la Torá:

"Moshé le dijo a Hashem: '¿Por qué has hecho mal a Tu servidor; por qué no hallé gracia ante Tus ojos que has colocado la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Acaso yo concebí a este pueblo o lo di a luz, que Tú me dices: 'Llévalo en tu regazo como la nodriza lleva al lactante a la Tierra que juraste a sus antepasados'? ¿Dónde conseguiré carne para darle a todo este pueblo cuando me lloren, diciendo: 'Danos carne para que comamos'? Yo no puedo llevar solo a toda esta nación, porque es demasiado pesada para mí. Y si así es como Te conduces conmigo, entonces mátame ahora mismo, si he hallado gracia ante tus ojos, y que yo no vea mi mal!'" (Números 11:11-15).

¿Cuál es el trasfondo de este apasionado lamento? ¿Por qué Moshé no les dijo simplemente que debían crecer, que no había nada que él pudiera hacer y que ellos simplemente tendrían que acostumbrarse al maná? De todas formas pronto llegarían a su destino. ¿Por qué se molestó tanto y por qué requirió la ayuda de los recientemente nombrados sabios? ¿Qué tenían que ver ellos con la milagrosa provisión de carne fresca por medio de la llegada de las aves slav?

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Una amenaza común

Un análisis más profundo de estos tres incidentes expone una amenaza de deterioro espiritual que se estaba desarrollando de forma progresiva. La mayoría de los niños disfruta la escuela y el estudio y generalmente desean volver a la escuela mucho antes que terminen sus vacaciones. Para la persona inteligente, aprender puede ser la experiencia más gratificante de la vida. Si tienes la fortuna de asistir a una escuela de primera clase, repleta de maestros interesantes y motivados, nunca podrías comparar la intensidad de la estimulación que encontrarás en este ambiente sin importar dónde vayas ni qué hagas el resto de tu vida. Y sin embargo, la mayoría de los estudiantes desean terminar la escuela y graduarse. ¿Por qué?

Estudiar es una experiencia espiritual. Toda experiencia espiritual te fuerza a crecer y a ampliar tus horizontes emocionales y mentales. Cuando estás estudiando intensamente durante todo el día, la experiencia de incesante expansión espiritual es absolutamente penetrante; siempre hay nuevas ideas que absorber, nuevas actitudes que internalizar. La persona de ayer está constantemente siendo reemplazada; el peligro de verse totalmente envuelto en el caos del incesante cambio siempre está presente. El brillante estudiante de la escuela de primera línea está escapando de la tensión de ser tragado por algo inmenso.

Quejarse es otra forma de distanciarse de la experiencia espiritual. El hecho de no permitir que algo te inspire es un mecanismo de defensa que te permite mantener el control sobre tu propia alma. Dios quiere que me sienta tremendamente inspirado por el viaje a Israel, por la nube de fuego que aparece por la noche y por las nubes que me envuelven durante el día y que me transportan como si fueran una plataforma flotante. Él quiere que mi ser caiga rendido ante la experiencia de conectarme con Él y con los planes que tiene para mí.

Pero yo quiero un poco de distancia; por lo tanto, me quejo. Las cosas no son tan maravillosas, es difícil levantarse tan temprano y empacar tan a menudo; estoy cansado, no tengo ganas de desarrollar ningún entusiasmo. El fuego celestial que me podría haber elevado e inspirado, lo absorbo en cambio como algo que me debilita y destruye. Mientras mayor sea la inspiración espiritual disponible, más grande será la decepción y destrucción que causará su rechazo al considerarla algo negativo.

Es significativo notar que fueron los sabios quienes fueron consumidos por las llamas Divinas.

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El maná como una comida para el alma

Finalmente, analicemos el maná. El maná era en realidad una comida para el 'alma'. El Talmud (Yoma 75a) describe en detalle algunas de sus propiedades, entre las cuales se contaba que impulsaba a la persona hacia un interés por la espiritualidad al igual que lo haría el discurso más inspirador; tenía la capacidad de reaccionar inmediatamente ante el nivel espiritual del individuo.

El maná caía en la puerta del justo, y quien era menos meritorio lo encontraba en el campamento, pero debía caminar para buscarlo. Para quienes habían transgredido de alguna manera el maná caía fuera del campamento, y algunas personas debían recorrer una gran distancia hasta encontrarlo. Cuando una persona alteraba su nivel espiritual, el maná respondía instantáneamente al cambio que había habido en él. El nivel espiritual de cada individuo era de conocimiento público todo el tiempo que cayó el maná; era imposible ser hipócrita. Era claro que una dieta de maná forzaría al individuo a una vida de espiritualidad.

La objeción al maná se basaba en esta propiedad de ser una comida para el alma. En lugar de que el hombre consuma su comida, cuando come maná es su comida la que lo consume a él. El "erev rav", la multitud de gente que acompañaron a los judíos en la salida de Egipto, estaban interesados en la espiritualidad, pero no estaban dispuestos a ser consumidos por ella. No querían habitar en un mundo en el cual la principal preocupación de la vida fuera el nivel de apego que tuviera uno con Dios. Ellos también querían saborear la diversión y el relajo de dejarse llevar por los placeres físicos. No se trataba tanto de que desearan carne o una dieta más variada; ellos deseaban el deseo. Y esta actitud se esparció e infectó también a los hijos de Israel.

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La desventaja de la espiritualidad

La desventaja de la espiritualidad es que es infinita. No hay un límite o medida para la unión espiritual que uno puede formar con Dios —quien es infinito—. Tienes que entregarte por completo. La mediocridad no es aceptable.

Moshé era un gran maestro y un líder inspirador. Pero para apegarte a él tenias que estar dispuesto a vivir sólo de maná. Él estaba conduciendo a sus seguidores a una vida de pura espiritualidad, al máximo apego a Dios. No era por accidente que la comida que estaba disponible durante su mandato era el maná. El maná era el tipo de comida que calzaba con la visión de Moshé sobre el propósito de la existencia; el líder judío es un medio a través del cual se transmite la emanación Divina que mantiene al mundo. Moshé proveía los medios necesarios para vivir una vida espiritual. Él no podía servir como un medio para Dios para proveer carne.

La carne que ellos buscaban en el desierto no era nuestro tipo de carne; nosotros no tenemos maná para comer como alternativa. Para la generación del desierto, la carne era la antítesis de la comida del alma; ésta estaba siendo demandada por gente que querían dejarse llevar por sus deseos físicos y alejarse de su nivel espiritual. Para poder obtener dicha comida del cielo, Israel necesitaba otros líderes que no estuvieran en el alto nivel espiritual de Moshé.

"Pero ustedes, que se aferran a Hashem su Dios, están todos vivos hoy día" (Deut. 4:4). ¿Cómo es posible aferrarse a Hashem si está escrito en el mismo pasaje que "Hashem tu Dios, es un fuego que consume"? ¿Cómo puede aferrarse un ser humano a un fuego que consume? La respuesta es que debe conectarse con un Talmid Jajam, un erudito de Torá" (Talmud, Ketuvot 111b).

La brecha que hay entre Moshé y un judío ordinario es demasiado grande para cruzarla en un solo paso. Primero uno debe conectarse con gente que sea ligeramente inferior e inspirarse con ellos para crecer espiritualmente hasta que uno esté listo para conectarse con Moshé. Sin la ayuda de los sabios, Moshé no podía proveer carne.

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El obstáculo a la fe

Finalmente estamos listos para regresar a la propuesta de Rav Eljanan.

La parashá de esta semana demuestra que el obstáculo para tener una vida espiritual no es necesariamente atribuible a una falta de fe en la existencia de Dios. No han habido seres humanos que hayan estado tan convencidos de la existencia de Dios como el pueblo judío en el desierto, quienes subsistían de maná y vivían rodeados por la nube de Dios. Y de todas formas, a pesar de esta claridad, ellos querían distanciarse de la espiritualidad.

Nosotros no somos tan distintos. La verdad es que todo ser humano es consciente de sí mismo como un ser espiritual. Tal como es consciente de su cuerpo y sabe que algún día morirá, también está consciente de que su espíritu es eterno, que no depende de su cuerpo para existir y que vivirá eternamente. Y dado que todos tenemos el infinito dentro de nuestro propio ser, nos es claro que el infinito existe también fuera de nosotros.

La conciencia de nuestra propia espiritualidad es el marcador que puso Dios en nuestro interior que apunta claramente hacia Su dirección. Nosotros estamos tan conscientes de la existencia de Dios como lo estamos de nuestra propia existencia. Quien se tome a sí mismo en serio como un ser espiritual, de seguro encontrará su camino hacia Dios. Y si es judío, la consciencia de su espiritualidad lo llevará de vuelta a sus raíces.

Si esto no ocurre, entonces sólo puede deberse a que esta parte de la consciencia de sí mismo está siendo rechazada o al menos está siendo ignorada y desalentada. Muchos de nosotros reaccionamos con temor cuando nos enfrentamos al infinito que hay en nuestro interior. Es demasiado atemorizante intentar conectarnos con el infinito; la conexión es demasiado demandante; consume toda nuestra existencia y hace que todos los otros aspectos de la vida parezcan insignificantes.

Es difícil vivir con el sentimiento de que Dios nos proporciona la energía para cada respiro; es más fácil ignorar por completo la idea de espiritualidad y adherirnos a lo predecible y menos demandante. Si rechazamos el marcador en nuestro interior que apunta hacia el infinito e ignoramos nuestra espiritualidad, entonces podemos tranquilamente ignorar el Infinito que hay fuera de nosotros e ignorar la existencia misma de Dios. El rechazo a comer maná proviene del rechazo de nuestra propia consciencia de nosotros mismos como seres espirituales; es una fuerza que nos afecta a todos nosotros.

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Un proceso sutil

La respuesta a las preguntas de Rav Eljanan nos da la llave que necesitamos para entender las 'tragedias' que menciona Rashi: nos alejamos de nuestra espiritualidad prácticamente sin notarlo. La pérdida es un proceso sutil. Primero está alegre de salir de la escuela, luego comienza a quejarse y sólo después entra en el mundo del deseo. El proceso debe ser detenido antes de que el ser humano se ahogue en el océano de sus propios deseos.

Después de la lectura de la Torá, cuando el rollo es devuelto al arca, los judíos recitan una plegaria que une la plegaria de Moshé que citamos anteriormente con otra plegaria:

"Y cuando se posaba, decía: 'Retorna tranquilamente, oh Hashem, a las miríadas de Israel'... Tráenos devuelta a ti, Dios, y volveremos, renueva nuestros días como antaño".

¡Qué combinación más curiosa de ideas! Primero le pedimos a Dios que retorne a nosotros. Luego le pedimos que nos traiga de vuelta a Él. Y finalmente le prometemos que si Él nos trae de vuelta, entonces nosotros volveremos. Pareciéramos estar haciendo una particular interpretación de la plegaria de Moshé, 'Retorna tranquilamente, oh Hashem, a las miríadas de Israel'. La entendemos como un pedido a Dios que nos lleve de vuelta a Él para que de esta forma nosotros volvamos. A pesar de que hablamos de Dios retornando, somos nosotros los que retornamos realmente. Los autores de nuestros rezos basaron su interpretación en el siguiente Midrash:

"Tráenos devuelta a ti, Dios, y volveremos": La congregación de Israel le dice a Dios: todo está en Tus manos; ¡debes traernos de vuelta! Pero Dios responde que está en las manos de Israel y no en las de Él, como está escrito "Retorna a mí y yo retornaré a ti, dice Dios" (Zejaría 3) (Eijá Rabá 5:21).

El equilibro espiritual sólo puede alcanzarse mediante establecer un balance entre estas demandas contradictorias. Dios le dice al hombre: "Tú debes retornar primero a Mí, y entonces Yo retornaré a ti". Pero el hombre le responde a Dios: "Yo no puedo hacer eso. Necesito que me lleves de vuelta a Ti para que yo pueda volver". El nivel espiritual del pueblo judío puede ser restaurado sólo si ambos lados actúan de forma sincronizada. El hombre debe volver a Dios, pero Dios debe hacer volver al hombre, permitiéndole así al hombre volver con mayor intensidad, lo cual a su vez le permitirá a Dios enfocar Su atención de forma más completa en el hombre...

Una de las plegarias que se recitan más a menudo en la liturgia judía es la plegaria de ashrei, la cual está organizada de forma tal que cada versículo comienza con un letra del alfabeto hebreo en forma secuencial; la letra nun, la cual es omitida, es la única excepción. El Talmud explica el porqué de dicha omisión; la letra nun es la primera letra de la palabra nofel, que significa 'caer'. Fue omitida de la plegaria ashrei para evitar en nuestras plegarias incluso la insinuación más pequeña sobre que Israel pudiese caer. En lugar de aparecer al principio de su propio verso, la letra nun es insertada en el siguiente versículo que parte con la letra samej, que se refiere a Dios como el que "sostiene a los caídos".

Ahora es claro por qué la plegaria de Moshé está entre letras nun invertidas. El pasaje fue insertado para evitar que la caída espiritual se transformara en una caída libre. Cuando comenzamos a ignorar el poderoso mensaje espiritual que está programado en nuestras consciencias, entonces necesitamos desesperadamente que Dios haga Su parte.

"Tráenos de vuelta a ti, Dios, y volveremos, renueva nuestros días como antaño".