"El chivo cargará sobre sí todas las iniquidades de ustedes..." (Levítico 16:22)

Nuestra parashá comienza con la discusión de una de las ceremonias más desconcertantes de la Torá; la ofrenda de un 'chivo expiatorio' para expiar por nuestros pecados, en la que un chivo es lanzado por un barranco en el Día de la Expiación cargando en su espalda los pecados del pueblo judío.

Maimónides nos dice que el chivo expiatorio:

“[Tiene la capacidad de] expiar por todos los pecados de la Torá, ya sean ligeros o graves, sin importar si la transgresión fue hecha de forma intencional o no, e independientemente de si la persona tiene conciencia del pecado o no...” (Leyes de Arrepentimiento 1:2).

El Midrash ofrece la siguiente idea:

Este chivo [el chivo expiatorio, llamado sair en hebreo] hace referencia a Esav, como está escrito: "pero mi hermano Esav es un hombre velludo [que se escribe soir en hebreo]” (Génesis 27:11) [La palabra del hebreo sair, 'chivo', y soir, 'velludo', se escriben igual].

[También está escrito:] El chivo cargará sobre sí todas sus iniquidades (avonotam)". En hebreo, la palabra avonotam puede ser dividida en las palabras avonot tam, lo cual significa 'las iniquidades del inocente'. Esta es una referencia a Yaakov, sobre quien está escrito: “Yaakov era un hombre íntegro (tam)” (Génesis 25:27). La palabra tam en hebreo significa 'íntegro' o 'inocente' (Bereshit Rabá 65:15).

El chivo expiatorio representa a Esav, y el Midrash sugiere que ésto explica cómo funciona: los pecados que comete Israel son de alguna forma rastreables hasta Yaakov, ya que todos somos sus descendientes. Los pecados de Yaakov son de alguna forma culpa de Esav y, por lo tanto, hace sentido que el chivo —que representa a Esav— cargue con los pecados de Israel.

Intentemos dilucidar estos aparentemente extraños conceptos.

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Chivos expiatorios humanos

La parashá de esta semana comienza con un incidente que involucra muerte, el cual alude al concepto del chivo expiatorio:

"Hashem habló con Moshé después de la muerte de los dos hijos de Aharón, quienes llevaron una ofrenda [no autorizada] al Eterno y murieron" (Levítico 16:1).

Como vemos en la parashá Shminí (Levítico 10), los hijos de Aharón fueron consumidos por un fuego cuando ingresaron al Santo Sanctorum sin autorización e intentaron ofrecer una ofrenda de incienso.

Moshé le ofreció a Aharón las siguientes palabras de consuelo:

"De esto habló Dios, diciendo 'Yo seré santificado a través de los que están más cerca de Mí, así seré honrado ante todo el pueblo'. Y Aharón se quedó en silencio" (Levítico 10:3).

El Talmud interpreta el significado de este versículo con la ayuda de un Midrash:

Moshé le dijo a Aharón: "Aharón, hermano mío, yo sabía que el Templo sería santificado por medio de alguien muy santo y cercano a Dios. Yo creía que sería por medio tuyo o mío... pero ahora veo que ellos, Nadav y Avihu, son más grandiosos que nosotros [ya que fueron seleccionados]" (Talmud, Zevajim 115b).

Moshé consoló a Aharón y le dijo que la muerte de sus dos hijos era necesaria para santificar el Templo. Aparentemente, dos de los judíos más santos debían morir para que el Templo fuera santificado de forma apropiada. Moshé pensó que él y Aharón serían seleccionados, por lo que se sorprendió cuando en lugar de eso fueron elegidos los hijos de Aharón. Por lo tanto, Nadav y Avihu eran en cierto sentido “chivos expiatorios”; sus muertes fueron requeridas para que el Templo pudiera ser inaugurado para el resto de nosotros.

A pesar de que el hecho de haber ofrecido un incienso no autorizado aparece explícitamente como la razón de sus muertes, el Talmud sugiere que no fue la razón más profunda. Y si bien Nadav y Avihu no habrían muerto si no hubieran hecho algo malo, el castigo tomó en cuenta un factor secundario; aún había algo que faltaba en el Templo y sus muertes eran necesarias para proveer el factor que faltaba.

¿Cómo pueden las muertes de personas hacer eso? ¿Qué era lo que faltaba? ¡¿Acaso la Torá no aborrece la idea de sacrificios humanos?!

El chivo expiatorio es una parte integral del concepto de expiación y para comprenderlo mejor debemos entender primero qué es la expiación. Ahora bien, la expiación es la conclusión de un largo proceso que comienza con el arrepentimiento, por lo tanto, para entender la expiación debemos primero entender el concepto de arrepentimiento.

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El arrepentimiento como un proceso

La expiación depende del arrepentimiento, y el arrepentimiento tiene determinadas reglas definidas. Al principio de las leyes de arrepentimiento, Maimónides explica que el arrepentimiento requiere confesión, y que esa confesión contiene tres elementos:

  1. Admitir que se ha cometido un pecado.

  2. Expresar que uno realmente se arrepiente de haber cometido el pecado.

  3. Hacer un compromiso firme de nunca volver a hacerlo.

Sin una confesión que incluya estos tres elementos, es imposible lograr una expiación completa, sin importar cuán sincero sea el arrepentimiento en el corazón del pecador.

Maimónides discute sobre el tema del arrepentimiento específicamente en el contexto del Día de la expiación, en el segundo capítulo:

El Día de la expiación, Iom Kipur, es un momento de arrepentimiento para todos, tanto para la persona individual como para la congregación. Marca la etapa final del perdón que se le otorga a Israel y, por lo tanto, todos están comandados a arrepentirse y a confesarse en Iom Kipur... La confesión que Israel ha adoptado decir en Iom Kipur es: "Pero hemos pecado", y esta es la esencia de la confesión (Leyes de arrepentimiento 2:7-8).

Es sorprendente notar que dos de los tres elementos que el mismo Maimónides declaró como esenciales para la confesión estén ausentes de la confesión de Iom Kipur que él cita: la expresión de arrepentimiento por haber pecado y el compromiso de no repetir el pecado. Si Israel como nación adopta una forma estándar de confesión para cumplir con el requerimiento de arrepentimiento de Iom Kipur y lo incorpora en el rezo público que deben recitar todos los judíos, entonces ¿cómo es posible que los aspectos más importantes de la confesión estén ausentes?

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¿Por qué confesarse?

Primero debemos intentar comprender cuál es el rol que juega la confesión en el proceso de arrepentimiento. Nosotros los judíos no confesamos nuestros pecados frente a un sacerdote que tiene el poder de absolvernos. Dado que el arrepentimiento ocurre realmente en el corazón, ¿qué rol puede tener la confesión?

El arrepentimiento está basado en el cambio. Las acciones de una persona reflejan sus creencias, su carácter y su personalidad. El arrepentimiento es sobre una o todas las anteriores. Si enunciáramos la petición de perdón del pecador, ésta sonaría algo así: "Ya no soy la persona que cometió el pecado. He cambiado, y el pecado que cometí ya no expresa la persona que soy. Miro hacia atrás a la persona que cometió el pecado y ya no me reconozco en ella. Dado que el nuevo 'yo' no se identifica con el pecado, es injusto castigarme".

Cuando esta declaración expresa la realidad interna de quien la enuncia, entonces Dios la acepta y toma nota del cambio. Dado que la persona ha cambiado, y que el pecado ya no refleja su carácter y personalidad, es irracional hacer que la persona actual sea responsable y deba pagar por las acciones de una persona que ya no existe; Dios perdona debidamente el pecado.

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El proceso de cambio

A diferencia de Dios, nosotros los humanos no podemos ver los corazones de las personas, sino que sólo podemos ver sus acciones. Por lo tanto, somos incapaces de tomar en cuenta el arrepentimiento de manera efectiva en el sistema judicial humano. Pero la mayoría de nosotros sí aprecia la lógica de que el arrepentimiento esté relacionado con el perdón. Por lo general estamos de acuerdo que la esencia de una persona es su carácter, y que cuando hay un profundo cambio de carácter en alguien, estamos hablando de una persona completamente nueva. La mayoría de nosotros puede relacionarse con el principio de la expiación: si un pecador se transforma en una persona completamente nueva, entonces podemos ver la justicia que hay en excusarlo de tener que sufrir las consecuencias.

Vemos entonces que el arrepentimiento implica modificar nuestras antiguas características de personalidad. Somos incapaces de alterar nuestra altura, nuestro coeficiente intelectual o nuestra edad, pero sí somos podemos cambiar nuestro carácter. Cuando nos arrepentimos, estamos cambiando nuestro interior, dejando intacta sólo la capa exterior. A la vista de la mayoría de nosotros, un cambio como este nos transforma completamente en otra persona.

Pero no podemos modificar nuestras características de personalidad sin modificar la parte más interna de nuestros seres, deshaciéndonos de nuestro antiguo sistema operativo que estaba a cargo de dirigir nuestros deseos y motivaciones que nos llevaron a cometer el pecado. Para alejarnos de nuestro yo antiguo, debemos modificar estos antiguos motivadores y desarrollar un sistema operativo totalmente nuevo que nos conduzca hacia el bien.

El habla es el único método a nuestra disposición para externalizar nuestro interior. Es mediante el habla que podemos expresar los sentimientos de nuestro corazón y los pensamientos de nuestra mente. Cuando los expresamos, ellos se vuelven en cierto sentido parte del mundo exterior. Verbalizar nuestros sentimientos y arrepentimiento por medio de confesar los pecados que hemos cometido es nuestra forma de deshacernos de los antiguos pensamientos y actitudes; removemos los sentimientos que nos llevaron a cometer nuestros pecados por medio de decirlos en voz alta; simbólicamente los expulsamos de nuestro interior envueltos en el paquete de nuestras palabras.

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La dificultad de cambiar

Cambiar es difícil. Por lo general nos arrepentimos de nuestras acciones tan pronto como las hemos realizado, pero rara vez tenemos éxito en realmente cambiarnos a nosotros mismos. Por lo general repetimos nuestros errores pasados y nos arrepentimos de ellos una y otra vez. El tercer requisito del arrepentimiento, hacer la resolución de "nunca volver a hacer esto", es el punto que por lo general derrota a nuestro sincero deseo de querer ser mejores personas. Como sabrá toda persona que posea un computador, si hay algo mal con el sistema operativo entonces estás en grandes problemas. Necesitamos mucha ayuda para poder cambiar. Y es aquí donde entra en juego Iom Kipur.

Intentemos comprender cómo opera Iom Kipur por medio de observar el servicio del Templo y de aplicar los símbolos espirituales de éste al corazón del individuo.

En Iom Kipur, el Sumo Sacerdote ingresaba al Santo Sanctórum y realizaba allí precisamente el mismo acto que causó la muerte de los hijos de Aharón. Como aparece al principio de nuestra parashá:

"Y Hashem le dijo a Moshé: Di a Aharón, tu hermano, que no entre en todo momento al Santuario hasta dentro de la Cortina, delante de la Cubierta que hay sobre el Arca, para que no muera; pues en una nube Yo habré de aparecer sobre la Cubierta" (Levítico 16:2).

Rashi explica:

¿Por qué Dios relacionó la muerte de los hijos de Aharón con el mandamiento que le restringe a Aharón la entrada al Santo Sanctórum? Rabi Elazar ben Azaria comparó esto a un enfermo a quien le advierten que no debe comer comida fría ni dormir en un lugar húmedo. Un doctor le dio las instrucciones sin mayor explicación, pero un segundo doctor le dijo: "A menos que evites la comida fría y los lugares húmedos, vas a morir tal como murió fulano". Claramente la advertencia del segundo doctor es más efectiva" (Sifra).

La primera parte de la parashá de esta semana describe las condiciones especiales necesarias para permitir la entrada anual de Aharón en el Santo Sanctórum.

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Santo Sanctórum

Para comprender la importancia de entrar en el Santo Sanctórum, debemos recordar primero cómo estamos conformados espiritualmente.

Nuestra tradición nos ensaña que el alma humana tiene cinco niveles, de los cuales los tres más bajos están conectados con nuestro ser físico. Y son estos tres niveles los que nos importan en este análisis. En la base de nuestro ser somos una neshamá, la cual siempre está conectada a Dios a tal nivel que es difícil decir dónde termina la Presencia Divina y dónde comienza la persona. A pesar de que la neshamá es la base de nuestro ser, nosotros no somos seres conscientes en el nivel de la neshamá; sólo somos conscientes en los dos niveles más básicos de nuestras almas, el ruaj y el néfesh.

La neshamá está conectada con nuestro ruaj, nuestro yo espiritual. Todos tenemos una consciencia de nosotros mismos como seres espirituales; podemos imaginarnos viviendo sin nuestros cuerpos, y todos tenemos un sentido de moralidad y del bien y el mal que sabemos que está por sobre la consideraciones materiales. El ruaj está conectado a nuestro néfesh, y corresponde a la fuerza vital que arde en nuestro interior y es el motor que nos guía, la parte materialista de nuestro ser.

El Templo está conformado de la misma forma. El nivel más externo se llama Azará, y es donde se ofrecían los sacrificios animales. Este nivel es paralelo al néfesh. La Azará estaba conectada con el Eijal, que es un lugar mucho más espiritual. Allí no se ofrecían sacrificios animales. En el Eijal se ofrecía el incienso y es donde se encontraba la Menorá y el Pan Sagrado, el cual se mantenía caliente y fresco desde un Shabat hasta el otro. Claramente el Eijal era un lugar más espiritual, pero aún teníamos acceso a diario a él, al igual que tenemos acceso a nuestra propia espiritualidad. Este nivel es paralelo al ruaj.

Finalmente, en la parte más interior del Eijal se encontraba el Santo Sanctórum; una alcoba separada por una cortina. Allí se encontraba el Arca Sagrada y era el lugar en el cual habita la Shejiná. No teníamos acceso a diario a esta parte del Templo. La única persona que podía entrar era el Sumo Sacerdote, e incluso él sólo podía ingresar una vez al año. Esta falta de acceso es claramente una expresión existencial de nuestra falta de acceso a nuestras propias neshamot.

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Definiéndote a ti mismo

El simbolismo es claro; el Sumo Sacerdote que entraba en el Santo Sanctórum en Iom Kipur debía ingresar en el nivel de neshamá.

La vida es problemática sólo porque no estamos realmente seguros de cómo definirnos a nosotros mismos. Si fuésemos capaces de vernos a nosotros mismos como neshamot y estuviéramos por lo tanto conscientes de nuestro inquebrantable apego a Dios, entonces el sentido de nuestras vidas sería sumamente claro; no estaríamos para nada confundidos sobre por qué existimos y qué se supone que debemos hacer con nuestras vidas. Pero Dios decretó que debemos vivir con libre albedrío y, por lo tanto, no somos conscientes de esto.

En lugar de eso, fuimos puestos en una situación de conflicto existencial; nuestra intensa fuerza de vida, el néfesh, y nuestro lado espiritual, el ruaj, siempre están enfrentándose y jalándonos en direcciones opuestas. El incesante conflicto nos confunde; nadie de nosotros está seguro de quiénes somos y qué somos. Nadie quiere renegar su verdadero yo y terminar viviendo la vida equivocada; nuestra confusión sobre quién somos es la fuente de nuestros pecados. La confusión eterna es el dilema que forma el contexto sobre el cual debemos ejercer nuestro libre albedrío.

Nuestro estado de olvido sobre la existencia de nuestra neshamá, el nivel más alto de nuestra alma que está siempre apegado a Dios, nos impide alcanzar claridad con respecto a quiénes somos y resolver así nuestra confusión.

Entrar en el Santo Sanctórum significa volvernos conscientes como neshamot. La neblina de la confusión es disipada de inmediato y es reemplazada por la claridad absoluta de la visión. Alcanzar ese nivel de claridad va en contra del propósito de vivir en este mundo. Entrar en el Santo Sanctórum es salirse de la vida según como Dios decretó que debe ser vivida en este mundo de difíciles decisiones. Cuando Nadav y Avihu dieron este paso, pusieron fin al sentido de su existencia en el mundo de las elecciones y por lo tanto lo dejaron; ellos murieron.

Pero ellos santificaron el Templo en el proceso. Ellos demostraron la existencia del Templo en el nivel de la neshamá, demostraron la existencia de sus propias neshamot, el estado de apego de la neshamá a Dios, y cómo esta relación es reflejada por el Santo Sanctórum del Templo. Para nosotros, simples mortales, la causa de su muerte quizás hubiera sido un misterio; pero para la 'generación de sabios' que se pararon a los pies del monte Sinaí, la lección que debían aprender de sus muertes era obvia, y revelaba el poder de la hasta ahora faltante dimensión del Templo, el Santo Sanctórum.

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El regalo de Iom Kipur

Estamos en la cúspide de Iom Kipur. Puede que el nivel de claridad al que aspiraban Nadav y Avihu no sea posible de mantener en esta vida terrenal, pero alcanzar ocasionalmente tal nivel de claridad es necesario para todo judío. Debemos ser capaces de echar un vistazo a nuestros verdaderos orígenes, pues de otra manera, la acumulación de errores nos alejaría cada vez más de nuestras neshamot —nuestro punto de conexión con Dios— hasta que el camino de vuelta estaría tan lleno de escombros producto de nuestros errores, que el viaje de retorno sería imposible de intentar.

La existencia en un estado de confusión irreconciliable tiene tan poco sentido como la existencia en un estado de completa claridad. Ninguno de estos estados permite la existencia del libre albedrío. Si perdemos totalmente nuestra habilidad de encontrar el camino de vuelta hacia nuestros orígenes habremos perdido también nuestra razón de existir.

Por eso Dios nos dio Iom Kipur. Este día Dios nos permite dejar nuestras existencias ordinarias y nos permite dar un vistazo a nuestra verdadera conexión con Él. Nuestro representante, el Sumo Sacerdote, tiene permitido volverse consciente del nivel de neshamá. Esto nos permite echar un vistazo a quiénes somos en realidad y nos muestra el camino de vuelta hacia nuestros orígenes al resolver temporalmente nuestros conflictos internos y al permitirnos alcanzar la claridad. Mientras estemos inspirados por la claridad que nos da la entrada del Sumo Sacerdote al Santo Sanctórum, podemos deshacernos de las cosas que nos separan de Dios.

Con esta información podemos comprender con facilidad la diferencia que hay entre la confesión ordinaria de un pecador y la confesión que hacemos en Iom Kipur. En la confesión de la vida ordinaria, cuando no somos conscientes de nuestro nivel de neshamá, llegar a cambiar nuestro carácter y refinar nuestras personalidades es una labor heroica. Alcanzar un nivel de arrepentimiento sincero y poder tomar una resolución firme de nunca volver a nuestros malos caminos, los cuales son elementos claves de cualquier cambio de carácter, son tareas extremadamente arduas. Por lo tanto, el arrepentimiento es extremadamente difícil de alcanzar, y el pecador debe llegar a niveles espirituales extremadamente altos por medio de su propio esfuerzo.

En Iom Kipur, cuando podemos dar un vistazo a nuestros orígenes y cuando la confusión de la auto definición es eliminada casi por completo, el rechazo de nuestros elementos negativos se vuelve una cosa de rutina. Podemos eliminar todas nuestras actividades pecaminosas dado que no reflejan nuestro verdadero ser, ya que vimos quienes somos en realidad. La confesión de Iom Kipur es simplemente que hemos pecado. Nos arrepentimos de nuestro accionar y podemos realmente decidir no volver a él, no porque hayamos generado la determinación necesaria para lograr el cambio interno, sino por la clara visión de nosotros mismos que nos da la santidad de este día. Puede que el cambio de carácter de Iom Kipur sea temporal, pero de todas formas es sumamente real.

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Una nueva visión sobre el chivo expiatorio

Los hijos mellizos de Itzjak, Yaakov y Esav, eran más poderosos espiritualmente de lo que somos nosotros. Ellos alcanzaron la claridad absoluta de visión que viene con la auto definición sin la ayuda de la intervención Divina, mediante el uso de su propio libre albedrío. Yaakov se definía a sí mismo como una neshamá; era un "hombre íntegro", totalmente consistente, completo y libre de contradicciones. Esav declaró que "mira, yo voy a morir", definiéndose por lo tanto sólo como una criatura de este mundo, un hombre del campo.

Nosotros no poseemos la fortaleza espiritual necesaria para alcanzar la claridad de visión que permite auto definirse tan nítidamente, pero en Iom Kipur, la distinción original entre Yaakov y Esav se restablece en cada uno de nosotros con la ayuda de Dios. Nosotros, los descendientes de Yaakov, recuperamos la integridad original de nuestro patriarca. Nuestra completa falta de confusión resalta también el lado opuesto de la moneda. De repente, estamos un billón por ciento seguros que no somos Esav, y nos damos cuenta que los problemas espirituales que enfrentamos a lo largo del año provienen de la falta de claridad sobre el hecho que no somos Esav. Este es el secreto que hay tras la idea del chivo expiatorio.

La pérdida del Templo y del Santo Sanctórum y el hecho que ya no podamos ofrendar el chivo expiatorio no significa que hemos perdido Iom Kipur por completo. Tenemos cuerpos físicos; somos habitantes del mundo de la acción, no del espíritu. Dios nos dio un Templo y sacrificios ya que Él sabe que siempre nos frena nuestra falta de habilidad de traducir nuestros pensamientos a acciones. Actualmente, Iom Kipur todavía nos ayuda a alcanzar el nivel espiritual del verdadero arrepentimiento, pero la ausencia de la entrada física del Sumo Sacerdote al Santo Sanctórum y la falta de un chivo expiatorio hacen que sea mucho más difícil para nosotros aferrarnos a la inspiración que nos provee esta gran elevación.

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El secreto de la retención

La respuesta es enfocarse en lo positivo. En Iom Kipur, cuando alcanzamos el nivel de neshamá, debemos aceptar para nosotros una sola mitzvá que cumpliremos a lo largo de todo el año en el nivel en que respetaríamos todas nuestras mitzvot si pudiésemos aferrarnos a la claridad de Iom Kipur. Sería tonto seleccionar una mitzvá difícil; a pesar de que estamos parados frente a Dios en Iom Kipur en el nivel de neshamá, sabemos perfectamente que mañana ni siquiera recordaremos cómo se sentía. Un buen ejemplo de una mitzvá fácil es una bendición en particular; por ejemplo, recitar siempre la bendición sobre el agua con el mayor nivel de foco y atención posible.

Este es quizás un pequeño paso, pero no obstante nos permite mantener el nivel de neshamá en nuestras vidas a lo largo del año. La conexión con la santidad significa el rechazo de lo contrario. Si mantenemos un pequeño punto de santidad, entonces estaremos manteniendo también un pequeño punto de separación del nivel de Esav. La esencia del chivo expiatorio es el completo desapego de lo que él representa. Si estamos totalmente desapegados del nivel de Esav entonces las acciones que surjan de nuestra conexión con él no nos representan realmente.