“Presten oídos, oh cielos, y hablaré; y que la tierra escuche las palabras de mi boca” (Devarim 32:1).

A primera vista esta parece ser una orden sumamente presuntuosa. ¿Quién es Moshé para decirles a los cielos y a la tierra que presten atención a lo que él va a decir? Nuestros Sabios nos enseñan que esta no sólo es una forma poética de hablar para hacer más dramático el mensaje. Moshé designó a los cielos y a la tierra para que fueran testigos del Pacto entre Dios e Israel, de forma tal que estén autorizados para actuar en base a su testimonio. Si tienen buenas cosas para decir, entonces pueden proceder a alabar a Israel y si fueron testigos de serias violaciones, entonces su deber es “lanzar la primera piedra” (Devarim 17:7).

Imaginería irritante

¡Que presuntuoso! ¿Acaso los cielos y la tierra no tienen nada mejor que hacer que prestar atención a la forma en que el pueblo judío cumple con su Pacto? ¿Deben responder al nivel de observancia o violación de algún tipo de Pacto? ¿Ellos reciben órdenes de Moshé?

Esta es una proposición sumamente diferente a la de rezarle a Dios o creer que Dios recompensa a Sus adherentes y castiga a Sus detractores. Todo el mundo se relaciona con la idea de la plegaría de una u otra forma e incluso quienes no creen en la efectividad de la plegaria entienden a la gente que sí reza. No sólo eso, sino que también pueden empatizar con la idea de Dios repartiendo recompensas e inflingiendo castigos sin que ellos mismos estén de acuerdo con dicha idea. Cada uno puede tener sus creencias y pese a que no hay nada en la naturaleza que confirme la noción de que Dios escucha las plegarias o que juzga el accionar humano, tampoco hay nada que contradiga estas proposiciones.

Pero Moshé no estaba rezando. Él no dirigió sus palabras a Dios, sino que estaba exponiendo la idea de que él, Moshé, un mero mortal, poseía el poder de reajustar la realidad y ordenarle a la naturaleza que responda sobre el estatus del Pacto de Israel con Dios. Desde ese momento en adelante el comportamiento de los cielos y la tierra reflejaría automáticamente el nivel de observancia del Pacto. En realidad, Moshé estaba introduciendo una nueva física. La causa y efecto no serían entendidos en términos de las leyes naturales sino en términos de la observancia de los pactos. ¿Hay alguna forma de explicar este tipo de poder en manos humanas o de explicar racionalmente cómo esta clase de física espiritual puede ser incorporada a la realidad?

Tzélem Elokim

Rav Jaim de Volozhin escribió todo un libro, el Nefesh Hajaim, para explicar sólo dos palabras de la Torá: Tzélem Elokim, la imagen de Dios. ¿A qué puede referirse la Torá cuando describe al hombre como la imagen de Dios? Primero que todo, Dios no tiene imagen; no tiene forma alguna y está más allá de cualquier descripción o definición. Es más, ¿por qué elegir este nombre Divino en particular, Elokim, para expresar el concepto de imagen? ¿Por qué no eligió alguno de los otros nombres de Dios que están escritos en la Torá? No es posible decir que el nombre Elokim fue elegido al azar.

Su tesis: una pregunta responde la otra. Cuando la Torá describe al hombre como formado a la imagen de Dios, se refiere a las fuerzas del hombre más que a su apariencia. Por lo tanto, el hombre es descrito como la imagen de Dios porque fue imbuido con el poder Divino que representa el nombre Elokim. Si profundizamos (ver Shulján Aruj, Oraj Jaim 5), el nombre Elokim representa la idea de que Dios es la fuente de toda la energía creativa. Toda la energía Divina necesaria para crear el universo ex nihilo y toda la energía que debe ser inyectada de forma ininterrumpida para mantener la creación se encuentra comprendida en el aspecto de Dios que describe el nombre Elokim.

Por lo tanto, este nombre representa la fuente de toda la energía creativa y del poder. Para poder entender qué significa esto, Rav Jaim contrasta la energía creativa Divina con la fuerza creativa natural de los seres humanos. Cuando los seres humanos construyen una casa, lo hacen a partir de materiales que ya existen; solamente utilizan su energía para ordenar los materiales en la forma deseada. Una vez construida, la casa no requiere que ellos sigan aportando su energía y seguirá existiendo por sí misma a menos que alguna fuerza externa la derribe. Pero Dios no tiene materiales a partir de los cuales crear el universo. Todo el universo es y ha sido nada más que la expresión de Su voluntad.

Física espiritual

Crear al hombre a imagen de Elokim significa que gran parte del universo se convierte en una expresión de la voluntad del hombre. Esto no quiere decir que el hombre posea energía creativa propia. La energía no es del hombre, sino de Dios. Pero de todas formas, al crear al hombre Dios decidió que él dirigiría la energía Divina de Su nombre Elokim a través de las acciones, las palabras y los pensamientos humanos. En otras palabras, Dios canaliza Su energía creativa para formar el mundo a través de las elecciones del hombre. El hombre es la imagen de Elokim porque él es quien dirige a Dios en el ejercicio de esta fuerza Divina de Elokim.

Obviamente Dios puede hacer exactamente lo que le place, pero por cierto Él siempre se comporta de forma racional. Por lo tanto, podemos preguntarnos qué sentido tiene esta decisión. ¿Por qué razón Dios le dio tanto poder al hombre? En un universo creado como el que describe la Torá, hay muchos seres espirituales mucho más sagrados y sabios que los seres humanos. En términos de criaturas inteligentes que poseen la habilidad de comunicar conceptos y pensamientos, los seres humanos con nuestras débiles mentes estamos prácticamente al final de la lista. ¿Qué sentido tiene ponernos a cargo de controlar la energía Divina que fluye hacia el universo, lo cual a su vez nos posiciona por encima de criaturas mucho más grandiosas que nosotros mismos?

Nuevamente Rav Jaim utiliza la pregunta para dar la respuesta. El hecho de que Dios le haya otorgado esta clase de poder al hombre indica que no estamos evaluándolo correctamente. La criatura que nosotros pensamos que es el hombre en realidad es sólo su zapato. El verdadero hombre se origina en el nivel más elevado del universo, incluso antes de que se separe de Dios en el proceso creativo y se convierta en un ente separado. La razón por la que nos confundimos es porque en el universo hay distintos niveles de realidad.

Niveles de realidad

La parte de la realidad que nosotros observamos es una pequeña porción de la parte más baja de esta, la cual es llamada el mundo de la acción. En este nivel existimos como cuerpos sustentados por una fuerza vital llamada Nefesh. En un nivel más alto de realidad somos espíritus o almas, lo cual es conocido como Ruaj. En el nivel más elevado como individuos somos Neshamot. Sin embargo, hay aún un nivel más alto que este, el ser espiritual colectivo que está compuesto de todas las Neshamot individuales, llamado Kneset Israel.

Pero esto es demasiado elevado y de poca utilidad para proveer respuestas a preguntas complejas. Podemos bajarlo un poco a la tierra y presentarlo de una forma más digerible. Un universo creado es la expresión de la voluntad de Dios. De hecho, en la Torá la creación es descrita como un conjunto de declaraciones verbales. Las palabras se originan en los pensamientos de la persona y en su voluntad para expresarlas. Por lo tanto la creación puede ser vista como un acto de revelación. Las revelaciones son dirigidas a una audiencia. La creación no tiene sentido hasta que haya alguien que pueda comprender la información expresada en las declaraciones de creación.

Las ideas pueden ser absorbidas en distintos niveles de abstracción. Un brillante matemático puede leer una fórmula en un pedazo de papel y visualizar de manera instantánea el proceso físico que representa la fórmula con todos sus detalles. Un matemático menos brillante podría necesitar resolver la ecuación y trazar un gráfico antes de lograr visualizar el proceso físico que representa la formula. Pero una persona que no tiene ningún conocimiento matemático sólo podrá comprender el proceso físico cuando lo observe en el mundo real. No tiene ninguna posibilidad de comprenderlo en cualquier nivel de abstracción.

Matemáticas espirituales

Las revelaciones Divinas de creación también son ideas y pueden ser comprendidas de formas similares. El ser que es puramente espiritual puede apreciarlas en el nivel de pensamiento puro, que sería el paralelo a la fórmula en el papel. Un ser un poco menos espiritual podría comprender estas revelaciones en el nivel de los sentimientos que generan.

El ser menos espiritual deberá esperar hasta que las revelaciones tomen formas físicas concretas antes de poder comprenderlas. Dado que la energía creativa que Dios vierte sobre el universo debe pasar necesariamente por medio del pensamiento abstracto y luego por la esfera de las emociones antes de llegar a tomar forma concreta en el mundo físico, no es ninguna sorpresa que la criatura a quien se dirige toda esa revelación, el hombre, también pase por las mismas etapas. Estas etapas de desarrollo humano son las descritas por los términos Nefesh, Ruaj y Neshamá.

Inicialmente sólo podemos comprender las revelaciones de la Creación en el nivel más bajo, el mundo físico. Estamos conscientes sólo como habitantes del mundo físico y nacemos sólo con la habilidad de acceder a los talones de nuestras almas. Siempre vivimos dentro de la experiencia de las revelaciones de Dios, pero para comprender más que el nivel más bajo debemos ir a la escuela y aprender un poco de “matemáticas de Torá”. Si estudiáramos Torá diligentemente y alcanzáramos el nivel de conocimiento de Dios que logró Moshé, entonces podríamos comprender las revelaciones en su nivel más elevado, tal como lo hizo Moshé. Entonces podríamos hablarles a los cielos y a la tierra desde una posición de superioridad.

Cómo experimentar con las fórmulas

No puedes experimentar con las fórmulas matemáticas reordenando los objetos físicos que fueron diseñados mediante su resolución y traduciendo la información que ellos contienen al mundo físico. De la misma forma, si todo lo que entiendes sobre las revelaciones contenidas en las declaraciones de creación es el mundo físico, el cuál es meramente una aplicación de la información que contienen, entonces por cierto no puedes experimentar con la creación. Siempre estarás atrapado en la parte más baja de la revelación de Dios, comprendiendo sólo su nivel más superficial. Pero es igualmente obvio que, si comprendieras las declaraciones de creación en su nivel más elevado, entonces podrías hacer muchos experimentos. Incluso las ecuaciones más simples pueden ser resueltas en una infinita variedad de maneras.

La enseñanza de que el mundo que vemos es sólo el aspecto más superficial de la creación de Dios es en verdad el mensaje de toda la Torá y en especial de la parashá Haazinu. La parashá traza la historia judía desde sus inicios hasta el fin de los días. El resumen es expresado en términos de las fuerzas espirituales que se encuentran tras los eventos superficiales; la historia registra las dificultades de separar los aspectos superficiales de la realidad de las verdaderas fuerzas que están detrás de los fenómenos superficiales.

La canción de Haazinu

La canción de Haazinu nos informa que Dios ordenó todo el mundo teniendo en mente las necesidades del pueblo judío debido a Su amor por los patriarcas: “Él fijó las fronteras de las naciones de acuerdo al número de los hijos de Israel”. Moshé comparte con nosotros su propia visión del futuro del pueblo judío, a pesar de que expresa su visión de este futuro en tiempo pasado, como si estuviera observando en retrospectiva desde el final de los tiempos.

Moshé describe cómo el pueblo de Israel se perdió en el nivel superficial del mundo físico, olvidando las realidades espirituales que son responsables de su prosperidad superficial y, en consecuencia, perdiendo rápidamente su buena suerte. Moshé describe los sufrimientos que los afectaron, las tragedias destinadas a motivarlos a mirar más allá de la superficie para redescubrir los parámetros más profundos de la creación, pero que no tuvieron mucho efecto. Nos informa que tanto ellos como sus perseguidores se mantuvieron obstinadamente inconscientes de cualquier realidad que fuera más profunda que la superficie.

Hay un pasaje clave en esta recitación que sirve de piedra angular en las Altas Fiestas y que también encapsula el secreto de la supervivencia espiritual judía:

Haré que su memoria cese de la humanidad. Si no fuese porque la ira del enemigo se ha acumulado, no sea que los atormentadores malinterpreten; para que no digan:”¡Nuestra mano se alzó victoriosa, y no fue Dios el Que logró todo esto!” (Ibíd. 32:26-27).

Slijot

Najmánides vincula este pasaje con otro pasaje que recitamos al principio de nuestras plegarias de Slijot [plegarias en las que pedimos perdón por nuestras transgresiones, como las plegarias diarias de Slijot que recitamos hasta Iom Kipur], con la cual comienza el servicio de Iom Kipur:

Perdona por favor la inequidad de este pueblo de acuerdo con la grandeza de Tu bondad y como Has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta ahora, y entonces fue dicho “y Hashem dijo: ‘He perdonado de acuerdo con tu palabra’’’ (Bamidbar 14:20).

Najmánides explica la conexión: cuando Moshé le solicitó a Dios que perdonara al pueblo judío luego del pecado de los espías, presentó varios argumentos. Le recordó a Dios el mérito de los Patriarcas, mencionó la promesa de Dios de entregarle la Tierra de Israel a su descendencia y recitó los 13 principios de misericordia. Pero agregó un último argumento: señaló que el prestigio de Dios estaba vinculado a la supervivencia del pueblo judío. Si los judíos morían por cualquier razón, entonces las naciones atribuirían eso a la falta de habilidad de Dios para preservarlos y protegerlos de sus enemigos.

De todas las súplicas de Moshé, el único argumento que Dios estuvo dispuesto a aceptar fue este que hacía referencia a la perdida de Su propio prestigio. En respuesta a esta petición Dios accedió a perdonar al pueblo judío. Nosotros comenzamos nuestro pedido de perdón con este pasaje porque nos apoyamos en el mismo argumento; Dios siempre nos perdonará sin importar qué pecado cometamos por la misma razón que perdonó a nuestros antepasados: la pérdida de Su propio prestigio si somos destruidos. Najmánides concluye: el pasaje de Haazinu es una reiteración de este tema. Vincula la llegada de la redención final con la misma preocupación por la pérdida del prestigio de Dios.

Un panorama deprimente

¿Acaso no es este un pensamiento deprimente? Después de todos los milenios de sacrificio y persecución, ¿no tenemos otro mérito ante los ojos de Dios por el que merezcamos ser rescatados a excepción de la posible pérdida de Su propio prestigio? Najmánides explica: nuevamente estamos en el punto en que sólo podemos entenderlo al escarbar bajo la superficie.

Debemos recordar que el propósito de la creación no es la vida en el nivel superficial de la realidad. El objetivo de la creación es penetrar esta superficie, encontrar la Presencia Divina que esconde y establecer una conexión espiritual con Dios. Dios creó el mundo para que el hombre pudiera aprender a conectarse con Él prestando atención a las declaraciones de creación. Es un gran tributo al pueblo judío que su supervivencia sea una condición necesaria para comprender el verdadero significado de dichas declaraciones. La canción de Haazinu fue la explicación de Moshé sobre la forma en que el progreso histórico del pueblo judío a través de la historia demuestra la forma adecuada de comprender las declaraciones de creación.

Pero Najmánides explica que es todavía más profundo. Si no fuera por la existencia del pueblo judío, entonces se habría desvanecido completamente incluso el recuerdo de la idea de que puede haber algo debajo de la superficie de la realidad exterior. Todo el tiempo que los judíos existamos, la consciencia sobre la existencia de Dios se mantendrá presente en el subconsciente humano, incluso en las mentes de aquellos que prefieren vivir en este momento en el nivel superficial. Es imposible bloquear totalmente el hecho de la existencia de Dios. Su prestigio está tan conectado con la existencia del pueblo judío que Él no puede ser olvidado mientras los judíos sigan presentes en el mundo.

El vínculo de lo Divino con el prestigio judío

El propósito de la creación, el establecimiento de una relación entre el Creador y Su audiencia selecta, el hombre, está por lo tanto completamente atada a la continua existencia del pueblo judío. El relato de su travesía por la historia, descrito en Haazinu, sirve como interfaz entre la capa superficial de la realidad y las abstracciones que se encuentran enterradas bajo ella.

Muchas veces se lee Haazinu en Shabat Teshuvá. El significado literal de la palabra teshuvá en hebreo no es arrepentimiento sino retorno. El tema del arrepentimiento es el retorno al yo más profundo, a la realidad esencial de las cosas. Nuestras transgresiones son producto de nuestro consentimiento a vivir en la superficie de la realidad; de nuestro rechazo a enfocarnos en las ideas que llevan a la revelación de las fórmulas que hay tras ella. Los cometemos por nuestro deseo de aceptar la vida en su valor nominal, y una vez que los cometemos tienen la capacidad de atarnos a ese nivel superficial y cegar nuestra visión espiritual hasta que nos volvemos completamente inconscientes de la Presencia de Dios, que se encuentra oculta tras la realidad.

El arrepentimiento involucra liberarte de este superficial estilo de vida y excavar en tu alma hasta llegar a los niveles más profundos que se encuentran ocultos en ella. El perdón es el lado opuesto de la misma moneda. El perdón de Dios indica que hemos logrado dejar la superficie y que nuevamente estamos sintonizados con el mensaje de las declaraciones de creación que oculta la superficie.

Israel siempre está cerca del perdón porque a pesar de todos sus pecados, nunca ha dejado de actuar como un recordatorio para el resto de la humanidad respecto a que la realidad es más de lo que podemos ver. Este continuo testimonio que provee la historia judía es la indicación perfecta de que los judíos nunca se han alejado demasiado del profundo mensaje de Dios. Su prestigio realmente está entrelazado de forma indisoluble con nuestra existencia continua.