Contarán para ustedes —desde el día siguiente del primer día de descanso, desde el día en que llevan el Omer de la agitación— siete semanas; éstas serán completas. Hasta el día siguiente de la séptima semana contarán cincuenta días; y ofrecerán una nueva ofrenda vegetal a Hashem (Levítico 23:15-16).

La costumbre entre los judíos es de no celebrar casamientos entre Pesaj y Shavuot. La razón: para no crear una atmósfera de alegría ya que los estudiantes de Rabí Akiva murieron en una plaga en este período. También hay una costumbre de no recortarse la barba o el cabello [como señal de duelo], pero algunos permiten esto después de Lag BaOmer —el día 33 del Omer— ya que sostienen que la plaga se había detenido para ese entonces (Tur, Oraj Jaim 493:1).

Se dice que Rabí Akiva tenía 12.000 pares de estudiantes y que todos ellos murieron en un mismo período porque no se trataban con el respeto adecuado los unos a los otros. El mundo era un páramo hasta que Rabí Akiva le enseñó a nuestros Rabínos en el sur: Rabí Meir, Rabí Yehudá, Rabí Yosi, Rabí Shimon [ese es Rabí Shimon bar Yojai, el autor del Zohar y cuya muerte conmemoramos el día 33 del Omer] y Rabí Elazar ben Shamua. Y ellos reestablecieron la Torá. Fue enseñado que todos murieron entre Pesaj y Shavuot (Talmud, Yevamot 62b).

¿La conexión entre la muerte de aquellos rabinos por la falta de respeto mutuo y los primeros 33 días del Omer es sólo una coincidencia?

El hecho que Israel esté de duelo durante los días del Omer y que el Talmud destaque que las muertes fueron entre Pesaj y Shavuot nos da forzosamente la impresión de que se trata de algo más que una mera coincidencia.

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Gloria

Todo quien es llamado por Mi nombre y a quien He creado por Mi gloria; a quien He formado, incluso perfeccionado (Isaías 43:7).

Todo lo que el Santo Bendito creó en Su mundo, lo creó solamente por Su gloria, como está escrito, Todo quien es llamado por Mi nombre y a quien He creado por Mi gloria; a quien He formado, incluso perfeccionado (Isaías 43:7). Y está escrito, Dios reinará por toda la eternidad (Avot 6:11).

Este capítulo de Avot es conocido como el “Capítulo de la adquisición de la Torá”, ya que trata en su totalidad sobre cómo obtener conocimiento de Torá.

La palabra hebrea kavod, que se traduce como “gloria”, significa realmente respeto.

La palabra hebrea para ‘gloria’ que se utiliza en el versículo citado anteriormente es la palabra kavod. Dado que el significado ordinario de kavod, ‘respeto’, no es adecuado para describir el concepto que hay detrás de este versículo, el traductor seleccionó la palabra ‘gloria’ en su lugar. Desafortunadamente en este contexto, esta traducción hace parecer que Dios creó el mundo para mostrar su poder, lo cual obviamente no es el mensaje del versículo.

Para comprender realmente a qué se refiere el hecho de que Dios creó el universo por Su gloria, debemos sumergirnos primero en el concepto judío de kavod.

Comencemos explorando la asociación que hay entre el concepto de kavod y la Torá.

Esto es lo que harás para ellos, para santificarlos y para que sean Mis sacerdotes (Éxodo 29:1). Esto es lo que está escrito, el sabio heredará honor, ‘kavod’ (Proverbios 3:35). No hay honor sino la Torá; y puedo probártelo. Si estudias el Libro de Crónicas encontraras que la gente es listada: Adam, Seth, Enoj, etc., y no encontrarás respeto, kavod, asociado a ninguno de ellos sino hasta que llegues a Jabez, como está escrito, Jabez era más honorable que sus hermanos (Crónicas I 4:9). ¿Por qué su nombre es asociado con kavod? Porque él busco incansablemente el estudio y la enseñanza de Torá.

El sabio heredará honor. Similarmente encontramos respecto a Aharón. ¿Qué dice? La enseñanza de verdad estaba en su boca (Malaji 2:6). ¿Qué le dice Dios a Moshé? Harás vestimentas de santidad para Aharón tu hermano, para gloria y esplendor (éxodo 28:2). Todo este kavod es en mérito de la Torá que él perseguía incansablemente (Éxodo Rabá 38:5).

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El honor de la Torá

¿Cómo podemos relacionarnos con la idea de que no hay un respeto o kavod genuino que no esté asociado de alguna manera con la incansable búsqueda de Torá?

Rav Hutner encuentra el inicio de la respuesta en Salmos 136, conocido como "La gran alabanza". En este rezo, el cual recitamos en Shabat por la mañana, describimos a Dios como un ser cuya bondad dura por siempre, ¡no menos de 26 veces! Comentando sobre este aparentemente exagerado énfasis repetitivo en la bondad de Dios que hay en este rezo, el Talmud nota:

Rabí Yehoshúa ben Levi enseñó: Estas 26 bondades representan las 26 generaciones en que Dios mantuvo al mundo por pura bondad, ya que Él aún no había entregado Su Torá (Talmud, Pesajim 118a).

Esta afirmación pareciera implicar que la bondad de Dios se acabó después de estas 26 generaciones y que, una vez que Dios le entregó la Torá al pueblo judío, Él dejó de mantener al mundo con bondad.

Pero Rav Hutner explicó que la verdadera intención del pasaje no es describir una reducción en la bondad de Dios, sino que es mostrar una alteración en el atributo de Dios que sirve de base para la creación. Antes de que la Torá fuera entregada, la relación de Dios con el mundo sólo podía ser entendida en términos de pura bondad. Después de que la Torá fue entregada, podía ser entendida en términos del concepto de kavod.

Cuando el hombre vive en el mundo sin que su vida tenga ningún propósito asignado, él está asumiendo de forma activa que Dios creó el mundo como un acto de pura bondad. Todo lo que él tiene que hacer es disfrutar. Obviamente, dado que vive en el mundo de Dios, debe cuidar al menos las leyes básicas que constituyen una conducta civilizada, las cuales están expresadas en las siete leyes noájidas, pero no existe noción alguna sobre la obligación que tiene de ganarse su porción. Un mundo que no exige una búsqueda como condición de vida es un mundo que no está construido en base a respeto, sino en base a pura bondad.

Si traducimos las implicaciones de un mundo como este a una situación de la vida real, sería equivalente a vivir a expensas de alguien, obteniendo un soporte completo sin tener que dar nada a cambio. Nadie respeta a quien vive de esta manera. Pero un mundo sin Torá es precisamente un mundo como ese. El propósito de la vida sería simplemente disfrutar de la vida. El hombre no tendría obligaciones ni deberes más que simplemente disfrutar de su vida y seguir las leyes noájidas, las cuales son simplemente las leyes básicas de un comportamiento civilizado y que son respetadas por prácticamente todas las sociedades humanas.

El mundo de Torá es un mundo basado en respeto.

El mundo de Torá también es un mundo que contempla la bondad de Dios, pero es un mundo que se basa en respeto. En un mundo como este, el hombre debe pasar su vida trabajando para perfeccionarse a sí mismo. Él debe transformarse a sí mismo en un ser semejante a Dios por medio de respetar cuidadosamente las leyes de la Torá, las cuales están diseñadas para guiarlo hacia la conducta apropiada de un ser que fue creado a imagen y semejanza de Dios. La observancia de estas leyes no tiene nada que ver con disfrutar de la vida, e involucra mucho esfuerzo y sacrificio. Es más, la observancia de estas leyes es la condición para vivir. La Torá estipula que si nadie observase estas leyes, el mundo dejaría de existir.

Bajo el sistema que fue introducido en el Sinaí, el hombre debe justificar su existencia. Él debe ameritar haber recibido un mundo. El mundo continúa existiendo sólo porque el hombre lo necesita para poder lograr su misión y su propósito. La creación de Dios aún es un acto de bondad, pero es bondad basada en respeto. El hombre, el destinatario de la creación, debe producir. Vive en un mundo en el que no hay nada gratuito. Cada hombre debe ganarse lo suyo. El respeto como respuesta al esfuerzo y a los logros es un aspecto de kavod.

Otro aspecto de kavod está asociado con la unicidad. Por ejemplo, el valor que tienen los minerales está asociado con su escasez. El oro es un elemento escaso en la naturaleza, por lo tanto es valorado y único. El platino es más escaso que el oro y por lo tanto tiene un mayor valor. El uranio enriquecido es aún más escaso, y por lo tanto tiene un valor aún más elevado. Otro ejemplo es el arte, especialmente después de la muerte del artista, cuando queda claro que el recurso se ha agotado totalmente. Los Rembrandt son sumamente escasos, y su valor es prácticamente invaluable.

De la misma forma, algunos seres humanos fueron bendecidos con cualidades sumamente poco comunes que los hacen únicos. El gran atleta, el gran científico, el fantástico orador, la hermosa modelo... todo ellos son una categoría especial de seres humanos. No hay muchos como ellos por allí. Y esa escasez, cuando se asocia con una cualidad que se considera positiva, genera adulación por parte del resto de la humanidad. Por lo tanto, estas personas reciben por lo general mucha atención y dinero.

Pero las personas son más complejas que los minerales o las pinturas. El valor que se les asigna no depende exclusivamente del criterio objetivo de la escasez, sino que hay otros factores que entran también en la ecuación. En hebreo, el valor numérico de la palabra kavod es 32, que es el mismo valor numérico de la palabra lev, ‘corazón’. Eso se debe a que el kavod que la gente recibe producto de su unicidad depende del valor que se le asigne al aspecto en el cual son únicos, y este valor depende del corazón humano.

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Valores sociales

Una excelente vara con la cual se pueden medir los valores sociales es el estudio de la distribución de kavod.

Por ejemplo, si observamos nuestra sociedad, veremos que le damos abundante atención y dinero a las estrellas de deportes, a los artistas, a los políticos y a los magnates, mientras que los prominentes científicos, los influyentes maestros y los clérigos suelen vivir vidas mal pagadas y poco reconocidas. El nombre ‘Pelé’ tiene reconocimiento casi instantáneo, mientras que pocas personas han oído sobre Alexander Fleming. Sin embargo, el primero sólo logró dominar un poco mejor la pelota que el resto, mientras que el segundo salvó las vidas de varios millones de personas al descubrir la penicilina.

Pelé, el jugador de fútbol, es más famoso que Alexander Fleming, el inventor de la penicilina.

La ecuación de lev-kavod sugiere que nuestra sociedad valora mucho más los logros en el ámbito de los deportes y el entretenimiento que en los campos del conocimiento científico y la moral.

Esto nos lleva nuevamente a la asociación de kavod y Torá. En el mundo de pura bondad que precedió a la Torá, en el cual el foco de la vida era el disfrute, el avance del conocimiento siempre iba por detrás de los placeres del entretenimiento. La persona con un talento especial que estimula los sentidos físicos aporta mucho más al disfrute de la vida que la persona que escribe aburridos textos llenos de conocimiento esotérico de los que depende el avance del conocimiento humano.

En un mundo de Torá, en el cual el foco está puesto necesariamente en la mejora en lugar de en el disfrute, el kavod va a ser necesariamente distribuido de forma diferente que en nuestro mundo. El mayor kavod le será ofrecido al erudito de Torá.

Pero aún hay un tercer aspecto del kavod que debemos explorar, el cual finalmente nos permitirá reexaminar la historia de los estudiantes de Rabí Akiva.

Como hemos señalado, el kavod entre la gente es un aspecto de la individualidad. Si hay miles de Michael Jordan, entonces no hay ningún honor en ser uno de ellos. E incluso en la sociedad ideal de la Torá, que pone al conocimiento en el pedestal más alto, cuando hay 24.000 brillantes sabios de Torá no es nada especial ser uno de ellos.

La falta de respeto con la que se trataban mutuamente los estudiantes de Rabí Akiva era simplemente un indicativo de la gran abundancia de grandes eruditos de Torá. ¿Qué había de malo en eso?

La Mishná enseña: el hombre fue creado solo [y no en una especie, ni siquiera macho y hembra, sino que fue creado como un individuo solitario] para enseñarte que quienquiera que destruya una vida es considerado por la Torá como que hubiese destruido todo el mundo, y quienquiera que salve una vida es considerado como que hubiera salvado todo un mundo (Talmud, Sanhedrin 37a).

¿Pero cómo entendemos esta lección? Cuando Adam fue creado, él tenía la cualidad de la unicidad, pero ahora que hay miles de millones de personas en el mundo, ¿cómo es posible igualar a cada individuo con Adam?

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El significado de la unicidad

Rav Hutner explica que cada humano es único. No hay dos individuos en la historia del mundo que hayan tenido la misma percepción de algo. Cada uno tiene su propia mente, carácter y emociones, y cada uno representa una única e irrepetible consciencia en el cosmos. La gran cantidad de seres humanos sin duda oculta esta verdad, pero ninguna cantidad podría cambiar la veracidad de esto.

¿Cuál es la diferencia entre el gran atleta, el gran político o el importante científico?

Si observamos nuevamente la singularidad de los seres humanos, descubriremos otra diferencia entre el gran atleta o político y el importante científico. El gran atleta que corre la distancia en un pequeño tiempo no será diferente que otro atleta que iguale su velocidad. Incluso si logra el récord mundial, esto será sólo por un corto período de tiempo, e incluso entonces su supremacía no es sino en uno o dos segundos.

Esto obviamente también aplica a cualquiera de las otras cualidades que veneramos, con la única excepción del conocimiento. El conocimiento es un producto de la percepción humana, y por lo tanto, cada persona representa una unicidad que jamás se repetirá.

El período de los días del Omer (los días entre Pesaj y Shavuot), es un periodo de expectación, de contar los días hasta que finalmente recibamos la Torá.

El mandamiento de contar los días está basado en el sentimiento de la emocionante expectación. Este período representa la transición entre dos mundos:

1. El mundo de las 26 generaciones, basado en pura bondad y dedicado exclusivamente al disfrute, y

2. El mundo de Torá, basado en respeto y dedicado al perfeccionamiento.

Es la transición del mundo del disfrute al mundo del kavod.

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Conocimiento de Torá

En este mundo de kavod, la singularidad del hombre se demuestra en su capacidad de obtener conocimiento, y el kavod es otorgado sobre la base de sus logros en ayudar a que el conocimiento humano avance. El área más significativa de conocimiento humano, y por lo tanto la que implica el mayor kavod, es el conocimiento de Torá. Sin este conocimiento, la creación de Dios sería un acto de pura bondad, en el cual el hombre no tendría ningún deber o responsabilidad fuera de comportarse de forma civilizada. Los más exitosos en el área del conocimiento de Torá fueron los alumnos de Rabí Akiva.

Cuando estos estudiantes se tomaron unos a otros como algo dado simplemente porque había muchos de ellos, entonces eso demostraba que en realidad tenían una falta de apreciación y entendimiento del mundo del kavod que la Torá había introducido. Dicha falta de apreciación causa que los días de expectación carezcan absolutamente de sentido. Si el conocimiento de Torá no hace que cada erudito merezca kavod, entonces independientemente de cuántos de ellos haya, la entrega de la Torá en Shavuot no cambiará nada.

La palabra número 33 de la Torá es la palabra tov, que significa ‘bueno’’.

La palabra número 33 de la Torá es la palabra tov, que significa ‘bueno’. Se refiere a la luz, que fue la primera creación de Dios: Dios vio que la luz era buena (Génesis 1:4).

Las 32 palabras anteriores de creación, que equivalen al valor numérico de lev, ‘corazón’, sirven para generar esta luz buena.

La luz de Dios para el mundo es Su Torá, la cual señala el camino para que el hombre cumpla su propósito y lo transforma en una criatura merecedora de respeto. Entre el día 33 del Omer y el día 50, Shavuot —que es el día en que la Torá entró al mundo—, hay 17 días, que equivalen al valor numérico de la palabra tov. Si dividimos los días de la cuenta entre los primeros 32 y los últimos 17 días obtendremos lev tov, el ‘buen corazón’: el corazón que sabe valorar y que otorga su kavod (que equivale a 32) con toda su esencia (también 32) al recipiente apropiado, el erudito de Torá.