"Según la enseñanza que te enseñarán y de acuerdo con el juicio que te dirán, así harás; no te desviarás de la palabra que te dirán, ni a la derecha ni a la izquierda" (Deuteronomio 17:11).

Rashi dice en el nombre del Sifri:

Incluso si te dicen que lo que tú crees que es la derecha es realmente la izquierda o viceversa, y obviamente también debes escuchar si ellos te informan que esta es la derecha y esta es la izquierda [y tú no pensabas otra cosa].

Najmánides explica:

Incluso cuando estás convencido de que están equivocados, y el asunto sea tan claro ante ti como lo es la diferencia entre tu mano derecha y tu mano izquierda, haz como te dicen. Y no te digas a ti mismo: "¿Cómo puedo comer esta comida cuando es claramente grasa [una sustancia prohibida], o cómo puedo ejecutar a esta persona que es claramente inocente?". En lugar de eso dite a ti mismo, "Mi Señor quien me comandó a observar Sus mandamientos me instruyó a observarlos como ordenan nuestros sabios".

Por lo tanto, de acuerdo a esta doctrina, fuimos comandados a seguir lo que nos dicen nuestros sabios con fe ciega, incluso si sabemos que lo que ellos nos están diciendo está claramente mal.

Pero, ¿cómo la Torá puede ordenarnos hacer algo como esto?

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Salto de fe

La singularidad de la religión judía como religión es que no requiere que sus adherentes hagan lo que se conoce como un "salto de fe". Los cristianos deben creer que Jesús es el hijo de Dios y los musulmanes deben creer que Mohamed es el profeta de Dios. La base de sus religiones es la creencia en la visión de un solo individuo. Su compromiso con la observancia se basa por lo tanto en un salto de fe.

Contrastemos esto con el judaísmo.

Los hijos de Israel no creyeron en Moshé por los milagros que realizó, ya que quien cree basándose en el poder de milagros no podrá evitar mantener un poco de escepticismo en su corazón. Siempre es posible que los milagros hayan sido en realidad alguna especie de truco de magia o brujería [o, en nuestra época, algún tiempo de condicionamiento mental]. Todos los milagros que realizó Moshé fueron por necesidad y no para verificar el fenómeno de la profecía.

Entonces, ¿cuál es la base de nuestra aceptación de la autenticidad de la profecía de Moshé?

Esta se basa en el encuentro en el Monte Sinaí, en el cual toda la nación de Israel (y no solamente Moshé) tuvieron un encuentro con Dios.

¿Cómo sabemos que el encuentro en Sinaí demuestra su profecía más allá de toda duda? Está escrito:

"He aquí que vengo hacia ti en la espesura de la nube, para que el pueblo oiga cuando te hable y también para que crea en ti por siempre" (Éxodo 19:9).

De esto entendemos que antes de este evento no creían en Moshé con una fe eterna sino que sólo tenían una fe que estaba abierta a ser reconsiderada (Maimónides, Fundamentos de la Torá, 8:1).

Es claro que incluso Dios no estaba satisfecho con que la creencia judía en la profecía se basara en la inestable base de la fe en un individuo particular o en los milagros que éste hiciera. Dado que Él fue quien creó a los seres humanos, tenía claro que esta no era una base sólida en la cual basar una fe eterna. Por lo tanto, Él creó un evento en el cual la verdad de la profecía en general y la autoridad de la profecía de Moshé en particular fueron establecidas públicamente. Hizo esto por medio de elevar a todo el pueblo judío a un nivel en el cual fueron capaces de verificar la verdad de estos fenómenos en primera persona.

De hecho, pese a que la mayoría de las historias religiosas tienden a replicarse en todas las culturas con pequeñas variaciones, la historia del encuentro en Sinaí es única para la religión judía. No hay ningún documento religioso fuera de la Torá que relate una historia de una reunión masiva entre Dios y el hombre. Una aseveración tan extravagante sólo puede ser dicha cuando representa una verdad verificable. Una falsa afirmación de un evento como este es demasiado vulnerable a ser rechazada como mentira.

Pero sin embargo, los judíos no son en ningún caso conocidos como un pueblo de crédulos; por el contrario, incluso se podría decir que el judaísmo es la religión de los escépticos. El hecho que la Torá se atreva a presentar la afirmación de que un encuentro público de esa naturaleza tuvo lugar es la mejor medida de su veracidad.

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Estudio de Torá

Esta tendencia de buscar una verificación basada en los hechos para los dogmas religiosos está perfectamente en línea con la cultura del judaísmo. El mundo occidental sólo adopto la meta de la alfabetización universal hace doscientos años, y es sólo desde entonces que la educación ha estado disponible para el público general. Pero la alfabetización universal ha sido una parte fundamental del judaísmo por más de tres mil años. El estudio de Torá sopesa a todos los otros mandamientos combinados en cuanto a importancia (Peá 1:1).

Después de todo, el mayor objetivo de la religión es el desarrollo de una relación entre la humanidad y su Creador. La Torá nos enseña que el ser humano fue creado a imagen de Dios. ¿Cómo se puede entender que un ser humano ignorante e inculto sea considerado como la imagen de Dios? ¿Cómo podría Dios desarrollar una relación con una criatura como esa? Sin los logros de la alfabetización y una buena educación, ¿cómo es posible alcanzar sabiduría o cultura?

Los judíos siempre han tenido la obligación de conocer las fuentes bíblicas y talmúdicas de sus creencias

Consecuentemente, los judíos siempre han tenido la obligación de conocer las fuentes bíblicas (y luego talmúdicas) de sus creencias. Su deber religioso es pensar y cuestionar.

Para desarrollar una relación con Dios, primero uno debe ser apto para que Dios pueda relacionarse con uno. La tan aclamada habilidad intelectual de los judíos surgió de esta tradición y es más una consecuencia de la educación que de la naturaleza.

De hecho, la Torá misma ve el quiebre en la fe del pueblo judío —del cual somos testigos en nuestros tiempos— como una consecuencia de la ignorancia de estas fuentes cuyo estudio es nuestro deber más sagrado. Esta idea aparece expresada repetidamente en la literatura rabínica, pero probablemente la declaración más clara es la que aparece en el siguiente pasaje (Yerushalmi Jaguigá 1,7)

"¿Quién es el hombre sabio que entenderá esto? ¿Quién es él, a quien la boca de Dios le habla, que pueda explicarlo? ¿Por qué la tierra pereció y se volvió seca como el desierto sin ningún transeúnte? Pero Dios ha dicho: 'Por su olvido de Mi Torá que Yo puse frente a ellos'" (Yirmiyahu 9:11-12)

Rabí Shimón bar Yojai enseñó basado en este versículo: "Si observas ciudades en la tierra de Israel que han sido erradicadas de su lugar, deberás saber que esto ha sido porque fallaron en contratar escribas y maestros de Torá".

Rabí Yehudá Hanasí [siguiendo la prescripción de Rabí Shimón] envió a Rabí Jiya, Rabí Asi y Rabí Ami a recorrer la tierra de Israel para que se encargaran de contratar escribas y maestros de Torá. Llegaron a cierta ciudad y no pudieron encontrar ni un solo escriba o maestro. Les instruyeron a los habitantes que les presentaran a los guardianes de la ciudad, y trajeron al jefe de policía local. Ellos les dijeron: "¿Ustedes creen que esta gente [la fuerza policial] son los guardianes de su ciudad? ¡Estos son los destructores de su ciudad!". "¿Quiénes entonces son los guardianes de nuestra ciudad?". Ellos les dijeron: "Sus escribas y maestros son sus guardianes, como está escrito, 'si Dios no construye la casa, en vano es que sus trabajadores trabajan en ella, si Dios no cuida la ciudad, en vano sus vigilantes se mantienen atentos...' (Salmos 127:1).

Encontramos que Dios hace vista gorda a los pecados de idolatría, promiscuidad y asesinato, pero no hace la vista gorda al pecado de menospreciar la importancia del estudio de Torá. ¿Por qué? Por nuestro versículo, el cual declara que la razón de la desolación de la tierra es el abandono del estudio de Torá.

Rabí Jiya bar Bo explicó: "Si ellos Me hubieran dejado pero hubieran mantenido Mi estudio de Torá, yo habría hecho vista gorda de sus pecados porque Mi Torá los habría devuelto a Mí".

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Realidad

La Torá no nos fue entregada para enseñarnos en qué creer. La Torá es un libro de realidad. Como tal, quien esté familiarizado con sus senderos no puede evitar percibir que está caminando por el mundo real. El hecho de que no se necesite hacer un salto de fe para aceptar el judaísmo no es sólo por el encuentro del Monte Sinaí. La Torá fue diseñada para reemplazar la fe de quien la estudia con un sólido entendimiento intelectual de la realidad espiritual.

Porque no toda la realidad está expuesta al ojo desnudo. Para conocer el mundo de los átomos debes estudiar física. Para saber que todos los organismos vivos están compuestos de células en cuyo núcleo contienen ADN y ARN tienes que estudiar biología. La persona que nunca estudió estas materias sólo puede aceptar esta información como un asunto de fe. Pero para quien profundiza en la física y biología, esta información es parte de una obvia realidad.

El mundo de la espiritualidad difiere de la ciencia sólo en un aspecto. Mientras que la existencia de los átomos y la composición de los organismos vivos en células puede ser verificada incluso por el novato mediante el uso de bombas de hidrógeno o pruebas de sangre, el mundo de la espiritualidad no puede ser observado como un fenómeno físico.

Por lo tanto, a pesar de que estrictamente hablando quien no haya estudiado física o biología no es más que un creyente en la existencia de átomos o células, la creencia es suficiente para él ya que ésta es verificable por su experiencia diaria en el mundo exterior. Pero todos los creyentes judíos deben estudiar Torá para que su creencia sobreviva, ya que sin el estudio de Torá, el judaísmo se transforma en un asunto de pura creencia, el cual no puede ser verificado por la experiencia diaria en el mundo exterior. La única forma de transformar al judaísmo en una verdad observable es sumergirse en el estudio de Torá.

Hay una destacable demostración de esto en las obras de Maimónides. En su libro sobre los mandamientos, el Sefer HaMitzvot, Maimónides cuenta el mandamiento de tener fe en Dios como el primero de los 613 mandamientos, y demuestra de fuentes talmúdicas que la obligación de aceptar la existencia de Dios como un asunto de fe se puede derivar del primero de los Diez Mandamientos:

"Yo soy Hashem tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto de la casa de la esclavitud" (Éxodo 20:2).

Maimónides comienza su obra maestra el Yad Jazaká, con una discusión sobre este mismo mandamiento, pero ahí lo escribe de una forma diferente.

"La base de todas las bases y el pilar de toda la sabiduría es saber que hay una existencia primigenia que trajo a todas las creaciones subsecuentes a la existencia, y que todas las cosas que existen —ya sea en los cielos o en la tierra, o en cualquier otra región entre estas— derivan su existencia de la verdad de Su esencia" (Fundamentos de la Torá, capítulo 1:1-6).

El mandamiento de creer que es citado en el Sefer HaMitzvot se transforma en el mandamiento de saber en el Yad Jazaká.

Creer en Dios es sólo el inicio. El judío sólo puede cumplir con su obligación si logra transformar la fe en conocimiento. El método de transformación que tiene a su disposición es el estudio de Torá.

Pero incluso desarrollar este conocimiento no es el final de la historia.

Por el contrario, sólo el judío que alcanza el nivel de transformar su fe en conocimiento es quien está listo para enfrentar la prueba de fe. Este judío vive con una realidad dual, la realidad del mundo físico de sus sentidos en el cual nació y la realidad que le fue revelada por medio de su conocimiento de Torá.

La búsqueda de éxito en estas dos realidades por lo general implica seguir estrategias mutuamente exclusivas. La prueba de fe es escoger la realidad en la que uno quiere vivir.

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El Sanedrín

Finalmente estamos listos para regresar a nuestra pregunta original. Dios creó dos realidades, la realidad física de la cual todos estamos conscientes y la realidad espiritual que nos es revelada por medio de la Torá.

Cada una de estas realidades fue creada para el hombre. Dios no necesita ninguna de ellas. Tal como el hombre tiene el poder de dar forma a la realidad física —con la cual estamos más familiarizados a través de nuestro intelecto—, asimismo ocurre con la realidad espiritual que nos es revelada por medio de la Torá. Cuando el Sanedrín —el grupo humano más experto en el entendimiento de la realidad que está contenida en la Torá— llega a una conclusión sobre su forma, la realidad se ajusta y adopta la forma que fue determinada por el intelecto humano. Esto también es el mundo del hombre.

Najmánides explica por lo tanto que la orden de seguir las leyes del Sanedrín incluso cuando aparentemente se han equivocado no guarda relación alguna con la fe ciega. Independientemente de si están en lo correcto o no, lo que el Sanedrín decida es lo que determina la forma de la realidad que adoptará la Torá.

Desafortunadamente esta inspiradora tesis tiene un gran inconveniente, el cual es notado por Rabí Shimón bar Yojai. Dios le dio la tierra de Israel al pueblo judío específicamente como un lugar para implementar la realidad que se descubre mediante el estudio de Torá. El mandamiento que hemos discutido en este ensayo (al igual que otros de parashat Shoftim) aplica sólo cuando los judíos habitan en la tierra de Israel. De hecho todos los mandamientos, incluso aquellos que no tienen ninguna relación con la agricultura o con el establecimiento de instituciones públicas, tienen una relación especial con la tierra de Israel.

"Pondrás estas palabras que Yo te ordeno en tu corazón y en tu alma; las atarás como una señal en tu brazo y los pondrás como ornamento entre tus ojos" (Deuteronomio 11:18)

Rashi explica citando el Sifri:

Incluso después de que seas exiliado, seguirás siendo identificable por tu observancia de los mandamientos: te pondrás filacterias, pondrás mezuzot en las jambas de tus puertas, de forma que los mandamientos no te serán extraños cuando regreses del exilio. Como está escrito, "Haz marcas en el camino para ti mismo, establece puntos de referencia para ti" (Yirmiahu 31:20).

Najmánides explica:

En el exilio los mandamientos sólo son obligaciones del corazón, pero en Israel son necesidades de vida.

El pueblo judío ha regresado una vez más a su tierra. Nuevamente observar los mandamientos es una necesidad de vida. Nuevamente Dios quiere hacer vista gorda de todos nuestros pecados, siempre y cuando haya escribas y maestros en las ciudades de Israel. Dios no nos exige ni valora la fe ciega. Él es perfectamente consciente de las circunstancias que causaron que la mayoría del pueblo judío no tenga fe ciega, a pesar de que no es su culpa. Mientras los judíos estén dispuestos a exponerse a la luz de la realidad que Él les presentó en Su Torá, Él estará dispuesto a esperar pacientemente. Él sabe que la Torá traerá de regreso al pueblo judío.