La parashá de esta semana —la cual relata la trágica historia de los espías—, se centra en un concepto que no tiene paralelo en la cultura secular. Dado que el concepto no existe, no hay una palabra en español que lo describa apropiadamente. El concepto se llama hishtadlut en hebreo, y a pesar de que se puede traducir vagamente como 'esfuerzo', debes mantener en mente durante este ensayo que estamos hablando sobre un concepto cultural completamente novedoso.

Uno de los problemas más difíciles y confusos que debe enfrentar todo aquel que cree en la Providencia Divina es la determinación de la medida adecuada de hishtadlut o esfuerzo en las diferentes situaciones de la vida.

El creyente tiene la firme convicción de que todo esfuerzo es fútil en cierto sentido.

El creyente tiene la firme convicción de que todo esfuerzo es fútil en cierto sentido. Él sabe que “todo está en las manos de Dios excepto el temor a Dios” (Talmud, Brajot 33b). Incluso el nivel de ingresos de cada persona es decretado en Rosh HaShaná hasta el siguiente Rosh HaShaná (Talmud, Baba Batra 10a).

La necesidad de hacer el esfuerzo necesario para producir el resultado predeterminado es presentada por la Torá como una maldición:

“…maldita es la tierra por tu culpa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida… Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que retornes al polvo del cual fuiste tomado…” (Génesis 3:17-19).

El pan del hombre proviene de Dios y no de su esfuerzo. Fue el pecado del hombre el que puso la maldición del esfuerzo sobre su cabeza. A pesar de que nadie puede escapar completamente de esta maldición mientras siga vivo en este mundo, es obvio que sería de tontos someterse voluntariamente a una maldición mayor que la absolutamente necesaria.

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Vivir casi milagrosamente

De acuerdo a Rav Dessler, Rav Shmuel de Salant, una de las primeras luminarias del movimiento del Musar, definió este punto mínimo absolutamente necesario como el deber de vivir casi milagrosamente. Él ganaba su sustento comprando billetes de lotería. Ocasionalmente ganaba modestas sumas que alcanzaban para proveer su sustento. Su teoría: esta es una forma legítima de esfuerzo y es permisible bajo los términos de la maldición, ya que permite a quien observe su vida desde afuera hacer una elección: 1) el observador (si es creyente) podría concluir que Rav Shmuel estaba viviendo milagrosamente o 2) el observador (si no es creyente) podría atribuir las pequeñas y periódicas ganancias de Rav Shmuel a la suerte o al azar.

Pero Rav Shmuel no es la norma, incluso entre los hombres sumamente santos, los tzadikim. La costumbre universal judía siempre ha sido involucrarse en algún tipo de empresa comercial sin importar cuán modesta sea. De esta forma, el sabio Hilel se ganaba el sustento siendo leñador (Talmud Ioma 35b), y encontramos varios rabinos en el Talmud que eran zapateros, herreros, etc.

La conocida declaración de Rav a Rabi Kahana ilustra muy bien la actitud rabínica frente al tema del esfuerzo: “Que te contraten en el mercado para sacarles la piel a los cadáveres y nunca digas ‘yo soy un gran sabio talmúdico [cómo podría involucrarme en una actividad que rebaje mi dignidad]'” (Talmud Baba Batra 110a).

Obviamente hoy en día pareciera ser que la maldición de Adam se ha expandido enormemente. Gente muy religiosa, cuyas vidas están realmente enfocadas en el servicio Divino, trabajan a tiempo completo como hombres de negocios o profesionales de forma que tienen sólo una hora o dos disponibles cada día para dedicarse al estudio de Torá y al rezo. ¿Acaso tiene sentido eso? ¿Cuál es la medida correcta de esfuerzo? ¿Cómo podemos resolver esta pregunta de forma inteligente?

Un análisis cuidadoso revelará que la cantidad necesaria de hishtadlut varía de acuerdo a la medida de bitajón, la 'confianza' que uno tiene en Dios, otra idea judía que es muy difícil de traducir al vocabulario secular.

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Confianza en Dios

Hay una famosa historia sobre Rav Israel Salanter, el fundador del movimiento del musar. Rav Israel una vez dio una charla sobre el tema de bitajón en la cual tomó la posición de que si uno tenía confianza en Dios de que Él le daría diez mil rublos, entonces Él seguramente se los daría. Un obrero que estaba sentado en la audiencia escuchó la charla y se sintió inspirado. Inmediatamente dejó su trabajo y comenzó a pasar sus días en la sala de estudios estudiando Torá mientras esperaba que el dinero simplemente llegase a sus manos. El dinero nunca llegó y unas cuantas semanas después se había gastado todos los ahorros de la familia y no quedaba nada en la casa para alimentar a su esposa e hijos.

El dinero nunca llegó y unas pocas semanas después se había gastado todos los ahorros de la familia.

En ese momento, la esposa del obrero, quien había esperado pacientemente hasta ahora, lo envió de vuelta donde Rav Israel a quejarse de que los rublos que había prometido no habían llegado. Rav Israel le dijo que justo él tenía cinco mil rublos y le ofreció comprarle los diez mil rublos que llegarían eventualmente por cinco mil rublos en efectivo. El obrero aceptó inmediatamente el trato.

Rav Israel le dijo al obrero que obviamente no tenía el requisito de bitajón en Dios que le asegurara la entrega de diez mil rublos sin esfuerzo. Si lo tuviera nunca habría aceptado intercambiar diez mil rublos por cinco mil. Sin ese bitajón no podía recibir el dinero de Dios sin hacer el esfuerzo necesario. Rav Israel le aconsejó dejar la sala de estudio y volver a su trabajo.

A pesar de que hay algo intuitivamente placentero en la respuesta de Rav Israel, debemos desenmarañar los detalles de su razonamiento para entender completamente el asunto. ¿Qué importa si en su corazón el obrero no tiene el requisito de bitajón? Después de todo, él había seguido inocentemente el consejo de un gran sabio y había pasado sus días dedicado al estudio de Torá y al servicio Divino. ¿Por qué Dios no le dio el dinero?

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Mecanismos naturales

Rav Dessler ofrece la siguiente explicación [ver Mijtav MeEliahu volumen 1]. En realidad, si una persona necesita diez mil rublos para proveer a su familia, entonces esos diez mil rublos son puestos para él en el mundo natural cuando él y su familia son inscritos en el libro de la vida en Rosh HaShaná. Es más, el mundo natural generaría inmediatamente un mecanismo para entregarle este dinero si no fuera por el pecado de Adam, que nos exige realizar un esfuerzo. Para una persona que cree que se necesita un milagro para recibir el dinero sin esfuerzo, los diez mil rublos sólo pueden ser entregados en el mundo natural si esta persona realiza un esfuerzo. Dado que el obrero pensaba que sería milagroso recibir los rublos sin trabajar por ellos, vemos que realmente él estaba esperando un milagro. Consecuentemente, nunca podría recibir los rublos por medios naturales. En el mundo de la naturaleza desafortunadamente no hay rublos milagrosos.

Rav Israel podía obtener los rublos sin la necesidad de ir a trabajar ya que él percibía claramente que la naturaleza debía proveerle los rublos que necesitaba sólo a través de medios naturales. Y tal como él veía su vida como no milagrosa, el dinero que él necesitaba para comprar la comida necesaria para mantenerse no podía ser milagroso. La necesidad de esfuerzo no era parte integral de la naturaleza, si no que era meramente una maldición que podía ser satisfecha siempre y cuando el dinero se materializara por algún medio natural, ya fuese una ganancia inesperada, un regalo o algún objeto de valor que se encontrara en la calle. La maldición del esfuerzo no se traducía necesariamente en horas de trabajo. Agacharse para recoger un objeto perdido también era un esfuerzo. Dado que en su mente no había necesidad de un milagro que le entregara los rublos si no iba a trabajar, entonces los rublos llegarían a la puerta de su casa en el debido tiempo.

Él aceptaba un atraso en la recepción del dinero como una prueba a su confianza en Dios.

Es más, la percepción de Rav Israel era tan clara que incluso si estos no llegaban cuando los necesitaba, él no interpretaba este hecho como una falla del sistema, sino que aceptaba el atraso en la recepción del dinero como una prueba a su bitajón. El hecho que finalmente llegarían era tan seguro como la vida misma.

La necesidad de hishtadlut es por lo tanto proporcional al grado de bitajón. Está prohibido confiar en milagros. Cualquier cosa que parezca milagrosa ante los ojos de una persona es automáticamente una mala hishtadlut. Por otro lado, si una persona ve la necesidad de hishtadlut como algo inherentemente poco natural y sólo la ve como una maldición, es decir, cree que no hay necesidad de hacer un esfuerzo en el sentido convencional sino que solamente está prohibido confiar en milagros abiertos y eventos que desafíen la naturaleza, entonces cualquier cosa que esté en consonancia con la ley natural ocurrirá de inmediato —si debía ocurrir— con la ayuda del menor esfuerzo posible por parte del ser humano, sin importar cuán improbable sea este resultado desde un punto de vista estadístico.

La persona religiosa de hoy en día está en lo correcto al trabajar tiempo completo en su profesión para ganar su sustento. Dado que ganarse el sustento sin trabajar sería milagroso ante sus ojos, su deber de hishtadlut incluye las ocho horas de jornada laboral. En las generaciones pasadas, cuando la gente tenía más bitajón, este nivel de hishtadlut no era obligatorio y estaba prohibido, por ser un desperdicio tonto del tiempo y una violación al mandamiento de dedicar el tiempo al estudio de Torá.

Con esta información de base, dirijamos ahora nuestra atención a la historia de los espías.

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Vivir sin esfuerzo

El pueblo judío en el desierto había vuelto al mundo como era antes de la maldición. Ellos obtenían todas sus necesidades terrenales sin la necesidad de hishtadlut. Comían el maná que caía del cielo frente a sus puertas, bebían el agua de la fuente que los acompañaba y vivían en la nube de la Presencia Divina. Sin embargo, esta no sería su realidad por siempre. Pronto ellos se asentarían en la tierra de Israel, donde el mundo retomaría su curso natural y ellos quedarían expuestos a la necesidad de hishtadlut. Ver la hishtadlut desde el exterior es probablemente más confuso aún que verla desde el interior. ¿Cuánto deberían hacer? ¿Cuándo deberían partir?

El pueblo judío concluyó que Israel era una tierra de hishtadlut.

Combinando la información sobre la historia de los espías que aparece en el libro de Deuteronomio con la información que aparece en nuestra parashá, Najmánides llegó a la siguiente conclusión: El pueblo judío concluyó que Israel era una tierra de hishtadlut, que había que conquistarla para poder entrar y que el momento apropiado para hacerlo era en ese preciso momento. De acuerdo al curso natural de las cosas, todo ejército invasor reúne información sobre el tipo de oposición que probablemente encontrará y sobre el tipo de terreno frente a ellos para de esta forma poder establecer la estrategia de conquista adecuada. Dado que ellos habían determinado que el tiempo de confiar en milagros ya había pasado y que ahora deberían esforzarse bajo los términos de la maldición de Adam, el pueblo judío le pidió a Moshé que enviara espías para determinar el estado de la tierra. Moshé no encontró ninguna objeción a su pedido y se alistó para cumplirlo.

En ese punto Dios entró en escena. Dios vio la potencial caída que había en el curso de acción que habían decidido seguir. En Su infinita sabiduría, Dios percibió que la postura del pueblo sobre la eventual conquista estaba plagada de peligros, por lo que intentó prevenir las consecuencias negativas de la misión propuesta de tres formas distintas:

  1. En caso que la misión se desarrollara de la trágica forma en que realmente se desarrolló, la responsabilidad por el pecado se repartiría en todo el pueblo de forma que todos cargarían de forma igualitaria con la culpa.

  1. Las personas seleccionadas para la misión debían ser personas del mayor de los calibres, los que que estuvieran mejor preparados para resistir la tentación a la que finalmente sucumbieron.

  1. Los espías deberían contar con la protección Divina especial con la que cuentan quienes están cumpliendo con una misión que fue Divinamente ordenada.

Moshé también se alarmó al ver la reacción de Dios:

Estos son los nombres de los hombres que envió Moshé para espiar la tierra. Moshé llamó a Hoshea, el hijo de Nun, Yehoshua” (Números 13:16).

Nuestros sabios comentan este cambio de nombre diciendo lo siguiente: “Moshé expresó la siguiente plegaria por Yehoshua: ‘Que Dios te rescate de la conspiración de los espías’” (Talmud, Sotá 35b).

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Conspiración de los espías

¿Cuál era el gran peligro espiritual tan predecible que había? ¿Cuál era la “conspiración de los espías”?

Consideremos la desventaja espiritual de la hishtadlut. El problema con la necesidad de un esfuerzo es que es muy fácil confundir esfuerzo con control. Porque si la necesidad de hacer un esfuerzo es congruente con la necesidad de cumplir con las tareas de la vida, entonces es fácil asumir que estas tareas de la vida —a las cuales hay que aplicar el esfuerzo— están bajo control humano. No hay duda que Dios debe realizar el primer aporte al universo natural, pero luego depende de la misma gente traer este aporte a la tierra por medio del poder de sus propios esfuerzos.

La visión alternativa parece ser bastante absurda a primera vista: dicha visión argumentaría que a pesar de que el hombre debe efectuar un esfuerzo como si estuviera en control, de todas formas debe creer mientras realiza su esfuerzo que él en realidad no está logrando nada. Su esfuerzo no mueve el mundo natural ni siquiera un milímetro sino que es Dios quien mueve todo, incluso cuando es el hombre quien está derramando su sangre, sudor y lágrimas y está gastando toda su energía para realizar su máximo esfuerzo.

Su esfuerzo no mueve el mundo natural ni siquiera un milímetro sino que es Dios quien mueve todo.

Si esta visión nos parece absurda, vale la pena notar que en realidad refleja perfectamente nuestro entendimiento intuitivo de nuestras acciones espirituales. ¿Qué logramos realmente cuando respetamos Shabat, una actividad que de seguro requiere un gran esfuerzo? ¿Qué logramos usando tefilín o tzitzit? Para la mayoría de nosotros no logramos absolutamente nada; simplemente ejecutamos la voluntad de Dios. Si ocurre cualquier cambio en el universo como resultado, y nos dicen que en realidad esas actividades tienen el poder de causar grandes cambios, estos claramente no son causados por la aplicación de nuestro esfuerzo.

Pero si esta es nuestra visión de nuestras actividades espirituales, entonces, ¿por qué sería tan absurdo ver nuestras actividades físicas de la misma forma? ¿Por qué debiésemos lograr más que simplemente cumplir con la voluntad de Dios cuando nos involucramos en actividades físicas?

De hecho, es incluso más lógico que esto sea así con respecto a nuestras actividades físicas que con respecto a nuestras actividades espirituales. Al menos la necesidad de hacer nuestras actividades espirituales existiría independientemente del pecado de Adam, lo cual no es cierto con respecto a las actividades físicas. Si no fuera por la maldición de Adam, no habría necesidad alguna de realizar dichas actividades.

Finalmente hemos llegado a la “conspiración de los espías”.

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Fuera de control

Los espías encontraron que el pueblo judío no tenía posibilidades de conquistar la tierra de acuerdo a las leyes de la naturaleza. A su juicio, para que los judíos pudieran conquistar exitosamente Israel se necesitaría un milagro. Por definición, los milagros están fuera del ámbito de la hishtadlut. Pero la conquista de Israel claramente caía en el área de hishtadlut. Por lo tanto, ellos no podían hacer más que llorar.

Yehoshua y Caleb tenían una visión distinta. Esfuerzo no implicaba automáticamente tener control. Los seres humanos debían realizar su esfuerzo sólo como una consecuencia de la maldición. El control siempre permanece en manos de Dios. La conquista de Israel no estaba fuera del ámbito de las posibilidades naturales; simplemente era menos probable desde un punto de vista estadístico. Las cosas poco probables desde el punto de vista estadístico —como los desastres, las enfermedades o la baja moral del ejército enemigo— podían hacer que la conquista fuera posible bajo las leyes de la naturaleza sin ser por ello milagrosas. Siempre y cuando el hombre no tratara de aplicar control junto con su deber de aplicar esfuerzo, era perfectamente posible conquistar Israel por medio de la hishtadlut humana (con la ayuda de Dios).

Hoy en día sabemos cuán correcta era la visión de Yehoshua y Caleb, ya que hemos presenciado precisamente una conquista como esta en la tierra de Israel en nuestra propia época, la cual fue lograda sólo por medios naturales mediante la aplicación del esfuerzo humano. Nosotros estamos realmente en una buena posición para corregir el pecado de conspiración de los espías. Todo lo que tenemos que hacer es abrir nuestros ojos y seguramente podríamos traer la redención.