Contrario a la creencia popular, el pueblo de Israel aceptó a Moshé como el profeta, el único ser humano que estaba autorizado para transmitir las leyes de Dios, no por los milagros que realizó, sino por la forma en que todos lo vieron interactuar con Dios en el monte Sinaí. Todo el pueblo judío vio a Moshé acercarse a la Nube de Gloria; todos escucharon a la voz Divina hablando con él e instruyéndole que los instruyera a ellos. Como explica Maimónides:

¿Cómo sabemos que el encuentro en Sinaí fue la prueba de la veracidad de su profecía [de Moshé]? Porque está escrito, “He aquí que vengo hacia ti en la espesura de la Nube, para que el pueblo oiga cuando te hable y para que crean en ti por siempre” (Éxodo 19:9). Se desprende de este versículo, que antes de este suceso, no creían en

Moshé de una manera [absoluta y] persistente, sino con fe que dejaba lugar a dudas y cuestionamientos (Maimónides, Iesodei HaTorá 8:1).

La implicancia de esto es que luego de la experiencia de Sinaí, el pueblo judío sí tuvo el tipo de creencia en la profecía de Moshé que dura por siempre. ¿Cómo podemos entender entonces a Koraj y a su grupo de rebeldes? ¿Acaso ellos no estuvieron también presentes en el monte Sinaí? ¿Por qué ellos no creían también que había sido Dios quien le había dicho a Moshé proféticamente que nombrara a Aharón como Sumo Sacerdote? Y si efectivamente creían en esto, ¿entonces por qué desafiaron dicho nombramiento? Si la rebelión fue causada por el hecho que Moshé nunca le informó al pueblo judío que había sido idea de Dios nombrar a Aharón, entonces, ¿por qué no lo dijo cuando Koraj lo cuestionó, “Escucha, no fue mi idea nombrar a Aharón, Dios me instruyó que lo hiciera”?

El Or HaJaim HaKadosh, el conocido comentarista cabalista de la Torá, ofrece una intrigante respuesta: Koraj y sus seguidores sí creían que Dios le había dicho a Moshé que nombrara a Aharón; el conflicto se generó porque ellos no creían que el nombramiento hubiese sido idea de Dios. Ellos estaban seguros que Dios había consentido al nombramiento, pero sin embargo creían que la idea del nombramiento de Aharón se había originado en Moshé y que no provenía de Dios.

Koraj y sus seguidores nunca dijeron que Aharón no estuviera capacitado para ser el Sumo Sacerdote, sino que sostenían que también había otra gente que era igualmente capaz. La teoría de ellos era que la razón tras su nombramiento era la especial relación que tenía Moshé con Dios. Dios amaba a Moshé; si Moshé sugería a Aharón para el cargo de Sumo Sacerdote, y si Aharón era un candidato adecuado, ¿por qué Dios habría de rechazar la propuesta? Dado que Aharón estaba ampliamente capacitado para desarrollar el cargo, el simple hecho que Moshé desease el nombramiento de su hermano sería suficiente para desequilibrar la balanza a favor de Aharón.

La opinión de los rebeldes era que habría sido igualmente aceptable para Dios nombrar a otra persona apta que hubiese sido sugerida, o establecer un sistema rotativo para el puesto de Sumo Sacerdote, o eliminar el cargo de Sumo Sacerdote y tener a unas cuantas personas oficiando de forma simultanea en lugar de que la posición recayera sólo sobre una persona. Esto se ve con claridad en la forma en que expresaron sus quejas:

¡Es demasiado para ustedes! Pues toda la asamblea, todos, son santos y Hashem está entre ellos; ¿por qué se elevan por encima de la congregación de El Eterno?” (Números 16:3).

La explicación del Or HaJaim claramente responde algunas complicadas preguntas, pero despierta nuevos problemas. Si este era realmente el problema, ¿por qué el conflicto con Koraj no podía resolverse de forma pacífica sin la pérdida de ninguna vida? ¿Por qué Dios no declaró simplemente que el nombramiento de Aharón había sido en realidad Su idea y no de Moshé? ¿Por qué hubo un tumulto masivo por lo que pareciera ser un simple problema de comunicación?

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El corazón de la disputa

Necesitamos más antecedentes sobre la historia de Koraj para poder entender completamente el incidente y la lección que debemos aprender de él.

El Midrash nos cuenta que la rebelión de Koraj no fue provocada por el nombramiento de Aharón como Sumo Sacerdote, sino que fue provocada por el nombramiento del primo de Koraj, Elzafan ben Uziel, como jefe de la familia Kehat de Levitas.

El abuelo de Koraj, Kehat, tuvo tres hijos: Amram, Yizhar y Uziel. Las leyes de herencia judía le conceden una porción doble al primogénito. Amram, al ser el primogénito, era legalmente merecedor de una doble porción, y a Koraj no le molestaba el hecho que los hijos de Amram, Aharón y Moshé, hubiesen obtenido el sacerdocio y el liderazgo del pueblo judío respectivamente. Pero siguiendo esta misma ley de herencia judía, la siguiente persona en línea para una posición debería haber sido un descendiente de Yizhar, el segundo hijo. Koraj, al ser hijo de Yizhar, razonó que él debería haber sido nombrado jefe de la familia Kehat en lugar de Elzafan, quien era hijo de Uziel, el menor de los tres hermanos.

El Or HaJaim explica que este Midrash no pretende atribuir la rebelión a los celos, sino que por el contrario, viene a explicar que Koraj tenía un argumento muy serio. Koraj decía que los principios fundamentales de la justicia exigían que los nombramientos fuesen hechos en base a algún criterio objetivo. Los nombramientos de Moshé mostraban que él no estaba siguiendo ninguna regla objetiva y por lo tanto merecían ser cuestionados.

Si la regla a seguir fuera la regla del mérito, la posición de Sumo Sacerdote debería haber sido determinada en base a un sorteo, ya que todos eran merecedores dado que toda la nación era santa. Si las posiciones eran entregadas siguiendo las leyes de herencia de acuerdo a los linajes de descendientes —lo cual también constituye un criterio objetivo— entonces él, Koraj, debería haber sido nombrado líder espiritual de la familia Kehat en lugar de su primo Elzafan.

Por lo tanto parecía evidente que Moshé no estaba utilizando ninguna de estas reglas, sino que estaba seleccionando a la gente de forma arbitraria según sus propias preferencias personales. Permitir que Moshé hiciera los nombramientos según le pareciera adecuado, siguiendo sus propios caprichos y sin basarse en ningún criterio objetivo, era similar a darle poderes dictatoriales. El argumento de Koraj era que nadie había nombrado a Moshé como dictador.

Pero antes de que nos dejemos llevar por la irresistible belleza de esta explicación, debemos preguntarnos por qué esto es relevante. ¿Qué tiene que ver esto con Dios? Después de todo, Moshé era sólo un profeta, ¿cómo alguien que está directamente bajo el control de Dios puede ser acusado de usurpar poderes dictatoriales? Debemos examinar el tema con mayor profundidad para poder obtener algún tipo de entendimiento.

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Líder espiritual

El poder político temporal se origina en las mismas personas sobre las cuales es ejercido dicho poder, y son ellos quienes deben entregarlo. Por esta razón, los principios democráticos demandan que sea la gente la que selecciona a sus líderes en elecciones libres, como es la costumbre en nuestra sociedad. Teóricamente se podrían generar también otros sistemas de selección de líderes, como paneles de expertos, leyes de herencia, o entrenar reyes filósofos como sugirió Platón. El método no es relevante, siempre y cuando el pueblo autorice el método. Si no lo autorizan, entonces el poder les estaría siendo usurpado, lo cual es la definición básica de dictadura. Es irrelevante si el dictador es benevolente o no; su uso del poder siempre es ilegítimo, ya que todos los dictadores usurpan el poder que le corresponde al cuerpo político sin su consentimiento.

Pero los líderes espirituales representan a Dios. Los profetas como Moshé sirven como intermediarios entre Dios y el pueblo judío. Como tales, ellos sirven de conductos para la transmisión de mensajes Divinos.

A primera vista parecería que la selección de dicha gente le corresponde legítimamente a Dios; después de todo, los profetas son Sus representantes. Sin embargo, el tema es más complejo que eso ya que los profetas sirven de conductos para mucho más que los mensajes de Dios. Ellos también son conductos para los milagros de Dios y por lo tanto, la personalidad de un profeta puede impactar en gran medida el tipo de milagros que pueden realizarse a través de él. (Por ejemplo, Moshé no podía servir de conducto para entregarle carne al pueblo; sólo servía de conducto para entregarles maná).

Esta idea aparece claramente estipulada en los últimos versículos de la Torá, en los cuales Moshé es alabado:

Nunca surgirá en Israel un profeta como Moshé, quien conoció a Hashem cara a cara, tal como lo evidencian todas las señales y las maravillas que Hashem le envió para que realizara en la tierra de Egipto, contra el Faraón y todos sus sirvientes y toda su tierra, y que Moshé realizó con mano fuerte y poder temible ante los ojos de todo Israel (Deuteronomio 34:10-12).

La calidad de los milagros de Moshé claramente está correlacionada con el nivel de su profecía; sólo un profeta que tuviese las características de Moshé era capaz de servir como conducto para los milagros del Éxodo.

Pero los milagros tienen implicancias políticas, ya que afectan a la gente. Fíjate en cuál fue la reacción del pueblo judío ante el milagro del incienso que estableció la legitimidad del sacerdocio de Aharón, pero que probó ser sumamente letal para quienes lo desafiaran:

Toda la asamblea de los Hijos de Israel se quejó al día siguiente contra Moshé y Aarón, diciendo: ‘Ustedes han matado a las personas de Hashem!’” (Números 17:6).

Esta fue una extraña reacción ante un evento milagroso, el cual había sido presumiblemente controlado por Dios. ¿Cómo podían los judíos acusar a Moshé y a Aharón de matar a la gente de Hashem siendo que era obvio que sus muertes habían sido una consecuencia directa de un milagro que había causado Dios mismo?

Obviamente Dios no podía ser declarado culpable de estas muertes ante los ojos del pueblo; el profeta sin embargo, sirve de conducto para los milagros, y sólo aquellos milagros para los cuales él constituya un canal abierto podrán realizarse a través de él. Si Moshé hubiera ideado una prueba menos letal para la verificación del sacerdocio de Aharón, entonces Dios habría proveído un milagro benigno para validar el sacerdocio de Aharón y nadie habría muerto.

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Selección de profetas

Dado que la profecía tiene ramificaciones tanto políticas como espirituales, la determinación de cuál es el proceso de selección de profetas apropiado se vuelve un tema complejo. Tenía bastante lógica que el pueblo judío argumentara que ellos debían estar involucrados en el proceso de selección del profeta, o al menos en la selección de quienes ocuparían pociones espirituales debajo de él.

Esta es la explicación completa de la posición que adoptó Koraj y sus seguidores: Ellos afirmaban que Moshé era un dictador; el hecho que él había sido elegido por Dios como profeta no borraba automáticamente la legitimidad de la demanda de ellos de tener voz y voto en la distribución de las posiciones espirituales que claramente tenían implicancias políticas.

Él también era el profeta del pueblo, y dado que sus acciones y su personalidad impactaban directamente en la calidad de vida de ellos, los principios de la justicia demandaban que el pueblo tuviera algún tipo de injerencia en la forma en que desempeñaba su cargo. Obviamente ellos no podían influir en la parte Divina, ya que era Dios quien decidía a quien le hablaba, pero, ¿por qué no podían influir en la parte humana de la ecuación, expresando su interés por controlar los nombramientos espirituales determinados por humanos en la interacción general con la Divinidad?

La historia de la rebelión de Koraj sólo puede ser entendida por completo si la vemos como una lucha de poder con Dios Mismo. De hecho, así es precisamente como reaccionó Moshé ante las demandas de los rebeldes:

¡Por lo tanto, tú y toda tu asamblea están en contra de Hashem! Y en cuanto a Aharón, ¿qué es él para que protestes en su contra?” (Números 16:11).

Moshé no estaba de acuerdo con la posición de Koraj; en su opinión, dependía sólo de Dios seleccionar a las personas que servirían como conductos para las contribuciones espirituales. Esta decisión no le corresponde legítimamente al cuerpo político judío, el cual es meramente el receptor de dichas contribuciones. Más adelante, Dios mismo adopta esta posición cuando le dice a Moshé que tome una vara de cada tribu:

Ocurrirá que el hombre al que Yo elija, su vara florecerá; así haré que cesen las quejas de los Hijos de Israel sobre Mí, las quejas que presentan ante ustedes” (Números 17:20).

Este versículo demuestra que Dios reconoce que las quejas en contra de Moshé eran en realidad quejas contra Él: “las quejas sobre Mí... que presentan ante ustedes”; esta rebelión era en realidad un debate político en contra de Dios, no de Moshé. Dios reconoce que es Su responsabilidad clarificar cómo funcionan los principios mediante los cuales Él establece Su maquinaria. A diferencia del incidente del incienso, Dios hace la propuesta de las doce varas por iniciativa propia; una de cada tribu, para que “cesen las quejas de los Hijos de Israel sobre Mí”.

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El precedente constitucional

Este análisis nos devuelve al tema general del Libro de Números. Nuevamente estamos envueltos en establecer normas constitucionales que sirvan de base para el cuerpo político judío a lo largo de los años.

La historia de Koraj tiene enormes implicancias históricas. Nos enseña que los principios del proceso democrático no pueden ser aplicados a las interacciones espirituales. Aceptar una relación espiritual con Dios necesariamente significa darle a Él el poder de decisión de seleccionar a la gente que servirá de canal para la comunicación y las contribuciones espirituales que se originarán en Él. La posibilidad de seleccionar “los conductos” de Dios —a pesar de que esto tenga consecuencias políticas terrenales— no es un poder inherente al cuerpo político judío. La apropiación de dicho poder por parte de los representantes que fueron elegidos por Dios no constituye una apropiación injusta de poderes que le corresponden en realidad a la nación judía.

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Representantes de Dios

Este principio tiene implicaciones fascinantes, ya que la persona que sirve como conducto de Dios para Israel no es meramente un representante pasivo, sino que tiene poderes independientes por sí mismo.

Una de las ilustraciones más conocidas de los poderes que poseía dicha gente es proveída por el siguiente pasaje del Talmud:

La hija de Nejemia, el cavador de pozos, [él cavaba pozos para proveer agua fresca a los peregrinos que viajaban a Jerusalem en las fiestas tres veces al año] cayó en un pozo y estaba en peligro de ahogarse. Fueron a informarle a Rabí Janija ben Dosa; él les aseguró que ella estaba a salvo. Una hora más tarde ella aún estaba en el pozo y fueron a preguntarle nuevamente; él les dijo que ella aún estaba a salvo; una hora después volvieron a preguntarle. Esta vez, él les dijo que ella había sido rescatada en la última hora; resultó ser que él efectivamente estaba en lo correcto. Ellos le preguntaron cómo sabía, ¿acaso poseía el don de la profecía?

Él les explicó que a pesar de que no era un profeta, sabía que ella sería rescatada finalmente, porque no podría creer que una persona que dedicó su vida a las buenas obras que involucraban cavar pozos pudiese perder a su hija ahogada en un pozo. Dado que nadie puede sobrevivir tres horas en un pozo, entonces él estaba seguro que ella había sido rescatada en la tercera hora. El Talmud continúa diciendo que a pesar de que Rabí Janina sostenía que Nejemia no podía ser dañado por el agua (dado que él cavaba pozos para los peregrinos), el hijo de Nejemia murió de sed (Baba Kama 50a).

Tosafot pregunta, ¿acaso Rabí Janina estaba equivocado? Después de todo, la hija de Nejemia sí fue rescatada como él previó ¿Cómo se entiende esto entonces? Tosafot responde: Para cuando el hijo de Nejemia murió de sed, Rabí Janina ya había fallecido. Todo el tiempo que él estuvo vivo, Dios manejó el mundo de acuerdo al entendimiento de Rabí Janina. Cuando él falleció, Dios volvió a manejar el mundo de acuerdo a Sus propias políticas.

En efecto, Dios también le entrega poder a la persona a quien selecciona para ser Su conducto. Después de que Él selecciona a Su representante, Él mismo acata las decisiones del representante.

Si hacemos un seguimiento del traspaso del poder, sería algo así:

  1. El pueblo judío le da el poder a Dios.

  2. Dios le traspasa este poder a Su representante.

  3. El poder de la decisión final sobre cómo conducir el mundo termina en las manos del representante de Dios

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El poder del tzadik

Este poder que Dios pone en las manos de sus representantes aparece específicamente en el siguiente pasaje del Talmud:

Dijo el Dios de Israel, me habló la Roca de Israel: Vuélvete un gobernante sobre los hombres, un hombre recto que gobierna con temor a Dios” (Shmuel 2, 23:3). Rabí Abahu dijo: "¿Qué significa este versículo? “Dijo el Dios de Israel, me habló la Roca de Israel” 'Yo reino sobre el hombre, ¿pero quién reina sobre Mí? El hombre recto (tzadik). Porque cuando Yo emito un decreto, el hombre recto tiene el poder de invalidarlo'" (Talmud Moed Katan 16b).

Es por este poder que tiene el tzadik que tantos judíos viajan distancias tan grandes para solicitar las bendiciones de los tzadikim en momentos de crisis en sus vidas.

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Poderes legales

Pero aquí hay una segunda e incluso más profunda manifestación de este poder, la cual es ilustrada por el incidente que presenta un famoso pasaje del Talmud (Baba Metzia 59b) con respecto a un horno de arcilla de forma circular que fue partido en dos partes:

Rabí Elazar dictaminó que un horno como ese era ritualmente puro; la mayoría de los rabinos dictaminaron que era ritualmente impuro. [El punto exacto en discusión es esotérico e irrelevante para nuestro ensayo, y hace referencia a las leyes de impureza (tumá) en las vasijas de arcilla].

Rabí Elazar dijo: "Si la halajá es como yo digo, entonces que aquel árbol de algarrobo se mueva cien codos". El árbol se movió como era debido, pero los rabinos dijeron, "no puedes probar tu punto a partir de un árbol". Entonces Rabí Elazar dijo: “Que el río corra contra la corriente para mostrar que estoy en lo cierto”. El río invirtió su curso como era debido, pero los rabinos no se inmutaron. Rabí Elazar dijo: “Que los muros de este salón de estudios muestren que estoy en lo cierto”. Los muros comenzaron a colapsar. En ese momento, Rabí Yehoshua se levantó y dijo: “Muros del salón de estudio, si los rabinos discuten entre sí sobre la halajá, ¿qué tienen que ver ustedes?”. Los muros dejaron de colapsar en honor a Rabí Yehoshua, pero no se volvieron a enderezar en honor a Rabí Elazar. Finalmente, Rabí Elazar dijo: “Si yo estoy en lo correcto, que el cielo lo confirme”. Una voz celestial anunció: “¿Por qué discuten con Rabí Elazar si la halajá siempre es como él?”. Rabí Yehoshua se levantó nuevamente y dijo: “¡[La Torá] no está en el cielo!”.

¿Qué significa esto? Rabí Yirmiah explicó: “La Torá ya fue entregada en el monte Sinaí, y por lo tanto, la voz celestial ya no tiene autoridad. La Torá ya estableció la regla para este caso: Sigue a la mayoría (Éxodo 23:2)”.

Rabí Natan se encontró con Eliahu y le preguntó: “¿Qué dijo Dios cuando Rabí Yehoshua hizo su declaración?”. Él le dijo: “Dios sonrió y dijo: ‘Mis hijos me han vencido, mis hijos me han vencido’”.

La tradición judía mantiene que es la ley de la Torá —y no las leyes naturales— la que gobierna el universo. Como estipula el Zohar, “Él miró en la Torá y después creó el mundo” (Introducción, 5a). Los rabinos que deciden en temas de halajá efectivamente tienen el dominio del universo en sus manos. ¡Ni siquiera Dios puede decidir en contra del consenso de la opinión rabínica!

Esta forma en que se ordenan los poderes constitucionales, no sólo del cuerpo político sino que de todo el universo, es única del judaísmo. Los mayores críticos de la legitimidad de la autoridad rabínica fácilmente estarían de acuerdo que es la posición que ocupa el erudito y el tzadik en la sociedad la que le da su particular sabor al judaísmo ortodoxo. El traspaso del poder espiritual a la autoridad temporal es el valioso legado que nos dejó Koraj. Al desafiar a Moshé y a Dios, él bajó a la tierra las enseñanzas que clarificaron este complejo tema para siempre.

Este legado de enseñanzas es también parte del corazón mismo de nuestra supervivencia como un pueblo único.

Mientras que el resto del mundo es arrastrado por la poderosa marea de las cambiantes ideas, en la cual la posición políticamente correcta cambia constantemente, el judaísmo se ha mantenido sustancialmente inalterado desde los días del enfrentamiento entre Moshé y Koraj. Los rabinos han probado ser muy hábiles en su manejo del poder de mediación entre Dios y el hombre.