Cuando los judíos estaban en la orilla oriental del Río Jordán, Moshé volvió a advertirles que no siguieran las prácticas paganas. Se le instruyó al pueblo enfocarse en un servicio centralizado de acuerdo con las leyes y los estatutos de la Torá. Sin embargo, cuando estaban por entrar a la Tierra de Israel, recibieron ciertas instrucciones que se desvían de la práctica aceptada durante los años en el desierto:

Aún así, conforme a todo el deseo de tu alma podrás degollar y comer carne, según la bendición que Hashem tu Dios te haya concedido… Cuando Hashem tu Dios ensanche tus fronteras, conforme te habló, y tú digas: "Comeré carne", porque tu alma habrá ansiado la carne, conforme a todo el deseo de tu alma podrás comer carne; porque el lugar que Hashem tu Dios haya escogido para imponer ahí Su Nombre estará lejos de ti; entonces podrás degollar de tu ganado y de tu rebaño que Hashem te haya otorgado, como te he ordenado: y podrás comer en tus ciudades conforme a todo el deseo de tu alma. (Devarim 12:15-21)

Durante los años que estuvieron en el desierto, la única carne permitida era la carne sagrada de las ofrendas sacrificadas en el Mishkán. Una vez que entraran a la Tierra Prometida tendrían permitido comer carne "opcional", no sagrada.

"Y tú digas: 'Comeré carne', porque tu alma habrá ansiado la carne, conforme a todo el deseo de tu alma podrás comer carne" (Devarim 12:20). Esto confirma lo que dicen las Escrituras: "Quien ejecuta justicia para los oprimidos, Quien da pan al hambriento. Hashem libera a los prisioneros" (Tehilim 146:7) Esto se refiere a Israel… "Dios libera a los prisioneros" se refiere a Israel. ¿Cómo? Los Sabios dicen: Dios le prohibió a Israel comer ocho cosas y correspondientemente hizo ocho cosas permisibles para ellos. Dios dijo: "Te prohíbo la grasa"… hasta "una bata de lino con flecos de lana". He aquí la fuerza de "Dios libera a los prisioneros". Asimismo, mientras que previamente Él prohibió comer carne para satisfacer el apetito, aquí se los permitió. ¿Dónde vemos esto? "podrás comer carne, conforme al deseo de tu alma" (Midrash Rabá – Devarim 4:9)1

El cambio de la ley que permite aquello que previamente había sido prohibido es algo muy raro. El Ramban2 ve el cambio de la ley de forma pragmática: en el desierto, donde el campamento era pequeño y el Mishkán estaba ubicado en el centro y era accesible universalmente, siempre era posible llevar una ofrenda. Pero los judíos muy pronto estarían viviendo a lo largo y a lo ancho de un vasto país. Si se les ordenaba un lugar central para los sacrificios que no era fácilmente accesible a todos, la insistencia en que sólo se podía comer carne como parte de una expresión religiosa ya no era práctica. Por lo tanto, la cancelación de la prohibición surge por razones pragmáticas y no teológicas.

Por otro lado, el Rambam3 ve el tema en términos espirituales: en el desierto dominaban fuerzas espirituales peligrosas, lo que explica la antigua prohibición. Pero en la Tierra de Israel esas fuerzas dejaban de ser un problema.

Rav Tzadok HaCohen4 ve el tema de una forma inversa: lo que explica el cambio son las cualidades espirituales de la Tierra de Israel y no los peligros espirituales del desierto. El aire mismo5 o el espíritu de la Tierra está imbuido de santidad; por lo tanto, el cambio del estatus de la carne de ser carne exclusivamente del "Templo" a ser carne "mundana" es un reflejo lógico de la nueva realidad. Por extensión, podemos decir que toda la Tierra de Israel tiene el estatus sagrado del Mishkán en el desierto.

Si bien la transformación de una ley de algo prohibido a permitido es intrigante, la formulación precisa, aparentemente repetida para darle énfasis, parece contraria a la lógica: no sólo pueden comer sino "conforme a todo el deseo de tu alma". Esta expresión suena hedonista. ¿Por qué la Torá, que en general se preocupa por la santidad y la elevación del comportamiento humano, nos alienta a capitular a los deseos del corazón?

Esto puede entenderse como parte de un tema más amplio: si bien la Torá trata de elevar a la persona a un reino de santidad, a veces la Torá hace concesiones a la naturaleza humana más inferior. El ejemplo prototípico es el de la mujer cautiva. La Torá le permite a un soldado tomar una mujer bella capturada en la batalla, con la condición de que ella se convierta en su esposa con todos los derechos y privilegios que le confiere ese estatus.6 Interesantemente, en la formulación del Talmud de la justificación a este permiso respecto a la mujer cautiva también encontramos una referencia a la carne prohibida:

Enseñan nuestros Sabios: "Y la ves entre los cautivos": en el momento en que ella es tomada prisionera; "una mujer" -incluso casada; "de bella apariencia" – la Torá sólo provee para las pasiones humanas: es mejor para Israel comer carne (de animales) que morir; pero [ritualmente] degollados, que comer carne de animales moribundos que murieron; "y la deseas"… entonces debes llevarla al hogar [a tu casa]", lo que enseña que no la debe molestar en el [campo de] batalla. (Kidushín 21b-22a)

Quizás es posible entender la referencia a la carne en este pasaje como una metáfora y no como un rechazo a un estilo de vida carnívoro como un ideal. De todas formas, este pasaje implica que todo el permiso del consumo de carne es una concesión.

Sin embargo, cuando retornamos al texto de la Torá, el lenguaje en un versículo posterior profundiza nuestra pregunta. Aquí la Torá dice que, no obstante, el cumplimiento del deseo del corazón está regulado, restringido. Quedan ciertos límites: comer sangre era un tabú en el desierto y sigue siendo un tabú en al Tierra de Israel y en el Templo:

Sólo sé fuerte para no comer la sangre, ya que la sangre es el alma y no deberás comer el alma junto con la carne. No la comerás; sobre la tierra la verterás como agua. No la comerás, para que te beneficies tú y tus hijos después de ti, ya que habrás hecho lo recto ante los ojos de Hashem… Realizarás el servicio de tus ofrendas de ascensión, la carne y la sangre, sobre el Altar de Hashem tu Dios; la sangre de tus sacrificios deberá ser vertida sobre el Altar de Hashem tu Dios, y podrás comer la carne. Preserva y escucha todos estos asuntos que Yo te ordeno, para que te beneficies tú y tus hijos después de ti para siempre, ya que habrás hecho lo bueno y lo recto antes los ojos de Hashem tu Dios. (Devarim 12:23-28)

La imagen global requiere una aclaración: si bien la sangre es un tabú, la carne no sólo está permitida, sino que por inferencia está incluida en lo que se describe como "bueno y recto ante los ojos de Hashem tu Dios". Esto hace que el permiso de comer carne no suene como una concesión sino más bien como un objetivo.

Incluso podemos decir que el hecho de que el servicio del Templo incluyera el consumo de carne puede indicar que se trata de un comportamiento positivo.

Enseñan que Rabí Iehudá ben Bateira dijo: Cuando existía el Templo no había alegría sin carne, como fue dicho: "Degollarás ofrendas de paz y comerás allí y te regocijarás delante de Hashem tu Dios" (Devarim 27:7). Pero ahora que el Templo ya no existe no hay regocijo sino con vino, como está escrito: "y el vino alegra el corazón del hombre" (Tehilim 27) (Pesajim 109a)

La alegría de las festividades incluye la carne. Esta no es una mera expresión de hedonismo, ni siquiera una concesión a la debilidad humana. La Torá, que entiende muy bien la constitución física, espiritual y emocional del hombre, alienta a la persona a experimentar placer físico como parte de la expresión espiritual de la alegría.

El judaísmo no considera al cuerpo como un artefacto malvado diseñado para alejar a la persona de la espiritualidad. La forma humana, y de hecho todo el mundo físico del cual forma parte, se nos otorgó para que podamos perfeccionarla, elevarla. Una expresión concisa de este aspecto en el pensamiento judío podemos encontrarlo en el Talmud de Jerusalem7 en la insistencia de que cuando el hombre se presente ante Dios para rendir cuentas por sus actos en este mundo, deberá rendir cuentas por el placer que hubiera podido disfrutar legítimamente en este mundo pero se lo perdió. Dios creó a la persona como un ser físico en un maravilloso mundo físico; comer carne es una expresión extrema de esa materialidad. El judaísmo considera que el desafío no es rechazar lo físico sino elevarlo. El objetivo es tomar lo material y volverlo sagrado, transformar la existencia mundana física en una realidad espiritual.

El peligro es que esta filosofía puede llevarse a los extremos y su resultado es la idolatría que otorga una santidad equivalente a todos los aspectos del mundo físico. La ley judía establece límites entre lo puro y lo profano; delineando las cosas físicas que pueden ser elevadas a través de la práctica humana y proscribiendo otras cosas. En este sentido, la Torá es extremadamente realista y está psicológicamente sintonizada con las debilidades humanas. Es fascinante ver dónde la Torá "concede" y dónde demanda una lealtad infalible.

El Alshij HaKadosh señala que la frase que se refiere al consumo de carne, que normalmente se la traduce como "el deseo de tu corazón" en verdad dice "el deseo de tu alma". El rol del consumo de carne es llevar a nuestros deseos más cerca de Dios.8 Sin embargo, obviamente el alma no necesita nutrición física. ¿De qué manera la carne eleva al alma?

Un breve comentario del Seforno puede ayudarnos a entender este concepto. El Seforno comenta la frase: "Sólo sé fuerte para no comer la sangre; … No la comerás, para que te beneficies tú y tus hijos después de ti, ya que habrás hecho lo recto ante los ojos de Hashem". El Seforno dice que este versículo no implica que el consumo de carne sea lo "bueno y recto ante los ojos de Dios". Lo que es "bueno y recto" es evitar comer la sangre. Normalmente, no vemos que la Torá se refiera a evitar los mandamientos negativos con términos tan positivos. La persona que no transgrede un mandamiento negativo simplemente no es castigada. ¿Por qué en este caso el hecho de evitar un mandamiento negativo se describe como "hacer lo correcto"? El Seforno9 explica que esta frase se usa para describir la motivación de quien adhiere a ella. Cuando una persona come carne pero no consume la sangre, no debe estar motivada por razones estéticas sino porque esa es la palabra de Dios. Esto es lo que hace que este comportamiento en particular sea "bueno y recto". A pesar de la naturaleza humana, a pesar de "los deseos del corazón", no debemos comer sangre, no porque nos resulte aborrecible, sino porque eso es lo que nos ordenó Dios.10

El propósito de todos los mandamientos, tanto positivos como negativos, es acercarnos a Dios. Generalmente, los mandamientos positivos son vistos como una expresión del amor del hombre por Dios mientras que evitar los mandamientos negativos se considera una expresión del temor y respeto a Dios. Evitar consumir sangre porque es algo desagradable no constituye adherir a la Palabra de Dios sino que es cumplir con nuestro propio sentido estético. Evitarlo por esta razón no tiene ningún impacto en el alma. Sólo cuando esa es nuestra motivación reconocemos por completo que somos siervos de Dios. Esto también es cierto respecto a todos los mandamientos "negativos": las prohibiciones que evitamos por otras consideraciones fuera de aceptar el reinado de Dios espiritualmente son irrelevantes.11

Por otro lado, los mandamientos positivos deben cumplirse con la intención de cumplir una directiva Divina. Si el individuo tiene otras motivaciones al cumplir el acto ordenado, se considera que la mitzvá se cumplió de una forma menos perfecta. El Netziv12 aclara este concepto todavía más y explica que este es el caso sólo cuando el individuo tiene una relación con Dios. En una situación donde se cumple un mandamiento positivo fuera de una relación con Dios, el acto no puede ser clasificado como una "mitzvá". Si una persona que no cree que Dios ordenó un comportamiento en particular llega a cumplir con el acto ordenado, no se puede considerar que cumplió un mandamiento. Esa persona está sirviendo a sus propios deseos y no cumple una "mitzvá".

En los albores de la historia el deseo entró al mundo y desde entonces ha sido una característica definitoria de la condición humana. Las seductoras palabras de la serpiente despertaron una rebelión contra Dios. La única prohibición que recibió el hombre fue lo que dio lugar a la primera mención del deseo:

Ahora bien, la serpiente era más astuta que todos los animales del campo que había hecho Hashem Dios. Y ella le dijo a la mujer: "¿Así que Dios ha dicho: 'No comerán de ningún árbol del jardín'?... Pues Dios sabe que el día que coman de él los ojos de ustedes se abrirán y serán como Dios, conocedores de lo bueno y lo malo". La mujer vio que el árbol era bueno como alimento y que era una delicia para los ojos y que el árbol era codiciable para discernir, así que tomó de su fruto y comió y dio también a su marido junto con ella y él comió. (Bereshit 3:1-6)

La existencia misma de las limitaciones y las prohibiciones provoca el deseo. Este es el fenómeno que Mishlei describe como "las aguas robadas son más dulces".13 Sin embargo, las prohibiciones son necesarias precisamente porque le otorgan a la persona un medio para clarificar sus propios deseos e indicar su aceptación de que este universo tiene un Creador y Sustentador cuyo dominio es absoluto. Si bien el deseo forma parte de la condición humana, la persona debe enmarcar y enfocar su deseo. La persona debe elevar las actividades físicas más básicas y regular lo que come para revertir los efectos de quiebre de límites que tuvo lugar en el Edén.

Hay quienes pueden argumentar que el permiso de comer carne puede ser una concesión a los deseos humanos, pero en esta instancia la Torá sintió que al institucionalizar y regular su deseo, el alma del hombre puede elevarse. Delinear los animales kasher y no kasher y las leyes relativas a la shejitá (la matanza kasher), aparentemente es suficiente para elevar y transformar lo físico en una experiencia espiritual. Al adherirse a las leyes de Kashrut la persona indica que acepta a Dios, tanto a través del rechazo de ciertas clases de alimentos como a través de la estricta preparación ritual de aquellos alimentos que le están permitidos.

Ahora podemos valorar con mayor profundidad la enseñanza del Alshij respecto a que el permiso de consumir carne más que constituir una concesión a una parte inferior de la psiquis humana es un método para elevar al alma14 reenfocando el deseo. Al adherir a las leyes de kashrut y evitar alimentos no kasher sólo porque Dios decretó que lo hiciéramos, demostramos nuestra aceptación del dominio de Dios. Por cierto, en Shabat15 y en las festividades comer carne es parte del proceso para elevar al alma. Esto deja de ser un gesto exclusivamente físico y se transforma en parte de una experiencia religiosa, y en el proceso revierte los efectos de las venenosas palabras de la serpiente en el Jardín del Edén.


NOTAS

  1. Ver Rashi, Kidushín 57b: "Lifi shenemar ki irjak vezavajta"

  2. Rambán, Devarim 12:20

  3. La Guía de los perplejos 3:46

  4. Rav Tzadok HaCohen, Dover Tzedek sección 1

  5. Rav Tzadok explica que el aire de Israel impacta sobre quienes lo respiran, por lo que una vez que los judíos entraran a Israel se verían transformados.

  6. Más sobre esta ley se puede encontrar en Explorations Parashat Ki Tetzé

  7. Talmud de Jerusalem, Kidushín, final del cuarto capítulo (66b)

  8. Alshij, Devarim 12:21. El Alshij también afirma que al comer el animal elevamos su alma animal a un nivel humano

  9. Seforno, Devarim 12:25

  10. Basado en el Sifra Parashat Kedoshim 10:11. Ver Rashi, Vaikrá 20:26; Rambam,l Cometario a la Mishná, Introducción a Avot (también llamado Shemone Prakim, capítulo 6

  11. Ver Shaarei Leshem 1, 18:1

  12. Netziv. HaEmek Davar Bamidbar 15:39

  13. Proverbios 9:17

  14. Alshij, Devarim 12:21. El Alshij también dice que comer el animal eleva el alma animal del animal a un nivel humano.

  15. Rashi explica que la razón por la que recibimos en Shabat una neshamá ieterá, un alma adicional es para equilibrar la comida adicional que ingerimos. Ver Talmud Bavli, Beitzá 16 a y comentarios de Rashi