La parashá de la semana pasada terminó en el caos: la promiscuidad, la idolatría y la muerte arrasaron el campamento israelita. Es cierto que durante los cuarenta años en el desierto hubo episodios de descenso espiritual. Pero este fue diferente, tanto en su forma como en su alcance. Como consecuencia de este desastre murieron veinticuatro mil personas.

Todo comenzó con unas citas con las mujeres de Moav que de pronto escaló a la idolatría. Se propagó una plaga en el campamento que trajo desolación y muerte. En medio de esa anarquía, Zimrí, un líder de la tribu de Shimón, que supuestamente debería haber sido parte de la solución, tomó una mujer midianita y se unió a la rebelión pecaminosa. Pinjas confrontó heroicamente a los pecadores y los detuvo.

Entonces Dios ordenó vengarse de Midián. Este veredicto nos deja perplejos: las principales culpables eran las hijas de Moav, que sedujeron a miles de hombres israelitas para pecar. Kozbi, la pareja en el crimen de Zimrí, parece ser la única midianita involucrada en todo el episodio. ¿Por qué, entonces, se señala a su pueblo, a toda la nación de Midián, para recibir la retribución?

Balak, el Rey de Moav, fue el principal instigador del plan original para frustrar el avance de los israelitas. Fue él, el Rey de Moav, quien le encargó a Bilam hijo de Beor, que maldijera a los judíos, un complot que Dios Mismo frustró al convertir las maldiciones en bendiciones. El rey moabita se dirigió a sus enemigos acérrimos, los midianitas, y los invitó a unirse al combate (Bamidbar 22:2-4). Nuevamente vemos que Balak y su pueblo, los moabitas, fueron los instigadores de ambas estrategias. Eran ellos, y no los midianitas, quienes debían ser castigados con la mayor dureza.

Los versículos, así como algunos de los comentaristas de la parashá, nos llevan a varias conclusiones. Moav estaba situado en el camino directo de los israelitas, y los moabitas estaban asustados.1 Ellos deseaban conservar su estilo de vida y retener la posesión de sus tierras, y consideraron a los israelitas una amenaza existencial. Su comportamiento, a pesar de ser preventivo, fue defensivo. Pero en cambio cuando invitaron a los midianitas a unir sus fuerzas en contra de los judíos, ellos aceptaron con entusiasmo, a pesar de no estar amenazados. Su tierra no estaba sitiada, su estilo de vida no corría peligro. De no haber buscado el contacto con los israelitas, la conquista de Canaán no hubiera representado para ellos más que un título en las noticias internacionales. Su participación tuvo una motivación ideológica: ellos se unieron al ataque moabita no por amor a su tierra, ni como respuesta a una amenaza inminente, sino por puro odio hacia los judíos.2

Hay elementos adicionales que señalan una gran diferencia entre las motivaciones de los moabitas y de los midianitas. La Torá no aclara quién inició el contacto entre las mujeres moabitas y los hombres israelitas. ¿Fueron las hijas de Bilam, quizás siguiendo el consejo de Bilam, o fueron los hombres israelitas quienes se acercaron a ellas?3 De cualquier forma, el pecado de adulterio muy pronto llevó también a la idolatría. La identidad de la pareja midianita de Zimrí, Kozbi hija de Zur, un príncipe o rey de Midián, indica la postura ideológica de los midianitas: no se trató de un "simple" enamoramiento. Ellos enviaron a un miembro de la familia real de Midián para que desafiara los valores religiosos, sociales y políticos de la sociedad israelita.

Hay quienes consideran que el decreto de destruir a Midián fue una "respuesta desproporcionada", pero Dios no concuerda con eso. Los midianitas, y no los moabitas, debían ser erradicados. La batalla en contra de Midián es ideológica. Es una batalla en contra de quienes luchan contra nosotros por un odio religioso, por eso la respuesta es extrema.4 Quizás la lección es que cuando la batalla se debe a una discordia por tierras, propiedad o recursos, se pueda llegar a un entendimiento y a un acuerdo; pero cuando la batalla se basa en una ideología y en el odio religioso, es mucho más difícil llegar a un entendimiento.

Un análisis minucioso de la actitud de la Torá hacia Moav apoya esta idea. Moav es culpable de contratar a Bilam para maldecir a los israelitas (Devarim 23:5). Sorprendentemente, no se menciona el tema del adulterio ni la idolatría a la que las mujeres moabitas condujeron a los israelitas. En consecuencia podemos concluir que la interacción entre Moav e Israel comenzó sin maldad ni hostilidad. Quizás Moav abandonó su plan de confundir la conquista israelita y persiguió en cambio un camino de fusión o de cooperación. Los hombres israelitas, y no las mujeres moabitas, iniciaron el contacto ilícito entre ellos; por esta razón no se menciona ninguna conspiración sexual o idólatra al final del relato.

De todos modos, este escenario parece oponerse a un aspecto diferente de la actitud de la Torá hacia Moav. Moav es uno de los pueblos con los que la Torá prohíbe casarse incluso después de que se convierten al judaísmo. El Talmud (quizás motivado por el precedente de una famosa moabita llamada Rut que se convirtió y se casó con un hombre judío) clarifica que esta limitación se aplica sólo a los hombres moabitas, pero no a las mujeres, quienes sí pueden convertirse y casarse con un judío. El entendimiento talmúdico de esta ley surge de un versículo de la Torá:

Un amoní o un moabí no entrará a la congregación de Dios. …debido a que no se anticiparon a ustedes con pan y agua en el camino, cuando ustedes salieron de Egipto, y debido a que contrataron a Bilam ben Beor de Aram Naharáim para maldecirte (Devarim 23:4-5).

Los moabitas son considerados culpables sólo de su intento de maldecir a la nación israelita; pero no fueron culpables de seducir a los israelitas para cometer adulterio ni idolatría. Sin embargo, fueron culpables de otro pecado, un pecado de omisión: no recibieron a los israelitas con pan y con agua. Esta acusación parece muy extraña. ¿Acaso era realista esperar que esta nación recibiera a los judíos con los brazos abiertos, compartiera recursos valiosos con ellos y los ayudaran en su viaje hacia la Tierra Prometida? De hecho, esto es exactamente lo que la Torá esperaba de ellos, porque los moabitas son descendientes de Lot, el sobrino de nuestro patriarca Abraham. Lot creció en la tienda de Abraham,5 donde aprendió la virtud de la hospitalidad. Esta sensibilidad debió ser transmitida a sus descendientes.6 Pero en cambio se comportaron con egoísmo, incluso con brutalidad, hacia una tribu con la que compartían un patriarca; no les ofrecieron ayuda cuando la necesitaban y contrataron a una poderosa fuerza espiritual para que los maldijera.

Siendo así, podemos preguntarnos por qué la prohibición de casarse con los moabitas distingue entre hombres y mujeres. Por cierto todos los moabitas cometieron el error de no ayudar a los israelitas. El Talmud7 cita un versículo de Tehilim que explica por qué la ley sólo prohíbe casarse con los hombres de Moav: sólo se esperaba que los hombres recibieran a los israelitas con comida y bebida, porque “La dignidad de la hija del rey está en el interior” (Tehilim 45:14).

Aunque puede entenderse que este versículo se refiere a la modestia o a la compostura real, el Talmud entiende el versículo en un aspecto geográfico: las hijas del Rey de Moav permanecieron dentro de sus casas. Podemos contrastar su comportamiento con el de Kozbi, la princesa de Midián que sedujo a Zimrí para realizar una manifestación pública de sexualidad que, por donde se lo mire, fue una rebelión. Si bien las mujeres de Moav se involucraron con los hombres israelitas, fue la hija del príncipe de Midián la que usó su cuerpo como un arma en contra de los judíos.

Las mujeres de Moav no fueron juzgadas con dureza por no haber ofrecido pan y agua. Por el contrario, ellas fueron amigables, quizás demasiado amigables. Por esta razón se les permite casarse con hombres judíos. Por otro lado, Kozbi, la hija de la nobleza midianita que se comportó de una manera sumamente innoble, trajo vergüenza y muerte sobre su pueblo.


NOTAS:

1. Jizkuni 25:17
2. Rashi, Bamidbar 31:2; Shalal David por Rav Iosef David Sinzheim, Bamidbar 25:17.
3. Tanto el Rambán (Bamidbar 25:18) como el Kli Yakar (Bamidbar 25:17) insisten en que la idea se originó en Midián.
4. Los Sabios aprenden de este episodio que si alguien se levanta para matarte, puedes realizar un ataque preventivo. Ver Bamidbar Rabá 21:4.
5. Midián también creció en la tienda de Abraham; ver Bereshit 25:2.
6. Devarim 2:9.
7. Talmud Bablí Ievamot 77a.