Algo cambió. Ya no eran las mismas personas que salieron de Egipto, esa generación había muerto. Esta era una nueva generación que nació o creció en libertad. El único líder que conocían era Moshé; el Faraón era un nombre del pasado, alguien sobre quien sus padres hablaban en Pésaj. Esta generación sería diferente, ellos verían la Tierra Prometida.

Jukat, la parashá previa, termina con un revuelo entre las naciones que enfrentarían la primera ola de conquista israelita de Canaán. Y también de otras naciones que anticiparon las fuerzas bélicas israelíes que estaban peligrosamente cerca de sus tierras. Gran parte de la parashá de esta semana trata sobre los planes de esas naciones. Ellas temían la confrontación inminente y se les ocurrió una idea original para evitar la conquista: invirtieron una cantidad de recursos para maldecir a los israelitas. Cuando esa estrategia falló, se infiltraron en el campamento judío con una inteligente estrategia similar a la del caballo de Troya, un último intento para corromper a la comunidad desde adentro y provocar que los israelitas no merecieran la protección de Dios. Las mujeres moabitas se acercaron al campamento israelita y sedujeron a los hombres, primero con placeres carnales y luego con exóticas prácticas religiosas.

Eso encendió la ira Divina:

Hashem le dijo a Moshé: “Toma a todos los líderes de la nación e [instrúyeles] que los maten a ellos [en el nombre de] Dios frente al sol. Esto revertirá la muestra de ira de Dios en contra de Israel”. (Bamidbar 25:3).

En ese momento Pinjas entra en acción y cumple el decreto de Dios al matar a un hombre judío y una mujer midianita. Su acto, las reacciones al mismo y la importancia de este evento son un poco confusas. En primer lugar, el lenguaje es molesto y confuso. Dios instruye matarlos "a ellos" (otam). ¿A quién se refiere este pronombre? ¿A los hombres judíos? ¿A las mujeres moabitas? ¿A los culpables de comportamiento sexual inadecuado o a los que hicieron idolatría? En un versículo posterior, la Torá clarifica que el israelita a quien mató Pinjas era Zimrí ben Salú, el líder de la tribu de Shimón (Bamidbar 25:14). De ser así, Zimrí debía ser parte de la solución, pero en cambio fue parte del problema.

Zimrí argumentó que él no era uno de "ellos", él era uno de los líderes. No era culpable de idolatría, sino del viejo y conocido pecado de la carne, y su pareja en ese pecado no era moabita, sino midianita. Esta última parte de su defensa era particularmente sensible así como un ataque contra Moshé. Si una relación con una mujer midianita era inapropiada, ¿cómo pudo Moshé casarse con una mujer de Midián, la hija de Itró, cohen de Midián?

El paralelismo de Zimrí es claramente absurdo. Moshé se había casado con Tzipora y nunca participó en manifestaciones sexuales públicas, que era de lo que acusaban a Zimrí. Pero después de que Zimrí hiciera esta comparación, Moshé se encontró en una situación muy difícil. Si él respondía o actuaba sería considerado un hipócrita. Zimrí presentó a Moshé como un extremista, una acusación tan subjetiva y vacía que todo lo que Moshé dijera o hiciera podría ser usado en su contra como una "prueba". Por otro lado, si Moshé no decía nada ni actuaba, ese comportamiento indignante se difundiría y él sería considerado culpable.

Hay otra consideración que puede haber influido en Moshé: después del episodio de la roca, por el cual Dios lo censuró duramente, es posible que él temiera actuar. Antes de cumplir la orden de Dios parece que Moshé se tomó un poco más de tiempo para estar seguro de haber entendido completa y precisamente Sus instrucciones. Ya vimos que en este caso las instrucciones no eran completamente claras. ¿A quién debían matar? ¿Quién debía matarlo? Moshé dudó en particular respecto a Zimrí, el líder de una tribu que era uno de los pecadores.

Antes de responder, Moshé debía sopesar no sólo lo que era correcto e incorrecto, sino también la percepción que el pueblo tendría de su comportamiento. El golpe a la roca le dio al pueblo la impresión de que fueron Moshé y Aharón, y no Dios, quienes proveyeron agua milagrosamente. Moshé temió que también ahora el pueblo tuviera una impresión equivocada y llegara a pensar que hay un grupo de reglas para las masas y otro para los líderes. Moshé no quería que pareciera que nadie, ni siquiera él mismo, estaba por encima de la ley. Lo paralizó la posibilidad de que se percibiera algo impropio. Zimrí precisamente apeló al sentido de decencia de Moshé, cínicamente se aprovechó de la decencia de Moshé para neutralizarlo.

Con este telón de fondo, Pinjas entró en acción. Él vio el cinismo y la dualidad de Zimrí; entendió las instrucciones que Dios le dio a Moshé y las implementó con gran precisión.

Incluso la “falta de acción” de Moshé contiene una gran lección: de los líderes no sólo debemos esperar el comportamiento más elevado posible, sino también una imagen de decencia. Cualquier otra clase de comportamiento da lugar al cinismo, contamina el dominio público y permite que “gotee” la inmoralidad. Moshé, el líder más grandioso que tuvimos, nos brinda esta valiosa lección incluso cuando no hace absolutamente nada.