Después de las Altas Fiestas, al retornar a nuestra vida habitual, ¿debemos sentirnos satisfechos con nuestro status quo ante? Quizás la experiencia de Rosh Hashaná y Iom Kipur no deba limitarse a la introspección y el balance del año que termina. Estos días de introspección también puede ser una oportunidad para la transformación espiritual. Podemos aprovecharlos como un trampolín para el nuevo año y salir de las festividades no como éramos, sino como un "modelo nuevo y mejorado" de nosotros mismos.

¿Cómo es posible lograrlo? Primero que nada, podemos buscar ayuda en el mismo servicio de Iom Kipur. Además, la lectura de la Torá de esta semana contiene un mensaje que puede aplicarse a los días y las semanas posteriores a la estación festiva, una lección que nos permitirá descender de las alturas espirituales alcanzadas durante estos días especiales sin volver a caer en donde estábamos previamente.

La parashat Haazinu es el cántico de despedida de Moshé, y se lee cada año durante este período de elevada sensibilidad espiritual. Hay un versículo en particular (el cual se convirtió en parte integral de nuestra liturgia), que llevó a Rashi a conectar el cántico de Haazinu con el servicio en el Beit HaMikdash:

Cuando invoque el Nombre de Hashem, atribuyan la grandeza a nuestro Dios (Devarim 32:3)

En su comentario a este versículo, Rashi cita una enseñanza talmúdica1 respecto a la respuesta apropiada cuando se recita una bendición. Todos conocemos la respuesta normal a una bendición: "Amén". Esta breve declaración es tanto una afirmación del contenido de la bendición como un testimonio de nuestra creencia compartida en Dios. Sin embargo, en el Beit HaMikdash, la respuesta a una bendición era: "Bendito sea Su gran Nombre (el Nombre del Reinado) por siempre y para la eternidad". Esta misma respuesta fue registrada en la liturgia de Iom Kipur, en la que rememoramos el servicio del Cohen Gadol en el Beit HaMikdash. Cuando el Cohen Gadol pronunciaba el Nombre inefable de Dios, todos los que lo oían caían de rodillas, se inclinaban o prosternaban, y declaraban: "Bendito sea Su gran Nombre (el Nombre del Reinado) por siempre y para la eternidad". Incluso en la actualidad, esta escena se recrea en muchas congregaciones en Iom Kipur durante la recitación de la Avodá del Cohen Gadol, a pesar de que ya no se pronuncia el Nombre inefable de Dios.

El mensaje que debemos aprender de esta experiencia anual radica en su singularidad. En el curso de nuestra vida cotidiana "sin el Beit HaMikdash", respondemos a las bendiciones que incluyen el Nombre de Dios diciendo "Amén". En ningún momento de nuestras vidas se pronuncia el Nombre inefable de Dios, ni acostumbramos a arrodillarnos ni prosternarnos en las plegarias. A pesar de eso, se nos recuerda lo que una vez existió, lo que debe volver a ser y cuál será el orden debido cuando se reconstruya el Beit HaMikdash. Iom Kipur nos ayuda a mantener en vista esa otra realidad al transportarnos a otro lugar y a otra época, un lugar y una época que una vez existió y que volverá a existir. En el día más sagrado del año, recreamos la experiencia del Beit HaMikdash y tratamos de insertarnos en esa realidad e imaginarnos entre aquellos que se reunían en el patio del Templo, prosternándose en reverencia cuando el Cohen Gadol declaraba la omnipotencia de Dios. Si somos capaces de relacionarnos con esa experiencia cuando escuchamos una bendición, si somos capaces de hacer que esa otra realidad se vuelva parte de nuestro mundo interior, podremos llevar con nosotros la experiencia de Iom Kipur durante el resto del año. Cada vez que respondemos "Amén" tenemos una oportunidad de escuchar, en nuestro oído más interno, de ver en nuestro ojo mental, la respuesta a una bendición pronunciada dentro de los confines del Beit HaMikdash: "Bendito sea Su gran Nombre (el Nombre del Reinado) por siempre y para la eternidad".

Hay otros elementos de la liturgia de Iom Kipur que presentan un desafío similar. El más notable entre ellos es el "Aleinu", con el cual concluimos las plegarias durante todo el año. Por estar al final de cada servicio, el Aleinu "no recibe demasiado respeto". Por lo general se lo murmura mientras se sale rápidamente por las puertas de la sinagoga. Pero en las Altas Fiestas, el Aleinu tiene un rol central en la liturgia. En Rosh Hashaná y en Iom Kipur, el Aleinu se recita lenta y deliberadamente, con gran concentración e intención, en el centro mismo de los servicios. En estos días, el Aleinu tiene un carácter completamente diferente. Nos arrodillamos y nos prosternamos y las palabras de esta plegaria sublime (que son las mismas que decimos durante todo el año) nos ayudan a alcanzar nuevas alturas espirituales. Aquí encontramos el mismo desafío: ¿Acaso podemos mantener la ferviente intensidad de las plegarias de las Altas Fiestas durante todo el año? ¿Podemos recordar la experiencia de los días de las Altas Fiestas al repetir esta plegaria tres veces al día durante todo el año?

El estremecimiento de Rosh Hashaná y Iom Kipur, cuando nuestras vidas penden de un hilo, permiten que nuestras plegarias sean más fervientes, más intensas. Pero la conciencia espiritual no es algo que debamos reservar sólo para diez días al año. Nuestro desafío es aprovechar la santidad de las Altas Fiestas durante todo el año. Quizás el hecho de repetir tres veces al día el Aleinu puede recordarnos este desafío y ayudarnos a concretarlo.

Tenemos la capacidad de infundir nuestras vidas con santidad. Para lograrlo, lo único que debemos hacer es aprovechar el mayor regalo que Dios nos ha dado: la imaginación humana. Si la utilizamos para imaginar la santidad, podemos elevar nuestras vidas cotidianas y alcanzar nuevos niveles de espiritualidad.


NOTAS

  1. Taanit 16b