El versículo más conocido de la Torá, que se repite a menudo, es: “Dios habló a Moshé”, que aparece unas 75 veces. En ocasiones, se agrega una ubicación que da contexto a una comunicación en particular, pero el libro de Vaikrá prácticamente carece de referencias geográficas, excepto en el primer versículo del libro. Esto lleva a que el primer versículo de parashat Behar, la penúltima parashá de Vaikrá, llame aún más la atención. “Dios le habló a Moshé en el Monte Sinaí…” ¿Por qué, en esta situación en particular, se menciona el Monte Sinaí?

Los versículos que siguen a esta introducción anómala son una expansión de las leyes del año sabático, que ya se presentaron antes (de forma abreviada) en el libro de Shemot. En esta repetición en la parashat Behar, el año sabático sirve como una introducción a las leyes del jubileo: cada siete años se debe dejar descansar la tierra para recordare al granjero que, en definitiva, todo le pertenece a Dios. Al concluir siete ciclos sabáticos, en el quincuagésimo año o jubileo, la tierra retorna a sus dueños ancestrales y el ciclo vuelve a comenzar. Si el dueño original de la tierra murió, se nos ordena convocar a sus parientes para cumplir los requerimientos del ciclo de jubileo. En este contexto se introduce la prohibición de la usura:

Si tu hermano empobrece… No tomarás de él usura ni interés, temerás a tu Dios para que así tu hermano viva contigo (Vaikrá 25:35-36).

La prohibición y su lógica son igualmente claras: la usura no es inmoral en sí misma; es inapropiada cuando el prestatario es tu hermano. Los hermanos hacen favores a sus hermanos; los hermanos dan una mano, y los hermanos no les cobran interés a sus hermanos.

Debido a que gran parte del libro de Vaikrá se enfoca en la santidad de los ritos y rituales que se cumplían en el Mishkán, podríamos concluir erróneamente que allí, y sólo allí, reside la santidad. Pero entonces llegamos al "sorpresivo final" de Vaikrá. El repentino cambio de enfoque, que se aleja del Mishkán (precursor del Beit Hamikdash) y llega a las fronteras de la Tierra de Israel, nos obliga a reconsiderar la naturaleza de la santidad.

La parashat Behar, con las leyes del año sabático y del jubileo, de la usura y la responsabilidad familiar, ofrece una nueva perspectiva sobre la santidad. Quizás aún más importante, estas leyes ofrecen una nueva perspectiva sobre nuestra cercanía a la santidad y nuestra capacidad para acceder a ella y convertirla en parte de nuestra vida. El exilio, la consecuencia por transgredir estas leyes, no deja lugar para dudas. Si bien hay formas de remediar las transgresiones a la santidad del Mishkán (quienes están en un estado de impureza pueden ser alejados del recinto sagrado), las consecuencias de no respetar la santidad del año sabático y del jubileo, así como las normas de responsabilidad social, son mucho más graves. La Tierra Santa no tolera ese comportamiento.

Entendiendo esto, podemos encontrar una respuesta al problema textual con el que comenzamos: las leyes de la observancia del año sabático y del jubileo, así como la prohibición en contra de la usura, están precedidas por la inusual referencia al Monte Sinaí precisamente porque estas leyes institucionalizan la experiencia del Sinaí.

Cuando los israelitas llegaron al Monte Sinaí, los versículos describen la experiencia singular de unidad como un momento decisivo en nuestra historia espiritual y nacional. En las palabras de Rashi: la nación acampó al pie del Monte Sinaí “como un solo hombre con un solo corazón(Rashi en Shemot 19:2). En ese momento, la montaña fue el lugar más sagrado de la tierra. Esa santidad luego fue transferida al Mishkán y después al Beit Hamikdash (ver el comentario del Rambán). Este es el tema central del libro de Vaikrá, hasta llegar al primer versículo de la parashat Behar. Cuando las leyes de santidad de la Tierra de Israel se vinculan al Monte Sinaí, entendemos que la santidad del Monte Sinaí no se limitó al Mishkán, sino que existe en toda la Tierra de Israel. Y cuando esta santidad se coloca como introducción a las leyes de responsabilidad social, el otro aspecto de la experiencia del Sinaí, el aspecto de la unidad, se torna en una experiencia mucho más grande que lo que ocurrió una vez en la vida. Las leyes de la parashat Behar nos enseñan a traducir esa experiencia en acción. Tal como las leyes transmitidas en todo el libro de Vaikrá nos enseñan que el Mishkán es una recreación de la santidad del Monte Sinaí, las leyes transmitidas en la parashat Behar nos permiten recrear la unidad que experimentamos en el Monte Sinaí y convertirla en parte de la vida cotidiana en la Tierra Santa.

Vivir en la Tierra de Israel es la continuación de la Revelación del Sinaí. La santidad no estuvo confinada al Mishkán, sino que está presente en cada centímetro de la Tierra de Israel, enraizada en la vida que llevamos, en nuestras relaciones y en la unidad y la responsabilidad mutua con la que conducimos nuestros asuntos personales y públicos. Si bien las leyes de los años sabáticos, de la observancia del jubileo y del bienestar social son herramientas efectivas para construir una economía saludable, su lógica va mucho más lejos: nuestra vida, particularmente en la Tierra Santa, puede generar santidad, y cuando tratamos a nuestros hermanos de la forma debida nos elevamos a nosotros mismos y a la sociedad. De esta forma la santidad del Monte Sinaí continúa repercutiendo y energizando, elevando e inspirando, no sólo en el Mishkán, sino también en nuestras vidas, particularmente en la Tierra de Israel.