Soplaban vientos de guerra. Los israelitas se preparaban para cumplir la orden de Dios y vengarse de los midianitas. La incursión de Moav/Midián había dejado un saldo de 24.000 judíos muertos, y había llegado el momento de igualar el resultado. Además, el ataque empleado por los moabitas y los midianitas introdujo prácticas idólatras al campamento israelita. La venganza no era sólo para vengar las bajas, sino también para contrarrestar la ofensa a Dios. Interesantemente, una lectura cuidadosa del texto indica que la preocupación principal de Dios era el honor de la nación, ya que Él pide la venganza de Israel (Bamidbar 31:2). Moshé, por otro lado, habla de vengar el honor de Dios (Bamidbar 31:3).

Dios le habló a Moshé, para decir: "Toma venganza para los israelitas en contra de los midianitas. Luego [morirás y] serás reunido con tu pueblo". Moshé le habló al pueblo, para decir: "Armen de entre ustedes hombres para el ejército, para que estén contra Midián, para infligir la venganza de Dios sobre Midián" (Bamidbar 31:1-3).

Dejando de lado esta conmovedora demostración de preocupación mutua, al lector probablemente le llama la atención la secuencia. ¿Por qué la narrativa es interrumpida por ciertas leyes, en lugar de proceder directamente a la batalla, la tan anticipada y merecida venganza? Sin dudas, había otro lugar más apropiado para insertar esas leyes en la Torá. El incidente de Moav/Midián se relata mucho antes, en el capítulo 25, y al final del mismo Dios le instruyó a Moshé tomar venganza. Se realiza un censo, lo que se entiende tanto en base a la estimación de daños como para los preparativos para la batalla. Tras los resultados detallados del censo siguen las leyes de ofrendas, principalmente las de las festividades, y luego las leyes de juramentos. Sólo después de todo eso la narración regresa al tema en cuestión: los midianitas.

Esta extraña progresión de temas, aparentemente fortuitos o desconectados, dan al lector dos opciones: podemos considerar estas leyes como una interrupción de la narrativa, insertadas al azar en este punto y, por lo tanto, carentes de una relación con el tema en cuestión; o podemos intentamos analizar estas leyes para determinar si, en realidad, tienen una conexión lógica e intrínseca con la narrativa.

De hecho, hay un común denominador que conecta los dos grupos de leyes: Bilam.

Bilam fue contratado por el rey moabita para maldecir al pueblo de Israel. Para el lector moderno, toda la idea de una maldición parece absurda y foránea. Nos resulta difícil relacionarnos con la creencia en el poder de las palabras. A menudo las maldiciones y las bendiciones son consideradas tonterías primitivas pertenecientes al mundo de la superstición. Por lo tanto, nos sorprende un poco que Dios Mismo intervenga para frustrar las maldiciones que Balak contrató a Bilam para decir, y que Dios transformara las maldiciones en bendiciones.

...y porque contrató en tu contra a Bilam hijo de Beor, de Petor de Mesopotamia, para maldecirte. Sin embargo, Hashem tu Dios no escuchó a Bilam; sino que Hashem tu Dios convirtió la maldición en una bendición para ti, porque Hashem tu Dios te ama (Devarim 23:5-6).

Volviendo al comienzo de Parashat Matot y a las leyes referentes a los juramentos, la conexión de la narrativa se vuelve clara. El contexto general es la batalla contra Moav/Midián y contra Bilam, su intermediario.1 El arma que ellos habían elegido fueron las maldiciones, palabras, y eran conscientes del poder de esta herramienta: Dios Mismo es la fuente del poder de las palabras. Las palabras crean la realidad; de hecho, la creación de todo lo que existe es resultado del habla Divina.

Por esa razón, no era suficiente solamente con desviar las maldiciones de Bilam. El amor de Dios por el pueblo judío hizo que las maldiciones se transformaran en bendiciones. Palabras, sin dudas, pero palabras que tienen un poder muy superior a lo que hubiéramos imaginado. Las leyes sobre juramentos reflejan esta misma verdad: las palabras tienen poder. Tenemos la capacidad de crear la realidad con palabras, con juramentos, por lo que estamos obligados a honrar nuestros juramentos. La Torá presenta cuidadosamente, en particular después de la confrontación con Balak y Bilam, leyes que refuerzan esta verdad, creando una guía para realizar juramentos y para cancelarlos, cosas que deben tomarse con suma seriedad. A su vez, esas leyes, insertadas específicamente en este punto, nos ayudan a entender el rol de Dios al transformar las maldiciones de Bilam en bendiciones.

El otro grupo de leyes que "interrumpe" la narrativa trata sobre los sacrificios. La mayoría de las leyes de ofrendas aparecen el libro de Vaikrá. A primera vista, hubiera sido más apropiado poner allí también las leyes que aparecen en la parashá de esta semana. Sin embargo, sería muy bueno recordar las tácticas que Bilam empleó en nuestra contra: en su intento para adular a Dios para que le permitiera maldecir a los judíos, Bilam le instruyó a Balak que construyera una serie de altares y que ofreciera sacrificios a Dios.

Aquí hay cierta ironía. Eventualmente, la conspiración de Moav/Midián llevó a los judíos a adorar al Báal Peor, mientras que Bilam y Balak llevaron ofrendas al Dios de Israel, el Creador y sustentador del universo. Quizás el hecho de haber sido arrastrados a adorar a Dios fue lo que los inspiró para llevar a los israelitas al servicio de su deidad. Haya o no sido esta su inspiración, la coalición anti-israelita le pidió ayuda o al menos permiso a Dios para destruirnos. Si bien podemos estar seguros de que las ofrendas de Balak no lograron seducir a Dios, no podemos saber si tuvieron alguna clase de impacto, quizás creando algún mérito positivo para esos adversarios de Israel.2

Si es este el caso, podemos entender mejor la razón por la que las leyes de ofrendas y juramentos se presentan mientras nos preparamos para la batalla contra los midianitas. No son leyes casuales, tampoco estamos ante una interrupción de la narrativa, sino lo contrario. Esas leyes en particular tienen mucho que ver con la narrativa. Las leyes y juramentos expresan el poder de lo que se dice, mientras que las leyes sobre las ofrendas "adicionales" o musaf nos brindan una herramienta para acercarnos a Dios. Estas leyes nos permiten contrarrestar el impacto negativo de los moabitas y de los midianitas. Sólo cuando esas leyes en particular se han interiorizado, recién cuando las enseñanzas de la confrontación con Moav y Midián han sido aprendidas, recién cuando recibimos las leyes que nos permiten contrarrestar los efectos espirituales de esa confrontación, estaremos preparados para enfrentar a nuestros enemigos en la batalla y, con la ayuda de Dios, ser victoriosos.


NOTAS:

1. En la batalla que precedió la aparición de Bilam, los judíos usaron el juramento como parte de su gesto para implorarle a Dios que les brindara la victoria. Ver Bamidbar 21:2.

2. El Talmud en Sanedrín 105b, en Sotá 47a y en Nazir 23b trata sobre el poder y el impacto de esas ofrendas.