Si bien hay una forma de justificar el comportamiento de Iaakov en cada uno de los episodios relatados en Parashat Toldot, el hecho de que sea necesario justificarlo es más que molesto.

¿Qué clase de persona era Iaakov? ¿Cuál es la personalidad que emerge de los versículos? ¿Fue un charlatán confabulador y calculador que dejó un mar de víctimas involuntarias a su paso? ¿Fue una víctima de las circunstancias? ¿Se encontró una y otra vez en situaciones extraordinarias que le exigieron utilizar medios extraordinarios para sobrevivir? ¿Fueron los eventos descriptos en los primeros capítulos de Bereshit simplemente excepciones en una vida que fuera de eso se caracterizó por la santidad y la moralidad?

Los primeros versículos de Parashat Vaietzé brindan una respuesta parcial. En la primera noche de su exilio, al huir de la ira que generó con su comportamiento engañoso, Iaakov se duerme y tiene lo que parece ser su primera visión profética. El hecho mismo de que Dios se le revelara indica que Iaakov es la persona elegida. El contenido de la revelación no es menos importante, desde la visión de los ángeles a las palabras que le dicen. Iaakov entiende que su vida estará llena de altibajos (incluso los seres celestiales en su visión suben y bajan), pero también entiende que Dios estará con él y que, a pesar de su exilio forzado, algún día volverá a casa.

Al despertar, Iaakov comprende que está sobre un suelo sagrado1 y su reacción indica quién es él en realidad: Iaakov reza y pide sólo por sus necesidades más básicas. Iaakov le pide a Dios que satisfaga sus necesidades materiales más elementales y jura construir una casa para Dios cuando regrese sano y salvo a su hogar ancestral (Bereshit 28:20-22).

En esta respuesta se revela gran parte del mundo interior de Iaakov. Al parecer él siente que no merece lo que Dios le prometió, ya sea porque no tiene derechos o porque no tiene interés en el mundo material. Iaakov resume la revelación que recibió de una forma muy particular, sin dejar lugar para que malinterpretemos sus preocupaciones. Iaakov despierta con un entendimiento muy claro sobre la santidad del lugar en el que se encuentra. Entiende que la Tierra de Israel es el lugar de Dios, Su morada en este mundo, por así decirlo. Para Iaakov, el resto de los elementos de la revelación son secundarios. Él desea y reza por una sola cosa: conectarse con esa santidad. Se siente lleno de reverencia al saber que Dios le prometió a él y a su descendencia esa tierra sagrada, porque le prometieron que él y sus hijos podrán morar en ese lugar de santidad. En agradecimiento a Dios por permitirle permanecer en Su casa, Iaakov promete que cuando regrese construirá una Casa para Dios. Eso es lo que tiene en mente, eso es lo que ocupa sus pensamientos: la santidad.

Cuando Iaakov menciona la "Casa de Dios", se llena un vacío casi imperceptible: los eventos que llevaron a Iaakov a ese punto se pusieron en movimiento cuando él "adquirió" la primogenitura de Esav, su hermano mayor. Sin embargo, la Torá nunca nos dice por qué Iaakov quería la primogenitura, ni por qué Esav no la deseaba. Ahora, cuando Iaakov habla de una Casa para Dios, el misterio se resuelve: la primogenitura determina quién servirá en el Templo como cohén2, y esa es la razón por la que Iaakov quería la primogenitura, y también por eso a Esav no le interesaba.

Iaakov y Esav no fueron los primeros hermanos en conflicto. Ellos fueron precedidos por Caín y Ével. Ese primer conflicto puede ayudarnos a explicar al segundo. La ofrenda que llevó Caín, el hermano mayor, fue rechazada. Caín, quien debido a su primogenitura debía haber sido el cohén, fue pasado por alto en favor de su hermano menor. Dios aceptó el servicio de Ével y Caín se enfureció al punto de asesinarlo. Su castigo fue el exilio.

Quizás Esav aprendió su propia lección del conflicto entre Caín y Ével, tal vez su desprecio hacia la primogenitura era el rechazo de un rol que le parecía insustancial. ¿A Esav le preocupaba el traspaso de la primogenitura? ¿Temía que también a él lo rechazaran? La furia de Caín lo llevó al grado máximo y mató a su hermano menor. Si bien Esav no mató a Iaakov (aunque sí se le pasó por la mente hacerlo), Iaakov tuvo que sufrir el exilio, cargando con el castigo que en el pasado había sido asignado al hermano mayor.

Cuando Iaakov vuelva, construirá una "Casa para Dios". Él acaba de salir al exilio, pero se le asegura que volverá y que la santidad que busca se expresará en el lugar preciso en que se encuentra ahora. La visión de los ángeles que suben y bajan le transmite a Iaakov un mensaje que él entiende con cada célula de su ser: las naciones surgirán y caerán, llegarán a la cima y descenderán.3 Aunque ahora debe salir al exilio y abandonar ese lugar de santidad, sabe que sus descendientes experimentarán un ascenso glorioso. Ahora debe partir, pero volverá y, entonces se revelará una santidad aún mayor. Sus hijos construirán la "Casa de Dios", el Templo Sagrado. Si bien la Casa de Dios será destruida y sus descendientes exiliados, volverán y reconstruirán. Roma (también conocida como Edom, los descendientes de Esav) podrá destruir la segunda Casa de Dios, pero así como los ángeles en su visión subían y bajaban, también lo hará el pueblo judío. Iaakov vio y entendió todo esto mientras yacía en el suelo de ese lugar tan asombroso.

El mundo interior de Iaakov era un lugar de santidad. Él vio ángeles, vislumbró los Templos y anheló conectarse y concretar esa santidad. Al partir vio el futuro y supo que regresaría. Dios había prometido que nosotros, los Hijos de Israel, ascenderíamos y volveríamos.


NOTAS

1. Los Sabios enseñan que Iaakov durmió exactamente en el mismo lugar en donde estaría un día el Templo Sagrado (ver Rashi, Bereshit 28:11).

2. Rashi, Bereshit 25:34. La imagen de figuras angelicales que suben y bajan, de acuerdo con la tradición rabínica se asocia con los cohanim ascendían y descendían del altar para cumplir sus obligaciones sagradas (ver Bereshit Rabá 68:12). Es interesante que la lectura de la haftará asociada a la Parashat Toldot (Malají 1,2) pasa de Iaakov y Esav a una discusión sobre los cohanim apropiados versus los no apropiados.

3. Ver Bereshit Rabá 68:14.