Todos los comienzos están cargados de esperanzas y el comienzo de un nuevo libro de la Torá no es la excepción. Al comienzo del libro de Bamidbar, la esperanza es que la travesía en la que se embarcan los judíos al partir de Egipto los lleve finalmente a la Tierra Prometida. El libro de Vaikrá no documentó ningún movimiento hacia su destino. Durante todo el libro la nación parece estar asentada en un mismo lugar, sin moverse. Ahora volvemos a comenzar. La travesía continúa.

Sin embargo, desde esta perspectiva, el nombre Bamidbar (en el desierto) es inquietante. El desierto es un lugar nefasto, atemorizador. El nombre mismo nos da una razón para sospechar que los eventos que describe el libro están muy lejos de ser exitosos. Quienes ya conocemos el final del libro sabemos que hay progreso y mucho movimiento. Al final del libro llegamos a la frontera de la Tierra Prometida, pero el viaje es mucho más largo y difícil de lo esperado. El camino es indirecto y el pueblo tropieza muchas veces. La Tierra de Israel, aunque está mucho más cerca, continúa fuera de nuestro alcance.

¿Acaso hay algo en el desierto mismo que haga que las cosas sean así? El desierto se menciona muchas veces en los libros anteriores de la Torá, en muchos contextos diferentes, pero una y otra vez, el desierto imparte una sensación de miedo, horror y peligro. El desierto no es un lugar fácil. Allí los recursos básicos necesarios para la existencia humana están seriamente limitados. En la antigüedad, el desierto era sinónimo de muerte. Una travesía masiva por el desierto se hubiera considerado una locura. Quizás el nombre del libro es un presagio, una premonición de que esa travesía no terminaría bien.

¿Por qué, entonces, Dios eligió esa ruta? Moshé explicó el plan y el objetivo de la travesía por el desierto:

Recordarás todo el camino por el que te hizo andar Hashem, tu Dios, te hizo andar durante estos cuarenta años en el desierto, a fin de afligirte para ponerte a prueba, para saber lo que está en tu corazón, si es que guardarás Sus mandamientos o no… No sea que tu corazón se ensoberbezca y olvides a Hashem, tu Dios, que te sacó de la Tierra de Egipto, de casa de esclavos, que te hizo andar por el desierto inmenso y pavoroso, de víboras, víperos ardientes, escorpiones y sed, donde no había agua, y que extrajo para ti agua de la roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con maná que no conocieron tus ancestros, a fin de afligirte y ponerte a prueba, para hacer el bien por ti, en tu final. [Y no] dirás en tu corazón: "Mi fuerza y el poder de mi mano han hecho para mí toda esta riqueza". Sino que recordarás a Hashem tu Dios, pues Él es el que te da el poder para hacer riqueza, a fin de mantener Su pacto que juró a tus ancestros como este día (Devarim 8:2-18).

No se niegan las dificultades del desierto, pero se les brinda una lógica: la travesía por el desierto es una etapa necesaria de desarrollo, cuyo objetivo es poner a prueba el compromiso del pueblo y, como resultado, elevarlos, fortalecerlos y ayudarlos a crear una nueva clase de relación con Dios, una relación basada en la confianza.

El profeta describe la experiencia del desierto en términos románticos:

Ve y proclama en los oídos de Jerusalem, para decir: "Así dijo Dios: Recuerdo en tu favor la devoción de tu juventud, tu amor de novia, cuando me seguiste en el desierto, a una tierra no sembrada" (Irmiahu 2:2).

El Midrash1 retoma este tema y explica el significado más profundo del primer versículo del libro Bamidbar:

Dios le habló a Moshé en el desierto del Sinaí, en la Tienda de la Cita, en el primer [día] del segundo mes del segundo año después de su salida de la Tierra de Egipto (Bamidbar 1:1).

Aunque este versículo parezca trivial, no deja de sorprender la inusual inclusión de la fecha precisa de un evento: el mes, el día del mes y el año. En el libro de Vaikrá prácticamente no encontramos fechas tan precisas. De hecho, desde la mitad del libro de Shemot no hay esta clase de precisiones. El Midrash toma nota de esta particularidad y traza un paralelo con las leyes de escritura de una ketuvá. El contrato matrimonial, más que cualquier otro documento, debe especificar el lugar y la fecha precisa en la que es escrito. Por lo tanto, el Midrash considera que las primeras frases del libro de Bamidbar son una expresión de la floreciente relación entre Dios y el pueblo judío. Esta relación es muy valiosa para Dios y al escribir una ketuvá, Él expresa la seriedad de la relación. Esta ketuvá honra a los hijos de Israel, proclamando que no es un enamoramiento pasajero. El novio, Dios Mismo, consciente del linaje de la novia, que desciende de Abraham, Itzjak y Iaakov, crea un compromiso eterno.

Esta formalización de su compromiso mutuo es la continuación de un romance apasionado: el Éxodo se describe como una fuga hacia el desierto. El novio, un caballero con una armadura brillante, llegó para salvar a la damisela en problemas, que había sido esclavizada y abusada. ¿Daría la novia un inmenso salto de fe, por puro amor, y seguiría a su rescatador hacia lo desconocido, a un lugar sin recursos y sin opciones? Sí. Ella responde: “Te seguiré hasta el fin del mundo, incluso hacia el desierto implacable”. Dios responde escribiendo una ketuvá formal entre Él y Su amada novia, el pueblo de Israel.

La tradición mística2 enseña que en el futuro, cuando se acaben todos los otros méritos, Dios recordará este "acto de amor". Nuestra disposición a seguir a Dios hacia el desierto es la piedra fundamental de nuestra relación, y lo que permite que Dios perdone nuestros errores y mantenga nuestra relación especial a lo largo de la historia.


NOTAS:

1. Bamidbar Rabá 1:5.
2. Tomer Devorá, capítulo 1.