Al final de la parashá de la semana pasada, Moshé ascendió al Monte Sinaí para recibir las Tablas del Testimonio, lo que significa que comenzamos esta parashá con un problema técnico que debemos resolver: ¿Qué tenemos que hacer con un regalo que nos dan del Cielo? ¿En dónde debemos colocar las Tablas que fueron grabadas por Dios? Dios también nos dio la solución a este problema: nos ordenó construir un arca para las Tablas y un edificio para albergar el arca.

Me harán un Mikdash (Santuario) y moraré en ellos. Conforme a lo que te muestro, el diseño del Tabernáculo y el diseño de todos sus utensilios, y así harán. Harán un arca de madera de acacia, de dos codos y medio de longitud, un codo y medio de ancho y un codo y medio de altura… Pondrás dentro del arca el Testimonio que te entregaré (Shemot 25:9-16).

También aprendemos que no se trata simplemente de una solución para un problema de almacenamiento.

Allí fijaré cita contigo y hablaré contigo de encima de la cubierta, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que te ordenaré para los Hijos de Israel (Shemot 25:22).

El Arca del Testimonio no está diseñada meramente para albergar un artefacto que posee el registro de una histórica comunicación Divina. El Arca y su cubierta servirán como conducto para la comunicación constante entre el hombre y Dios, y viceversa.

El Rambán señala la relación entre la Revelación en el Sinaí y el Mishkán y destaca que se los describe con un lenguaje similar. En la parashá de la semana pasada, se describen de esta forma los eventos en el Monte Sinaí:

Cuando Moshé llegó a la cima de la montaña, la nube cubrió la montaña. La gloria de Dios reposó sobre el Monte Sinaí, y este fue cubierto por la nube durante seis días. En el séptimo día, Dios llamó a Moshé desde el medio de la nube y este ascendió hasta la cima de la montaña. Moshé permaneció en la montaña durante cuarenta días y cuarenta noches (Shemot 24:15-18).

En los versículos finales de Shemot, se describe de la misma manera la inauguración del Mishkán:

Moshé concluyó la labor. La nube cubrió la Tienda de la Cita y la gloria de Dios llenó el Mishkán. Moshé no pudo entrar a la Tienda de la Cita, porque la nube se había posado sobre ella y la gloria de Dios llenó el Mishkán (Shemot 40:33-35).

El Rambán sugiere que la similitud del lenguaje señala una conexión temática mucho más profunda e importante: la santidad del Sinaí, donde fueron pronunciados los Diez Mandamientos, se transfirió al Mishkán, donde se almacenaban los Diez Mandamientos. Pero eso no es todo. Además de la "teoría de la conservación de la santidad", aquí hay un mensaje más profundo respecto a que el Mishkán es la continuación de la Revelación en el Sinaí. La Revelación fue un evento único en la historia humana, pero la revelación continuaría. El Mishkán fue creado para facilitar el diálogo constante entre Dios y el hombre, el lenguaje que describe su inauguración deja en claro esta conexión.

Eventualmente, cuando se completó la conquista de la Tierra Prometida, el Mishkán fue reemplazado por el Beit Hamikdash, una versión permanente y fija del Mishkán, donde también se reunía la Corte Suprema (el Sanedrín):

La Corte Suprema se establece en el Mikdash… y la persona más sabia entre ellos (los 71 jueces)… se para en el lugar de Moshé nuestro maestro (Rambam, Sanedrín 1:3).

Al parecer, la Revelación que comenzó en el Sinaí nunca terminó. Las Tablas que daban testimonio de la Revelación estaban en el Arca, pero la Voz de Dios continuó hablándole a Moshé desde el Arca. La autoridad investida a Moshé en virtud de su capacidad para oír la Voz Divina fue transmitida a través de las generaciones (mientras el Templo estuvo de pie) al líder que ocupó el lugar de Moshé: el líder de la Corte Suprema, situada en el Beit Hamikdash. Si bien el momento de la revelación en el Sinaí fue breve, la santidad de ese momento se transfirió primero al Mishkán y luego al Beit Hamikdash en Jerusalem. El camino que se abrió en el Monte Sinaí continuaría abierto.

El Mishkán y el Beit Hamikdash, fueron lugares donde el hombre podía llegar a Dios con plegaria, sacrificio y cánticos. Pero también eran el lugar en el que Dios llegaba al hombre, un lugar de encuentro donde Dios compartía Su sabiduría y Sus enseñanzas Divinas con el hombre. Que tengamos el mérito de ver su reconstrucción prontamente en nuestros días.