“Sara murió en Kiryat Arba, que es Hebrón en la tierra de Canaan. Y Abraham vino a elogiar a Sara y a llorar por ella” (Génesis 23:2)

El rabino Itzjak Karo en su trabajo, Toldot Itzjak, explica que el recuento de la muerte de Sara se sitúa entre el nacimiento de Rivka y el matrimonio de Itzjak para recordarnos que incluso en ocasiones tan alegres como un nacimiento y un casamiento, uno debe recordar el día de la muerte. Es el día de la muerte el que pone a la vida en la perspectiva adecuada. Por eso rompemos una copa en el matrimonio. En parte, para moderar nuestra alegría con el recordatorio de la fragilidad de la vida y de nuestra mortalidad. (Ver Talmud – Brajot 31a y el comentario de Tosafot).

El Midrash interpreta el verso, “Y Dios vio que todo lo que había creado era muy bueno” (Génesis 1:31) – “Bueno” se refiere a la vida: “muy bueno” a la muerte. Recordamos nuestra mortalidad con el objetivo de no amar este mundo demasiado y olvidarnos de nuestro propósito último. (R. Itzjak Ben R. Shlomo en Pirkei Avot 3:1)

Cuando uno se enfrenta con el deseo de pecar, el Talmud (Brajot 5a) nos dice que uno debe despertar a su yetzer hatov para suprimir a su yetzer hará. Si tiene éxito, bien; sino, entonces debe estudiar Torá. Si estudiar Torá es suficiente, bien; sino, debe recitar el Shemá. Si lo logra, bien; sino, debe recordar el día de la muerte.

De este pasaje del Talmud aprendemos que enfocarnos en nuestra propia mortalidad no es algo que no conlleva peligros. De no ser así, ¿por qué no confrontar al yetzer hará inicialmente con pensamientos de muerte?

Hay por lo menos tres formas en las que una preocupación excesiva por la muerte puede tener resultados negativos. Cuando una persona enfrenta repentinamente su propia mortalidad, se puede presentar una reacción de negación que se manifiesta como sentimientos irracionales de poder y habilidad de superar cualquier amenaza. En segundo lugar, la conciencia de la propia mortalidad puede llevar a la desesperación o a sentimientos de que nada en este mundo tiene sentido. Finalmente, los pensamientos de mortalidad pueden llevar a sentimientos de total abandono y a una indulgencia frenética en los placeres físicos – “Come y toma, porque mañana morirás” (Isaías 22:13).

Cada una de las etapas mencionadas por el Talmud está diseñada para contrarrestar estas consecuencias negativas de recordar la propia mortalidad. La llamada a ejercitar el libre albedrío para superar al yetzer hará nos recuerda nuestro limitado control en este mundo. “Todo está en las manos de Dios excepto el temor al Cielo” (Brajot 33b). El reconocimiento de este hecho evita los delirios de dominio y poder.

Estudiar Torá y los mandamientos de Dios – la segunda etapa recomendada por el Talmud para combatir al yetzer hará – nos recuerda el valor de este mundo como el lugar para cumplir la voluntad de Dios y ganar recompensa eterna. Con eso contrarrestamos los sentimientos de desesperación generados al recordar el día de la muerte.

Y finalmente, recitar el Shemá y aceptar el yugo del Cielo nos impide revolcarnos en los placeres terrenales.

Una vez que hemos anticipado todas las consecuencias negativas, podemos utilizar el conocimiento sobre nuestra propia mortalidad positivamente: para recordarnos que el tiempo es limitado, los riesgos son altos, y si no es ahora, cuando. “Arrepiéntete un día antes de tu partida”, aconsejan los Sabios (Pirkei Avot 2:15). En otras palabras, trata cada día como si fuera el último y vívelo con un sentido de urgencia y deseo de asegurar la recompensa eterna. Talmidei Rabeinu Yona (a Brajot 25a) comentan sobre el verso "Nosotros corremos y ellos corren. Nosotros corremos a la vida eterna y ellos corren a la destrucción final”, y explican que uno debe estar constantemente consciente de que está corriendo hacia su destino final y hacer todo lo que puede ahora, para adquirir recompensa eterna.

De esta forma, la conciencia de la muerte puede ser un incentivo estimulante para alcanzar el potencial espiritual en cada momento. Por esta razón, dice el Alter de Kelm, Rav Hamenuna Zuti entretenía a los invitados en una fiesta de matrimonio cantando, “Pobres de nosotros que estamos muriendo; pobres de nosotros que estamos muriendo” (Brajot 31a). Este cántico no era un canto fúnebre, sino un alegre desafío para la nueva pareja de aumentar su verdadera simjá.

Cuando Rabi Akiva vio a sus estudiantes quedándose dormidos durante una clase, los despertó preguntándoles, “¿Qué pensó Ester que hizo que gobernara 127 provincias? Él respondió que ella había reflexionado sobre la vida de Sara, que vivió 127 años” (Midrash – Bereshit Rabba 58:3). Sara vivió 127 años completos, cada momento fue utilizado al máximo. Su vida le dio a Ester el modelo que ella necesitaba para alcanzar su máximo potencial. La misma consideración, expresó Rabi Akiva a sus estudiantes, debiera llevarlos a ustedes a permanecer atentos y a no dormir durante el estudio.

La parashá que relata la muerte de Sara se llama “Jaiei Sara” – la vida de Sara, para enseñarnos que la conciencia de la muerte le da significado e inspiración a nuestras vidas.