No como Abraham que llamó [al Templo] “montaña”, y no como Yitzjak que lo llamó “campo”, sino como Yaacov que lo llamó “casa”. (Talmud – Pesajim 88a)

En el comienzo de Hiljot Beit Habejirá, Maimónides enumera tres funciones del Santo Templo en Jerusalem, el Beit Hamikdash:

(1) ser un Bait laHashem – literalmente, una casa para Dios; (2) ser el lugar donde se ofrecen los sacrificios; y (3) ser el lugar donde el pueblo judío asciende tres veces al año para celebrar las fiestas.

El Beit Hamikdash servía como una montaña (har), un lugar al cual ascender, para mirar hacia arriba, un lugar que inspira a la persona a sentir que está bajo la sombra de la Shejiná, la Presencia Divina. Esa es la función del Beit Hamikdash enfatizada por Abraham: Har Hashem ieraé – “la montaña en la cual se verá a Dios” y en la cual el pueblo judío será observado por Dios. Esto se refiere al primer Beit Hamikdash, donde la Shejiná se revelaba abiertamente, lo cual generaba una profunda impresión a aquellos que se paraban en su sombra.

Yitzjak enfatizó la segunda función del Beit Hamikdash al llamarlo “campo” (sadé), un lugar para el crecimiento y el desarrollo, un ambiente apto para externalizar todas las variadas emociones del hombre y expresarlas en el servicio a Dios. Esa era la esencia del segundo Beit Hamikdash, que carecía de la revelación completa de la Shejiná, pero que aún servía como lugar de rezo y de ofrenda de sacrificios.

Sin embargo, fue Yaacov el que percibió la naturaleza envolvente del Beit Hamikdash y lo llamó la “casa de Dios”. Yaacov conocía claramente el lugar del futuro Mikdash por ser aquel donde sus ancestros rezaron. Es por eso que regresó después de haber pasado por ahí en su camino a Jarán. No obstante, al despertar de su sueño, exclamó:

      “seguramente Dios está en este lugar y yo no lo sabía…Cuán impresionante es este lugar. No es sino la casa de Dios, y esta es la puerta del Cielo” (Génesis 28:16-17)

A pesar de que él conocía este lugar como “montaña” y como “campo”, su aspecto de “casa”, que percibió en ese momento, ensombreció a las dos designaciones anteriores. Esa designación aplica al tercer Beit Hamikdash, que será eterno y que influenciará al mundo entero.

Yaacov percibió este aspecto del Beit Hamikdash cuando estaba listo para descender al exilio, donde sus hijos serían como el polvo de la tierra, pisoteados por todas las naciones del mundo, sin embargo, al mismo tiempo, una fuente de inspiración y bendición para el mundo entero. En el exilio, el concepto de la “casa de Dios” sería encarnado en la casa de rezo, la casa de estudio y el hogar judío. Estas tres preservarían al pueblo judío en el exilio y les permitirían retornar a Israel y recibir la máxima “casa de Dios”, el Tercer Templo.

Para apreciar la función precisa de la “casa de Dios”, debemos entender qué es una casa. Una casa es básicamente cuatro paredes, una puerta y tal vez una ventana. Las cuatro paredes tienen tres funciones. Primero, crean un área interior, un dominio interno y privado, separado del dominio público. El hogar judío debe crear un ambiente de valores y moral judía, un lugar interno sagrado de espiritualidad que sirva como la base de estudio y observancia de la Torá.

Segundo, las paredes forman una separación que envuelve y unifica a todos los individuos que ocupan el área interna. Paz en el hogar (shalom bait) se refiere a la perfecta armonía que genera un hogar, donde cada individuo se siente parte de una unidad que debe funcionar junta – cada uno utilizando sus talentos únicos para lograr una meta común.

Y finalmente, las paredes de la casa sirven como amortiguador contra influencias extrañas destructivas, hostiles a los valores de la Torá.

Una vez que al área interna se le infunde santidad y propósito, entonces, la luz del interior se puede proyectar desde las ventanas y la intensa santidad de ese ambiente hogareño se puede exponer al mundo exterior.

Hay muchas mitzvot que aplican específicamente a la casa. La mitzvá de las velas de Shabat simboliza la santidad que la casa debe generar y la luminosidad de los valores y la ética de la Torá. Además de eso, las velas de Shabat simbolizan la armonía que se produce cuando cada miembro se preocupa de no pisotear a otros en la oscuridad de la ignorancia y el egoísmo.

La Mezuzá y el Maaké (baranda) representan la protección que la casa ofrece ante los peligros físicos y espirituales del mundo exterior. Buscar el Jametz antes de Pesaj nos enseña que debemos revisar cada cierto tiempo para saber si influencias externas han sido exitosas en invadir nuestro hogar, y si es así, debemos retirarlas.

Finalmente, la mitzvá de las velas de Janucá puestas afuera de la puerta o en la ventana simbolizan la influencia que el hogar judío puede tener en el mundo exterior.

Las letras de la palabra bait (casa) aluden en sí mismas a su función. La primera letra, Bet, representa bina, entendimiento – entendimiento de lo que se debe dejar entrar y de lo que debe quedar afuera. Yud es una letra de santidad, pero también representa la unidad de todos los integrantes que se unen para formar una unidad de diez. La yud representa la santidad que impregna la casa cuando todos los individuos se unen en el servicio a Dios como meta común. Y finalmente, la taf es una señal – una señal para el mundo exterior de la influencia del hogar judío sobre el mundo entero.

Es significativo que la parashá que describe el primer exilio de Yaacov se ocupa principalmente de nuestras matriarcas. La mujer es la esencia de la casa (Talmud Shabat 118b). Para sobrevivir en el exilio y prepararnos para el Tercer Templo, debemos fortalecer nuestras casas públicas, shuls y casas de estudio así como nuestros hogares, para que sean un reflejo de las funciones de la futura “casa de Dios”.