“Si lo ofrece como una ofrenda de agradecimiento, entonces debe ofrecer panes ázimos mezclados con aceite, obleas sin levadura untadas con aceite y panes de harina fina escaldada mezcladas con aceite…” (Levítico 7:12)

El Korbán Todá, la ofrenda de agradecimiento, es básicamente una “ofrenda de paz” (shelamim). Pero a diferencia de cualquier otra ofrenda de paz se lleva con cuatro distintos tipos de ofrenda de harina, diez de cada tipo. Tres son tipos de matza y la cuarta es jametz. Adicionalmente, el período de tiempo normal en el cual debe comerse la ofrenda de paz – dos días y una noche – se reduce a un día y una noche para el Todá. Para entender el significado de estas desviaciones de las leyes normales, primero debemos analizar la dinámica del agradecimiento.

El Talmud (Brajot 7b) relata que desde el día en que Dios creó el mundo, nadie le agradeció hasta que Lea lo hizo por el nacimiento de su cuarto hijo Yehuda. A primera vista, esto desafía el entendimiento. ¿Acaso no tuvieron Adam, Noaj, Abraham, Itzjak, Yaacov, Sara, Rivka, y Rajel numerosas razones y oportunidades de agradecer a Dios? ¿Y por qué no agradeció Lea por sus primeros tres hijos?

El Midrash (Bereshit Raba 71:4) aclara sobre este enigma:

Rabí Berajia dijo en nombre de Rabí Levi, “Esto puede compararse a un cohen a quien un individuo le dio una gran cantidad de Terumá y él no agradeció. Y luego se le dio una pequeña medida de granos no consagrados, y él agradeció al donante.

Le dice el primer individuo al cohen: “Yo te di una gran cantidad y no me agradeciste; él te dio una cantidad pequeña y le agradeciste. [¿Por qué?]”.

El cohen responde: “Tú me diste lo que por derecho me pertenece, por lo que no encontré una razón para agradecerte. Él me dio lo que le pertenecía a él y sobre lo que yo no tenía derecho. Por eso le agradecí”.

Así también nuestras matriarcas sabían que Yaacov tendría 12 hijos, y cada una de las cuatro matriarcas esperaba tener 3 [hijos]. Por eso, cuando Lea tuvo el cuarto hijo, ella agradeció a Dios, porque había recibido más que su porción.

El agradecimiento es el reconocimiento de recibir algo no merecido y sentirse comprometido a pagar al que otorga ese algo con gratitud. Mientras uno más siente que la bondad que ha recibido fue de hecho ganada o merecida, menor es la necesidad de demostrar gratitud. Un trabajador no le debe a su jefe un gracias cuando se le paga su sueldo que fue previamente acordado, pero por un bono no esperado un gracias es apropiado.

Desde el momento en el que fue creado el mundo, nadie nunca sintió que la bondad que les daba Dios era totalmente inmerecida. Incluso las personas más grandes pensaron que lo que se les daba era parte del plan de Dios para el mundo y que por eso no era completamente inmerecido. Pero el plan divino se podría haber cumplido de igual manera si el cuarto hijo de Lea hubiera nacido a cualquiera de sus hermanas. Por eso Lea sintió que ese nacimiento era totalmente inmerecido y que requería mucha gratitud.

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Corrigiendo la Situación

El Midrash (Bereshit Rabá 71:5) asocia el agradecimiento de Lea a la confesión de Yehuda de que él era el responsable del embarazo de Tamar. En hebreo, el mismo verbo, lehodot, significa “confesar” y “agradecer”. Confesar que lo que uno ha recibido de Dios es algo totalmente inmerecido es la base del agradecimiento.

Usualmente agradecemos a Dios por la salvación de una desgracia o calamidad. Pero realmente creemos que todo lo que ocurre en este mundo es resultado de la Divina Providencia, entonces es difícil entender por qué agradecemos a Dios por salvarnos de la desgracia, ¡Él mismo causó esa desgracia! ¿Acaso le agradeceríamos a alguien por el pago de nuestros gastos médicos después de haber caído en una trampa que esa misma persona dejó en la vía pública?

La respuesta es que hemos elegido la analogía incorrecta. Consideremos a un cirujano ortopedista que se da cuenta que la manera de caminar de una persona es un síntoma de una rara e incapacitante enfermedad ósea. Esa condición sólo se puede curar si los huesos se rompen y se reensamblan antes de que la enfermedad progrese hasta un punto irreversible. Dándose cuenta de que la forma de caminar de este individuo revela que queda poco tiempo antes de que su condición se haga irreversible, el cirujano toma un palo y rápidamente corre hasta él y le quiebra ambas piernas – y luego procede a reensamblar los huesos y a cuidar al paciente hasta su recuperación total. En esta instancia el cirujano merece las gracias por ambas cosas, por quebrar y por reensamblar sus piernas.

Así también, cuando nosotros nos causamos una enfermedad espiritual a causa de nuestros defectos, Dios nos manda desgracia y calamidad para expiar y corregir la situación. Por eso, nuestra gratitud por la salvación sólo puede ser significativa si incluye una confesión de que la desgracia y calamidad fue también merecida. Un agradecimiento completo y desinhibido requiere tanto una confesión de la justicia de la desgracia, como la confesión de que la salvación fue inmerecida.

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Reconocimiento Público

Hay un último aspecto del agradecimiento que debe considerarse.

Rabí Levi enseñó: Lea comprendió la idea del agradecimiento y todos sus descendientes siguieron el ejemplo. Yehuda confesó y David [dijo], “Alabad a Dios porque Él es bueno y Su bondad perdura eternamente”.

Cuando uno reconoce su propia culpa en traer una enfermedad espiritual sobre sí mismo y la bondad de Dios al salvarlo de la desgracia, sus sentimientos de gratitud se convierten en una lección para que otros reconozcan la bondad de Dios y su participación en los eventos de este mundo.

Decimos en la Amidá:

“te agradeceremos, Dios … y relataremos Tus alabanzas”.

No es suficiente con agradecer a Dios silenciosamente; uno debe relatar su deuda de gratitud a otros:

“voy a sacrificar para Ti una ofrenda de agradecimiento, y gritaré y proclamaré a otros el nombre de Dios” (Salmo 116:17).

Abarbanel explica que el tiempo para comer el Korbán Todá se reduce a un día y una noche precisamente para que sea necesario compartir con otros. De esta forma, la gratitud y la elevación de Dios se hacen públicas.

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Cuatro Panes

Los cuatro tipos de pan del Korbán Todá representan cuatro aspectos del verdadero agradecimiento. El jametz representa el ietzer hará, la confesión de que incluso la desgracia y la calamidad fueron para nuestro beneficio y fueron causadas por nuestros pecados.

La matzá que primero se hierve en agua para que absorba y contenga el aceite, simboliza la habilidad de contener el propio ser y de admitir que lo que uno recibió no fue ganado y que es inmerecido.

La matzá hecha de harina saturada con aceite simboliza los sentimientos de gratitud que permean todo nuestro ser.

Y finalmente, la matzá frita en aceite por afuera, simboliza la responsabilidad de publicitar y compartir con otros la iluminación que uno recibió cuando experimentó la Divina Providencia de Dios.

Hoy, en vez del Korbán Todá, recitamos Birkat HaGomel. Que también refleja todos los cuatro aspectos del agradecimiento:

Hagomel lajayavim tovot (“Dios le da bondad a aquellos que son culpables e inmerecedores”) significa la aceptación de nuestra culpa por la desgracia y la admisión de que la salvación subsiguiente fue inmerecida. Gamalnu kol tov (“Quien nos beneficia con bondad total”) es una expresión del agradecimiento total por la beneficencia inmerecida de Dios.

Esta bendición debe recitarse públicamente en presencia de un minián y aquellos que la escuchan responden:

“Que Aquél que te benefició con bondad total, te beneficie con bondad total para siempre”.