“Recuerda lo que el Señor, tu Dios, le hizo a Miriam en el camino cuando salieron de Egipto”. (Deuteronomio 24:9)

Casi toda la parashá Tazria y la mayoría de la parashá Metzora se relacionan con las intrincadas leyes de tzaraat. El tzaraat afectaba a las personas como consecuencia de haber hablado lashón hará. Se alude a esto en la parashá Ki Tetzé, donde la Torá nos previene para que seamos cuidadosos en relación a las leyes de tzaraat e inmediatamente después recuerda el castigo de Miriam en el desierto, por haber hablado lashón hará sobre su hermano Moshé. Miriam fue inmediatamente afectada con tzaraat y se vio forzada a dejar el campamento por siete días.

Parece paradójico que la Torá eligiera prevenirnos de hablar sobre los errores y defectos de otros, recordándonos sobre el pecado de Miriam.

Durante todo el tiempo que Miriam estuvo afectada, la nación no viajó. Toda la nación la esperó a ella como consecuencia del mérito que ella tenía por haber esperado para ver que sucedía con su hermano de tres meses, Moshé, cuando lo puso en la canasta en el Nilo (Talmud – Sotah 9b). Nuevamente nos preguntamos: ¿Qué beneficio tenía para Miriam que todo el pueblo judío se atrasara por su culpa? ¿Acaso esa espera no destacaba su destierro? ¿Acaso no hubiera sido mejor para Miriam que la nación procediera, sin conciencia de su pecado?

La respuesta es que Miriam no pecó. Sus intenciones al hablar sobre su hermano Moshé eran completamente bien intencionadas, sin ninguna malicia. Ella no pretendía dañar a su querido hermano; y tampoco le causó ningún daño a Moshé ni siquiera malos sentimientos. A pesar de eso, ella fue afectada con tzaraat. Su enfermedad no fue un castigo, sino que el resultado inevitable y natural de lashón hará. Por cuanto que ella no pecó, Moshé no rezó para que fuera perdonada, sino solamente para que se curara.

Plática Devastadora

El mandamiento de recordar a Miriam no la denigra, porque ella no cometió ningún pecado intencional. Pero sí aprendemos de ese acto a recordar el devastador efecto del lashón hará, incluso cuando se dice de forma no intencional y sin malicia. Así como no hace diferencia si alguien traga veneno intencionalmente o sin intención, así también, el lashón hará nos devasta, incluso cuando se dice sin malicia deliberada.

Para enfatizar la devastación intrínseca causada por el lashón hará, debe quedar absolutamente claro que Miriam no pecó y que sus intenciones eran de hecho puras. Miriam exhibió su amor por Moshé cuando esperó ansiosamente para ver qué pasaría con él. La espera del pueblo por ella era un recordatorio de su espera previa y al mismo tiempo, la prueba de que ella había actuado sin malicia hacia Moshé. Tal como escribe Maimónides (Tzaraat 16:10):

…En relación a esto la Torá nos advierte que seamos cuidadosos con el tzaraat y que recordemos lo que Dios le hizo a Miriam, como diciendo: “Contemplen lo que le sucedió a Miriam la Profeta cuando habló en contra de su hermano menor, a quien ella cuidó sobre sus regazo y por quien ella se arriesgó cuando lo salvó del mar y a quien ella no tenía intención de dañar. Ella sólo se equivocó al compararlo a él con otros profetas y (a Moshé) no le importó lo que ella dijo porque (él) era una persona muy humilde – y a pesar de eso (ella) fue inmediatamente castigada con tzaraat”.

Público y Privado

Existían dos aspectos diferentes del Santo Templo que expiaban por el lashón hará. El Talmud (Zevajim 88b) relata que ambos, el incienso y el meil (la prenda del Cohén Gadol de la cual colgaban adornos de campanitas y granadas) expiaban por el lashón hará.

La Gemara explica que el meil expiaba por el lashón hará hablado públicamente y el incienso por el lashón hará “oculto”. Sin embargo, éste último es difícil de entender, dado que aprendemos la habilidad del incienso de expiar por el lashón hará de su uso para detener la plaga que se inició cuando el pueblo culpó a Moshé y a Aarón de las muertes de Koraj y su comitiva. Ese lashón hará fue público.

Tal vez, ahí el Talmud se está refiriendo a dos aspectos del daño causado por lashón hará. De acuerdo a este entendimiento, el lashón hará público se refiere al daño hecho a la persona sobre la que se habló. Lashón hará oculto se refiere al daño espiritual que se causa el que habló lashón hará, la destrucción de su alma.

Entonces, ¿cuál es esa destrucción espiritual que se manifiesta físicamente con el tzaraat? Es la capacidad de hablar la que distingue al hombre de todas las otras criaturas. La facultad de hablar le permite al hombre cumplir con su propósito en el universo. A través del habla el hombre se apega a su Creador al estudiar y enseñar Torá; a través de lo que habla a su Creador en su rezo; a través del habla el hombre cristaliza sus pensamientos, y esto a su vez lleva a la acción, tal como dice (Deuteronomio 30:14) “porque esta mitzvá está cerca de ti en tu boca y en tu corazón para que la hagas”, y finalmente, es el habla el que le permite al hombre comunicarse con otros para unirse en el servicio a Dios.

Cuando el hombre utiliza este poder único del habla para unir al mundo a través del servicio a Dios, él realiza su potencial como la cúspide de la Creación. La palabra hebrea para lengua es lashón, y se relaciona con losh, el proceso de mezclar los sólidos y los líquidos. La lengua toma la esencia interna espiritual del alma y la expresa en el mundo físico – mezclando así lo espiritual y lo físico.

Cuida Tu Lengua

Utilizar la lengua para lashón hará, para degradar, para ensuciar, para causar conflictos y discordia, le quita al hombre la verdadera esencia de su distinción como ser humano al corromper su facultad más elevada. El Talmud de Jerusalem dice que hay tres pecados por los cuales una persona es castigada en este mundo y en el próximo – inmoralidad, asesinato e idolatría – y lashón hará es equivalente a esos tres. Estos tres pecados representan la destrucción del ser físico, emocional y espiritual.

Lashón hará es equivalente a todos ellos. Porque la totalidad del ser humano se destruye al corromper su distinción máxima, el habla. Por eso, uno afectado por lashón hará se profana como un cadáver. Es expulsado de la sociedad y es llorado, porque la esencia de su ser ha sido negada.

En la conclusión de la Amidá pedimos: “Dios mio, preserva mi lengua de la calumnia y mis labios de la mentira”. Después de que hemos utilizado nuestras bocas para comunicarnos con nuestro Creador, podemos apreciar completamente la calamidad inherente que existe al corromper ese mismo maravilloso instrumento al utilizarlo para lashón hará.

Las leyes de pureza después del parto preceden a las leyes de tzaraat. El hombre tiene la habilidad de ser un socio en la Creación, de crear un nuevo ser, o puede tomar su propio cuerpo y despojarlo de su esencia Divina al hablar lashón hará. Ambos extremos están presentes. La decisión es nuestra. El significado literal de las palabras de los sabios es que la vida y la muerte están en manos de la lengua.