“No imites las prácticas de la tierra de Egipto en la que habitas; y no imites las prácticas de la tierra de Canaan a la cual te voy a llevar, y no sigas sus tradiciones” (Levítico 18:3)

El tema común que se trata en las parashiot de Ajarei Mot, Kedoshim y Emor es la santidad del pueblo judío y la necesidad de preservarla y protegerla.

En Ajarei Mot, se nos exige que no nos comportemos de la forma depravada de los egipcios y de los canaanitas (Levítico 18:3). Se pregunta: ¿Por qué nos ordenó la Torá sólo en relación a la depravación extrema de los egipcios y de los canaanitas? Parte de la respuesta aparece en el verso que concluye esta parashá y que la resume:

“Y deben cuidar Mis mandamientos” (Levítico 18:30)

Los Sabios (Talmud – Yevamot 21a) derivan de este verso la necesidad de construir cercas alrededor de la Torá.

Esas cercas incluyen decretos rabínicos generales designados para evitar que una persona transgreda una ley de la Torá y algunas medidas protectoras específicas que cada individuo debe implementar para sí mismo, para protegerse en áreas de vulnerabilidad personal. La Torá, no simplemente nos pide que no llevemos vidas depravadas, sino que también nos advierte que si no implementamos medidas de seguridad para prevenir esa depravación, nos hundiremos hasta el nivel más bajo, el de los egipcios y el de los canaanitas.

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Leyes Rabínicas

Frecuentemente escuchamos a aquellos que no entienden la verdadera naturaleza de la legislación rabínica quejarse de que los Sabios hacen la observancia mucho más difícil, complicando nuestras vidas con prohibiciones y restricciones extras. La siguiente analogía demuestra la falacia de este argumento:

Un grupo de personas se sitúa en la cumbre de una montaña que termina en un acantilado escarpado y una caída de varios miles de metros. Un hombre preocupado del bien común, instala, por iniciativa propia, una cerca de seguridad para prevenir que la gente se aventure demasiado cerca del acantilado y pueda caer inadvertidamente. ¿Acaso alguien se quejaría diciendo que la cerca limita la libertad de movimiento al hacer menos probable que la persona se caiga de la montaña y muera?

Aquel que aprecia la seriedad de transgredir una ley de la Torá – los efectos devastadores de esas transgresiones en nuestra alma, en nuestra vida eterna y en el mundo en general – seguramente se siente más seguro sabiendo que se han erigido cercas de seguridad para que sea más difícil transgredir una ley inadvertidamente.

Por eso, la primera función de las “cercas” rabínicas es prevenir que una persona transgreda prohibiciones de la Torá inadvertidamente. Por ejemplo, la prohibición de mover ciertos objetos asociados con actividades prohibidas en Shabat. El peligro de prender inadvertidamente un fósforo en Shabat se reduce drásticamente si uno nunca toca los fósforos. Igualmente, la prohibición rabínica de atrapar cualquier animal en Shabat, reduce la probabilidad de confundir animales que tenemos permitido capturar de aquellos que no podemos de acuerdo a la ley de la Torá.

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¿Improbable?

A pesar de eso, hay prohibiciones rabínicas que parecen excesivamente improbables como decretos preventivos. Algunas veces, es simplemente porque carecemos de la sensibilidad que poseían los Sabios en relación a la potencia de las fuerzas que pueden llevar a la persona a pecar.

Un congregante una vez me preguntó sobre permitirle a un tío viejo y enfermo quedarse en un apartamento que usualmente ocupaban sus dos hijas adolescentes. Cuando le dije que sus hijas no podían permanecer solas con su tío abuelo por la prohibición de yijud (miembros del género opuesto juntos y solos), él se quejó por lo aparentemente absurdo de la preocupación en este caso.

Me recordaron una historia que involucraba al rabino Elyah Lopian. Un joven estudiante pidió su permiso para ir a la boda de un pariente. El rabino Lopian preguntó si las mujeres iban a estar vestidas en forma recatada. El estudiante respondió que iba a haber personas no religiosas, pero que gracias a Dios, él había alcanzado un nivel donde la forma de vestir no recatada ya no le causaba ninguna impresión.

El rabino Lopian le dio autorización para ir a la boda pero sólo después de que contactara a uno de los amigos cercanos del rabino Lopian. El joven tomó el número de teléfono y regresó unas horas después donde el rabino para decirle que debía haber cometido un error porque el número correspondía a la oficina de un doctor.

“No”, le dijo el rabino Lopian, “no hubo ningún error. Yo soy un hombre ya en mis ochentas, ciego de un ojo, y estas cosas aún me afectan. Pero si no te afectan a ti, entonces temo que algo está mal físicamente contigo y me gustaría que fueras a ver a un doctor”.

Dios nos creó con deseos físicos extremadamente fuertes y poderosos, todos ellos con la intención de ser utilizados para propósitos importantes y sagrados. Pero si no son canalizados adecuadamente, estos deseos pueden llevar a una gran impureza y corrupción.

Reconocer cuan potentes son estas inclinaciones, requiere extremo cuidado y medidas protectoras fuertes. Quejarse sobre la estrictez de las protecciones de los Sabios es como quejarse sobre las vestimentas protectoras de plomo que se usan en una planta nuclear. Si uno entiende cuan peligrosa es la radioactividad, esas medidas protectoras no se ven como excesivas.

Los Sabios tenían una percepción mucho más certera que nosotros en relación al poder de estos deseos. Dudo que haya algún rabino comunitarios que no sepa a partir de su propia experiencia, de personas que confiaban en su habilidad de controlarse sin observar las prescripciones rabínicas y su confianza probó estar fuera de lugar.

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Constructores sociales

Otras veces, las reglas rabínicas funcionan indirectamente, inculcando actitudes que reducen la tentación al pecado. Los Sabios, por ejemplo, prohibieron tomar vino tocado por un no-judío o comer comida cocinada por un no-judío, como un cerco contra los matrimonios mixtos. Superficialmente, parece ridículo que tomar vino en los confines de la propia casa que ha sido tocado por un no judío o comer comida cocinada por gentiles y comprada en una tienda, pudiera de alguna manera hacer más probable que uno se vaya a casar con un no-judío.

Sin embargo, la respuesta falla en relación a comprender el propósito del decreto rabínico, que no fue designado para protegerlo a uno contra el matrimonio mixto con cualquier no-judío, sino para crear una actitud generalizada que es en sí misma una medida protectora. La prohibición de comer comida cocinada por no-judíos y de tomar vino tocado por no-judíos ha creado en forma efectiva una actitud de un abismo absoluto entre judíos y no-judíos. La sola idea de que comida cocinada por un no-judío está prohibida, genera un sentimiento de separación que hace que el pensamiento de un matrimonio mixto sea aún más remoto.

Igualmente, las restricciones rabínicas en relación al jametz en Pesaj han creado una actitud mental que hace extremadamente difícil que uno vaya a tener cualquier contacto con jametz, a pesar de que no es algo de lo cual nos separamos en forma natural.

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Una Nación Santa

Existe otro aspecto de la legislación rabínica. La Torá nos ordena ser una nación de sacerdotes, una nación santa. Un aura de santidad debe rodearnos, no sólo la ausencia de pecado externo. Es cierto, estar sola con el viejo tío enfermo puede no llevar a la inmoralidad, pero permitir una situación donde la inmoralidad es incluso una posibilidad remota no es “santidad”. La santidad exige que uno se aleje totalmente de cualquier cosa que pueda asociarse con indecencia. Los cercos rabínicos nos resguardan en un ambiente que refleja santidad y dejan afuera todo lo que da paso a la infelicidad.

Por eso, la observancia de las prohibiciones rabínicas refleja nuestra santidad incluso más que la observancia de las prohibiciones de la Torá. Rabeinu Yona (en su comentario a Pirkei Avot 1:1) escribe:

Construir cercas a las mitzvot de la Torá es algo muy grande y digno de alabanza, para que aquel que teme y respeta la palabra de Dios no tropiece y transgreda una mitzvá. Alguien que observa las leyes rabínicas que forman un cerco alrededor de la Torá, demuestra mayor temor a Dios que aquél que cumple la mitzvá misma. La realización de la mitzvá no implica temor y respeto en la misma medida que la observancia de los cercos de aquel que es cuidadoso de ni siquiera acercarse a una transgresión inadvertida.

Por eso los cercos rabínicos, además de protegernos de las transgresiones inadvertidas, crean una actitud de temor a Dios y un ambiente de santidad que mejora la realización de todas y cada una de las mitzvot.