Todos los días de su abstinencia, él es santo para Dios” (Números 6:8)

El Cohen deberá tomar uno [de los pichones] como una ofrenda de pecado y otro como ofrenda de elevación, y él traerá expiación sobre él por haber pecado sobre su persona; y él deberá santificar su cabeza en ese día.” (Números 6:11).

El nazir que se compromete a no tomar vino se eleva a un nivel de santidad similar al del Cohen Gadol (Sumo Sacerdote). Tal como el Cohen Gadol, al nazir se le prohíbe profanarse a través del contacto con los muertos – incluso con sus parientes más cercanos – y la Torá describe su pelo, el cual debe dejar crecer, como santificado.

Sin embargo, este mismo nazir debe llevar un korbán jatat – una ofrenda de pecado – cuando termina con su promesa. El Talmud explica que su sacrificio es para expiar por el pecado de haberse prohibido a sí mismo el placer del vino. De esta forma, el mismo voto que lo eleva a un nivel de santidad también le causa ser enjuiciado como pecador. ¿Por qué?

“Todo lo que el Santo, Bendito Sea, creó en Su mundo, lo creó sólo para Su gloria” (Avot 6:11)

Dios creó el mundo para que el hombre lo utilice en su servicio a Dios, no para alejarse de él. Cada aspecto de la creación puede y debe ser utilizada para ayudar a la persona a entender y a acercarse a su Creador.

La visión de la Torá sobre el mundo físico es diametralmente opuesta a ciertos puntos del cristianismo que enseñan que el mundo material es inherentemente malo y que cualquier placer del mundo físico se permite sólo como el menor de dos males. El único sacrificio que un no judío puede ofrecer es una olá, que se consume completamente. La santidad es (frecuentemente) entendida por las naciones del mundo como una negación del mundo material.

En contraste, el sacrificio más importante de los judíos es el shelamim (literalmente una ofrenda perfecta y armoniosa), donde sólo una pequeña porción de la ofrenda se quema en el altar, mientras que la mayoría de la ofrenda es consumida por la persona que llevó el sacrificio y por el Cohen que lo ofreció.

Mi Rosh Ieshivá, el rabino Mordejai Gifter, explicó el versículo, “Sean santos, porque Yo, Hashem, soy santo” (Levítico 19:2), como queriendo decir que así como Dios está íntimamente involucrado en cada aspecto del mundo físico – dado que sólo Su voluntad permite que en cada momento cualquier cosa exista – así también, nosotros debemos tener contacto con todo el mundo físico. Pero nuestra participación debe imitar a la de Dios; debemos elevar y santificar lo físico y no dejar que lo físico nos arrastre al materialismo carente de espiritualidad.

En el Mundo Venidero, se nos criticará por todas las cosas de este mundo que podríamos haber disfrutado y elevado y que finalmente no aprovechamos. Cada año hacemos una bendición sobre el florecimiento de los árboles frutales para recordarnos que Dios hizo creaciones buenas y beneficiosas para el goce del hombre.

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El Fruto del Vino

El vino prohibido para el nazir puede realzar realmente el cumplimiento de varias mitzvot y de ocasiones alegres al ayudarnos a expresar nuestros sentimientos más internos. Sin embargo, cuando está separado de las mitzvot y se utiliza como un fin en sí mismo, degrada a la persona al robarle su posesión más preciada, su mente. Por eso, alguien que “ve a una sotá (mujer sospechosa de adulterio) en su desgracia”, es decir, siendo avergonzada por haber abusado del vino, y reconoce una debilidad similar en sí mismo, debe hacer un voto de abstinencia de vino por un período de tiempo para controlar su debilidad.

Reconocer las propias debilidades y elegir la abstinencia sobre el abuso hace que uno sea santo. Pero no vaya a ser que el nazir pierda de vista el ideal, la Torá le recuerda que él es de todas maneras un pecador. Él no ha logrado aún la meta de la vida de elevar todo el mundo físico. Si él estuviera en ese nivel, no tendría que abstenerse del vino, sino que por el contrario, lo utilizaría para su crecimiento espiritual. Por eso, el mismo voto que lo hace santo es a su vez, una concesión del verdadero ideal.

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Lecciones de Pelo

En este contexto, podemos entender mejor el requerimiento de que el nazir debe dejar crecer su pelo. El pelo corresponde a las conexiones espirituales que unen a la persona a su esencia espiritual. Cuando el pelo está ordenado, los mundos físicos y espirituales están de acuerdo. Tanto al rey como a los cohanim se les pedía que se cortaran el pelo regularmente como una señal del vínculo al mundo espiritual que es necesario para cumplir apropiadamente su exaltada posición de autoridad.

Un nazir debe dejar crecer su pelo para demostrar el cortocircuito que produce su abstinencia. Al final de su lección de autocontrol, él se rasura su pelo para demostrar un nuevo comienzo, una reorganización total y una renovación de los vínculos físico-espirituales. Luego el pelo se quema debajo de una olla donde sus ofrendas de shelamim se cocinan para demostrar esta nueva armonía encontrada.

En este contexto, la Torá afirma, “y luego (de este proceso) el nazir puede tomar vino” (Números 6:20). Este versículo es problemático, dado que después de que terminó el proceso él ya no es nazir. Sin embargo, la Torá nos está diciendo que el propósito de su nezirut no era la abstinencia en sí misma, sino que era una lección sobre cómo tomar apropiadamente vino después de que el período termina. Por eso, la meta de la nezirut es tomar vino como un nazir, como una persona santificada y elevada.