Dios le dijo a Bilam: "¡No irás con ellos! No maldecirás al pueblo, porque es bendito" (Números 22:12).

El Ibn Ezra pregunta por qué Dios no le permitió a Bilam maldecir al pueblo judío, siendo que Él tranquilamente hubiese podido protegerlos de los efectos de cualquier maldición. Y responde que Dios sabía que el pueblo judío pecaría pronto con Báal Peor, y si Bilam hubiese maldecido a los judíos, el mundo hubiera atribuido la plaga subsiguiente, que mató a 22.000 judíos, a su maldición. Por respeto al honor del pueblo judío, Dios evitó que fuese dicha cualquier maldición.

A primera vista, esta explicación es difícil de comprender. ¿Por qué era más honorable para el pueblo judío que el mundo atribuyera aquella tragedia a su inmoralidad en lugar de atribuirla a la maldición de Bilam? Para obtener un entendimiento completo de las palabras de Ibn Ezra, debemos primero entender la esencia del pueblo judío.

Rashi comenta en el versículo "Dios no ve iniquidad en Iaakov" (Números 23:21) que "incluso cuando pecan, Él no es severo con ellos". El comentario de Rashi pareciera contradecir el principio de la retribución justa y precisa de Dios. Como nos dicen los Sabios: "A quien opine que Dios hace vista gorda de los pecados, se hará vista gorda de sus órganos internos (es decir, le fallarán)" (Shekalim 14a).

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Chispa Intrínseca de Divinidad

El Midrash Rabá comenta sobre el mismo versículo que "Él no mira sus pecados, sino su majestuosidad". La idea del Midrash es que la esencia del judío es pura y buena, y su alma es parte del alma colectiva del pueblo judío. Como un grupo, los judíos son tzadikim, como dice el versículo: "Tu nación es totalmente recta". El corolario de esto es que todos los judíos tienen automáticamente una porción en el Mundo Venidero gracias a su conexión con la pureza y santidad de su alma colectiva. Este es el "píntele yid", la chispa de divinidad que forma la esencia de todo judío.

Es debido a la creencia en esta esencia inasequible que cuando un judío es forzado a cumplir con la halajá, el acto subsecuente es considerado como voluntario, ya que todo judío desea realmente hacer la voluntad de Dios. Y mientras la expresión positiva de aquel deseo de cumplir con la halajá no se haga evidente, consideraremos que es su iétzer hará el que está oprimiendo su voluntad interior. Y por tanto, es el iétzer hará el que es literalmente golpeado, dejando de esta forma que su verdadera voluntad quede libre para salir a la superficie y expresarse.

Todo el tiempo que una persona no haya cortado sus lazos con el pueblo judío alejándose voluntariamente de la comunidad de forma física o espiritual, él personificará esta esencia pura e inasequible. Por lo tanto, el pecado no puede contaminar la esencia de un judío; a eso se refieren tanto Rashi como el Midrash. Dios nunca ve al pecado como una expresión de la esencia de un judío, y por lo tanto, cualquier castigo tendrá por objetivo solamente eliminar las barreras que ese pecado generó sobre aquella esencia (tanto el Or HaJaim HaKadosh como el Ktav Sofer explican las palabras de Rashi de esta forma).

De acuerdo a la misma lógica, Rashi explica el versículo "¿Puedo maldecir lo que Dios Mismo no ha maldecido?" (Números 23:8). Incluso cuando un judío merece ser maldecido, como cuando Yaakov maldijo la furia de Shimón y Leví, no son ellos los maldecidos, sino su furia. La esencia del pueblo judío no puede ser difamada; sólo sus acciones externas requieren corrección, expiación y purificación.

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Criticando Acciones

Rabí Shalom Ostraj, autor de Midrashei HaTorá, dice que el pecado de Moshé en Mei Merivá fue llamar rebelde al pueblo judío. Moshé debería haber reprendido sus acciones; pero el haberlos descrito como “rebeldes” le hizo merecedor de la reprensión divina: "No creíste en Mí, tuviste poca fe en Mí para santificarme" (Números 20:12). Referirse al pueblo judío de manera negativa es una falta de fe en Dios, porque Él nos ha elegido y juró no abandonarnos jamás. Esa promesa se basa en la pureza eterna del pueblo judío; quien pone esa esencia en duda, incluso Moshé, es culpable de falta de fe en Dios.

Similarmente encontramos que Isaías fue criticado por referirse al pueblo judío como "una nación de labios impuros". Debido a este pecado eventualmente encontró su muerte (Talmud Yevamot 49b).

El Midrash (Yalkut Shimoni, Melajim 218) relata que Eliahu el Profeta se exasperó con la conducta de su generación y corrió en el desierto hasta el Monte Sinaí. Allí, Dios lo confrontó preguntándole: "¿Qué estás haciendo aquí, Eliahu?".

Según el Midrash, Eliahu debería haber respondido: "Dios, estoy aquí por Tus hijos, los descendientes de Abraham, Itzjak y Yaakov, quienes hacen Tu voluntad en el mundo". En cambio, dijo: "Soy un fanático, celoso por el honor de Dios, y el pueblo ha transgredido Tu pacto".

En ese punto, Dios le dijo a Eliahu: "Cuando descendí para darle la Torá al pueblo judío, sólo los ángeles que deseaban el beneficio de los judíos descendieron conmigo". Dios le dio a Eliahu tres horas para meditar sobre la idea, pero Eliahu siguió manteniendo su fanatismo inicial. Finalmente, Dios le dijo: "Eres siempre celoso. Fuiste celoso en Shitim en contra de la inmoralidad y eres celoso ahora. Por tu vida, ningún judío hará nunca un brit milá sin que estés presente y lo atestigües con tus propios ojos. De esta manera, podrás comprobar que ellos no han abandonado Mi pacto". Con eso, se le ordenó a Eliahu que le cediera su liderazgo a Elisha y que ascendiera al cielo con vida.

La crítica de Dios a Eliahu está contenida en las palabras: "¿Por qué estás aquí, Eliahu?". Si realmente el pueblo judío había pecado, dice Dios, de todas formas en esencia no son tan degenerados como para que los abandones. Ve a ellos, critícalos. Su condición no es irremediable; pueden ser influenciados y su deseo verdadero de seguir Mis mandamientos saldrá a la luz y se dejará ver.

En Shitim, Eliahu también fue celoso por Dios, pero con una diferencia. Allí actuó "entremedio del pueblo judío". Su celo fue motivado por un respeto hacia ellos. Sin embargo, aquí reflejó un disgusto por el pueblo judío, y por lo tanto Dios decretó que Eliahu debía atestiguar todo brit. El brit demuestra que la esencia de todo judío es pura y sagrada de nacimiento, y por lo tanto adecuada para entrar al pacto con Dios. Ese convenio es inmutable e impermeable a las manchas de cualquier pecado periférico.

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Bondad Esencial

Ahora, el comentario de Ibn Ezra es fácilmente entendible. Para que una maldición tenga efecto, debe haber una falla en la esencia de quien es maldecido. Por lo tanto, Dios evitó que Bilam dijera la maldición.

Incluso los individuos puros y sagrados pueden, en ocasiones, cometer pecados; incluso pecados serios, que demanden severas medidas correctivas. Pero los pecados siguen siendo periféricos y no afectan la esencia y la base del pueblo judío.

Toda crítica – a un compañero judío o a uno mismo – debería reflejar esta conciencia de la bondad esencial de un judío. El Alshij explica el versículo "No critiques a un burlón, no sea que te odie; en cambio critica al sabio y te amará" de la siguiente manera: No te dirijas al aspecto negativo en tu vecino, sino al sabio – su naturaleza esencial – y contrasta sus pecados con su esencia elevada. La motivación para la crítica debe emanar de una apreciación del potencial de todo judío para ser recto; es sólo bajo esta luz que sus acciones negativas pueden ser condenadas.

Lo mismo ocurre con la autocrítica. Cuando confesamos nuestros pecados decimos: "Nos hemos desviado de Tus mandamientos y de tus leyes sagradas, y no es digno de nosotros hacer algo así". Nunca debemos perder de vista nuestra santidad inherente ni denigrar nuestro potencial innato para el bien: "No seas malvado frente a ti mismo" (Avot 2:18).