"Si un hombre tiene un hijo descarriado y rebelde, que no escucha la voz de su padre ni la de su madre, y ellos lo disciplinaron pero él no les obedece, entonces su padre y su madre lo agarrarán y lo llevarán ante los ancianos de su ciudad al portal de su lugar. Ellos dirán a los ancianos de su ciudad: 'Este hijo nuestro es descarriado y rebelde, no escucha nuestra voz, es glotón y bebedor'" (Deuteronomio 21:18-20).

El Talmud (Sanedrín 71a) dice que nunca hubo un hijo rebelde que haya sido ejecutado por la corte. El tema fue registrado en la Torá sólo para estudiarlo y para recibir recompensa por ello. Pero incluso si nunca hubo un hijo rebelde, podemos aprender mucho sobre educación si realizamos un cuidadoso estudio de la descripción de la Torá del hijo rebelde. Analizando los factores que ayudan a criar un hijo tan descarriado que es un acto de bondad matarlo mientras aún es joven y no ha cometido todos los atroces crímenes que cometería en la adultez, podemos aprender a hacer lo opuesto con nuestros hijos.

Debe ser claro desde el principio que no hay reglas a prueba de balas para la educación que apliquen a todos los niños en todos los momentos. Reshit Jojmá cita un Midrash que dice que es más fácil cultivar una legión de olivos en Galilea – donde el suelo y el clima no son favorables para cultivarlos – que criar un niño en la Tierra de Israel, a pesar de que Israel es conducente a una educación adecuada, dado que la atmósfera misma ayuda a imbuir sabiduría y santidad.

Los niños no son objetos que pueden ser moldeados a voluntad, sino seres humanos que tienen su propio libre albedrío y pueden rechazar, si así lo eligen, hasta la mejor educación. Lo más alto a lo que puede aspirar un padre – como señala el Jidushei HaRim respecto a todo aprendizaje – es a poner las palabras de la Torá sobre el corazón del niño para que, cuando el corazón se abra, la Torá que hay en él se sumerja en el corazón receptivo.

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Raíces Fuertes

La ley del hijo rebelde es aplicable sólo cuando el niño tiene trece años y por los tres meses subsiguientes, es decir, al principio de su adultez. Esto señala la importancia de una buena base en la educación de los niños –que la educación temprana forma la base de la experiencia del niño y por lo tanto es la raíz y los cimientos de su vida.

Avot de Rabí Natán explica el Midrash (Avot 4:25): "Quien estudia Torá de niño, ¿a qué puede ser comparado? A tinta escrita sobre papel nuevo". Al igual que la tinta es rápidamente absorbida por el papel nuevo, la Torá aprendida de joven permea el carácter mismo del niño.

Alshij explica el mandato (Proverbios 22:6): "Educa al joven de acuerdo a su camino", como una advertencia para ponerlo en el camino adecuado antes de que él desarrolle su propio camino equivocado. El buen comienzo es crucial, porque forma la raíz, y todo defecto en la raíz se manifestará exponencialmente en el crecimiento resultante. Sin embargo, una raíz fuerte asegura una planta sana.

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Siguiendo Instrucciones

La Torá describe al hijo rebelde como quien no escucha la voz (kol) de su padre y su madre. El Maharal señala que kol denota “voz” o “ruido”, algo no necesariamente comprensible. El hijo rebelde escucha a sus padres cuando sus palabras le son entendibles, pero cuando encuentra que las directivas no tienen sentido, las ignora.

Un niño debe aprender a aceptar las instrucciones de sus padres y a confiar en sus deseos y capacidades para guiarlo por el buen camino, a pesar de que puede no entender la sabiduría de sus directivas. Y si bien un padre debería tratar de explicarle al niño las razones de sus directivas e instrucciones, hay que enseñarle al niño que, al final, debe aceptar la autoridad del padre tanto si las entiende como si no.

El Talmud aprende de la frase: "no escucha nuestras voces", que para ser considerado un hijo rebelde ambos padres deben tener voces similares. La guía de ambos padres debe reflejar los mismos valores, y ambos padres deben ser consistentes en su instrucción. Si los padres no hablan con una sola voz, su hijo no puede ser considerado rebelde, porque la culpa de su comportamiento rebelde no es sólo suya.

Más aún, los padres deben señalar a su hijo y decir: "Este hijo nuestro". Si los padres son ciegos y, por lo tanto, son incapaces de señalarlo, el hijo no puede ser considerado rebelde. El requisito de que los padres puedan ver apunta a la necesidad de los padres de ver a cada niño como un individuo con talentos y necesidades únicas, que debe ser educado de acuerdo a su personalidad particular. Si los padres son ciegos ante la individualidad de sus hijos y lo educan de acuerdo a una fórmula predeterminada, el niño tampoco puede ser el único culpable.

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Estatus Espiritual

Para ser clasificado como rebelde, el hijo debe robar dinero de sus padres y comer y beber como un glotón. Esta conducta muestra, dice Ibn Ezra, una perspectiva distorsionada. El glotón convierte los placeres de este mundo en su único objetivo, en lugar de ver este mundo como el lugar para prepararse para la eterna vida espiritual. Puede que la carne y el vino que consumió hayan sido perfectamente casher; sin embargo, no alcanza con enseñarle a un hijo que sólo puede comer comida casher, también debe entender por qué, para que no se convierta en un judío “en forma” pero no “en esencia”.

El Talmud explica que el hijo rebelde es condenado a muerte porque, si se le permite continuar en el mismo camino, eventualmente se convertirá en un ladrón y asesino. Se lo mata por su propio bien, para que no pierda su porción en el Mundo Venidero.

De esto aprendemos la lección más importante para la educación de los hijos. Un padre debe enfocarse en el alma de su hijo y en su estatus eterno, incluso con más intensidad que en su bienestar físico. ¿A qué padre se le ocurriría exponer a su hijo incluso a una pequeñísima enfermedad contagiosa? Cuanto más debería entonces un padre proteger a su hijo de un entorno que pueda ejercer influencias espirituales negativas. Si nos preocupamos por la capacidad de nuestro hijo para ganarse la vida, cuanto más deberíamos preocuparnos para que crezca para ser un judío exitoso.

En el mes de Elul deberíamos recordar que no hay mérito más grande para el Día del Juicio que haber criado a un niño como corresponde. El Zohar enseña que cuando un individuo aparece ante la Corte Celestial, después de 120 años, Dios le pregunta si educó a sus hijos bien. Si la respuesta es afirmativa, Dios se niega a aceptar más testimonios en su contra, porque el mérito de haber guiado a sus hijos por el camino correcto eclipsa todo lo demás.

Que aprendamos las profundas lecciones contenidas en la discusión de la Torá sobre el hijo rebelde, para que ameritemos criar hijos que se ocupen exclusivamente de la Torá y de sus mitzvot.