“Y Yaakov estaba muy asustado y estresado” (Génesis 32:7)

Rashi comenta que Yaakov estaba “asustado” de que él u otros miembros de su familia fueran asesinados y que estaba “estresado” debido a que podría ser forzado a matar a otros. El rabino Moshe Feinstein pregunta: ¿Por qué estaba Yaakov estresado de que pudiera ser puesto en la situación de tener que matar a Esav o a uno de sus 400 malvados acompañantes? ¿No era acaso ésta, una oportunidad de liberar al mundo de la maldad – una razón de alegría, no de estrés?

El rabino Feinstein responde con las palabras de Beruria a su esposo, Rabí Meir (Talmud – Brajot 10a): “Mejor rezar para que los criminales se arrepientan que rezar para que los malvados mueran”. Yaakov estaba estresado de que tendría que matar para erradicar el mal del mundo.

Hay un peligro inherente al utilizar métodos que se asocian normalmente con valores negativos, para lograr metas deseables. El clásico ejemplo es el “pecado que se realiza en nombre del Cielo”, sobre el cual el Talmud (Nazir 10b) dice que es igual a una mitzvá que se realiza con segundas intenciones. El Gaón del Vilna pregunta, si es así, ¿por qué los Sabios aconsejan que uno se involucre en la observancia de las mitzvot a pesar de tener segundas intenciones, y no que se dedique a realizar pecados nobles?

Él responde que aún cuando el resultado en ambos casos es el mismo, hacer mitzvot sin la intención adecuada, por lo menos condiciona a una persona a realizar la mitzvá y eventualmente va a cumplir la mitzvá con la intención apropiada. Por otra parte, actuar de una forma que normalmente es pecado, pero que se transforma en una mitzvá por la intención con la que fue realizada, condiciona a la persona a cometer un acto pecaminoso. Y la próxima vez que la acción se realice puede ser sin la intención adecuada y seguir siendo un pecado de ahí en adelante.

Por esta razón, inmediatamente después de que la Torá nos ordena destruir una ciudad en la cual la mayoría de los habitantes han sido seducidos a cometer idolatría, Dios dice que nos dará la cualidad de la misericordia (Deuteronomio 13:18). Dado que cumplir esta mitzvá puede condicionar a la persona a ser cruel y despiadada - explica el Jafetz Jaim - Dios prometió una bendición especial para contrarrestar sus efectos.

El Midrash relata que Yehuda tenía en mente pasar rápidamente por el lado de Tamar cuando ella se paró en el cruce de carreteras disfrazada de prostituta. Pero Dios se dijo a Sí mismo, por así decir, si pasas de largo, ¿de dónde van a venir los futuros reyes y profetas? ¿De dónde va a venir el Mashiaj? Luego Dios mandó un ángel de deseo para forzar a Yehuda a enfrentar a Tamar. El Midrash termina diciendo que esto fue hecho contra la voluntad de Yehuda y no para su beneficio.

La pregunta obvia es, si el propósito de Dios era producir reyes, profetas y finalmente al Mashiaj mismo, ¿cómo puede ser que esta acción se describa como “no para su beneficio”? La respuesta ahora es clara. La conducta indeseable presentó una amenaza continua de que Yehuda se acostumbrara a esas acciones.

Una persona es castigada por lograr un resultado deseado si éste podría haber sido alcanzado de una forma que produjera menos dolor o molestias a otros. Al tomar la bendición de Esav, Yaakov causó que Esav llorara un gran y amargo clamor. Y ese clamor encontró su paralelo, cientos de años después, cuando el descendiente de Esav, Hamán, hizo que Mordejai dejara escapar un gran y amargo clamor.

Similarmente, Yaakov castigó a Shimon y a Levi por utilizar métodos robados de Esav – asesinato y engaño – para lograr el rescate de Dina. Parte del remedio para esta mancha que dejaron sus actos fue que los descendientes de Levi se convirtieron en profesores de niños pequeños.

Levi cometió el error de pensar que “el fin justifica los medios”. En la educación de los niños, lo contrario es cierto. Cuando enseñamos a un niño a hacer mitzvot no nos preocupamos por el fin, la mitzvá, ya que las acciones de un niño no son en sí mismas mitzvot, sino que nos preocupamos por los medios, la realización de acciones de mitzvot. Estas “acciones” que un padre debe enseñarle a su hijo, condicionan al niño a funcionar de una forma similar cuando madura. Por eso la mitzvá de jinuj banim (educar a los hijos) es la antítesis de esta ideología equivocada de que “el fin justifica los medios”.

Más allá de eso, si uno utiliza medios inapropiados para alcanzar una mitzvá, será castigado si sus intenciones no son completamente puras. Dado que la acción misma es un pecado – y sólo la intención de la persona la transforma en una mitzvá – cuando esa intención falta, la acción se revierte a su estatus original. Por eso, cuando Pinjas mató a Zimri y a Kozbi por profanar el nombre de Dios, Dios mismo tuvo que testificar que las intenciones de Pinjas eran puras, para responder a la queja de las tribus de que era un asesino. Si sus intenciones hubieran estado manchadas, él, de hecho, habría sido un asesino.

El comentarista Sforno (Levítico 24:23) señala que incluso cuando un criminal es ejecutado, la pena debe ser infligida sólo para cumplir con una orden de Dios, y no por ningún tipo de deseo personal de venganza. El rey judío Jehu perdió toda su recompensa por exterminar la casa de Ajav porque posteriormente él también fue idólatra, demostrando así que sus motivos no eran puros. Dado que él no estaba motivado por el disgusto en contra de la idolatría, él no era nada más que un asesino común.

En el rezo de la Amida nosotros invocamos la maldición de Dios a los herejes y a los delatores en la bendición de “velamalshinim”. En el momento en que se agregó esta bendición debido a la persecución física y espiritual que los judíos sufrían en manos de los malvados, Shmuel Hakatán fue elegido para componerla, el mismo Shmuel Hakatán dijo, “Cuando tus enemigos caen, no te alegres” (Pirkei Avot 4:24). A pesar de que él no hizo nada más que citar un verso en Proverbios, la afirmación de Shmuel Hakatán se registra en Pirkei Avot porque él la vivió. Todo su ser y su conducta proclamaban ese verso. Sólo alguien con esa pureza de sentimientos hacia sus enemigos podía componer un rezo llamando a su destrucción.

La bendición contra los malhechores fue instituida en la ciudad israelí de Yavne, escribe el rabino Yaakov Emden, y su nombre sugiere vino, especias, luz y la bendición de havdalá. Uno primero debe tratar de acercar al pecador con alegría y goce y ayudarlo a sentir el sabor placentero de la Torá y su iluminación. Sólo cuando todo esto falla, debemos separarlo completamente. Él debe utilizar especias para garantizar que sus acciones tendrán un aroma placentero y que no causarán un mal olor. La forma de hacer eso es a través de la iluminación con la luz de la vela. En vez de atacar la oscuridad, uno debe transformarla en luz.

El rabino Jaim Brisker destacó que hay dos tipos de fanáticos – uno digno de alabanza y otro no. Se pueden comparar a un ama de casa y a un gato. El ama de casa y el gato quieren liberar a la casa de los ratones. Sólo hay una diferencia: el ama de casa espera que nunca haya otro ratón que eliminar; el gato tiene esperanza de que hayan muchos más.

Antes de ser fanáticos en atacar el mal del mundo, debemos asegurarnos que estamos actuando como amas de casa y no como gatos, para que seamos merecedores de atraer - a través de nuestros caminos placenteros - a nuestros alejados hermanos a la Torá y a las Mitzvot.