Y Reubén salió en los días de la cosecha del trigo y halló jazmines en el campo, y los trajo a su madre Lea. Entonces Rajel dijo a Lea: “Te ruego que me des los jazmines de tu hijo”. Ella [Lea] le dijo: “¿¡Se te hace poco haber tomado a mi marido que ahora quieres tomar también los jazmines de mi hijo!?””. (Génesis 30:14-15)

Pregunta:

¿Qué tienen de especiales los jazmines que Rajel quiso tomarlos de Lea? Y además, ¿por qué Lea acusó a Rajel de haber tomado a su marido?, ¡en realidad fue todo lo contrario! Yaakov quería casarse con Rajel y Labán lo engañó entregándole a Lea a cambio, es decir, ¡Lea tomó el marido de Rajel realmente! Y no sólo eso, sino que Rajel estuvo dispuesta a compartir con Lea las señales secretas que había ideado junto con Yaakov para que Labán no los engañara debajo de la jupá, todo esto para no avergonzar a su hermana en público (Talmud Babli, Baba Batra 123a). ¿Cómo es posible entonces que Lea acuse ahora a Rajel de haber tomado a su marido?

Respuesta:

Los comentaristas (ver Sforno, Ohr HaJaim) explican que los jazmines a los cuales se refiere la Torá en este relato eran una especie de flor o arbusto de muy buena fragancia que servía para solucionar problemas de infertilidad.

En este caso en particular, como Reubén notó que su madre Lea estaba triste y deprimida porque ya no podía concebir, él fue al campo y recolectó estos jazmines para dárselos a su madre.

Cuando Rajel vio los jazmines, de inmediato le rogó que por favor se los diera, ya que ella aún no había podido concebir un hijo para Yaakov. Ante esta petición Lea respondió: “¿¡Se te hace poco haber tomado a mi marido que ahora quieres tomar también los jazmines de mi hijo!?” (Génesis 2:18).

Tenemos que entender, dentro de este contexto, por qué Lea respondió de esta manera.

Está escrito en el Midrash (Bereshit Rabá 98:4) que si bien Yaakov tenía dos esposas, él había establecido su morada permanente en la carpa de Rajel, lo cual no era la práctica más común, ya que él debería haber repartido equitativamente su tiempo entre sus dos mujeres.

Ahora bien, más allá del problema familiar o emocional que esto puede haber generado, uno de los problemas prácticos de que Yaakov no haya compartido su tiempo equitativamente entre sus dos mujeres, era que Lea, quien quería concebir otro hijo para Yaakov, sentía que tenía menos posibilidades de hacerlo, ya que Yaakov estaba la mayoría de su tiempo con Rajel, y esto tenía muy deprimida a Lea.

Es por eso que cuando Reubén trajo los jazmines, Lea pensó que estos jazmines podrían solucionar su problema y podrían ayudarla a concebir, a pesar de que Yaakov sólo estaba con ella esporádicamente.

Dentro de este contexto podemos entender por qué Lea se enojó con Rajel cuando ésta le pidió los jazmines.

Lea le dijo “no te basta con haberme quitado la posibilidad de estar con Yaakov, además de eso quieres quitarme los jazmines”.

Ante esto Rajel le respondió “no te preocupes, a cambio de los jazmines, Yaakov estará contigo esta noche”.

Asombrosamente, el profundo deseo de Lea de aumentar el número de tribus fue escuchado por Dios aquella noche (ver Rashi, Génesis 30:17), y Lea pudo concebir un quinto hijo para Yaakov.

Podemos aprender de aquí que a pesar de que finalmente Lea no utilizó los jazmines, y a pesar de que Yaakov estuvo con ella sólo una noche, por cuanto que las intenciones de Lea eran puras, eso fue suficiente para que Dios la escuchara y cumpliera sus deseos.

Nada se interpone ante la voluntad de Dios, por mucho que nosotros queramos obtener resultados inmediatos a través de todo tipo de artimañas, tenemos que saber que si nuestras intenciones son puras y si están orientadas hacia la dirección correcta, entonces sin ningún tipo de ayuda externa, Dios puede hacer realidad nuestros deseos, a pesar de que las probabilidades digan lo contrario.

Fuentes: Sforno, comentario a Génesis 30:14; Ohr Hajaim comentario a Génesis 30:15