...Esta es la ley de la ofrenda por el pecado: la ofrenda por el pecado será sacrificada ante Hashem en el mismo lugar donde se sacrifica la ofrenda de ascensión...”. (Levítico 6:18)

Pregunta:

¿Por qué la ofrenda por el pecado (jatat) debe ser sacrificada en el mismo lugar que la ofrenda de ascensión (olá)?

Respuesta:

Es interesante destacar que la ofrenda jatat y la ofrenda olá son extremos opuestos. La ofrenda olá representa nuestra total dedicación a Dios. Esto es evidente a partir del hecho que ninguna parte de este sacrificio puede ser consumida por los hombres. Y por lo general se ofrece voluntariamente, cuando uno desea ir más allá del estricto rigor de la ley.

Por otra parte, la ofrenda jatat representa el distanciamiento de Dios. Es un sacrificio que se ofrece porque hemos pecado; hemos cometido específicamente pecados cuya consecuencia es karet (desconexión espiritual). Además, por definición, la ofrenda jatat no puede ser ofrecida voluntariamente, sino que es una obligación impuesta.

E increíblemente, a pesar de que son extremos opuestos, la Torá nos ordena sacrificarlas exactamente en el mismo lugar —en la parte Norte del Mizbeaj— ¿Por qué?

La Guemará explica (Sotá 32b) que la razón de esto, es principalmente para proteger los sentimientos y la intimidad del pecador y no avergonzarlo en público. ¿Cómo funciona esto? ¡Muy simple! Las personas que veían al pecador en aquel lugar podían asumir simplemente que él estaba trayendo una ofrenda olá y no concluir automáticamente que él había pecado.

Interesantemente, utilizando esto como fuente, los sabios establecieron que la Amidá (plegaria) debe ser recitada en voz baja, para no avergonzar a las personas que confiesan sus pecados durante el rezo.

De aquí podemos aprender que a pesar de que alguien cometa algún pecado o actúe equivocadamente, eso no nos da a nosotros el derecho de avergonzarlo en público. Esta es una de las tantas lecciones morales que podemos extraer de las halajot de los sacrificios.

Fuentes: Talmud Babli, Sotá 32b.