Escena: el “Comité Internacional de Escritores de la Biblia”. Los autores X, Y y Z debaten sobre diferentes adiciones propuestas para la Biblia.

“¡Qué sugerencia tan ridícula!”, proclama el autor X. “¿¡Prohibir a todo un país tener actividad agrícola por todo un año!? En América habría disturbios, ¡en la India la gente moriría de hambre! ¿Por qué no sugerir simplemente la rotación del cultivo?”.

El autor Y también expresa objeciones, “¿¡Qué le responderemos a la gente cuando pregunten qué van comer durante el séptimo y octavo año!?”.

El autor Z tiene una solución. “Dejemos que acumulen comida durante los seis años para comer en el séptimo. ¿No es acaso eso lo que hizo Yosef en Egipto durante los 7 años de abundancia? (¡Yo mismo escribí la trama de esa historia!)

Repentinamente, el autor X tiene una idea brillante. “Todo lo que tenemos que hacer es garantizar una cosecha rebosante en el sexto año que proveerá comida para el sexto, séptimo y octavo año (y en el año de Jubileo, también para el noveno año) ¡así no tendrán que molestarse en guardar cada año!”.

El problema obvio con la “idea brillante” del autor X es que ningún autor humano pudo o podrá prometer algo que obviamente no puede garantizar. Si no hubiera una cosecha rebosante cada sexto año, la gente pasaría hambre. Sin mencionar el hecho que el sexto año es justamente cuando la tierra está más agotada luego de seis años completos de producir.

Increíblemente, esto es exactamente lo que la Torá dice (Levítico 25:20):

“Cuando preguntes: ¿Qué comeremos el séptimo año dado que no hemos plantado ni cosechado? Yo mandaré mi bendición el sexto año y él proveerá para 3 años”.

Este es uno de los pedazos de evidencia más fuertes de la Divinidad de la Torá. ¡Sólo Dios pudo haber sido el autor de este “libro”!

Parashá Behar

La parashá comienza con la única mitzvá que todo profesor universitario respeta: “El Año Sabático”. Cada séptimo año no deberá haber actividad agrícola en toda la Tierra de Israel. La introducción a esta mitzvá es: “Dios habló a Moshé en el Monte Sinai”, y los rabinos preguntan: ¿Cuál es la conexión entre el año Sabático y el Monte Sinai?

La respuesta es, tal como encontramos todos los detalles del Año Sabático mencionados aquí, así también Dios le enseñó a Moshé todos los detalles de todas las mitzvot en el Monte Sinai. El judaísmo cree en la transmisión confiable de la Ley Oral a través de los sabios de cada generación, contrario al común concepto erróneo de un “proceso evolutivo” en el cual la ley oral pasó por una serie de modificaciones y “evolucionó” hasta tomar la forma actual.

La existencia de una transmisión oral es obvia a partir del texto de la Torá. Tenemos el mandamiento de ponernos los Tzizit y los Tefilin – ¡sin que el texto nos describa en forma precisa qué es lo que son! Tenemos prohibido trabajar en Shabat - ¡y el texto no nos define la palabra “trabajar”! Y se nos dice que tenemos que “afligirnos” en Iom Kipur – sin que el texto nos informe que eso significa “ayunar” (¡en vez de clavarnos agujas en el cuerpo!)

Todos estos puntos definitivamente apuntan a una tradición oral que fue entregada directamente a Moshé y que explicó todos los detalles de Tzizit, Tefilin, Shabat y Iom Kipur, entre otros. Este Ley Oral se transmitió fielmente de generación en generación.

Cuando los arqueólogos descubrieron una Mikve en Masada, la fortaleza en la montaña de los tiempos romanos, un experto en leyes de Mikve fue a examinarla. Después de tomar medidas precisas concluyó con una gran sonrisa que esa Mikve – perdida en el desierto por 2000 años – ¡tenía medidas exactas que la hacían casher! (“Masada” de Yigal Yadin)

Shmitá: El Año Sabático

Tal como Shabat proclama que el mundo pertenece a Dios y que debemos utilizarlo para hacer Su Voluntad, así también el año Sabático declara que la Tierra de Israel específicamente le pertenece a Dios y que sólo con su permiso podemos vivir en ella. Debemos tener cuidado del “orgullo de posesión” de esta “propiedad” que nos fue dada con el sólo propósito de cumplir con Sus mandamientos. Cuando nosotros no cumplimos Su voluntad, la tierra echa a sus habitantes.

¿Cómo se observa Shmitá en la práctica hoy en día? Podemos comer frutos que crecen en el séptimo año, siempre y cuando no mostremos “que los frutos son de nuestra propiedad” al cosechar y comercializar como en los otros años. Las rejas de los granjeros deben permanecer abiertas para que todos puedan tomar de la producción, incluyendo las bestias salvajes.

El dueño puede sacar todo lo que necesite para su familia, siempre y cuando quede suficiente producto en el campo para otros. Cuando la producción de los campos se acaba, él debe sacar todo lo que haya en su casa y renunciar a su propiedad sobre eso. En ese momento cualquiera puede tomarlo (¡incluyendo al dueño anterior!).

Con el objetivo de facilitar las cosas, las cortes pueden designar trabajadores (usualmente los dueños de los campos) para que cosechen los campos y distribuyan la producción a precio de costo (es decir, que pagas por el trabajo y no por el producto mismo).

El producto del séptimo año de un campo judío en Israel tiene santidad y debe ser consumido de la forma habitual y no debe ser desperdiciado de ninguna manera. De acuerdo a la mayoría de las autoridades, estas leyes aplican hoy (cuando no tenemos Templo y no vivimos en nuestra herencia ancestral) sólo rabínicamente.

El Año de Jubileo

El año de Jubileo sólo aplicaba en los tiempos del Templo. Cada 50 años, nosotros “proclamamos libertad en la tierra para todos sus habitantes” (Levítico 25:10) Si este verso te suena familiar, es probablemente porque lo has visto en la campana que se encuentra en el Salón de la Independencia en los Estados Unidos.

Este verso se refiere al sirviente hebreo (ver parashat Mishpatim). ¡Incluso uno que se rehusaba a dejar a su amo después de 6 años de servicio, debía irse libre cuando llegaba el Jubileo!

Campos de Herencia

Cuando los israelitas entraron a la Tierra de Israel, ésta se dividió entre las tribus (excepto la tribu de Levi). Toda familia recibió un campo que luego fue heredado por sus hijos cuando el padre murió. Se suponía que estos campos no debían ser vendidos a menos que el dueño estuviera desesperado por dinero, en cuyo caso los campos quedaban en posesión del comprador por lo menos durante 2 años, luego de los cuales el vendedor podía redimirlos a precio de costo (menos los años de uso). Cuando llegaba el Jubileo, todos los campos retornaban a sus dueños originales.

Dado que los campos volvían a sus dueños durante el Jubileo, toda venta de estos campos es considerada una “renta” por los años que quedan hasta el Jubileo y luego de 2 años el vendedor puede volver a comprarlos al precio original (menos el monto de los años de uso). Este sistema prevenía que los ricos terratenientes explotaran a los pobres siervos al comprarles sus campos remanentes por una miseria. Con el propósito de hacer más difícil que el vendedor comprara nuevamente los campos, el comprador no negociaba por el menor precio. Al final, desistían de ser los mayores terratenientes, porque todos los campos retornaban a sus dueños originales.

La Importancia del Jubileo

El Rabino Hirsch explica que el Jubileo es el renacer civil de la nación cada 50 años. Es un renacimiento social y político diseñado para curar la inequidad social, la inequidad de diferentes clases de opulencia e indigencia, independencia y dependencia que la distribución desigual de la riqueza había traído a la vida social de la nación, para poder alcanzar una condición social pura.

El shofar es tocado en Iom Kipur del año de Jubileo para proclamar en el nombre de Dios (y no de una medida política humana) que todas las personas tienen un derecho fundamental de posesión. Y dado que esto es en el nombre de Dios, un año Sabático adicional se requiere para tomar conciencia del hecho que esta es Su tierra. (Levítico 25:11)

¡Sin Engañar!

En caso de que alguien olvidara cuantos años faltaban hasta el Jubileo (para detrimento del comprador o del vendedor), la Torá prohíbe confundir el tema.

Esta prohibición incluye cualquier forma de trampa, pero también incluye “engaño con palabras” lo que significa herir los sentimientos de alguien a través de insultos o referencia a errores de su pasado.

“Engañar con palabras” también incluye el aumentar las esperanzas de alguien falsamente - por ejemplo, preguntándole a un comerciante el precio de un objeto, cuando no tienes ninguna intención de comprar.

Ciudades Amuralladas

La Torá también sirve como un planeamiento de ciudad ideal. Para evitar la congestión y la falta de serenidad en las grandes ciudades – y así mismo la soledad y falta de cultura en las pequeñas ciudades – la Torá sugiere formar ciudades de mediano tamaño. Estas ciudades contienen un borde alrededor de ellas que sirve de parque, este borde no puede ser plantado o contener casas. Eso limita el tamaño de la ciudad.

De acuerdo a este plan, los campos estaban fuera de los bordes. Los residentes trabajan en los campos durante el día y vuelven a la cultura de la ciudad en la oscuridad de la noche. Así tienen una economía agrícola con una población urbana. Si la población se hacía demasiado grande, ellos tienen que construir una nueva ciudad.

La excepción a esto eran las ciudades amuralladas que quedaron de los ocupantes Canaanitas. Estas ciudades sirvieron como fortalezas durante las guerras. Como los habitantes de estas ciudades conocían los secretos militares (tales como pasajes secretos, entre otros), la Torá desanima los recambios masivos de población. Si alguien vendía su casa en una ciudad amurallada, tenía un año para redimirla – y desde ese momento en adelante permanecía en manos del comprador en forma permanente.

La Prohibición de Cobrar Interés

Un judío no puede prestar dinero a otro judío y cobrar interés. Sin embargo, sí está permitido prestar y cobrar interés a un no judío. ¿Por qué? Porque no hay nada malo en cobrar interés “per-se”. Yo te puedo arrendar mi casa o mi auto, entonces, ¿por qué no puedo arrendarte mi dinero? Yo podría haberlo invertido y haber ganado algo, tú vas a invertirlo y tener ganancia. ¿Acaso no debo recibir también un porcentaje?

La Torá nos dice que cuando tu “hermano” necesita un préstamo, es diferente. A pesar de que es cierto que toda la humanidad es hija de Adam y Noaj, primero debemos desarrollar una relación especial con nuestra propia familia. Entonces nos expandimos a los otros judíos. Sólo después de eso es posible ver a toda la humanidad como "hermanos". (Escuchado del Rabino Noaj Weinberg Z”L)

Cuando tu hermano necesita un préstamo, no pienses “¿Qué voy a obtener de esto?”. Las comunidades judías siempre tuvieron “sociedades de préstamos gratuitos”. Si uno no puede obtener un préstamo gratuito, existe un documento llamado “permiso para hacer negocios” emitido por las cortes judías (utilizado por todos los bancos israelíes) que afirma que esa transacción no debe ser considerada un préstamo, sino un negocio de sociedad donde nosotros compartimos las ganancias y pérdidas (bastante exacto en el caso de un banco).

Siervos Hebreos

Aprendimos en la parashá Mishpatim que un judío que roba y no puede restituir el dinero es vendido por la corte como un sirviente a largo plazo, por 6 años. Esto también aplica a una persona pobre que no puede sostener a su familia, se puede vender a sí mismo. Aquí, esto se extiende a venderse a sí mismo a un no judío.

Los rabinos explican la yuxtaposición en nuestra parashá diciendo que esto es el resultado de no observar Shmitá. Primero tendrás que vender tus campos, luego tu casa, luego pedir prestado con interés, después venderte a ti mismo a un judío y finalmente a un idólatra.

A pesar de que Dios está muy desagradado con esta venta y que ordena a todos los parientes y amigos que lo rediman tan pronto sea posible (para que no aprenda de su amo las prácticas idólatras) los “fines” no justifican los “medios”. No puedes engañar a nadie, y debes compensarlo completamente.

Si los parientes no pueden redimirlo, entonces debe permanecer como siervo hasta el Jubileo – a pesar de esto la Torá le implora: “¡no sigas los pasos de tu amo!”.