Miguel estaba nervioso. La mikve (baño ritual) estaba llena de gente y el piso estaba resbaloso. Este era el primer Iom Kipur desde que Miguel se había hecho religioso. Ahora él vestía una kipá negra y tzizit, e incluso tenía barba y peot a los lados.

El único vestigio de su vida anterior era el “atrevido” tatuaje en su pecho. En el pasado, al entrar en la mikve, Miguel lo cubría con su mano, pero ese día se estaba haciendo difícil. De repente, con un grito, Miguel se resbaló en el suelo. Al minuto siguiente estaba tirado de espalda en el piso mostrando su tatuaje hacia arriba.

Mientras la cara de Miguel se ponía de todos los colores del arcoíris, la mikve estaba totalmente silenciosa. Nadie sabía que decir. Finalmente el Sr. Weiss, un anciano judío, salvó la situación. “Yo también tengo un tatuaje”, anunció en voz alta, indicando los números en su brazo producto de su “estadía” en Auschwitz. “¡Purifiquémonos en la mikve y avancemos hacia Iom Kipur!”.

Al santo Rav de Satmar le preguntaron, “¿A quién debemos pedir una bendición en esta generación con tan poca gente santa?”. Él contestó, “Cuando reces en la mañana, observa a los hombres ponerse los tefilin. Si ves a alguien con un número tatuado en su brazo, poniéndose tefilin en ese brazo, ¡es a él a quien debes pedir la bendición!”.

Las víctimas del holocausto pasaron por el infierno. No podemos juzgar a aquellos que perdieron su fe al estar en Auschwitz. Sin embargo, debemos tener un aprecio aún mayor por aquellos que no perdieron su fe, a pesar de todo el sufrimiento que vivieron.

La parashá Bejukotai predice lo que va a pasar al pueblo judío si ellos abandonan la Torá. En nuestra generación post-holocausto sabemos que no es para nada una exageración.

En la conclusión del “pacto” con Dios en el Monte Sinai, la Torá aclara la “letra chica” del contrato, los detalles de nuestro “trato especial”.

“Si anduviereis según mis leyes” (Levítico 26:3). Los rabinos explican que esto se refiere a dedicarse al estudio de la Torá. El estudio de la Torá es el camino que nos guía consistentemente a Dios.

Esta parashá es otro ejemplo de la Autoría Divina de la Torá. Los autores X, Y y Z nunca hubieran predicho que el futuro de la historia judía estaría basado en la fidelidad judía a la Torá.

Las Buenas Noticias

Si el pueblo judío siguiera el “camino pavimentado” del estudio de la Torá y su observancia, tendrían sus necesidades cubiertas. En la carretera encuentras gasolina, comida y paradas de descanso. Si te alejas del camino pavimentado, terminas perdido en los bosques, sin nadie que provea tus necesidades. La Torá expresa claramente los detalles de la nación que alcanza sus metas físicas y nacionales dentro de los límites de la Torá. Luego ellos pueden dejar el resto a Dios.

Al seguir el camino de la Torá nos volvemos moralmente puros, al estudiar y tomar las mitzvot en serio obtenemos claridad intelectual y meticulosidad, y al cumplirlas nos convertimos en personas justas y benevolentes. Entonces, Dios elevará nuestra tierra por sobre los dilemas políticos y físicos del resto del mundo, y pondrá al Cielo y la Tierra en armoniosa concordancia para cumplir Su voluntad para el mundo y la humanidad”. (Rab Hirsch)

Las Malas Noticias

Si el pueblo judío rechaza su misión, entonces, la Torá predice que tendrán dolor extremo y sufrimiento hasta que despierten y entiendan esta realidad. Podemos ver todo el sufrimiento judío incluido en esta espantosa profecía de la Torá. En Levítico 26:14 se enumeran 7 grados de deserción de la Torá que llevarán a 7 grados de castigo:

1. “Si no Me escucharas”.

2. “Y no cumplieras Mis mandamientos”.

3. “Si rechazaras Mis estatutos”.

4. “Y Mis leyes causaran repugnancia a sus almas”.

5. “Sin cumplir”.

6. “Todos Mis mandamientos”.

7. “Y violaras Mi pacto”.

El clásico comentarista Rashi cita a los sabios que explican:

1. 'No escucharas' significa no dedicarse al entendimiento de la Torá.

2. Esto lleva a no cumplir las mitzvot.

3. Luego te dan repugnancia aquellos que las cumplen,

4. Esto lleva a odiar a las personas sabias.

5. Después impides que otros cumplan con la Torá.

6. Entonces niegas que estos son los mandamientos de Dios.

7. Finalmente, niegas completamente la existencia de Dios.

Rab Hirsch, que vivió en el siglo XIX en Alemania, describe el proceso: Si abandonas el estudio (un pecado solamente teórico), eso lleva a una deserción práctica. No entiendes las leyes, entonces las dejas de lado en tu vida práctica. Tu consciencia debe entonces, justificarse, por lo que miras en menos con desdén a aquellos fieles adherentes. Cada leal adherente es un reproche para el desertor.

La siguiente etapa es el desprecio a la Torá. Aquellos que la siguen no deben hacerlo por pura convicción. Buscas razones externas. “La vida social judía” y los portadores de ella (los rabinos) son la “desgracia de nuestra raza”, tal como los llamaron los primeros reformistas. El odio a la Torá lleva a intolerancia y a la persecución, y por ende no es practicada por nadie. Ellos le declaran la guerra a la Torá y molestan y entorpecen su cumplimiento. Ellos deben tener éxito, pero no están en contra de Dios o la Torá, en cambio, están trayendo salvación para el beneficio de la humanidad (Judíos Comunistas, Humanistas Seculares).

En su visión, La Torá debe dejar de ser la palabra de Dios. La Revelación debe ser un mito, Moshé y los profetas son impostores, no existen los mandamientos de Dios. Sin embargo, eso no es suficiente. El asunto no termina hasta que se rompe la última conexión con el pacto de Dios. Si el pensamiento de Dios aún permanece, incluso con una duda, o si la posibilidad de Revelación aún se mantiene, su conciencia no puede descansar. Debes extinguir hasta la última llama. ¡Debes negar la existencia de Dios!

Una Bendición Disfrazada

Najmánides dice que estos castigos se refieren específicamente a la destrucción del primer Templo, mientras que los versos de castigo en Deuteronomio (28:15) se refieren a la destrucción del segundo Templo.

Después de describir en detalle todas las calamidades que caerán sobre la nación, encontramos una bendición disfrazada. “Haré que su tierra quede desolada, y sus enemigos que habitan en ella serán desolados” (Levítico 26:32). Nunca ninguno de los ocupantes de Israel hizo florecer la tierra hasta que los judíos retornaron. Si las naciones hubieran sido exitosas en desarrollar la tierra, ellos nunca la hubieran devuelto a los judíos. Sólo porque la tierra era un desierto desolado, fue devuelta a los judíos. (¿Puedes imaginar cómo sería si Israel tuviera reservas de petróleo?).

El libro de Levítico termina con los judíos haciendo teshuvá (arrepintiéndose) y Dios renovando Su pacto con los patriarcas y proclamando que Él nunca romperá Su pacto. (La teología cristiana contradice estos versos). Finalmente, el destino del pueblo judío depende de la realización de las Mitzvot. ¡Ese fue el pacto en el Monte Sinai!

¡Jazak, Jazak Venitjazek!