La nave espacial dejó el Planeta Tierra en medio de una bola de fuego. El más reciente viaje del hombre a la luna ya estaba en marcha. Desde su espectacular vista en el asiento del piloto, Jack podía ver la visión sobrecogedora del Planeta Tierra haciéndose cada vez más pequeño. Su misión, al llegar a la luna, tendría consecuencias enormes para toda la vida del planeta.

Repentinamente, mientras maniobraba la aeronave, Jack escuchó interferencias en su radio. “Esta es una mala señal”, exclamó el astronauta preocupado. “Mi conexión de radio con los que controlan la misión en Cape Kennedy es la única forma en la que puedo completar mi misión. Sin las instrucciones de los supercomputadores que están ahí abajo, nunca lograré llegar a la luna y tampoco podré volver jamás al Planeta Tierra. ¡Terminaré siendo un asteroide!”.

Jack hizo ajustes a su radio en forma frenética hasta que finalmente el mensaje se transmitió claramente. “¡Gira esto! ¡Abre esto! ¡Ajusta eso!”. Jack suspiró aliviado, emocionado de poder seguir las instrucciones.

Observando esta escena podríamos preguntarnos: Por qué Jack no responde a los que controlan la misión: “¡Déjenme solo! ¿Por qué me dicen qué hacer todo el tiempo?”. Obviamente Jack entiende que él tiene una misión que cumplir y que sólo con la ayuda del “Control de Tierra” puede esperar cumplirla y retornar en forma segura a su hogar.

El judaísmo dice que nosotros somos astronautas. La única diferencia es que venimos de arriba, a este mundo, con una misión que cumplir. Cuando lleguemos al mundo venidero la primera cosa que nos preguntarán será: “¿Cumpliste tu misión?”.

Si nosotros respondemos: “¿Qué misión? ¡No sabía que tenía una misión!”. Entonces ellos preguntarán, “¿Realmente pensaste que el propósito de tu vida fue comer, tomar y ser feliz? ¡Se te debe haber ocurrido en algún momento que había algo más importante y más elevado en la vida!”.

La Torá es nuestra “radio” que nos da las “Instrucciones para Vivir desde el Control en el Cielo”, es decir, Dios en persona. ¡Debemos asegurarnos de que nuestro receptor está funcionando adecuadamente y de que estamos recibiendo los mensajes apropiados! (Rabino Shlomo Wolbe)

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El Libro de Números

El tema principal del libro de Números es la “Divina Providencia”. Dios guía los caminos de todas las naciones, y en un nivel individual, ¡cada persona es guiada por Dios a lo largo de su vida! Sin embargo, nosotros vivimos nuestra vida con la noción de que simplemente es una “casualidad” que yo naciera en esta familia, en este lugar y en aquel momento – entonces, ¡mientras esté aquí debo disfrutar!

¡Equivocado! Naciste específicamente en esa familia, en ese lugar y en aquel momento particular porque tienes una misión que cumplir y solamente tú estás programado para ese trabajo. Desde el principio del tiempo y hasta el fin del mismo, nunca ha habido o habrá ¡alguien exactamente igual a ti! Dios maneja el mundo y cada uno de nosotros tiene una misión única en esta Tierra. Además de esto, el pueblo judío tiene una importante contribución que hacer a la civilización.

El libro de Números revela la Divina Providencia que ocurrió durante los 40 años que el pueblo judío acampaba y viajaba en el desierto. Tal como veremos, las mitzvot que se presentan en este libro también se relacionan con el tema de la preocupación de Dios por el bienestar de cada individuo.

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El Censo

La Torá ordena a Moshé y Aarón contar al pueblo.

Pregunta: ¿Por qué no le pide a otra persona que lo haga?

Segunda Pregunta:¿Por qué se le llama al censo “levantar las cabezas” como vimos en la parashá Ki Tisá? ¿Por qué el hecho de ser contado es tan elevado?

Respuesta: Los verdaderos profetas tenían la habilidad de – con una sola mirada – revelar las características buenas y malas de una persona y revelar cuál era su misión en este mundo (Gaón de Vilna). Incluso el Arizal, un sabio del siglo 16, podía leer los malos actos de una persona en su rostro.

Cuando un judío como individuo se paraba delante de Moshé y Aarón y recibía sus bendiciones, era realmente una experiencia elevada. (Contrario a lo que un censo significa en el mundo secular, donde realmente no tiene ningún sentido porque sólo eres “otro número sin cara”).

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La Tribu de Levi

Al luchar por un mayor nivel de santidad, una persona puede verdaderamente aumentar el nivel de Divina Providencia que recibe – ¡e incluso extender eso a todas las generaciones! Levi, el hijo de Yaakov, fue el que más años vivió de todos sus hermanos y fue el que causó el efecto más profundo en su descendencia. La tribu de Levi continuó con las antiguas tradiciones, practicando la circuncisión incluso en Egipto, y fue la única tribu entera que no participó en el Becerro de Oro. Cuando Moshé descendió del Monte Sinai y proclamó: “Todos aquellos que estén del lado de Dios, ¡vengan conmigo!”, sólo la tribu de Levi respondió. Ellos fueron los que llevaron a cabo el castigo para aquellos que habían pecado abiertamente con el becerro (3.000, sólo la mitad de un uno por ciento de la población). ¡Esto le dio a los Levitas algo especial para todas las generaciones!

El Jafetz Jaim, el gran sabio de comienzos del siglo 20, que era Cohen (es decir, de la Tribu de Levi), una vez pidió saber por qué un determinado visitante no era Cohen o Levi. “Porque mi padre no era”, contestó el visitante.

Luego, el sabio preguntó retóricamente: “Está bien, pero, ¿por qué tu padre no fue Cohen o Levi? ¡Porque cuando Moshé hizo su declaración, mis ancestros reaccionaron y los tuyos no! La lección es que la próxima que oigas “Todos aquellos que estén del lado de Dios, ¡vengan conmigo!” – ¡Tú debes ir!”.

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El Campamento de Israel

Cada tribu tenía un estandarte con un color particular, que correspondía al color de su piedra en el pectoral del Cohen Gadol (sumo sacerdote), y una ubicación específica en relación al centro del campamento, que coincidía con la ubicación que tuvieron (de acuerdo al pedido de Yaakov) cuando cargaron el ataúd en el funeral de Yaakov. (Ver parashá Vayejí)

La visión del campamento israelita era sobrecogedora. En el centro estaba el magnífico tabernáculo rodeado en sus cuatro lados por los Levitas (las tres familias Levíticas y Moshé en el cuarto lado). Desde ahí, en cada dirección, se desplegaban tres tribus – ¡todas sirviendo a un Creador!

El Midrash dice que esto corresponde a la escena del Cielo, ¡la multitud de campamentos de ángeles rodeando la “Carroza” de Dios! En la Kedushá del rezo diario también se alude a esta conexión: “Que santifiquemos tu nombre en el mundo tal como lo hacen los ángeles en los más altos cielos”.

En el rezo de Musaf de Shabat decimos: “Una corona deben colocar en Tu cabeza, los ángeles que abundan arriba, y Tu pueblo Israel reunido abajo, juntos, santificarán Tu nombre”. Los ángeles, por así decirlo, son socios del pueblo judío para alabar a Dios.

En la parábola de amor bíblica del “Cantar de los Cantares”, las naciones del mundo tratan de seducir a Shulamit (acrónimo para el pueblo judío). “¡Deja que nosotros cuidemos de ti! queriendo decir, nosotros te daremos importantes posiciones, gran riqueza y honor sólo si tú olvidas a Tu viejo amante y te unes a nosotros. La respuesta es: “¿Qué es lo que ustedes, naciones del mundo, pueden ofrecernos, que se compare remotamente con la señal de amor que tenemos en los campamentos?”. (Cantar de los Cantares 7:1) (Observa como “campamentos” está en plural, denotando ¡el campamento de los Ángeles y el campamento de Israel!)

En Sinai, los cielos se abrieron y el pueblo vislumbró el campamento de los ángeles. Esa escena de los campamentos rodeando el Tabernáculo, junto con los ángeles arriba, es la escena de la perfección en este mundo.

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El Pluralismo Judío

La imagen del campamento israelita es como a una rueda con muchos rayos que van hacia el centro. Siempre ha habido muchas formas de ser un “buen judío”. Hay 12 tribus. Hay Cohanim, Levitas e Israelitas. Hay Ashkenazim, Sefaradim y diferentes ramas de Jasidismo. Hay cientos de comunidades en el mundo con diferentes costumbres que enfatizan distintas prioridades.

A pesar de eso, todos estos grupos están comprometidos con una misma meta: Una relación cercana con Dios, siguiendo el camino de la ley judía. Sin embargo, esto no se compara con el “Pluralismo Judío” que olvida el marco de las creencias de la Torá y que separa efectivamente los rayos del centro. ¡Por ejemplo, nadie afirmaría en nombre del pluralismo que los "Judíos por Jesús" son una rama válida del judaísmo! (Rabino Motty Berger)

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Contando bebés

La tribu de Levi fue contada desde la edad de 30 días – a diferencia de las otras tribus israelitas que fueron contadas desde la edad de 20 años. Cuando Yaakov bajó a Egipto, encontramos que Yojeved, la madre de Moshé, fue contada como el alma número 70 a pesar de que sólo era un bebé recién nacido.

Moshé reclamó: “Ciertamente no es digno que yo entre en todas sus tiendas a contar sus cunas”. Dios contestó, “Tú has el esfuerzo y se hará”. En cada entrada de las tiendas, Dios se aparecía y Moshé escuchaba una voz que le informaba exactamente cuántos bebés judíos había en esa tienda. Es por esto que la Torá se refiere al censo como “Por la boca de Dios” (Números 3:16)

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Números finales

La Torá enumera a cada tribu, junto con el nombre de su príncipe, su estandarte y su población exacta. Las tribus estaban en un rango que iba desde 32.300 (Menashé) hasta 74.600 (Yehuda) con una suma total de las Doce Tribus de 603.550 (sin contar a Levi).

Luego nos fue ordenado contar a la tribu de Levi en forma separada. Ellos eran la tribu más pequeña, sumando sólo 22.000 (¡considerando a los bebés desde los 30 días!). Los rabinos explican la razón: Cuando el faraón proclamó el “Día de Construcción de Egipto” (Parashá Shemot), solamente la tribu de Levi se negó a ir, porque estaban absortos en el estudio de la Torá. Por lo que el decreto de trabajo forzado no los afectó.

Dado que Dios funciona “medida por medida”, y como está escrito: “tal como los oprimían así ellos se reproducían” (Éxodo 1:12), esto no aplicó a la tribu de Levi que sólo aumentó de forma “natural”.

Nota: De los 3 hijos de Levi y 8 nietos (incluyendo al padre de Moshé) en el corto plazo de 2 generaciones (Moshé sólo tenía 80 en ese momento), ¡de alguna manera produjeron 22.000 niños y una cantidad presumiblemente igual de niñas! Eso da un promedio de 2.750 por cada nieto de Levi – ¡y aún eso es considerado un crecimiento natural!

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Redimiendo al primogénito

El número exacto de Levitas era 22.300. De ellos, 300 Levitas eran primogénitos, y debían redimirse a ellos mismos primero. Eso dejaba 22.000 Levitas que debían redimir a 22.273 primogénitos de las otras tribus que pecaron en el incidente del Becerro de Oro. Dado que sólo podían redimir 22.000, los 273 extra (determinados por rifa) tenían que dar 5 shekels para redimirse a sí mismos.

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Una Tarea Designada Personalmente

La parashá finaliza con la asignación a cada familia Levita de una tarea específica. En el desierto, esto significaba cargar el Tabernáculo cuando viajaban. En el Templo, ellos tenían otras funciones tales como cantar o tocar instrumentos durante las ceremonias de sacrificios, así como abrir y cerrar las pesadas puertas de hierro.

El Talmud relata que un viejo Levita estaba teniendo dificultad para mover la puerta y le pidió a otro Levita – cuyo trabajo era cantar – que lo ayudara. El segundo Levita contestó que está prohibido cambiar de tarea. Esa es una importante lección de vida. Cuando mi primer hijo nació, me recordaron el verso, “¿Y qué es el hombre que Tu le das tareas para que logre?” (Salmos 8:5) ¡Qué impresionante tarea! Criar a un niño judío, para que se convierta en una buena persona y en un buen judío en todo el sentido de la palabra.

Si uno es contratado para hacer un trabajo, aquel trabajo se debe percibir como una tarea asignada por Dios. Y así como un soldado, no debe dejar su lugar. Incluso el matrimonio es una oportunidad y una responsabilidad. Debes convertirte en el mejor esposo, padre, maestro, entre otros, que seas capaz.

Todos somos como el astronauta en su camino a la luna. Asegúrate que tu radio está funcionando y de que utilizas las profundas instrucciones de la Torá para cumplir tu misión en este mundo.