La fiesta era elegante. La comida era la mejor que el dinero puede comprar. El salón era el más caro de la ciudad. La cuchillería, de oro de 14 quilates. Era el día del Bar mitzvá de David Cohn.

De repente el rabino de Jerusalem se levantó para hablar. Él viajó a los Estados Unidos, fue invitado en la casa de la familia Cohn y le dio a David algunas clases para su Bar Mitzvá. El rabino le enseñó a David cómo ponerse los tefilin y quería asegurarse de que continuara poniéndoselos. “¡Esta cuchara va a testificar mágicamente si David se pone los tefilin todos los días!” – y con eso, puso un cucharón de oro muy costoso en el bolsillo de su chaqueta.

Dos días después una delegación de la sinagoga golpeó la puerta del rabino. “Esa cuchara era muy valiosa y necesitamos que la devuelva”. El rabino respondió algo que los desanimó, “¡La cuchara mágica dice que David no se ha puesto sus tefilin!”. Luego de algunas repeticiones de esta escena, el rabino accedió. “Hagamos que David venga al shul (sinagoga) mañana en la mañana y que se ponga sus tefilin – ¡y la cuchara va a aparecer mágicamente desde el cielo!”.

Cuando se esparció la voz de que el rabino de Jerusalem iba a hacer un milagro en su pequeña sinagoga suburbana, el lugar se llenó completamente de gente. Se veía y se sentía como Iom Kipur. Cuando la estrella del espectáculo, David Cohn entró, todos los ojos estaban sobre él. Él comenzó a abrir su bolsa de tefilin. En ese preciso momento, la multitud se enmudeció, mientras la cuchara volaba fuera de la bolsa de los tefilin.

¡Semanas antes, el rabino había puesto la cuchara en la bolsa de los tefilin para demostrar que el joven no los había usado desde su Bar Mitzvá!

Los judíos en el desierto tuvieron una experiencia comparable a esta con el maná. La gente recta encontraba su maná justo en las puertas de sus tiendas. Los menos justos tenían que buscarlo en el desierto. Los justos podían comerlo “directo de la caja” sin requerir ninguna preparación. Los menos justos lo tenían que molerlo y hornearlo.

¿Qué pasaba si una persona justa cometía un pecado hoy? ¡A la mañana siguiente toda la ciudad se enteraba! “¿Dónde está tu maná, Mendel? ¿Por qué lo estás buscando a medio camino de Arabia Saudita y no justo afuera de tu tienda?”. Cuando finalmente lo encontraba y trataba de consumirlo, ¡casi se rompía un diente! “¡Auch, mejor primero lo muelo y lo horneo!”.

Además de eso, el lugar donde caía cada porción de maná ayudaba a decidir muchos asuntos como matrimonios cuestionables, divorcios, hijos, etc. Quien recibía la porción extra de mana demostraba que él debía estar ahí. ¡Ahora entendemos porque los judíos se quejaban tanto del maná! (Escuchado del Rabino Shabsi Yudelevitch)

La parashá Behaalotjá continúa con el tema del Libro de Números: la Divina Providencia especial que recibía el pueblo judío.

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La Menorá

La Menorá de oro que estaba en el Tabernáculo simbolizaba el crecimiento espiritual e intelectual (ver Parashá Trumá). El Midrash explica cuál es la relación: Después de ver todas las ofrendas que trajeron los príncipes (en la Parashá Nasó), Aarón se sintió mal de que él no había contribuido con nada. Dios lo consoló al decirle que sus descendientes iban a tener que encender la Menorá para siempre. (Midrash)

Pregunta: ¿Por qué sólo la Menorá? ¿Qué pasaba con todas las otras tareas que los Cohanim realizaban como las ofrendas y el incienso?

Segunda pregunta: ¿Por qué dice “para siempre”? ¿Acaso no dejaron de encender la Menorá con la destrucción del Sagrado Templo?

Respuesta: Najmánides explica que el Midrash se refiere al milagro de Janucá. La victoria fue de los Macabeos – descendientes de Aarón. Y como resultado, ¡los judíos encienden velas en todas partes, en todas las generaciones!

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Inauguración de los Levitas

Los Levitas tenían que afeitarse todo su pelo para simbolizar que ellos "eran uno" con el pueblo, removiendo todas las separaciones. Esto es similar a la lepra (ver Parashá Tazria-Metzorá) y al Nazareno (Ver Parashá Nasó), que simbolizaba la separación del pueblo al no cortarse el cabello y que se cortaba el cabello cuando regresaba al grupo.

En la ceremonia de inauguración, la gente apoyaba sus manos en los Levitas, tal como se hace con ciertas ofrendas animales, y los Cohanim levantaban y mecían en el aire a los Levitas (posteriormente ridiculizado por la esposa de Koraj). La intención de esta ceremonia era grabar en los Levitas la idea de que ellos sólo tienen el derecho de acercarse al Santuario como representantes del pueblo, y no por sus propios méritos. (Rabino Shimshon Rafael Hirsch)

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La Ofrenda de Pesaj

Esta fue la primera y última vez que el cordero de Pesaj fue ofrecido en el desierto. Sólo cuando los judíos entraron a la Tierra de Israel con Yehoshua 40 años después, se ofreció nuevamente. Esto está basado en la regla que dice que si cualquier hombre no está circuncidado, toda la familia no puede comer de la ofrenda de Pesaj.

Durante los 40 años en el desierto, los judíos estaban en constante movimiento y nunca sabían por cuánto tiempo se iban a quedar en el mismo lugar, por eso temían por la salud de los bebés recién nacidos y no los circuncidaban (excepto la devota tribu de Levi). Cuando los judíos entraron a Israel, Yehoshua circuncidó a todos los hombres y el pueblo comenzó a ofrecer el sacrificio de Pesaj nuevamente.

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El Segundo Pesaj

Cuando Dios le enseñó a Moshé la Torá, algunos detalles fueron omitidos para que los individuos, a través de sus méritos, pudieran enseñarle a la gente “nuevas leyes”. Aquí hay un ejemplo:

En el primer Pesaj en el desierto, algunas de las personas tenían impureza espiritual por haber tenido contacto con muertos y por eso perdían la oportunidad de llevar la ofrenda de Pesaj. (Algunos dicen que cargaron los huesos de Yosef, otros dicen que fueron los Levitas que sacaron los cuerpos de los dos hijos de Aarón). Ellos no querían perderse una mitzvá tan importante y le preguntaron a Moshé qué hacer.

Dios les dio otra oportunidad 30 días después. A esto se le llama el “Segundo Pesaj”, y aplicaba para cualquiera que hubiera estado impuro o que hubiera estado lejos del Templo sin intención, en el día de Pesaj. Hoy, sin el Templo, conmemoramos ese día comiendo un pedazo de Matzá.

Pregunta: ¿Por qué el no circuncidar y el no traer la ofrenda de Pesaj intencionalmente son los únicos mandamientos positivos que conllevan el severo castigo de “Karet” (escisión espiritual)?

Respuesta: Porque estas dos Mitzvot son la fuente de las ideas fundamentales del judaísmo: el pacto con Abraham y el Éxodo de Egipto.

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Nubes de Gloria

Las Nubes de Gloria especiales que rodeaban el campamento israelita por todos lados protegían al pueblo de la lluvia, el viento, el sol y la nieve. Además, hacían más plano el terreno para que viajar fuera más fácil y también mataban a serpientes y escorpiones peligrosos.

Cuando las Nubes ascendían, el pueblo viajaba; y cuando las Nubes descansaban, ellos se detenían. El pueblo nunca se quejó de las nubes como lo hicieron con el agua y el maná. El agua y la comida eran necesidades vitales, sin las cuales no podían sobrevivir; sin embargo, las Nubes eran pura comodidad. Un poco de viento, lluvia o sol no los iba a matar. Por lo tanto, las Nubes demostraban el amor de Dios por Su pueblo. (Eliyahu Kitov)

Hoy en día, nos sentamos en cabañas de protección en la fiesta de Sucot para conmemorar estas especiales Nubes.

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Departamento de Quejas

El pueblo se quejó sobre la falta de “¡pepinos, sandías, pescado, ajo, puerro y cebolla!” (Números 11:5)

Pregunta: ¿Acaso esto suena como una nación de gigantes espirituales?

Respuesta: A la generación del desierto se le llama la “Generación del Conocimiento”, que transmitió sus experiencias a las generaciones posteriores. Por eso fueron sostenidos en un estándar más alto que las otras generaciones. Su “terrible pecado” de quejarse, “¿Qué comeremos?” fue castigado con un fuego del cielo y otro surtido de consecuencias.

Obviamente su pecado era más intelectual que un simple deseo físico. ¡Ellos entendían intelectualmente que el maná espiritual no podía ser menos sabroso que lo que les correspondía como esclavos en Egipto!

Sin embargo, los sabios nos informan por qué el maná tenía ciertas limitaciones. El maná tenía el sabor de cualquier cosa deseada – excepto cebolla y ajo, que no son buenos para las mujeres embarazadas ni para las que amamantan (que no iban a ser capaces de resistir el deseo e iban a pensar en ellos). Esta es la fuente de la costumbre de comer huevos o hígado con cebolla en Shabat, para poder probar todas las comidas además del maná (que está representado por las dos jalot). El error del pueblo fue no juzgar a Dios favorablemente – ¡Él seguro sabía lo que estaba haciendo! (Rabino Avigdor Miller)

Otro ejemplo del alto estándar en el que ellos estaban: Los sabios acusan a los israelitas de dejar la gran “Ieshivá” del Monte Sinai, “Como un niño que se escapa del colegio”. (¡Salgamos de aquí rápido antes de que nos den más Mitzvot!) Entendemos que esto es solamente en un nivel subconsciente y que conscientemente ellos amaron cada minuto en el Sinai.

El pueblo habla de “el pescado que recibíamos gratis en Egipto” (Números 11:5). Los sabios preguntan, los capataces egipcios no daban ni siquiera paja gratis, entonces ¡mucho menos pescado! (De acuerdo al Midrash, cuando las mujeres sacaban agua del río, encontraban pequeños pescados en ella.) Los sabios responden que la intención subconsciente era ser “libres de las mitzvot” – es decir, sin las obligaciones de comer casher, decir bendiciones, entre otras.

Igualmente los sabios dicen que el Sagrado Templo fue destruido como resultado del “odio gratuito”, es decir, odio sin razón. Cuando odias a alguien, te sientes “libre de las mitzvot” con esa persona, racionalizas que ¡“es una mitzvá” hablar mal de esa persona! (Rabino Shlomo Wolbe)

El pueblo se quejó del maná. “No queremos papas fritas con sabor a barbacoa, ¡queremos barbacoa! Suficientes Cheetos que saben a queso Cheddar, ¡queremos queso de verdad! ¿Por qué comer tiene que ser una experiencia intelectual?”. El maná también revelaba el nivel espiritual de ellos y decidía preguntas Halájicas.

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La Queja de Moshé

En este punto, Moshé se quejó con Dios: “¿De dónde voy a sacar carne en el desierto para toda esta nación?” (Números 11:13) ¡Por supuesto, se entiende que Dios no va a hacer un milagro sólo porque el pueblo tiene ganas de comer carne en la cena! A pesar de eso, Moshé siente que necesita ayuda: “¿Acaso di yo a luz a esta nación que debo cargarlos como una madre a su bebé?” (Números 11:12)

La respuesta implícita es “¡Sí, Moshé! ¡Esa es la misión de un líder judío – llevar a la nación con el cariño y preocupación de una madre!”.

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El Primer Sanedrín y las Codornices

Ahora la Parashá presenta dos historias entrelazadas. Dios le dice a Moshé que elija 70 sabios que recibirán profecía (algunos dicen que sólo por una vez) y que van a ayudarlo en la administración del pueblo. Al mismo tiempo Dios le informa a Moshé que un enjambre de codornices volará alrededor del campamento a la altura del hombro – y que la gente podrá tomar “¡todas las que puedan comer!”.

Pregunta: ¿Cuál es la conexión entre estas dos historias yuxtapuestas?

Respuesta: Dado que este sería el primer Sanedrín, todas las otras generaciones preguntarían, “Nosotros no tenemos el beneficio de los milagros de Moshé, ¿Cómo podemos liderar al pueblo?”. Las codornices no eran un milagro revelado, sino que estaban dentro del marco de la naturaleza. Dios justamente llevó al enjambre a ese lugar particular. Entonces también, a través de las generaciones, Dios nos va a ayudar a sobrevivir sobre la naturaleza – dentro de la naturaleza. (Rabino Hirsch)

Eldad y Medad

Setenta sabios para 12 tribus es un número impar. Diez tribus tendrían seis representantes y dos tribus solamente cinco cada una. Para resolver el problema de quien “pierde”, recurrieron a la lotería. Cada tribu proveyó seis candidatos y sortearon 70 marcados y dos en blanco.

Eldad y Medad eran candidatos, que en su humildad, decidieron no sacar papel y voluntariamente quedar fuera. Como recompensa por esto, cuando los 70 sabios tuvieron profecía, ellos también la tuvieron en el campamento.

Los 70 hombres del primer Sanedrín estaban incluidos en la santidad de Moshé, sin disminuir en nada su santidad (comparado con una vela que enciende a otras sin perder su propia flama ni un poco).

Eldad y Medad proclamaron que “¡Moshé moriría en el desierto y que Yehoshua llevaría al pueblo a la tierra!”. El hijo de Moshé, Gershon corrió a informarle cómo estos dos estaban pronunciando profecías negativas en el campamento. Yehoshua inmediatamente le pidió a Moshé que hiciera que Eldad y Medad callaran - después de todo, ellos no habían recibido su profecía de Moshé y ¡eran profetas falsos! Moshé respondió a eso, “¿Acaso estás celoso por mí? ¡Yo estaría feliz si todo el pueblo fuera profeta con contacto directo con Dios!” (Números 11:29)

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El Pecado de Miriam

Después del Sinai, Moshé se abstuvo de las relaciones maritales para poder estar continuamente en un estado de pureza, para ser capaz de recibir profecía. A pesar de que fue idea de Moshé, Dios estuvo de acuerdo, tal como lo implican las palabras, “La gente debe regresar a sus tiendas, sin embargo, tú debes permanecer conmigo” (Deuteronomio 5:27; Talmud Shabat). Este arreglo era desconocido para todos excepto para la esposa de Moshé, Tzipora, que tenía la impresión de que todos los grandes profetas actuaban de igual manera.

Cuando Eldad y Medad tuvieron profecía, Tzipora le dijo a su cuñada Miriam: “Me siento mal por sus esposas, que van a estar solas al igual que yo”. Miriam estaba impactada por lo que parecía ser un trato injusto de parte de Moshé para con su esposa y Miriam le dijo a su hermano Aarón: “¿Quién se cree que es Moshé? Después de todo, nosotros también somos profetas ¡y no nos abstenemos de estar con nuestros esposos! ¡Incluso los patriarcas y matriarcas que ciertamente eran profetas no se abstenían!”.

Justo en ese momento, Dios se le apareció a los tres hermanos, ordenándoles aparecer frente a Él para recibir profecía. Dado que Aarón y Miriam habían tenido intimidad con sus esposos, ellos tuvieron que correr rápidamente a la Mikve (baño ritual). Esto era para grabar en ellos la validez de la decisión de Moshé, basado en sus conversaciones diarias con Dios.

Cuando Miriam y Aarón estaban solos, Dios los regañó: “¡Cómo se atreven a comparar su nivel de profecía con el de Moshé! Él bajó la Torá, él es el mayor profeta que va a existir y por eso debe estar siempre listo para recibir profecía”.

Cuando la presencia divina se apartó, Miriam tenía lepra como la nieve y tuvo que pasar una semana sola, fuera del campamento. El pueblo la esperó pacientemente, tal como ella esperó por su hermano bebé Moshé en la orilla del río Nilo.

Moshé elevó una corta plegaria por Miriam y ella se mejoró. Hay una Mitzvá especial que consiste en recordar el pecado y el castigo de Miriam. (Ver Deuteronomio 24:9)

El Midrash comenta que Miriam: (1) tenía buenas intenciones, (2) sólo se lo dijo a su humilde hermano y (3) a la víctima no le importaba. Aún así, ella recibió un castigo muy severo. Entonces, seguro nosotros, que hablamos chismes sin buenas intenciones, “¡oh sí, estamos en problemas!”.