Sobre las montañas había una pequeña nube, diferente a todas las nubes que había visto. "Este debe ser el lugar", dijo Abraham a su hijo Itzjak.

Mientras Itzjak, de 37 años, cargaba la leña sobre sus hombros, el anciano Abraham sostenía en su mano el cuchillo del sacrificio y lo necesario para prender fuego.

"Padre, ¡tengo una pregunta!", dijo Itzjak. "Vamos a ofrecer un sacrificio a Dios. Aquí está el fuego y la madera, pero ¿dónde está el cordero?".

Abraham respondió: "Dios mismo va a proveer al cordero, hijo mío", queriendo decir que Itzjak mismo sería el cordero.

"Y ambos procedieron juntos" (Génesis 22:8), silenciosamente conscientes de la difícil misión que enfrentaban.

Cuando llegaron al lugar, Abraham construyó un altar y puso la leña y lo necesario para encender fuego sobre él. Itzjak se dejó atar en forma apretada a la leña y luego Abraham levantó el cuchillo.

El acto más grande de auto-sacrificio en los anales de la historia estaba a punto de comenzar. Iba en contra de todos los principios de Abraham; contradecía todo su concepto de un Dios cariñoso. Desde ahí en adelante, Abraham no podría enseñar a los paganos sobre un Dios de bondad que rehuía los sacrificios humanos. "¡¿Qué le pasó a tu hijo?!", replicarían ellos.

¿Y qué hay de todas las promesas que había recibido Abraham? Itzjak, que milagrosamente nació cuando ellos tenían 100 y 90 años de edad, debía convertirse en el padre de una nación que iluminaría al mundo. Si era sacrificado, ¿Cómo podría existir alguna vez un Moshé o una Maimónides?

Por otra parte, si Abraham se rehusaba a cumplir una orden directa de su Creador, su vida dejaría de tener sentido.

Abraham dejó de lado todas sus preguntas y obedientemente siguió las instrucciones de Dios. Mientras sostenía el cuchillo, listo para realizar el acto, un ángel lo detuvo en el último momento. "No toques al joven", dijo el ángel. (¡Ni siquiera un mínimo corte para probar que eres serio!) "Has pasado la prueba y ahora sé que temes a Dios" (Génesis 22:12).

En ese momento Abraham divisó un carnero, rugiendo como si luchara por liberarse de un arbusto espinoso. Abraham corrió hacia el carnero y lo sacrificó en lugar de su hijo. El sacrificio de Itzjak se convertiría en el acto por el cual el pueblo judío recibiría el mayor mérito a través de todas las generaciones.

La parashá Vaierá es la continuación del recuento de la impresionante vida y logros de nuestro ancestro Abraham, hasta su máximo desafío de lealtad a Dios, la "Akedá" (el sacrificio de Itzjak).

Nuestra parashá comienza con la visita de los tres ángeles…

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Los Tres Ángeles

"Dios se le apareció a Abraham" (Génesis 18:1) tres días después de realizada su circuncisión, cuando experimentaba el mayor dolor. No encontramos ninguna conversación entre Dios y Abraham; el Talmud dice que Dios se apareció para "visitar al enfermo".

Para que los transeúntes no molestaran a Abraham, Dios hizo que el día fuera extremadamente caluroso. (¡Él sacó al sol de su cartuchera!) Sin embargo, en vez de sentirse agradecido por ser aliviado de la obligación de recibir a los invitados, Abraham estaba un poco afligido. Se sentó en la entrada de su tienda observando el horizonte para ver si había algún valiente transeúnte a quien dar la bienvenida con un poco de sombra y comida.

Para complacerlo, Dios envió tres ángeles. Cuando Abraham, recuperándose de su cirugía a los 99 años, se dio cuenta de que habían tres beduinos parados ahí afuera, literalmente saltó y corrió hacia ellos. Le rogó a Dios, "No te vayas" (como diciéndole, ¡espérame un segundo!) y volcó toda su atención a sus invitados.

Los sabios deducen de aquí un importante principio: "¡Es mejor tener invitados en tu casa que recibir la presencia de Dios!". Incluso un ateo admitiría que si existe un Creador y tuvieras la posibilidad de estar en Su presencia, esa sería la máxima experiencia posible. Sin embargo, Abraham enseñó algo más profundo: ¡Dios no quiere que nosotros nos "conectemos con Él", Él quiere que "seamos como Él"!

Todos nosotros somos invitados en el mundo de Dios, que provee todas nuestras necesidades. Él quiere que nosotros actuemos igual con nuestro prójimo – ¡y esa es la experiencia máxima! (Rabino Noaj Weinberg).

Abraham pensó que los ángeles eran beduinos que adoraban la arena de sus pies (al menos les proveía su sustento, ¿no es cierto?), primero les pidió que se lavaran los pies. (¡Dejen todos los ídolos afuera, por favor!)

Abraham les ofreció pan y agua y preparó una fiesta digna de reyes. De aquí los sabios deducen el principio: "¡Habla poco y haz mucho!". No hables de las cosas que pretendes hacer (ver Efron la próxima semana) – ¡sólo hazlo!

Abraham involucró a toda su familia. Su esposa Sara y su hijo Ishmael también se apuraron a atender a los invitados. El menú era una exquisitez – lengua a la mostaza, una lengua entera para cada invitado. (¡Antes de la era de los refrigeradores, matar a todo un animal sólo para comer su lengua era un acto de mucha generosidad!).

La Torá no es una biografía y por lo tanto no relata cada pequeño acto de bondad que Abraham realizó. Sin embargo, de este relato, cuando él tenía 99 años y se recuperaba de una cirugía y aún así entretuvo a tres "beduinos" tan espléndidamente, podemos darnos cuenta de como Abraham realizaba constantemente este tipo de actos de bondad.

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El Anuncio

Los "invitados" le anunciaron el nacimiento de un hijo a Sara en exactamente un año. (Ellos pusieron una marca en la pared y dijeron, "Cuando el sol alcance este punto en un año, Sara dará a luz", Rashi). Abraham que ya había escuchado esto de Dios, lo creyó completamente y se rió de alegría. Era chistoso para él que una pareja tan vieja fuera a tener un hijo (que probablemente sería huérfano a temprana edad) ¡y ese hijo se convertiría en la "semilla del pueblo judío"!

Sara, por su parte, se rió con un tinte de incredulidad. Ella fue inmediatamente criticada por no decir "Amen", lo que implica la aceptación de la afirmación emitida por otro. (Vamos a ver un tercer tipo de risa más adelante).

Cada ángel tenía su misión específica. (¡La especialidad de cada uno!) El ángel que anunció el nacimiento de Itzjak se fue. La misión de los otros dos ángeles era 1) curar a Abraham y 2) destruir Sodoma. Los sabios indican que las "misiones de rescate" también están incluidas en "curar a los enfermos", por lo que Lot, el sobrino de Abraham, fue rescatado por el ángel que curó a Abraham de su circuncisión.

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Hospitalidad en Sodoma

La gente de Sodoma era ideológicamente opuesta a Abraham. No eran simplemente bárbaros, sino que tenían una filosofía específica, lo que hoy se llamaría "ética de trabajo". Todos los miembros de la sociedad debían contribuir su cuota equitativa sin obtener "beneficios gratuitos". "¡Sin solicitudes ¡Sin mendigos!" era su credo. Si un hombre rico como Lot quería vivir entre ellos, ellos no tenían problema ¡pero no viajeros por favor! (Rabino Avigdor Miller).

Si ocurría que un viajero tenía la mala suerte de llegar a Sodoma, los residentes tenían medios legales para encargarse de él. Primero, le ofrecían una cama para pasar la noche. Si aceptaba, le daban una cama larga a una persona baja y lo estiraban hasta que lograra el largo de la cama. A una persona alta le daban una cama corta y le cortaban las piernas para que entrara en ella.

El Talmud relata que Eliezer, el sirviente de Abraham, una vez llegó a Sodoma. Como conocía todas las leyes, se negó a dormir en una cama y logró escapar de eso. De repente, alguien le pegó y lo hizo sangrar. La gente del pueblo rápidamente lo llevó donde un juez local que ordenó que Eliezer pagara 100 dólares por la extracción de sangre (considerada un remedio en tiempo antiguos). Al oír esto, Eliezer le pegó al juez en la nariz y dijo sarcásticamente, "¡Ahora, usted me debe 100 dólares – por favor, páguele al otro hombre lo que yo le debo!".

Cuando un mendigo probaba suerte en Sodoma, la gente escribía sus nombres en las monedas y se las daba. Sin embargo, cuando trataba de comprar comida, nadie le vendía nada. Eventualmente cuando moría de hambre toda la gente iba a recuperar sus monedas.

El Talmud relata que la hija de Lot tuvo piedad de un determinado mendigo y secretamente le daba un pedazo de pan todos los días. Cuando la gente, que esperaba impaciente su muerte, se dio cuenta que debía tener un benefactor, hicieron una emboscada y atraparon a la hija de Lot con las manos en la masa. La cubrieron de miel y la pusieron en frente de un nido de avispas. Los horribles gritos de su muerte se escucharon en los cielos.

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Abraham Reza

Habríamos esperado que Abraham se regocijara con la destrucción de Sodoma. (¡Qué buena idea! ¡Ya era hora!) Pero eso no hubiera sido consistente con la ética de Abraham. Él tenía compasión incluso con Sodoma, y le rogó a Dios que los perdonara por el mérito de 10 personas justas que se encontraban en cada uno de los 5 suburbios.

Cuando fue informado que cada una de las comunidades carecía de 10 justos, Abraham sugirió que Dios mismo se contara como el número 10, pero incluso eso no funcionó. Los sabios indican que Noaj tenía 8 personas justas (su esposa, 3 hijos y sus esposas) e incluso contando a Dios como el número 9 no pudo salvar a su generación.

Cuando Abraham se rindió, los ángeles se abrieron camino hacia Sodoma.

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Lot en Sodoma

Ese día Lot había sido designado el juez de Sodoma, pero aún mantenía los valores positivos que había recibido de Abraham. Cuando los ángeles llegaron a Sodoma, se inclinó ante ellos y les rogó que pasaran ahí la noche. "Vengan a mi casa" (Génesis 19:2), les dijo, implicando "Vayan por la entrada trasera para que no sea obvio para todos" (Rashi).

Lot preparó la cena él mismo y horneó matzá (el Talmud dice que ese día era Pesaj y que la familia de Abraham cumplía con la Torá incluso antes de que fuera oficialmente entregada en el Monte Sinai). Lot le pidió a su esposa, ya asimilada, que trajera sal. Ella exclamó "¿¡Incluso esa anticuada costumbre de Abraham quieres introducir en nuestra moderna sociedad de Sodoma!?". Luego se dirigió donde sus vecinos y les pidió "¡sal para los invitados que mi marido trajo a casa!". ¡Así fue como la esposa de Lot "destapó la olla!" (Midrash).

Repentinamente, toda la población de Sodoma "desde los jóvenes hasta los ancianos" (Génesis 19:4) – es decir, no sólo unos cuantos rebeldes de clase baja – aparecieron en la puerta de Lot. La multitud dijo: "Déjanos conocer a tus invitados, Lot. Queremos conocerlos mejor (es decir, sodomizarlos)". Esto era típico de los Sodomitas y todos estaban unidos en esta acción, evidenciando la bancarrota espiritual de su sociedad.

Los ángeles cegaron a la multitud y rápidamente evacuaron a Lot y a su familia. Los yernos de Lot pensaron que la idea era un chiste de mal gusto y se negaron a ir. Lot se demoró para poder liquidar sus bienes, hasta que los ángeles sacaron físicamente a Lot, a su esposa y a sus dos hijas solteras fuera de los límites de la ciudad. Tenían prohibido mirar hacia atrás porque no tenían derecho de ver morir a su comunidad; ellos sólo habían sido salvados por el mérito de Abraham.

La conflagración ocurrió al amanecer, un momento en el cual tanto el sol como la luna son visibles. Esto era significativo porque las dos religiones de Sodoma eran la adoración al sol y a la luna. Ninguno de los cultos podría afirmar posteriormente, "¡Si mi dios hubiera estado ahí, nos habría salvado!" (Rashi).

Mientras el sol comenzaba a subir, Dios hizo llover sulfuro y fuego sobre Sodoma y dio vuelta la ciudad. La Sra. de Lot no pudo soportarlo. Tenía que dar su última mirada. Nunca volvería a ver a sus hijas casadas, a sus amigos y a sus compañeros de Mahjong. Ella estaba demasiado ligada a la cultura Sodomita. Su castigo fue que se transformó en un pilar (¿adivina de qué?) de sal. (Sodoma está ubicada cerca del Mar Muerto, donde los pilares de sal aún se pueden ver hoy en día).

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Lot y sus Hijas

Los únicos tres sobrevivientes de Sodoma (Lot y sus dos hijas solteras) escaparon a una cueva en las montañas, donde las hijas de Lot cometieron un terrible error. Ellas habían escuchado acerca del Diluvio de Noaj y asumieron que ahora, nuevamente, el mundo había sido destruido. Dado que su madre había muerto y no había nadie más con quien casarse, pensaron que si su padre moría ¡ellas serían las únicas sobrevivientes sobre la tierra!

Ese aterrador pensamiento las llevó a una conclusión: Tal como Caín y Abel se habían casado con sus hermanas (¡por necesidad!), entonces también ellas sintieron que tenían que embarazarse de su padre. Sucedió que había una botella de vino en la cueva, la utilizaron para emborrachar a Lot, que de otra manera no habría estado de acuerdo con el plan. La primera noche la hija mayor estuvo con Lot y luego la menor.

El verso afirma: "Lot no se dio cuenta cuando ella se acostó y se levantó" (Génesis 19:33). En la Torá, aparece un punto en la palabra "levantó", que los sabios dicen que revela que Lot estaba en cierto sentido consciente y aún así permitió que lo emborracharan la segunda noche. Tal vez las hijas cometieron un error inocente, pero Lot no estaba totalmente libre de culpa.

Cuando dieron a luz, la hija mayor llamó descaradamente a su hijo "Moab" que significa "de mi padre". La hija menor un poco más recatada llamó a su hijo "Ben Ami", "el hijo de mi pueblo". Las naciones de estos dos hermanos han peleado históricamente con el pueblo judío.

Muchos años después, la chispa de Abraham que Lot cargaba en sus genes volvió al pueblo judío en la forma de Rut, la Moabita conversa, que se convirtió en un ancestro del Rey David (y eventualmente del "Mesías").

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Avimelej, Rey de Grar

Abraham y Sara repitieron la vieja actuación del "hermano y la hermana" cuando llegaron a Grar y nuevamente el Rey Avimelej intentó la técnica "tomar primero y pagar después". En respuesta, Dios cerró todas las aberturas del cuerpo de todas las personas de la casa de Avimelej. (Eso significa todas las funciones naturales del cuerpo, ¡incluyendo el nacimiento de los niños!)

Dios se le apareció a Avimelej y le informó que ella estaba casada y severamente prohibida. El Rey Avimelej alegó inocencia. En la mañana el rey reveló el mensaje divino a sus sirvientes, que a su vez se atemorizaron. (La destrucción de Sodoma por inmoralidad estaba todavía fresca en la memoria). Avimelej reprochó a Abraham, que respondió, "No hay temor a Dios en este lugar. ¡Me matarían por mi esposa!" (Génesis 20:11).

Rashi explica: "Si una pareja extraña viene a la ciudad, preguntas ¿cómo podemos ayudar? O acaso la primera pregunta es: ¿Ella es tu hermana o tu esposa? ¡Si es tu esposa te matamos, y si es tu hermana el rey se queda con ella!".

Avimelej le aseguró a Abraham mucha riqueza y lo invitó a vivir en cualquier lugar de su reino. Finalmente, Abraham rezó por la casa de Avimelej. Sus cuerpos se abrieron y las mujeres dieron a luz. A continuación de este episodio viene el nacimiento de Itzjak y los sabios afirman: "¡A aquel que reza por su prójimo cuando se encuentra en la misma situación, a él se le responde primero!".

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El Nacimiento de Itzjak

Exactamente en el momento predicho, nació Itzjak, copia idéntica de Abraham (¡para que nadie pudiera sugerir que Avimelej era el padre! El nombre "Itzjak" significa "él se reirá". La idea es que él reiría al último, tal como dice el dicho "¡El que ríe al último, ríe mejor!".

En ese día (que cayó en Rosh Hashaná) a muchas mujeres estériles y enfermas se les respondieron sus rezos y hubo mucha alegría y felicidad en el mundo. En la circuncisión de Itzjak se hizo una gran fiesta. Sara proclamó, "¿Quién le habría dicho a Abraham que Sara iba a amamantar hijos?" (Génesis 21:7).

Los sabios explican que el plural "hijos" se utiliza a pesar de que Sara tuvo sólo un hijo. Las mujeres eran escépticas en relación a si Sara había dado realmente a luz a la edad de 90. "Debe haber encontrado un bebé abandonado", decían. "Probémosla". Entonces, cada mujer llevó a su bebé a la fiesta y se le "olvidó" llevar a su nodriza (el precursor de la fórmula para bebés). "Oh Sara, ¿podrías por favor amamantar a mi bebé en mi lugar?, preguntaban. Sara pasó la prueba al amamantar a cada uno de los bebés. (Las mujeres sólo amamantan cuando dan a luz).

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La Risa de Ishmael

Mientras Itzjak crecía, su hermano Ishmael desarrollaba odio y envidia. Disfrutaba arrojar flechas a Itzjak, sólo para decir, "¡Perdón, sólo bromeaba!". Cuando Sara vio la frivolidad y la risa de Ishmael, inmediatamente exigió su expulsión, junto con su madre. Esto era un comportamiento intolerable en la casa de los líderes del pueblo judío. (¡Puedes imaginar al Sumo Sacerdote en el Santo Sanctorum riendo!).

Esta es la tercera forma de risa que encontramos en la parashá. Abraham se rió al creer, Sara tuvo risa con una gota de incredulidad e Ishmael no tomó la vida en serio. Él creyó que "la vida era una broma".

Abraham era contrario a la idea de echar a su hijo, pero Dios le ordenó que siguiera el consejo de Sara. (Ella alcanzó un nivel más alto de comprensión Divina que él) Entonces, Hagar e Ishmael fueron echados, para preservar la santidad de la casa de Abraham.

Ishmael estaba enfermo con fiebre y mientras estaban en el camino, se quedaron sin agua. Su madre lo dejó para que muriera. Dios escuchó la voz del joven "desde donde estaba" (Génesis 21:17), es decir, que Dios juzga el estado actual de la persona, sin mirar el futuro. Dios tuvo compasión y le proveyó un oasis.

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El Pacto con Avimelej

Avimelej, el rey de la tierra, fue donde Abraham con el jefe de su personal, Pijol, para firmar un pacto de "no agresión" por tres generaciones. "¡Qué podría ser mejor", pensó Abraham. "Un tratado de paz entre el rey de la tierra y el pueblo judío – que consistía en ese momento de un hombre de 100 años, una mujer de 90 y un bebé!".

 

Abraham no se molestó en consultar a Dios. Y eso resultó ser un error, cuando muchos años después al Rey David se le impidió conquistar Jerusalem hasta la muerte del bisnieto de Avimelej ¡que conservaba una copia del acuerdo! (Ver Shmuel II 5).

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La Atadura de Itzjak

Cuando Dios le ordenó a Abraham que atara a Itzjak (Él nunca dijo específicamente "sacrificar"), Abraham se levantó muy temprano (ansioso de realizar la voluntad de Dios), viajó tres días (esto intensificaba la prueba, pensar en ello por tres días sin arrepentirse), dejó a sus muchachos (Ishmael y Eliezer) atrás (ellos no entenderían), y ató a su hijo en el altar.

El ángel se apareció e informó a Abraham que había pasado la prueba. Abraham luego sacrificó a un carnero en lugar de su hijo. El ángel apareció nuevamente y le dio a Abraham una tremenda bendición: "Tu semilla será numerosa como la arena y las estrellas y a través de ellos toda la humanidad recibirá bendición" (Génesis 22:17–18).

Pregunta #1: ¿Cómo entendemos que un carnero que Abraham acababa de encontrar (¡que ni siquiera había comprado!) era una ofrenda adecuada en vez de Itzjak, su adorado hijo que se convertiría en el futuro pueblo judío?

Pregunta #2: ¿Por qué recibió Abraham la bendición del ángel después de sacrificar al carnero? ¿Qué era tan importante sobre este carnero que opacaba su disposición de sacrificar a su hijo?

Respuesta: Los comentaristas explican que cuando Abraham ofreció el carnero, en su mente él estaba realmente sacrificando a su hijo. Con cada parte del sacrificio del carnero, Abraham vivió el conflicto emocional, "¿Cómo puedo hacer esto a mi único hijo, el futuro del pueblo judío? Abraham lloró lágrimas amargas y tuvo que sobreponerse a sus emociones. "Es la voluntad de Dios, ¡no se deben hacer preguntas!". Esto se repetía una y otra vez con cada aspecto del sacrificio del carnero. Por lo tanto fue visto por Dios como que Abraham realmente sacrificó a su hijo. Fue entonces cuando Abraham recibió la bendición eterna y el mérito para sus hijos.

Igualmente, cuando un judío iba al Sagrado Templo en Jerusalem a ofrecer un sacrificio animal, él interiorizaba que "realmente yo debería estar en el altar y mi propia sangre debería ser derramada". El dueño tenía que apoyarse y poner su peso sobre el animal y decir: "¡Este es en vez de mí!". El impacto emocional de esto era capaz de cambiar la vida de la personas. (Ver parashá Vaikrá para más datos sobre las ofrendas en el Templo).

Una última nota: A través de la historia judía, cuando los judíos han dado sus vidas y las vidas de sus hijos por la "santificación del nombre de Dios", esto sólo ha sido posible por el acto de nuestro patriarca Abraham. ¡Él es nuestro ADN para siempre!