“¡Oh gran César, mi noble tío! Como es usted un hombre de mundo y posee gran conocimiento y experiencia, vengo humildemente a pedir su consejo”.

“Pide, sobrino”, contestó el César.

“Estoy a punto de embarcarme en una sociedad de negocios. ¿Qué consejo práctico me puede dar?”.

“Mi consejo para ti”, respondió el César, “es encontrar alguna materia prima que nadie desee. Podrás comprar una gran cantidad por poco dinero y después, en poco tiempo, el precio subirá y recibirás una atractiva ganancia”.

Al escuchar las palabras de su tío, Onkelos el romano se convirtió inmediatamente al judaísmo. Se transformó con el paso del tiempo en un gran sabio, siendo conocido como el autor de la traducción aramea de la Torá que lleva su nombre – la cual es estudiada hasta el día de hoy por cientos de miles de judíos.

El tío César estaba comprensiblemente choqueado. Pero Onkelos explicó: “¡Sólo seguí tu consejo! Estoy consciente que hoy los judíos son perseguidos y despreciados, pero su mercadería es de mucho valor y estoy seguro que eventualmente sus acciones van a subir y yo voy a tener una gran ganancia”.

El Talmud relata que el César, al escuchar sobre la conversión de su sobrino, envió una legión de soldados para que lo trajeran de regreso a Roma. Imagina el escenario: Cuatro corpulentos soldados romanos con su majestuoso esplendor, armados hasta los dientes, entrando a la humilde sala de estudio de la Ieshivá. Ahí estaba sentado Onkelos, con una gran Kipá en su cabeza, un abrigo negro, una larga barba con rulos a los costados, y sus Tzizit colgando por todos lados.

¡Ven con nosotros!, exigieron ellos. Onkelos empezó a discutir filosofía judía con ellos, citando ciertos versículos de la Torá. ¡Los soldados se sintieron tan inspirados que decidieron quedarse en la Ieshivá!

El César lo intentó dos veces más, pero obtuvo exactamente los mismos resultados. Las tres legiones romanas se convirtieron al judaísmo con Onkelos. En ese momento, el César se rindió.

A pesar de que el Talmud no especifica qué versos les enseñó, Onkelos bien puede haberles mostrado un verso de la parashá de esta semana: “Ustedes deben ser santos porque Yo soy santo”. Imagina que Onkelos les preguntó, “¿Cuáles son los ingredientes para ser santo?”. Los soldados seguramente contestaron: “Ir a un monasterio y vivir en celibato. Rezar y ofrecer sacrificios todo el día, y dedicar tu vida a temas espirituales”. En ese momento – ¡sorpresa! – Onkelos les mostraría la continuación del verso:

(1) Honra a tus padres.

(2) Cuida Shabat.

(3) No adores ídolos.

(4) Las leyes de los sacrificios.

(5) Dar a los pobres.

(6) No robes ni engañes.

(7) Paga a los trabajadores a tiempo.

(8) No maldigas al sordo ni hagas tropezar al ciego.

(9) Juzga en forma justa.

(10) No chismees.

(11) Salva vidas.

(12) Reprende a tu compañero judío.

(13) No tomes venganza o guardes rencor.

(14) Ama a tu prójimo como a ti mismo, etc.

En resumen: Vive la vida en todo su amplio espectro – ¡en conjunto con tener conciencia constante de la existencia de Dios! Esta revelación, sobre la total relación de los judíos con Dios (y no sólo una vez a la semana en la sinagoga), ¡tiene el poder de convencer incluso a una legión romana de la validez de la Torá! (Rav Shlomo Wolbe)

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Sé Santo

Dios le dijo a Moshé, “Habla a toda la asamblea de los Hijos de Israel y diles…”, (Levítico 19:1).

Dado que a Moshé se le ordenó reunir a toda la congregación, obviamente iban a escuchar algo muy esencial. Y entonces, él declaró en nombre de Dios: “¡Ustedes deben ser Santos porque Yo soy Santo!”.

Pregunta: ¿Sólo porque Dios es Santo yo también debo serlo?

Respuesta: ¡Sí! Emular a Dios y hacerse tan parecido a Él como sea posible es la idea fundamental de la Torá.

Pregunta: ¿Qué quiere decir ser santo?

Respuesta: Najmánides explica que teóricamente es posible vivir una existencia física vulgar sin romper ninguno de los mandamientos.

Por ejemplo, si uno se satura de vino casher, traga carne casher y después se entrega a su esposa toda el día, ¡no habrá transgredido ninguna ley de la Torá! ¿Dónde nos dice la Torá que no vivamos de acuerdo a ese estilo de vida? Najmánides dice: “¡Debes ser santo!”. La vara para medir nuestras acciones es: ¿Este comportamiento es santo o no?

El concepto de “santo” significa elevar el aspecto físico de la vida y alcanzar armonía con el aspecto espiritual.

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La Lista de Mitzvot

La internalización de la santidad en nuestras vidas incluye todos los mandamientos. En la siguiente lista de Mitzvot encontraremos los Diez mandamientos incluidos de forma prominente. La lista abarca todos los aspectos de la vida judía. Vamos a explicar algunos ejemplos.

(1) “Teme a tu madre y a tu padre” (Levítico 19:3).

Pregunta: En los Diez Mandamientos dice “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12). Pero aquí se menciona primero a la madre. ¿Por qué este cambio de orden?

Respuesta: La naturaleza normal de un niño es temer más a su padre y honrar más a su madre. La Torá nos ordena que nos elevemos sobre nuestra tendencia normal y tratemos a ambos padres por igual. (Talmud)

(2) “Cuida mi Shabat” (Levítico 19:3).

Incluso si los propios padres le piden a alguien que rompa Shabat, la persona no debe hacerlo, ¡porque los padres también deben cumplir con las leyes de Dios!

(3) “No engañes (solapadamente), no robes (robo abierto) y no retengas el sueldo de tu trabajador” (Levítico 19:13).

A menos de que el momento del pago se haya acordado con antelación o siga la norma del lugar, la Torá exige que el jefe pague por un trabajo desarrollado durante la noche al día siguiente, y por un trabajo desarrollado durante el día a la noche siguiente. Pasarse del tiempo es considerado robo. Podemos aprender el concepto de respetar el dinero de los otros de un extremo (robo abierto) al otro (sueldos).

(4) “No maldigas al sordo” (Levítico 19:14)

¡Y obviamente no maldigas a alguien que sí puede escuchar tus palabras!

(5) “No hagas tropezar al ciego” (Levítico 19:14).

Esto también significa que no debemos dar una mala guía a alguien que es ciego en conocimiento o compromiso. No se debe dar mal consejo a sabiendas. Y no causes que otro judío rompa Shabat o coma comida no casher.

(6) “No juzgues erróneamente” (Levítico 19:15).

Un juez judío debe adherirse a la justicia estricta y no tomar en consideración el estatus financiero o social de los litigantes. Sin importar si es Rockefeller o el mendigo de la ciudad el que viene ante ti, dale la misma atención.

Sin embargo, la Torá dice “Juzga a tu prójimo favorablemente”. En tus asuntos cotidianos, cuando no estás en un puesto oficial de la corte, dale al otro el beneficio de la duda.

(7) “No divulgues chismes” (Levítico 19:16).

Hablar en forma negativa sobre otros demuestra la mala actitud del que habla. Por el contrario, alguien que siempre ve a los otros desde una perspectiva positiva (“¿qué podemos hacer para ayudarlos?”) no habla chismes sobre los errores de ellos.

(8) “No te pares sobre la sangre de tu prójimo” (Levítico 19:16).

Debemos hacer un esfuerzo para salvar la vida y las posesiones de otros. El Talmud se refiere a alguien que se rehúsa a saltar al río para salvar a una persona que se está ahogando por no querer arruinar sus “tefilín” como un “¡idiota piadoso!”.

Esto también aplica a un peligro espiritual. La importancia de acercarnos a otros judíos para salvar al pueblo judío y a cada individuo del genocidio espiritual. Bajo ciertas circunstancias, ¡incluso puede permitirse romper Shabat para salvar a un judío de las manos de los misioneros!

(9) “No frecuentes a los oráculos” (o magia negra) (Levítico 19:31)

A pesar de que los adivinos pueden saber ciertas cosas, su información viene a través de la “puerta trasera” (contrario a la profecía divina).

Por el contrario, “Ponte de pie delante de los ancianos” (Levítico 19:31). Respeta a los mayores y escucha su consejo. Ellos han pasado por la “escuela de la vida” y están calificados para aconsejarte.

(10) “No maltrates al extraño” (es decir, al no ciudadano) (Levítico 19:33)

Los judíos siempre deben recordar que fuimos extranjeros en Egipto. (¡La gente que vive en casas de vidrio no debe tirar piedras!) Una sociedad es juzgada por la forma cómo trata a los extranjeros, no a sus ciudadanos.

(11) “No tomes venganza o guardes rencor” (Levítico 19:18).

Si Samuel se negó a prestarte su lápiz ayer, no sólo debes prestarle a Samuel tu lápiz hoy, sino que no puedes ni siquiera decir “¡No soy como tú!”. Debes prestárselo con una sonrisa. (Algunas veces es difícil ser judío, ¡pero siempre vale la pena!).

(12) “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18).

Una historia:

El rey condenó a José a morir en la horca. José pidió que le dejaran ir a avisar a su esposa sobre el destino que le deparaba. “Mi mejor amigo Leonardo tomará mi lugar si no regreso”. El rey le dio 24 horas. Cuando se terminó el tiempo, puso el lazo alrededor del cuello de Leonardo.

En el último momento llegó José corriendo: “Me quedé atrapado en el tráfico, pero finalmente llegué. ¡Cuélguenme!”.

Sin embargo, Leonardo protestó. “Te excediste de las 24 horas, por lo que debo tomar tu lugar. ¡Cuélguenme a mí!”.

El rey estaba tan sobrecogido con esta demostración de lealtad y amor mutuo, que exclamó: “No voy a colgar a ninguno de los dos con una condición: ¡que me dejen ser su tercer amigo!”.