Al instruirnos sobre la mitzvá de tzedaká, el versículo emplea dos expresiones de advertencia: "no endurecerás tu corazón" y "no cerrarás tu mano a tu hermano necesitado"(1) Necesitamos aclarar a qué se refiere cada expresión.

Respecto a la primera expresión, encontramos una declaración similar sobre el faraón, cuando endureció su corazón(2) durante las Diez Plagas. En ese contexto, endurecer el corazón claramente significa que se volvió insensible e inmune a la intensa presión de las plagas. El faraón endureció su corazón para evitar ceder ante la presión.

Por lo tanto, en nuestro contexto, la advertencia de no endurecer el corazón es para evitar que nos volvamos fríos e insensibles al dolor y la angustia de nuestros semejantes. Es difícil evitar dar cuando se siente el dolor y la angustia de la otra persona, por eso si alguien desea "eximirse" de su obligación y librarse de la carga emocional, puede endurecer su corazón ante el sufrimiento ajeno. Pero la Torá nos advierte que no debemos hacerlo y nos alienta a ser sensibles al dolor de los demás para que nuestras emociones nos empujen a cumplir con nuestra obligación.(3)

La segunda expresión puede entenderse a través de una breve anécdota que me contó mi padre, el Sr. Dennis Berman (obviamente sin revelar el nombre de la persona involucrada). En una ocasión, mi padre trató de convencer a alguien para que realizara una importante donación a cierta causa. Esta persona trató de "eludir el ataque" argumentando que en ese momento no tenía la capacidad económica para efectuar una donación de esa magnitud. Pero mi padre sabía que eso no era cierto, por la que la discusión continuó hasta que el hombre admitió que si bien podría realizar la donación, simplemente "¡No puedo hacerlo!" Mi padre comentó que "la gente siente como si el dinero saliera de sus entrañas".

Esta anécdota es muy reveladora y creo que nos ayuda a entender la segunda expresión de advertencia que emplea el versículo. A veces realmente quieres dar, pero, por alguna razón, no logras abrir tu billetera y hacerlo. O, en una terminología más moderna, no consigues firmar el cheque. No por nada nuestros Sabios afirman que la billetera es una de las tres cosas a través de las que se puede conocer el verdadero carácter de una persona. El Gaón de Vilna explica que, en cierta forma, las posesiones forman parte de nuestro ser. Teniendo esto en mente, podemos entender por qué realmente puede resultarnos difícil dar de nuestros bienes a quienes lo necesitan (o a cualquier otra causa valedera).

Hay otra anécdota que tiene que ver con el tema. Rav Tzvi Teitlebaum(4) contó que una vez alguien estuvo varado por un problema con el auto y un hombre amable se acercó para ayudar. Esta persona pasó un buen rato ayudando a solucionar el problema. Cuando terminó, le pidieron a esta persona una moneda para realizar una llamada telefónica y el hombre se negó. Al relatar la anécdota, Rav Teitlebaum dijo: "Es asombroso, ese hombre no tuvo ningún problema en ser amable y dar su tiempo y energía, pero cuando se le pidió una cantidad muy pequeña de dinero, no pudo darlo".

Por esta razón se nos advierte: "No cerrarás tu mano". Mantenla abierta y extendida, y da con placer.

¿Cómo lo logramos?

Bueno, que la Torá nos prometa que Hashem bendecirá nuestras acciones si cumplimos esta mitzvá(5) sin duda ayuda. Además, siempre debemos tener en mente que nuestros bienes son el resultado de la gracia de Hashem y por lo tanto debemos usarlos respetando Sus órdenes. Como nos enseñan Jazal: "Dale a Él de lo que es Suyo, porque tú y lo tuyo son en realidad de Él".(6)

Otro punto importante y de gran ayuda es el final del pasuk, que describe a quién le das: "a tu hermano necesitado". Imagina que fuera realmente tu hermano, tu propia sangre. En ese caso, dar te resultaría mucho más fácil (y lo harías con todo el corazón). Debemos recordar esto siempre que se nos pida ayudar a un hermano judío: te piden que ayudes a tu hermano. Recordar esto hace que sea más fácil dar. Y, por supuesto, no olvidemos que "la recompensa es proporcional al esfuerzo",(7) cuanto más difícil resulta cumplir la mitzvá (y a pesar de eso uno persevera y triunfa), más grande es la recompensa.


NOTAS

(1) Devarim 15:7.

(2) O cuando Hashem lo hizo por él. Ver parashat Vaerá 7:22, 8:11, 8:15, 8:28, 9:7, 9:12 y 9:35. Ver también parashat Bo 10:1, 10:20, 10:27 y 11:10, así como parashat Beshalaj 14:4, 14:8 y 14:17.

(3) En circunstancias en las que uno no está obligado (o quizás donde no está permitido, ver Shulján Aruj, Ioré Deá 249:1 en el Ramó), podemos aplicar el perush del Ibn Ezra, quien explica que "No endurecerás tu corazón" significa "decir palabras amables y de aliento al corazón de la persona desafortunada". La verdad es que estas palabras deberían decirse al dar tzedaká. Sin embargo, cuando no es posible hacerlo, al menos uno debería esforzarse para cumplir con ese aspecto de jésed. (Tengo un amigo que siempre desea hatzlajá a quienes recolectan tzedaká, incluso cuando no tiene dinero para darles).

(4) De la Yeshiva High School of Greater Washington.

(5) Devarim 15:10.

(6) Pirkei Avot 3:7.

(7) Pirkei Avot 5:23.